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¿Cuántas son, cómo funcionan y qué dicen sus usuarios?: Radiografía a las residencias sanitarias a un año de su implementación

La estrategia sanitaria para el aislamiento de casos de Covid-19, que cuenta con un total de 178 recintos de hospedaje distribuidos por el país, ha sido reconocida por expertos, quienes afirman que se han subsanado en gran parte los errores de gestión iniciales. The Clinic investigó sobre sus características y conversó con usuarios sobre sus distintas experiencias en esos lugares.

A casi seis cuadras del Hospital Regional de Coyhaique se encuentra el Hotel Los Ñires. Debido a la pandemia, dejó de funcionar a fines de abril del año pasado. En agosto, sin embargo, fueron contactados por la Secretaría Regional Ministerial (Seremi) de Aysén para volver a andar, pero con otro propósito: ser una residencia sanitaria.

Así fue como, a partir del 1 de septiembre de 2020, comenzó a recibir personas que fuesen un caso sospechoso, probable, confirmado, o contacto estrecho de alguien con Covid-19. Estos se alojan en el segundo piso del hotel, que cuenta con 22 habitaciones. En el primer piso funcionan la recepción, la cocina y los salones, a los que no tienen acceso el personal de salud que trabaja allí.

Los trabajadores del hotel son un recepcionista, un gerente general, dos mucamas, un  junior, tres camareras, tres cocineros y dos nocheros. Antes de comenzar a trabajar, se les realizó una capacitación de dos días, que incluyó el vestuario que debían usar y las medidas de protección personal. A la fecha, ninguno se ha contagiado.

El personal de salud corresponde a una enfermera, un auxiliar de enfermería, un kinesiólogo, un dietista, una auxiliar paramédico y un guardia de seguridad.

También hay una ambulancia en caso de emergencias. “Permanentemente se está ocupando, hay gente que llega contagiado positivo, pero empeoran y hay que llamar para que los puedan hospitalizar en caso de que no puedan respirar bien”, cuenta Roberto León, gerente general del recinto.

Hotel Los Ñires.

Si bien a los diez días desde que comenzaron a trabajar la capacidad ocupada era de un 60% y las últimas semanas ha alcanzado cerca del 80%, la diferencia entre el hotel y la residencia sanitaria, dice, es bastante grande. “En un año normal el hotel tiene tres salones en que se dan muchos actos, se arriendan para conferencias o capacitaciones y generan utilidades importantes”, afirma León.

Respecto al funcionamiento, “el hotel mantiene una tradición: el cliente pide y se le da en el gusto”. En el menú se puede escoger entre 10 comidas, incluidas sin sal y veganas. En junio de este año, el Ministerio de Salud (Minsal) aplicó 2.380 “pautas de Satisfacción Usuarias” a nivel nacional, las que arrojaron un 97% de satisfacción con el servicio en el recinto.

Sin embargo, trabajar es este escenario no deja de tener un gusto amargo: “A medida que a nosotros nos va bien, la pandemia sigue en curso y no aminora”, explica León.

También hay una ambulancia en caso de emergencias. “Permanentemente se está ocupando, hay gente que llega contagiado positivo, pero empeoran y hay que llamar para que los puedan hospitalizar en caso de que no puedan respirar bien”, cuenta Roberto León, gerente general del recinto.

Características

El Hotel Los Ñires es uno de los 178 recintos de hospedaje distribuidos por el país, según datos del Minsal. Entre el 1 de julio de 2020 y el 1 de julio de este año hubo 301.544 usuarios en residencias sanitarias. Un 57% correspondían a hombres y un 43% a mujeres, de acuerdo con datos obtenidos con el ministerio.

De ellos, 54% ingresaron por un examen PCR positivo, 26% por contacto estrecho, 6% por caso sospechoso y un 2% estaba a la espera de los resultados. Del total, 34.176 usuarios han declarado pertenecer a un grupo de riesgo, la mayoría con hipertensión (14.802), seguido por diabéticos (5.726) y enfermos crónicos respiratorios (7.238). Además, se han recibido 1.274 personas que declararon estar embarazadas.

En cuanto a sus edades, la mayoría corresponde al tramo entre 19 a 30 años (97.625, equivalentes al 32,3%), seguido por 31 a 40 años (55.155) y de 0 a 18 años (49.192).

Hasta ayer (25 de julio), había 13. 892 camas totales y un 38% de ellas estaba ocupada. Estas residencias pueden ser hoteles, hostales o incluso moteles sanitarios.

La estrategia de las residencias busca, según el sitio web del Minsal, “ofrecer, a personas que lo requieran, condiciones adecuadas para realizar cuarentenas o aislamientos, seguros y efectivos, acorde a la normativa vigente”. Se aseguran condiciones de seguridad, tanto para los pacientes como para el personal sanitario.

Las residencias son gratuitas y se debe estar 11 días desde la toma de PCR en caso de ser asintomáticos o desde el inicio de los síntomas. El equipo con el que cuentan debe tener médicos, enfermeras y técnicos en enfermería. En caso de requerirse, se debiesen integrar cuidadores de adultos mayores, kinesiólogos, nutricionistas, matronas, asistente social, psicólogo, facilitador idiomático o intérprete de lengua de señas.

Entre el 1 de julio de 2020 y el 1 de julio de este año hubo 301.544 usuarios en residencias sanitarias. Un 57% correspondían a hombres y un 43% a mujeres, de acuerdo con datos obtenidos con el ministerio.

En algunas regiones con alta población indígena –un 3,8% de los usuarios del último año se declararon pertenecientes a un pueblo originario, principalmente mapuche y aymara- se han incorporado facilitadores interculturales y otros requerimientos específicos, como comidas tradicionales y botiquines ancestrales.

Pagos

La administración de las residencias sanitarias en un comienzo estuvo a cargo de la Subsecretaría de Redes Asistenciales, en ese momento encabezada por Arturo Zúñiga, actual convencional constituyente por el Distrito 9.

Pero desde julio de 2020, estas quedaron bajo el control de la Subsecretaría de Salud Pública, liderada por Paula Daza. ¿Las razones? La Contraloría General de la República abrió una auditoría con el fin de determinar si la implementación y la contratación de las residencias sanitarias de parte de Redes Asistenciales -entre enero y junio de 2020- cumplían la normativa vigente y si es que había conflictos de interés.

El informe del ente contralor, emitido en febrero de este año, es tajante. Entre sus resultados, se establece que no hay una decisión fundada de por qué dicha Subsecretaría debiese hacerse cargo y tampoco se cuenta con un documento escrito que determinara la organización interna de la implementación de la estrategia. Por ejemplo, un ex asesor de Zúñiga requirió el pago de una residencia sin acreditar el cumplimiento de las prestaciones, en el proceso de selección y búsqueda de residencias participó personal a honorarios ajenos a la cartera, o no se definieron procedimientos y criterios para los distintos Servicios de Salud del país.

En algunas regiones con alta población indígena –un 3,8% de los usuarios del último año se declararon pertenecientes a un pueblo originario, principalmente mapuche y aymara- se han incorporado facilitadores interculturales y otros requerimientos específicos, como comidas tradicionales y botiquines ancestrales.

A su vez, sobre el listado de hoteles para ser usados como residencias, el informe dice que no consta bajo qué contexto ocurrieron o según qué instrucciones o criterios se definieron. No existía tampoco un criterio uniforme para la negociación con cada recinto.

También, según se estipula en el documento, no se establecieron mecanismos para regular eventuales conflictos de interés e irregularidades. En particular, el jefe de la División de Atención Primaria de ese entonces poseía vínculos con uno de los hoteles contratados, el cual no fue inspeccionado previamente y posteriormente no existía un registro claro de quiénes se alojaron allí.  

Con el fin de asegurar la probidad en los contratos, el Minsal explicó que actualmente cada residencia, previo a su contratación, “debe superar una validación técnica y administrativa por parte del Ministerio de Salud. Esto se realiza mediante un documento en que se informan las medidas que Seremi tomó para contactar proveedores, las ofertas recibidas y los criterios aplicados para su selección”.

Añadió que “este documento incluye las condiciones ofrecidas por el proveedor, las cuales según recomendaciones del Ministerio pueden ser negociadas o rechazadas. En esta etapa se realiza una revisión adicional a las condiciones que originan la necesidad de contar con una nueva residencia sanitaria, lo que puede ser motivo adicional para el rechazo de su contratación, y, por tanto, del financiamiento”.

En cuanto a los montos referenciales, estos son de $ 50.000 + IVA por persona individual por día y de $ 20.000 + IVA por adicional por día en caso de piezas compartidas. Incluye alojamiento, comidas, aseo y lavandería. Estos precios pueden variar según la oferta local, los servicios asociados y la ubicación. En el 90% de los casos se paga por ocupación efectiva.

El Minsal explicó que actualmente cadaresidencia, previo a su contratación, “debe superar una validación técnica y administrativa por parte del Ministerio de Salud. Esto se realiza mediante un documento en que se informan las medidas que Seremi tomó para contactar proveedores, las ofertas recibidas y los criterios aplicados para su selección”.

Alberto Pirola, presidente de Hoteleros de Chile, el único gremio del rubro y que cuenta con 411 afiliados, afirma que desde el Ministerio ha habido morosidades con los pagos, y que los hoteles han debido “dejar de operar u operar con el mínimo, porque no queda capital de trabajo para seguir operando con la residencia”.

Si bien no cuenta con cifras, asegura que son cerca del 50% a los que se les debe el pago de facturas con 90 días de atraso o incluso un año. “Nosotros felices con que se termine. La residencia no es negocio, necesitamos que se vuelva a la normalidad”, señala.

Desde el Minsal explican que se paga a 30 días de la emisión de la factura correspondiente y que, cuando esto no ocurre, se debe a dos motivos: demora en los procesos de revisión y cuadratura de montos, usuarios y otros servicios, entre el proveedor y la Seremi. Y la otra razón puede deberse a demoras en la entrega de los documentos por parte del prestador.

Las experiencias

Daniela Day (24) comenzó con síntomas el viernes 11 de junio, su PCR salió positivo el día domingo y el martes 15 la trasladaron en un furgón escolar al hotel Bonaparte en Providencia. “Sinceramente podía hacer el aislamiento en mi casa, pero me fui a una residencia para pasar la cuarentena separada, y así no se enfermó nadie más de mi familia. Además, en la residencia por cualquier complicación iba a tener un cuerpo médico”, cuenta.

Allí estuvo en una habitación personal, con cama de dos plazas, refrigerador, hervidor, botellas de agua y champú. Solo se podía ingresar comida envasada e iban dos veces al día a dejar las cuatro comidas. También iban dos veces diarias a controlar sus signos vitales. El médico iba un par de veces a la semana.

“Yo le pongo un siete. Fue una experiencia que a todo el mundo se la recomiendo. Me sentí súper cuidada, no pasé frío, no pasé hambre, no pasé ningún tipo de molestia. No me sentí sola y pasé una cuarentena no tan fuerte en un sentido psicológico”, relata. Los días que estuvo en su casa fueron incómodos para ella, ya que solo podía ir de su habitación al baño y con mascarilla, rociar todo lo que tocara con cloro, y lavar la loza en el baño también.

Para Giselle Durán (55) la experiencia, en general, fue buena. Su esposo fue diagnosticado con Covid el 28 de abril, y el día 30 fueron trasladados al hotel San Francisco, en la comuna de Santiago, ella, su pareja y su sobrina que vive con ellos. Al llegar, les dieron una charla, les tomaron los datos y la temperatura. “El alojamiento y el servicio hotelero nada que decir, soy vegetariana y siempre tenía las comidas en mi condición de preferencia. El servicio de salud bastante bueno también”, afirma.

Durán explica que el único inconveniente es que la asistencia médica no incluye los medicamentos. Su esposo agravó su condición y tuvieron que solicitar a la familia, que vive en Maipú, que se los fueran a dejar. También tuvo que pedir que le llevaran un termómetro para controlar la fiebre de su pareja.

Alberto Pirola, presidente de Hoteleros de Chile, el único gremio del rubro y que cuenta con 411 afiliados, afirma que desde el Ministerio ha habido morosidades con los pagos, y que los hoteles han debido “dejar de operar u operar con el mínimo, porque no queda capital de trabajo para seguir operando con la residencia”.

Durante la estadía, su pronóstico empeoró y requirió de kinesiólogos y tanques de oxígeno. Seis días después fue hospitalizado de urgencia. Pero no había un seguimiento posterior o mayor comunicación entre ambas entidades: “Llamaba a las siete de la mañana al hospital para saber si seguía en urgencias. Una persona con la cual logré hablar le rogué llorando que le dijera que yo lo amaba. No supe nada de él desde que se lo llevaron el jueves 6 de mayo hasta el lunes siguiente”, afirma Giselle.

A ella le dieron el alta el día 8 de mayo, y a su sobrina, el día 9. Esta última pidió el alta voluntaria y, pese a que iban a la misma dirección, no las dejaron ir juntas en el mismo vehículo. Su sobrina llegó en horas de la tarde al domicilio, luego de que su transporte pasara a recoger a pacientes de otros hoteles, dice, en comunas como Padre Hurtado, Pedro Aguirre Cerda y Providencia. “Debe haber un tema de logística o de cumplir protocolos, pero en la práctica se juntaban todos los pacientes igual”, afirma.

Otro desenlace

Pese a que en las residencias no ingresan casos graves, estos pueden empeorar y tener otro desenlace. Entre el 1 de julio de 2020 y el 1 de julio de 2021, de acuerdo a información del Ministerio de Salud, el 0,002% de los 301.544 usuarios de residencias sanitarias fallecieron en sus dependencias.

Una de estas personas fue Mauricio Isla (40), quien fue encontrado fallecido en su habitación en el hotel Novotel de Viña del Mar el 3 de junio pasado. La semana pasada su familia presentó una querella por cuasidelito de homicidio.

Paulo Pérez, el abogado representante, señala que han reunido antecedentes “y nos fuimos dando cuenta que no tuvo la atención requerida, experimentó días completos de problemas respiratorios, cuando falleció fue encontrado en el piso y lo último que se supo de él fue el día anterior, a las ocho de la tarde. Aquí el Estado falló, porque se supone que las residencias debiesen tener condiciones de seguridad”.

Pérez solicitó diligencias al Ministerio Público, tales como grabaciones, el personal que estuvo de turno y la ficha clínica.

“Yo le pongo un siete. Fue una experiencia que a todo el mundo se la recomiendo. Me sentí súper cuidada, no pasé frío, no pasé hambre, no pasé ningún tipo de molestia. No me sentí sola y pasé una cuarentena no tan fuerte en un sentido psicológico”, relata.

La mamá de Mauricio, Ana Cabello, lamenta la pérdida y acusa que hubo un actuar negligente.  “En los hoteles sanitarios no están cumpliendo con la orden de revisar a los enfermos y chequearlos constantemente, no hay atención médica 24 horas. Como mamá si lo hubiese tenido en mi casa lo habríamos llevado a la posta, al Sapu, a cualquier parte. A él lo descuidaron”, dice.

Desde el Minsal afirman que cuando fallece una persona dentro de una residencia, se cuenta con un profesional médico el cual constata el fallecimiento, da aviso a familiares y a las autoridades correspondientes y realiza el certificado de defunción.

La estrategia

Una de las críticas al sistema de residencias tiene que ver con los tiempos de espera para ser derivados a las mismas. A través de redes sociales, personas se han quejado que han debido esperar entre tres a incluso seis días. Expertos coinciden en que esto tiene que ver con la estrategia de testeo, trazabilidad y aislamiento.

Desde la cartera de salud explican que, para disminuir los tiempos de espera, de acuerdo a la demanda regional, se ha contemplado abrir nuevas residencias, aumentar la dotación de móviles de traslados y priorizar los listados según la fecha de postulación.

Pese a todo, la estrategia de residencias sanitarias chilena ha sido elogiada desde la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

Asimismo, Claudio Castillo, profesor del Magíster en Salud Pública de la Universidad de Santiago (Usach), cree que esta es una buena iniciativa, pese a que se implementó tardíamente, dado que las autoridades sanitarias no estimaron la magnitud de la crisis.

Sin embargo, reconoce que al principio hubo errores en su implementación: “Al ser un dispositivo nuevo, los protocolos iniciales eran inseguros para los trabajadores (…) Por ejemplo, en Magallanes una técnico sufrió una agresión sexual por parte de una de las personas que estaba en la residencia sanitaria, y esto generó un cambio de los protocolos. Hay personas que se arrancan de las residencias  y eso también expone a otros. También hubo problemas con brotes de enfermedades transmitidos por alimentos. Estos errores se fueron subsanando con el tiempo”.

Para él es importante que esto siga funcionando, sobretodo porque la pandemia afecta más a quienes acumulan otro tipo de vulnerabilidades, como el hacinamiento.

También, destaca, fueron una alternativa para el rubro del turismo, con instalaciones de buena calidad: “Esa comodidad es importante, porque se le dio atención a las personas con dignidad en momentos de incertidumbre, tensión y miedo para que puedan estar seguros”.

Manuel Nájera, vicepresidente de la Sociedad Chilena de Epidemiología, estima que los cupos han sido suficientes, pero que “han tenido ripios en su implementación”. “La posibilidad de acceder es limitada por una pre evaluación, hay mucha gente que ha pedido utilizarla y no ha podido. O también gente que no ha querido por el temor de no poder estar en su casa. Es una buena estrategia, tal vez los tiempos de traslado pueden ser un poco largos, pero eso se ha ido solucionando en el tiempo”, dice.

A futuro, no considera recomendable que se reduzcan, por cualquier rebrote y debido a las nuevas cepas, que hacen mucho más necesario el aislamiento.

Mauricio Isla (40) fue encontrado fallecido en su habitación en el hotel Novotel de Viña del Mar el 3 de junio pasado. La semana pasada su familia presentó una querella por cuasidelito de homicidio.

Gabriel Cavada, académico del programa de Epidemiología de la Universidad de Chile, tiene la sensación de que estas no han sido lo suficientemente promovidas. En ciertos sectores de la población, además, había un miedo de abandonar sus casas y que pudiesen ser víctimas de delitos: “Faltó complemento en términos de asegurar a esta gente que se podía ir tranquila en estos lugares”.

Respecto a una eventual disminución de las residencias producto de la baja de contagios, señala que “probablemente yo iría racionalizando las residencias sanitarias, pero no al ritmo que baja la curva epidemiológica, sino con un cierto retraso, manteniendo un remanente de disponibilidad por si se nos viniera un rebrote”.

Residencia versus estadía

Además de las residencias, existen las Estadías Sanitarias Transitorias, dispositivos para que personas en situación de movilidad, que no tienen Covid-19, puedan cumplir los días de cuarentena preventiva que establece la normativa actual.

Uno de los hitos de este tipo de recintos ocurrió cuando se estableció que, desde el 31 de marzo de este año, las personas que llegasen al país desde el extranjero a través del Aeropuerto Arturo Merino Benítez debían permanecer cinco días en un hotel de tránsito. Aquellos que iniciaron su viaje después del 27 de marzo debían cubrir los costos de la estadía.

Sebastián (27) -quien pidió no informar su apellido- llegó el 5 de abril desde Miami, Estados Unidos. Pese a que salió antes de la fecha requerida y no debía cubrir los montos de la estadía, afirma que en la aerolínea no le dejaban subir al avión sin antes pagar el valor del hospedaje, que podía ir de 500 a 1.300 dólares por cinco días. Ese día desembolsó aproximadamente $ 440 mil pesos chilenos.

Desde la cartera de salud explican que, para disminuir los tiempos de espera, de acuerdo a la demanda regional, se ha contemplado abrir nuevas residencias, aumentar la dotación de móviles de traslados y priorizar los listados según la fecha de postulación.

Cuenta que llegó al aeropuerto cuando aún no se establecía el cierre de fronteras e hizo una fila de dos horas para que le asignaran el hotel, en que no había distanciamiento social. Para las personas de regiones, dice, esa fila avanzaba mucho más lento. Cuando le tocó su turno le preguntaron si tenía domicilio donde hacer la cuarentena: “Me explicaron que estaban colapsados, que a los hoteles iba solo gente que realmente lo necesitaba”.

Después, para hacerse el PCR obligatorio, señala que hubo otra fila de cuatro horas, nuevamente sin distanciamiento social: “Para mí, la medida no cumplía su objetivo, era un gasto de recursos innecesario”. El traslado a su hogar, señala, fue lo único que resultó bien y expedito.

Francisca (28) -quien también pidió no informar su apellido-, en cambio, sí tuvo que cumplir la cuarentena luego de viajar desde Estados Unidos en el Hotel Marriott. Para ella el trámite en el aeropuerto fue similar, pero más rápido.

Cuenta que mientras estaban a la espera del resultado del PCR en el hotel, no la fueron a monitorear ni la llamaron, solo recibió correos electrónicos preguntando si tenía síntomas. Cuando llegó al lugar, dice que tampoco había alcohol gel en el hotel y que le llamó la atención el costo de las comidas: “Nos hacían firmar un voucher todos los días. El almuerzo era cerca de $ 25 mil y eran lentejas. Yo pedí menú vegetariano y nunca me lo trajeron”.

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