Patricio Vera

“Mi papá no es un número”: el llamado a honrar a los fallecidos por Covid-19 en el Día de la Condolencia y el Adiós

El próximo 5 de septiembre a las 20:00 horas, radios de todo Chile transmitirán un memorial auditivo que busca honrar a quienes partieron durante la pandemia del nuevo coronavirus. Aquí, cómo nació la iniciativa y lo que ha significado para quienes están viviendo el duelo.

Como gran parte de los psicoterapeutas, desde que comenzó la crisis sanitaria, Paula Richard empezó a trabajar en línea. La alternativa le permitió, por primera vez, que llegaran a sus consultas pacientes de comunas más alejadas de su tradicional Providencia. Personas provenientes de sectores como Puente Alto e incluso de otras regiones, como Antofagasta, acudieron a ella.

Pero poco a poco esa pequeña alegría que le entregó la modalidad online obligada por la pandemia se esfumó. Día a día comenzaron a llegar pacientes que perdieron familiares o amigos cercanos por Covid-19.

A la fecha, 36.243 personas -madres, padres, hijos, parejas, amigos, tíos, primos, abuelos (…)- fallecieron en Chile producto del nuevo coronavirus, según el Ministerio de Salud. Se dice que, por cada deceso, hay por lo menos 10 cercanos en proceso de duelo. Estamos hablando de 362.430 personas en Chile lidiando con una pérdida producto del Covid-19. Es lo equivalente a más de siete veces el Estadio Nacional repleto. Más que todos los habitantes de la Región de Atacama juntos.

Son 362.430 personas con un duelo, además, muy difícil. “Hay muchos casos, en que una familia entera se contagia. Entonces tenemos una muerte en un momento en que hay otro familiar en riesgo vital. O casos en que solo hay una persona no contagiada que puede ir al entierro, pero todos los demás no pueden porque fueron contacto estrecho. O pueden asistir al cementerio, pero están angustiadísimos porque hay alguien intubado. O una persona que recién sale del hospital y se entera de que un ser querido falleció”, ejemplifica Paula Richard.

La psicoterapeuta Paula Richard.

“La muerte es parte de la vida y lo va a ser siempre. Lo que no es parte de la vida es vivirlo en soledad, es vivirlo sin rito, es vivirlo sin la posibilidad de despedirse adecuadamente. Eso es lo que deshumaniza el duelo. Y el dolor no nos puede ser indiferente”, añade.

Como esta psicoterapeuta, muchos otros profesionales se encontraron con pacientes en un proceso de duelo singular. Se enfrentaron con un río de sufrimiento subterráneo que atraviesa todo Chile.

Llegaron a la conclusión de que cuando un duelo es masivo, hay que hacer algo que sea público, que sea social, que vuelva a unir a quienes viven en Chile como un pueblo. Resolvieron actuar. Para entonces, la pandemia ya llevaba más de un año y ningún homenaje a los fallecidos se había llevado a cabo a nivel nacional.

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Junto a dos amigas, Paula manifestó su idea en directorios de asociaciones de terapeutas y centros de formación.

-¿Qué es lo que quieren hacer?

Queremos salir de las cifras y humanizar.

-¿Qué es lo humano?

Lo humano es el nombre, es la individualidad. Yo soy Paula Richard, no soy NN, no soy un número, soy Paula Richard y lo humano también es un vínculo. Yo soy mamá de mis hijos, soy hija de mis padres, soy amiga de mis amigos, soy psicóloga de mis pacientes.  

-¿Qué van a hacer con eso?

-Un memorial. Un memorial auditivo para que la gente pueda decir el nombre de su familiar o de su amigo, lo pueda nombrar. Y pueda decir que es su mamá, su papá, su hijo. Y contar de dónde viene.

Con ese plan, poco a poco diferentes profesionales se fueron sumando. Paula conversó con la Asociación de Radiodifusores de Chile (Archi) que accedió a transmitir los mensajes. Faltaba, entonces, que la población -y, en particular, aquellas personas que perdieron a un ser querido- se enteraran de la iniciativa.

La psicoterapeuta pidió ayuda a una amiga periodista que le recomendó entrar en contacto con las alcaldías, para poder contar con una convocatoria más grande. Lograron, así, el apoyo de Claudio Castro, de Renca -quien hizo un memorial en la comuna-; a Germán Codina, de Puente Alto -un sector particularmente afectado durante la pandemia- y Carla Amtmann, de Valdivia. Quienes, pronto, movilizaron a más personas.

En un trabajo uno a uno, de hormiga, Paula y sus amigas lograron el apoyo de casi 40 organizaciones, entre ellas la Escuela de Psicología de la Universidad Adolfo Ibáñez, la Asociación Internacional de Psicoanálisis y Psicoterapia Relacional y la Fundación Nemesio Antúnez. También consiguieron que AltaVoz creara una plataforma en línea para recibir los audios. Y que los comunicadores Andrea Vial, Claudia Álamo, Iván Valenzuela, Matías del Río, Matilde Burgos, Mirna Schindler, Montserrat Álvarez, Nacho Lira, Polo Ramírez y Sergio Lagos se unieran como embajadores.

Nacía, así, la plataforma para el Día de la Condolencia y el Adiós.

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Desde principios de agosto y hasta el 5 de septiembre se está construyendo en el sitio web https://www.diadelacondolenciayeladios.cl/ un memorial auditivo.

Cada persona que perdió a un ser querido debe decir el nombre y apellido (o seudónimo) del fallecido, decir su relación con la persona, la fecha de partida durante la pandemia y la comuna donde vivía.

El resultado será transmitido el 5 de septiembre a las 20:00 horas por las radios del país y los demás medios que deseen sumarse a la iniciativa. Al finalizar la transmisión, a las 21:00, se invitará a los ciudadanos a prender una vela o encender su celular, en la puerta de su casa o en su balcón, y a los diferentes Cuerpos y Compañías de Bomberos a que activen las sirenas, para recordar a todos los fallecidos. La invitación también se extendió a todas las iglesias, tradiciones espirituales y otras instituciones o agrupaciones que estimen conveniente sumarse.

“Esto lo hemos pensado para que el pueblo de Chile haga un gesto y le dé la condolencia a todos los familiares y amigos de quienes se fueron. Es honrar a los muertos, es la declaración de que sus vidas son valiosas, de que no son irrelevantes”, dice Paula.

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A principios de este año en The Clinic publicamos un reportaje contando la historia de tres personas -Andrea Barrau, Daniela Espinoza y Marcelo Padilla- que perdieron, respectivamente, a su marido (Julio Orellana), a su papá (Carlos Espinoza) y a su mamá (Eliana Villarroel) por covid-19.

La familia Orellana. Gentileza de Andrea Barrau.
Daniela Espinoza junto a su padre. Gentileza de Daniela.
Marcelo Padilla junto a su madre. Gentileza de Marcelo.

Los tres expresaron entonces que todavía no lograban despedir a sus seres queridos como correspondía. Y que el duelo había sido difícil.

Envié un mensaje a los tres contándoles sobre el Día de la Condolencia y el Adiós. “¡Qué lindo!”; “¿Dónde me tengo que meter?” y “Grabaré el audio esta semana” fueron algunas de sus respuestas.

Como ellos, muchos otros quieren prestar homenaje a quienes aman y partieron.

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El 24 de junio pasado, Cristina Escobar Urrutia, de 77 años, ingresó a la Clínica Indisa tras haberse contagiado de Covid-19. Dos días después, el 26 de junio, su marido, Emiliano Bustamante Urrejola, de 80 años, fue internado en el mismo recinto.  

Emiliano falleció el 10 de julio. Sus hijos -quienes pidieron no ser nombrados, porque sienten que la atención de este artículo debe estar puesta en quienes partieron- no le contaron a Cristina de la muerte de su esposo. “Nos habían prohibido por orden médica. Los doctores decían que ella hablaba mucho y preguntaba siempre por mi papá: ‘Mi marido, mi marido, ¿cómo está?’”, relata su hija.

Emiliano y Cristina hubiesen cumplido 59 años de matrimonio el 20 de julio. Sus hijos hicieron una misa en su homenaje ese día. Pero para entonces su madre ya estaba en coma. Luchó 15 días en la UCI. “Cuando nosotros la fuimos a ver, le dijimos: ‘mamá, ándate tranquila. Papá está esperándote en el cielo”, recuerda su hijo. Cristina murió el 25 de julio.

Emiliano y Cristina. Gentileza de sus hijos.

Para los respectivos funerales había alrededor de ocho personas. Sus hijos recibieron una serie de instrucciones sanitarias en torno a cómo se debe llevar ese proceso, cuánta gente debe haber, las distancias entre invitados, la decisión de la cremación. “Y claro, las sensaciones son muy raras: pese a que nosotros habíamos perdido a familiares cercanos, no son tan directos como perder, efectivamente, a los padres. A ambos padres. Hay un choque con la realidad porque nosotros, hasta ese minuto, veíamos la pandemia un poco de lejos…”. Salvo un mes antes del fallecimiento de sus padres, porque su tía, Olga Escobar, partió a fines de mayo producto del Covid-19.

Aunque los dos hijos se han unido aun más, recordando historias y aprendizajes de su familia -la cual, dicen, era “alegre, cariñosa, especial”- y ya tienen pensado esparcir las cenizas de sus padres en Chillán, añaden que con seguridad participarán del Día de la Condolencia y el Adiós.  

“Por un tema de memoria. Queremos sacarlos del anonimato. Porque hasta ahora figuran como un número, y eso es muy chocante”, comentan los dos.

Consideran que todo lo que sea visibilizar a los fallecidos aporta. “Porque de alguna manera crea consciencia sobre todo lo que ha pasado. Y también creo que aún hay gente que mira esto con distancia. Me sorprende ver que todavía haya gente que diga: oye esto no existe, no se vacunen. Que esto es como un resfriado…”, dice el hijo de Emiliano y Cristina.

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Rosalía Campos Almuna (57) empieza a comentar su pérdida como si ya estuviera grabando el mensaje para el memorial: “Romilio Campos González… Soy su hija. Falleció el 16 marzo 2021. Comuna de Puente Alto”.

La semana anterior de ser hospitalizado su padre había tomado la segunda dosis de la vacuna y el hermano de Rosalía la primera. Pero se contagiaron de Covid-19. El primer internado, el martes 9 de marzo, fue su hermano. “Ya con el diagnóstico de él vimos que la cosa se venía difícil”, recuerda y llora. El miércoles Romilio ingresó a la Clínica de la Universidad Católica.  Murió seis días después.

Durante esos días en que estuvo internado, el hermano de Rosalía fue intubado. “Así que podrás imaginarte: era realmente una pesadilla tener a mi hermano grave, mi papá apagándose y mi mamá y mi sobrino en la casa con Covid-19. Y nosotras (Rosalía y su hermana), que no estábamos en la casa de mi mamá, en cuarentena con todos los miedos de que pudiésemos nosotros también haber sido contagiadas… Es una situación muy complicada, la soledad es absoluta. Es terror a las llamadas de teléfono, porque podía ser que alguien más se había agravado o podía ser que había pasado algo o con mi papá o con mi hermano. Fueron días súper complicados”, recuerda.

Por la cuarentena y por haber tenido contacto estrecho con su hermano y con Romilio, nadie de la familia pudo despedirlo en el hospital. Al Parque El Sendero, en San Bernardo, solo acudieron Rosalía, su hermana, su esposo y algunos amigos. No hubo ceremonia, no hubo velatorio, no hubo prácticamente nada. “Conseguimos con el servicio funerario que la carroza pasase por fuera de la casa para que mi mamá pudiera verlo pasar… Esta enfermedad, aparte de lo terrible y angustiante que uno sabe que es que puede producir la muerte, lo peor es el tema de la soledad. Todo se vive hacia adentro”, relata, añadiendo que sus papás siempre han sido “a la antigua” y que habían anunciado a la familia que, si partían, querían ser velados en su casa. Algo que nunca ocurrió con Romilio.  

Romilio Campos. Gentileza de Rosalía.

Ahora, Rosalía se está preparando para enviar el mensaje al memorial. Sabe que será duro, sabe que va a llorar. Pero lo hará. “Espero que esta idea genere un minuto de reflexión… Porque esa rutina de contar, de contar… Como que uno pierde el sentido del dolor. Creo que más que nada es eso: que mi papá no es un número, que sea un nombre, una persona que vivió, que amó, que tiene familia”, dice la hija de Romilio.

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Magdalena López, psicóloga del programa Contigo en el Recuerdo y experta en duelo, dice estar emocionada por el Día de la Condolencia y el Adiós. “Las personas que han sufrido una pérdida en esa época sienten que quedaron con cosas pendientes, que sus seres queridos murieron en situaciones tremendamente peculiares, con características que son muy difíciles de resolver, como la falta de información, lo acelerado que fue todo el proceso, no poder ver el cuerpo del fallecido, no poder manipularlo incluso, ponerle ciertos símbolos. Eso la gente vive como un daño muy significativo. Entonces todo lo que sume a tratar de ritualizar o validar un poco la experiencia de esos fallecimientos va a mejorar la experiencia del duelo. Se le va otorgando significado a esas experiencias”, afirma.

La experta comenta que con los reportes diarios se empieza a trivializar la muerte. “Eso es muy importante, porque cuando trivializo, lo dejo de verlo como algo importante y para quien está viviendo el duelo es muy importante ser reconocido en la sociedad. Sino se vuelve un duelo desautorizado, es decir, es uno más y si es uno más, da lo mismo. Ahí empieza a perder el significado del duelo, que es tan especial”, comenta, añadiendo que vivimos en una sociedad que no se permite hablar del dolor y del sufrimiento y no sabemos hablar de la muerte.

“Eso no puede pasar. La persona, para sanar, necesita expresar, necesita reconectar con el fallecido. Necesita tener ese espacio en la comunidad. Necesita que se reconozca que esa pérdida importa, que es significativa y como sociedad queremos estar presentes. Eso necesitan escuchar todos los dolientes que han perdido a alguien en medio de la pandemia”, agrega.

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362.430 personas en Chile lidiando con una pérdida producto del Covid-19. Miles de otras están lidiando con el fallecimiento de algún ser querido por otras circunstancias en medio de la crisis sanitaria.

En ese sentido, los hijos de Cristina y Emiliano creen que se emocionarán mucho el próximo 5 de septiembre, en el Día de la Condolencia y el Adiós: “Es como si fuésemos una familia entera que perdió a seres queridos. De alguna manera nos hermanamos en ese dolor… Hay mucha gente que ha pasado por esto. Uno siempre piensa que los sufrimientos y padecimientos que uno tiene son absolutamente de uno. Pero en realidad, le ha pasado a mucha gente”. Es un duelo colectivo.

Un duelo que, lamentablemente, a cada día sigue sumando personas.

Personas que no quieren que sus seres amados se conviertan en cifras. Porque Julio Orellana, Carlos Espinoza, Eliana Villarroel, Cristina Escobar Urrutia, Emiliano Bustamante, Olga Escobar y Romilio Campos González se merecen mucho más que ser solo un número en un reporte diario.

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