El cambio climático aumenta el riesgo de fenómenos climáticos extremos y de plagas que destruyen los cultivos. Como aquí: una plaga de langosta en Kenia, África. (30.01.201).

Efecto mariposa: los desastres en el mundo están más conectados de lo que pensamos

Las catástrofes climáticas, la pandemia y otras crisis y desastres naturales se derivan de las mismas causas fundamentales, según un informe de la Universidad de las Naciones Unidas.

Desastres como una ola de frío en Texas, una plaga de langostas en África Oriental, un pez en China que sobrevivió a la extinción de los dinosaurios pero sucumbió en 2020 a las crisis medioambientales provocadas por el ser humano, podrían estar más conectados de lo que pensamos

Si bien están separados por fronteras y océanos, a una escala que afecta desde especies individuales hasta ecosistemas y comunidades enteras, estos fenómenos tendrían más en común de lo que podemos prever hasta el momento.

Eso sugiere un informe publicado por la Universidad de las Naciones Unidas (UNU). Los investigadores constataron que algunos de los peores desastres de los últimos dos años se superpusieron, lo que hizo que empeoraran. En muchos casos, estos fueron alimentados por acciones humanas.

“Cuando la gente ve desastres en las noticias, a menudo estos no parecen tener conexión”, dice a DW Zita Sebesvari, investigadora senior de la UNU y autora principal del estudio. “Pero, incluso las catástrofes que ocurren a miles de kilómetros de distancia unas de otras, a menudo están relacionadas”.

https://twitter.com/UNUEHS/status/1435528892438220800

Superposición de crisis

Tres factores fundamentales influyeron en los eventos analizados por la UNU: la quema de combustibles fósiles, el mal manejo de riesgos y la subestimación del medio ambiente en la toma de decisiones.

Varios de esos factores estaban relacionados con el clima extremo. El calentamiento global exacerbó una ola de calor en el Ártico, la que podría haber hecho que el vórtice polar se desplazara, causando una ola de frío en el estado de Texas, EE. UU. Esta teoría es aún tema de debate.

En Vietnam, una cascada de nueve tormentas diferentes, fuertes lluvias e inundaciones hizo estragos por todo el país en un lapso de dos meses. Un ciclón mortal en Bangladés, impulsado por el cambio climático, golpeó zonas rurales donde había trabajadores viviendo en refugios de emergencia, en cuarentena por el coronavirus. 

Desastres como estos “se realimentan entre sí”, dijo Jack O’Connor, investigador senior de la UNU y otro de los autores del informe. Si los refugios de emergencia son usados para proteger a la gente de fenómenos climáticos extremos, pero allí viven pacientes de coronavirus, menos gente podrá -o incluso querrá- utilizarlos.

Quienes lo hacen, están entonces más expuestos al coronavirus. Cuando hay ciclones, estos frecuentemente dañan hospitales e interrumpen cadenas de abastecimiento necesarias para tratar a los pacientes de COVID-19.

“No se diseñan las respuestas a los ciclones teniendo en mente la pandemia”, señaló O’Connor. “Pero este es el tipo de cosas que vamos a tener que empezar a hacer”.

Cada vez más fenómenos climáticos extremos

El reporte de la UNU llega una semana después de que la Organización Meteorológica Mundial (WMO) publicara un análisis que muestra desastres climáticos ocurridos todos los días durante los últimos 50 años. Cada día, indica el informe, desastres naturales, desde huracanes hasta inundaciones, mataron a 115 personas y causaron pérdidas por 202 millones de dólares.

A pesar de que el ser humano sigue utilizando combustibles fósiles y calentando así cada vez más el planeta, la tasa de mortalidad global por el clima extremo está disminuyendo, mayormente debido a los sistemas de pronóstico meteorológico y de alerta temprana.

Estos ayudan a los gobiernos a evacuar a la gente antes de que se produzcan las catástrofes. Como resultado, las devastadoras tormentas y las inundaciones están matando a menos personas, pero desplazando a cada vez más damnificados.

Sin embargo, no está claro si eso continuará así, dado que el planeta sigue calentándose y cada vez más catástrofes se superponen unas a otras.

La influencia humana probablemente ya ha aumentado la posibilidad de “eventos extremos compuestos” desde la década de 1950, según un informe histórico del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) publicado en agosto.

Las olas de calor y las sequías, por ejemplo, golpean al unísono con más frecuencia en todo el mundo. En algunas regiones se pueden observar tendencias similares en cuanto a lluvias intensas y marejadas ciclónicas, o condiciones climáticas que favorecen los incendios.

Si el planeta se calentara 4 grados centígrados más que en la era preindustrial, las olas de calor que antes ocurrían cada 50 años se esperarían 39 veces más a menudo, de acuerdo con las proyecciones del IPCC.

El planeta ya se ha calentado 1,1 grados centígrados más. Y aunque los líderes mundiales instaron a limitar el calentamiento a un nivel ideal de 1,5 grados a finales de este siglo, el manejo de la política climática hace temer que ese límite se duplique.

Crisis ecológica y climática: arrecifes blanqueados

El informe de la UNU resalta tres ejemplos de crisis ecológica que también están estrechamente ligados al cambio climático.

Cerca de un 25 por ciento de la Gran Barrera de Coral en Australia se blanqueó severamente el año pasado. Sus días están efectivamente contados: los arrecifes de coral se reducirán entre un 70 y un 90 por ciento si el calentamiento global llega a 1,5º C. Con 2º C, prácticamente todos los arrecifes de coral del mundo desaparecerían.

Pero, a pesar de que el cambio climático es el principal impulsor, la resiliencia de un arrecife también puede peligrar por otros factores, como la polución de las aguas y la sobrepesca, explicó O’Connor, que realizó un entrenamiento como investigador marino y ha visto los arrecifes antes y después de que los corales se blanquearan.

“Es como en la película ‘Buscando a Nemo’, todo lleno de vida y color”, dijo, refiriéndose al popular film de Pixar. “Cuando se visita un arrecife que se ha blanqueado debido al aumento de temperatura del océano, todo el color desaparece. Todo se volvió blanco. Pero no solo eso, es como una tumba. También todos los animales se han ido”.

El Amazonas, casi reducido a cenizas

En la selva amazónica, hileras enteras de árboles han sido quemados para satisfacer la demanda global de carne, desmontando áreas para que viva el ganado, o plantando soja para alimentarlo.

Eso redujo la cantidad de dióxido de carbono que los bosques pueden absorber de la atmósfera. Algunos estudios sugieren que la deforestación y el calentamiento global acelerarán la “muerte regresiva” del bosque hasta un punto de inflexión en el que el Amazonas se convierta en una seca sabana.

Sobrepesca y polución en China

En el Río Yangtsé, en China, el pez espátula se extinguió en 2020 debido a décadas de sobrepesca, polución y a la construcción de varias represas que aislaron a esa especie de su lugar de desove, río arriba.

Al igual que sucede con los arrecifes de coral, la pérdida de una especie en un ecosistema puede ser suficiente para que todo se desmorone.

Toma de decisiones: un acto de equilibrio

El informe de la UNU destaca cómo los legisladores se concentran en un puñado de “soluciones beneficiosas para todos” para prevenir desastres, como, por ejemplo, reducir las emisiones de CO2, o diseñar una infraestructura que respete más la naturaleza.

Pero, tanto en el Amazonas como en el Yangtsé, escriben los autores del estudio, la gente alteró los paisajes para aprovechar recursos económicamente valiosos, sin tomar en cuenta los costos ambientales.

Sin embargo, el reporte también revela el costo de ignorar los vínculos entre desastres y las soluciones que empeoran otros problemas. Las represas que contribuyeron a la muerte del pez espátula chino, por ejemplo, generan electricidad y proveen una alternativa a los combustibles fósiles.

En algunos casos, es posible que el cambio no valga la pena. En otros, ciertas medidas específicas pueden paliar los daños. “Ya no podemos darnos el lujo de tomar decisiones cortas de vista que terminan perjudicándonos más adelante”, subrayó O’Connor. “Tenemos que hacer las cosas mejor”.

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