Agencia Uno

Columna de Lina Meruane: Experiencias vitales

Los partidos de derecha y sus medios, el candidato de la derecha y su vocera, llevan ya tiempo subrayando las múltiples carencias de Gabriel Boric. La última línea, seguramente no la final, consistió en señalar que Boric no era padre mientras Sebastián Sichel resaltaba su paternidad. “Yo tengo un hijo”, dijo (¡Wikipedia consigna tres!), buscando darse ventaja ante los y las votantes que todavía no han decidido por quien votar.

Tener o no tener hijos, cuidarlos o no, se ha vuelto, inesperadamente, un asunto de candente actualidad política. Hace nada que yo apuntaba aquí el problemático argumento materno esgrimido por Camila Vallejo al informar de su inminente salida del Congreso. En el decir de la diputada comunista se sugería una tensión entre su gesta pública y privada, una que ella “resolvía” con el anuncio de un regreso a casa. Lo que no se politizaba en esa declaración (ésa fue mi observación) era la necesidad de jornadas laborales más acordes con las múltiples tareas que sobrellevan, sobre todo, las madres que trabajan fuera de casa. Pero si la existencia de una hija aparecía como impedimento para su continuidad congresal, es la ausencia de hijos lo que se está usando ahora contra otro joven diputado y candidato presidencial.

Los partidos de derecha y sus medios, el candidato de la derecha y su vocera, llevan ya tiempo subrayando las múltiples carencias de Gabriel Boric. La última línea, seguramente no la final, consistió en señalar que Boric no era padre mientras Sebastián Sichel resaltaba su paternidad. “Yo tengo un hijo”, dijo (¡Wikipedia consigna tres!), buscando darse ventaja ante los y las votantes que todavía no han decidido por quien votar.

Tener o no tener hijos, cuidarlos o no, se ha vuelto, inesperadamente, un asunto de candente actualidad política.

No era, por supuesto, el primer ataque. Ya se había dicho, contra Boric, que carecía de “estabilidad emocional” para ser presidente, cosa que, en un país donde antidepresivos, ansiolíticos e inductores de sueño están a la orden del día, donde tanta falta hace hablar de la salud mental y desestigmatizar estos trastornos, no produjo ningún efecto. Se dijo entonces que le faltaban años de vida y de experiencia, cosa que su electorado, también joven, ve como necesario en los modos de hacer política. Sin cejar, la campaña de Sichel se centró en otra falta. “No tiene título” fue la frase que engañosamente insinuaba que Boric no tenía los años de estudio que tiene, y se olvidaba de mencionar que decidió no terminar una carrera que no le interesaba ejercer entre abogados sino entre diputados, donde el diploma no le ha hecho ninguna falta.

La campaña que insiste en las carencias de uno y en los éxitos del otro –el self-made man sicheliano, neoliberal, que emerge de la pobreza y recibe el respaldo de un millonario presidente– no debe haber hecho mella en la campaña de Boric porque una vez más su rival vuelve al ataque con aquello de que no tiene hijos. ¿No tener hijos implica un daño cognitivo? ¿Es un impedimento presidencial? ¿Tenerlos es una “experiencia vital” (palabras de Sichel) que prepara para dirigir un país? Así dicho suena a que ser padre (o madre) es sinónimo de buen liderazgo o de una mejor toma de decisiones. De más sensatez. De ecuanimidad. De empatía incluso.

Qué bajo está llegando el discurso político si necesita recurrir a los hijos propios (como mérito) o a la falta de hijos ajenos (como falta), si necesita idealizar a los padres, que sí, los hay excelentes pero los hay también nefastos. ¿Y cuál es ese aprendizaje que proveen los hijos? ¿Cuál sería esa “experiencia vital” decisiva de la que Sichel se jacta como candidato-padre? Porque si hablamos de “experiencias vitales”, cualquiera podría hacer notar, con no poca ironía, que Sichel no estuvo ni embarazado ni parió ni amamantó a ese hijo (que acaso sean tres) y que tal vez, pero esto no consta, ni siquiera haya aprendido a preparar una mamadera o a cambiar pañales ni haya llevado a los hijos al doctor mientras trabajaba de abogado y escalaba en la política y las finanzas. Sichel ni siquiera detalla ese aprendizaje, lo deja caer como un titular vacío y una vez más los periodistas no exigen saber de qué experiencia específica habla.

¿No tener hijos implica un daño cognitivo? ¿Es un impedimento presidencial? ¿Tenerlos es una “experiencia vital” (palabras de Sichel) que prepara para dirigir un país? Así dicho suena a que ser padre (o madre) es sinónimo de buen liderazgo o de una mejor toma de decisiones. De más sensatez. De ecuanimidad. De empatía incluso.

Acaso no valga la pena tomarse en serio estos dichos, seguirlos despedazando como estoy haciendo aquí, pero ya puesta a darle vueltas a este absurdo concluyo que no, estos dichos no tienen ni siquiera asidero empírico: hemos tenido lamentables presidentes-padres-de-familia (Pinochet como dictador-padre, o Piñera como presidente-con-hijos) y hemos sufrido otros que, sin haber optado por la paternidad (Pedro Montt Montt, Pedro Aguirre Cerda, Jorge Alessandri), no fueron los menos experimentados o los peores gobernantes.

*Lina Meruane es novelista, ensayista y docente. Entre sus últimos libros se cuentan la novela “Sistema nervioso” y los ensayos “Contra los hijos” y “Zona Ciega”.

También puedes leer: Columna de Lina Meruane: Diputada en disputa


Volver al Home

The Clinic Newsletter
Comentarios