Crédito: Archivo personal.

Veronica O’Keane, psiquiatra experta en memoria: “Los sucesos en una agitación social se convierten en parte de quiénes somos, incluso si no los vivimos directamente”

La también neurocientífica del Trinity College de Dublín, quien se ha abocado al estudio de la memoria fuera de los paradigmas tradicionales de la teoría psicológica, afirma que “lo que recordamos y cómo recordamos es individual y colectivo”. En esa línea, y en conversación con The Clinic, reflexiona sobre la memoria histórica, fijándose en el pasado reciente de Chile y el peso de la dictadura en nuestros recuerdos.

Cada año, cerca de 1.400 mujeres sufren de psicosis posparto en Reino Unido, dice Veronica O’Keane en su libro “El Bazar de la Memoria: Cómo construimos los recuerdos y cómo los recuerdos nos construyen” (2021). Y fue la historia de Edith, una madre primeriza que padeció esta enfermedad, lo que llevó a O’Keane a emprender un viaje a través del pensamiento. Un devenir que terminaría por reformular su concepción acerca de qué compone y define la memoria.

O’Keane es una psiquiatra y neurocientífica que hoy se desempeña como académica del Trinity College de Dublín, en Irlanda. Pero el hito que “recordará por siempre”, como explica en su libro, ocurrió mientras trataba pacientes a principios de la década de los 2000 en el Hospital Royal Bethlem de Londres, uno de los centros psiquiátricos más antiguos del mundo.

Allí conoció a Edith, una mujer que, sin poseer un historial de enfermedades psiquiátricas, comenzó a presentar sintomatología psicótica tras un parto. Edith decía tener la certeza de que su hijo no era el mismo que había dado a luz. Que “algo” había cambiado a su bebé por otro, del cual emanaba un olor a “podrido”. Que ella cuidaba ahora a un “impostor”.

Edith pasó un día frente a un cementerio, donde su mirada se fijó sobre una pequeña lápida. Inmediatamente llegó a la conclusión de que su bebé, el verdadero, había sido enterrado allí.

Este relato fue conocido por O’Keane tras meses tratando a Edith. Con el tiempo, los síntomas de la paciente se atenuaron y, conversando con su doctora, ambas definieron que esas experiencias y sensaciones, no basadas en estímulos provenientes del mundo exterior —si no que desde su propio cerebro—, habían sido parte de un cuadro psicótico.

En otra sesión, posterior a esa síntesis, Edith relató a la psiquiatra cómo, al pasar nuevamente por el cementerio y la pequeña lápida que antes la habían marcado, la invadió una sensación de terror. Se vio envuelta por el cúmulo de emociones y certezas que había experimentado durante la psicosis. O’Keane le preguntó si era consciente de que esas “ideas psicóticas no eran reales”. Esta respondió: “Sí… Pero los recuerdos son reales”.

“Ella sabía que había sufrido una psicosis, sabía que su psicosis había sido tratada y que ahora estaba mejor (…). Pero todos esos conocimientos quedaban en suspenso mientras experimentaba el recuerdo. El recuerdo era real”, narra O’Keane en su libro.

El caso de Edith gatilló en la investigadora un cuestionamiento sobre lo que, hasta entonces, entendía por memoria. Se alejó de las clasificaciones y teorías académicas, y se adentró en el mundo de las emociones y la subjetividad como fundamento de los recuerdos, imprescindibles para la esencia humana. “La memoria une lo que sabemos y lo que sentimos, y se convierte en el medio a través del cual filtramos la experiencia consciente del presente”, asegura O’Keane.

En entrevista con The Clinic, la experta repasa su carrera, comenta acerca de sus reflexiones sobre el tema y explica el funcionamiento de la memoria colectiva e histórica, ejemplificando con la memoria chilena, todavía fuertemente marcada por el golpe militar del 11 de septiembre de 1973 y la posterior dictadura. “La memoria no es algo estático: es la esencia de lo que es ser humano”, apunta.

Crédito: Archivo personal.

-¿Qué la empujó a convertirse en psiquiatra?

-Siempre me interesó lo que significa ser humano. Siempre me llamó la atención la psicología. Luego, tuve la oportunidad de estudiar ciencia, a los 14 años (…). Mi generación fue una de las primeras en que estudiantes mujeres podían estudiar ciencia. La ciencia inmediatamente iluminó mi mundo y supe intuitivamente que gran parte de la explicación de lo que es ser humano no residía en la filosofía o la religión. Estaba en el cerebro.

“Entonces, después del colegio, mi elección realmente era entre psicología o hacer medicina y psiquiatría. Supongo que elegí la psiquiatría porque me dio una oportunidad más amplia de observar el funcionamiento real del cerebro. Cuando me gradué a mediados de la década de 1980, se sabía muy poco sobre la forma en que funcionaba el cerebro. Por entonces, sólo sabíamos sobre las estructuras cerebrales y tal vez las funciones específicas que estaban asociadas a esas estructuras”.

“La memoria une lo que sabemos y lo que sentimos, y se convierte en el medio a través del cual filtramos la experiencia consciente del presente”, asegura O’Keane.

O’Keane resalta cómo estudiar neurociencia le brindó “herramientas” para ayudarla a “comprender el cerebro y, en particular, como psiquiatra, a comprender las enfermedades mentales”.

-¿Existían muchas barreras en esa época para las mujeres que buscaban seguir ese tipo de estudios?

-Sí, hubo barreras para las mujeres durante las décadas de 1980 y 1990. En ese momento, las universidades eran sistemas muy patriarcales. Pero me abrí camino ignorando todo eso lo mejor que pude. Pero ciertamente sí. Y he hablado sobre la misoginia en medicina, incluso antes del movimiento #MeToo.

-¿Cómo su experiencia con Edith le hizo cambiar el foco a la hora de mirar algo tan complejo como la memoria?

-Edith me demostró que lo que los psiquiatras y tal vez otras personas ven como experiencias psicóticas eran, para ella, un recuerdo tan real como lo que efectivamente habría sucedido en el mundo externo. Que, en el proceso de crear recuerdos, nuestros cerebros no diferencian con lo que realmente está sucediendo en el mundo común, en el compartido. Que tu cerebro recordará lo que tu cerebro experimenta.

“Y aunque eso suena como un punto trivial, en realidad es muy profundo. Porque somos sólo lo que experimentamos. No hay un conocimiento previo. No nacemos con conocimiento. Invitamos al conocimiento y eso desarrolla nuestro cerebro, y desarrolla nuestra personalidad. Ya sea que se trate de la memoria colectiva de hechos históricos, como el golpe de 1973 en Chile, o de una experiencia psicótica. Eso es lo que forma las redes de cada memoria individual”.

“Entonces, cuando Edith me dijo que ‘la memoria era real’, me di cuenta de que toda la experiencia que tiene un individuo se establece en la materia del cerebro de una manera bastante concreta. Y fue sólo cuando salió de su psicosis que su cerebro pudo ver que lo que le había sucedido era psicótico. Pero el recuerdo, y la experiencia del mismo, era tan real como algo que sucedería en un mundo no psicótico”.

“La memoria existe en el presente. Existe en la forma en que experimentamos el mundo, porque la única forma de experimentarlo en el presente es mediante cómo nuestro cerebro se ha formado. Y nuestro cerebro está formado por nuestras memorias. Tanto individuales como colectivas y culturales”.

-Entre los elementos que componen nuestra memoria —ya sean de carácter emocional o sensorial, como el olfato y el tacto— ¿existe un tipo de estímulo que prevalece en los recuerdos, o que se recuerda más “fuertemente”?

-En términos de recordar algo, recordamos cosas que son vívidas para nosotros personalmente. Y para todos, eso será diferente. Las experiencias que haya tenido en mi pasado harán que todo lo que vea a través de mis sensaciones sea más o menos relevante para mí”.

“Hay muchos ejemplos de esto. Por ejemplo, si tienes información nueva, tiendes a prestar atención y estás interesado en ella, y es más probable que la coloques dentro de tus redes de memoria, para tratar de comprenderla. Otro ejemplo sería si tienes una fuerte emoción asociada con un lugar, como lo hizo Edith con el cementerio. Cuando veas ese lugar, eso encenderá una respuesta emocional que iluminará tu memoria”.

“Supongo que, de la misma manera, con la memoria colectiva, hay veces en los que grupos de personas hacen una pausa y recuerdan. Recordarán dónde estaban, recordarán lo que sucedió en un día… Y esto es cierto con los aniversarios, en la memorialización. Lo que recordamos y cómo recordamos es individual y, nuevamente, colectivo”.

-Entonces, ¿hay una jerarquía entre los estímulos, en cuanto a qué será más recordado?

-Sabemos que mientras más atención se preste, más probabilidades tendremos de recordar. Y, por supuesto, prestamos atención cuando estamos emocionados. No recordamos las cosas cuando tenemos sueño o no estamos emocionados, o estamos desinteresados. Pero el interés puede surgir de la emoción, de tu pasado, o de la curiosidad intelectual.

“El cerebro realmente es como una gran olla donde se mezclan todos los ingredientes de la vida, de tu pasado y de tu cultura. Lo que sea que veas, lo que percibas y lo que sientas influirá en tu memoria. En el cómo recuerdas los eventos, y si los recuerdas o no en primer lugar”.

-¿Qué es la memoria colectiva, y cómo se relaciona con la memoria histórica?

-Creo que son el mismo concepto, la memoria colectiva e histórica. Supongo que en la vida de cualquier individuo hay varias cosas que, en última instancia, determinarán su memoria. Una es la forma en que tu cerebro está formado genéticamente. Algunos de nosotros tenemos cerebros muy dotados y algunos de nosotros conectamos las cosas de una manera muy “suelta” o libre. Pero lo que sí es absolutamente cierto es que no hay dos cerebros similares, de la misma forma que algo tan simple como una huella dactilar. Si una huella dactilar es diferente en todos, piensa en las posibilidades que pueden existir en el cableado cerebral.

“Luego, en segundo lugar, están las cosas individuales que te suceden personalmente. ¿Eres el mayor de tu familia? ¿Eres niño o niña? ¿O eres transgénero? ¿Fuiste intimidado en la escuela? ¿Fuiste abusado? ¿O fuiste querido?”.

“Todo esto influye en la forma en que se desarrolla un individuo. Y todos vivimos en un contexto social. Eso es de lo que estamos hablando cuando hablamos de memoria cultural o memoria colectiva. Y, en cierto modo, la memoria cultural se convierte en historia cuando ya no ‘está viva’. En otras palabras, cuando no hay gente viva desde quizás dos generaciones después de que ocurrieron los hechos. Entonces, hay un cierto punto en el que la memoria colectiva realmente se desvanece en la historia”.

“El cerebro realmente es como una gran olla donde se mezclan todos los ingredientes de la vida, de tu pasado y de tu cultura. Lo que sea que veas, lo que percibas y lo que sientas influirá en tu memoria. En el cómo recuerdas los eventos, y si los recuerdas o no en primer lugar”.

-¿Cómo opera la memoria histórica o colectiva en el caso de los eventos que ocurrieron antes de que una persona naciera, pero que ésta aún así los considera como parte de su propia memoria? Por ejemplo, muchos de los chilenos que nacimos después del golpe militar de 1973 —e incluso tras el fin de la dictadura en 1990— tenemos nuestra comprensión del presente todavía marcada por esos hechos y período histórico, aunque no los “experimentamos” directamente…

-(Ese ejemplo) es un fenómeno real. Aunque nací un par de décadas después de la Segunda Guerra Mundial, para mí, en mi infancia, esa guerra era algo bastante real, porque mi padre estaba vivo durante la guerra y se escondió debajo de la mesa durante los bombardeos que ocurrieron ocasionalmente en Dublín.

“Mucho de lo que es historia se transmite verbalmente, y se transmite verbalmente de nuestros padres. Nuestros padres nos transmiten los recuerdos de su vida. Y así, el recuerdo está muy presente, incluso si no has vivido los hechos de la forma en que tus padres los narran”.

“La memoria vive en las estructuras que se forman mediante cómo se narran las vidas. En cierto modo, y aunque tú eres un hombre joven, estoy seguro de que la idea del Chile de Pinochet es parte de la forma en que ves tu país, porque tus padres probablemente te lo contaron, y tal vez incluso algunos miembros de tu familia son desaparecidos. Todos siguen conectados a los recuerdos en Chile. Directamente conectados. Y a medida que te alejas temporalmente, supongo que la conexión humana con esos eventos, la conexión en vivo con esos eventos, se vuelve más distante. Y luego, tras un período de tiempo, el tipo de estructuras políticas y sociales, y todo lo que se forma a partir de esos conflictos y grandes eventos de la historia, se disipan gradualmente (…). Comprendo que los sucesos importantes en medio de la agitación social se convierten en parte de quiénes somos, incluso si no los vivimos directamente”.

-En una entrevista con el diario español El País, usted dijo que “en cierto modo, toda memoria es falsa”. ¿A qué se refiere con esto?

-Lo que estaba diciendo es que la división de la memoria en verdadero y falso es una simplificación excesiva. Porque la memoria está viva. El cerebro cambia constantemente, se reforma constantemente. En Edith vemos a una mujer que, cuando recordó por primera vez su psicosis, estaba de vuelta en la psicosis. Pasó el tiempo y se dio cuenta de que esto no sucedió realmente. Se dio cuenta de que su memoria, aunque era una memoria muy real, no era realmente lo que sucedió en el mundo que la rodeaba.

“Mucho de lo que es historia se transmite verbalmente, y se transmite verbalmente de nuestros padres. Nuestros padres nos transmiten los recuerdos de su vida. Y así, el recuerdo está muy presente, incluso si no has vivido los hechos de la forma en que tus padres los narran”.

“¿Es eso un recuerdo falso? No creo que sea un recuerdo falso. Pero modificó su memoria. Su recuerdo del evento es en realidad correcto, pero muchos psiquiatras dirían que es un recuerdo falso. Pero fue su experiencia y, por lo tanto, es un recuerdo real”.

“Con el tiempo, modificamos nuestra memoria. Se llama experiencia y aprendizaje. Y si no hiciéramos eso, estaríamos atrapados en un pasado fosilizado y no podríamos hacer frente al cambio. Por eso es muy necesario que veamos nuestros recuerdos, y cómo los experimentamos, en contexto. Y que modifiquemos nuestra memoria”.

“Podemos ver cuando un recuerdo se modifica en la fisiología del cerebro. Todo el tiempo se forman nuevas conexiones entre las células nerviosas. Las viejas (conexiones) se están marchitando. De modo que el cerebro crece y se marchita constantemente, a medida que entendemos el mundo con mayor profundidad y riqueza”.

-Tras esta búsqueda que usted emprendió para comprender la memoria, ¿cuál es el aprendizaje o conclusión central que quiere transmitir a sus lectores?

O’ Keane suelta una risa. “Es una buena pregunta”.

-Supongo que lo que me gustaría transmitir es la sensación de la fluidez del cerebro. La idea de que los cerebros se están formando, reformando y cambiando constantemente. Y que la memoria no es algo estático: es la esencia de lo que es ser humano (…). La idea de que formamos una identidad o una determinada persona, o un determinado carácter, y que permanece estática a lo largo de nuestras vidas, simplemente no es cierta.

“Debemos acoger la diversidad de la memoria y tratar de ser adaptable y flexible en un mundo que siempre está cambiando. No hay nada seguro en la ciencia del cerebro, y no hay nada seguro en la vida”.

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