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¿Fijación de precios para controlar la inflación? Economistas analizan el caso argentino y lo comparan con Chile

Argentina decidió congelar los precios de casi 1.500 productos de consumo masivo para intentar frenar la galopante inflación que afecta a ese país. ¿Sirve, no sirve, o depende? ¿Es una alternativa para Chile? Se lo preguntamos a tres economistas.

La Secretaría de Comercio Interior de Argentina emitió una resolución este miércoles 20 de octubre para la fijación de precios de 1.432 productos de consumo masivo. De este modo, el gobierno trasandino pretende controlar los altos niveles que alcanzó la inflación en ese país.

La decisión fue tomada tras una ronda de negociaciones impulsada por la cartera con distintos actores que integran la cadena de producción y comercialización de una canasta integrada fundamentalmente por alimentos y productos de higiene, incluyendo preservativos, comida para mascotas y bebidas alcohólicas -como el fernet- según detalla Clarín.

La medida del gobierno argentino es temporal y tiene una duración de 90 días. El secretario de Comercio Interior, Roberto Feletti, explicó que “el principal objetivo de gestión es dar una respuesta rápida y concreta al problema que hoy representa el precio de los alimentos para la mayoría de los hogares”.

Sin embargo, lamentó que “en el complejo escenario que viene atravesando la sociedad argentina desde 2015 a la fecha, que se vio profundizado por la pandemia, haya fracciones de la cúpula empresarial que no sean conscientes de sus privilegios y se nieguen a adoptar una actitud colaborativa”.

La discusión reciente en Chile

En Chile, el tema de la inflación se ha comenzado a instalar en las últimas semanas. Sin embargo, la fijación de precios ha rondado en los escritorios de la política nacional prácticamente desde que comenzó la pandemia.

La idea tomó fuerza en mayo del 2020, cuando se empezó a detectar un alza en productos de primera necesidad. Un grupo de alcaldes, entre los que figuraban varios oficialistas, como Rodolfo Carter de La Florida y Felipe Alessandri de Santiago, le pidieron al Gobierno considerar la idea. El Ejecutivo se negó.

En mayo del 2021, la Cámara de Diputados aprobó un proyecto de resolución impulsado por la bancada del PPD que solicitaba a la Presidencia fijar precios para frenar el alza de alimentos, combustibles y materiales de la construcción. La iniciativa, sin embargo, no tuvo acogida en la administración de Piñera.

Tras ser electa ese mismo mes como alcaldesa de Santiago, Irací Hassler también se mostró partidaria de congelar los precios de una canasta familiar determinada. Sin embargo, recibió la respuesta de 21 ingenieros comerciales de la Facultad de Economía y Negocios (FEN) de la U. de Chile, la misma casa de estudios de la edil.

En la misiva, los egresados explicaban que la fijación de precios es una medida utilizada para mercados monopólicos que se rigen por tarifas establecidas, como el agua o la electricidad. A ello podemos agregarle el examen PCR, cuyo precio máximo fue fijado por orden del Minsal, tras registrarse alzas de los laboratorios en medio de la pandemia.

Sin embargo -dicen los ingenieros comerciales- congelar los precios en un mercado de productos de consumo, “iría de la mano con el racionamiento de éstos, desencadenando un mercado negro que busque satisfacer dicha demanda, impactando en precios aún más altos para quienes no pudiesen abastecerse del producto a tiempo”.

Una respuesta a los ingenieros comerciales llegó de la mano de otra egresada de dicha facultad: Javiera Petersen, directora ejecutiva del Observatorio de Políticas Económicas (OPES) y actual integrante del equipo programático de Gabriel Boric, quien en una carta firmada junto a Ignacio Silva, apuntaron a que “el equilibrio de oferta y demanda no es una generación espontánea de la organización de la sociedad, sino más bien una decisión política de cómo se distribuyen los recursos”.

En la misiva publicada por Radio Bío Bío, ambos expertos ponen como ejemplo las recomendaciones que publicaron la OCDE y la OMS para enfrentar el alza de precios en medio de la pandemia. “Las políticas de control de precio bien diseñadas y en productos específicos debiesen ser una alternativa evidente a ser considerada por las autoridades”, concluyeron los economistas. 

La mala fama de la fijación de precios

Ciertamente, entre los economistas, la fijación de precios no tiene buena fama. De hecho, uno de los libros más revisados en las facultades de dicha área es “4.000 años de control de precios y salarios”, escrito por los británicos Eamonn Butler y Robert Schuettinger en 1979, quienes compendian los efectos de esta política desde el Antiguo Egipto hasta la administración Carter en EE.UU.

El prólogo de su edición inglesa fue escrito por el economista estadounidense David I. Meiselman, un estrecho colaborador de Milton Friedman, quien señala tajante: “La recopilación histórica muestra una secuencia uniforme de fracasos reiterados. En realidad no existe un solo caso en la historia en el que el control de precios haya detenido la inflación o superado el problema de la escasez de productos”.

Esa lectura es reforzada por Manuel Agosín, doctor en Economía de la U. de Columbia y académico de la FEN. En conversación con The Clinic, señala enfáticamente que “las fijaciones de precios nunca han dado buenos resultados en ninguna parte del mundo”, principalmente porque “generan racionamiento, surgen los especuladores, hay acaparamiento, estantes vacíos y colas”.

De hecho, a su juicio, la decisión del gobierno trasandino no necesariamente está medida bajo criterios económicos, sino que políticos, pensando en las elecciones parlamentarias del próximo 14 de noviembre. “Como medida transitoria, mientras se toman otras medidas para combatir la inflación, la fijación de precios puede funcionar. Pero ese no es el caso argentino. Esta es una medida eleccionaria”, subraya.

David Kohn, doctor en Economía de la U. de Nueva York y académico del Instituto de Economía UC, complementa que, incluso siendo una medida paliativa, puede terminar “agravando las distorsiones de precios y generando un salto mayor en los precios al terminar el congelamiento. Es inflación reprimida que aparece eventualmente”.

En ese plano, el especialista aclara que el caso argentino es distinto al chileno. Sin ir más lejos, en el país trasandino la inflación anual supera el 50%, mientras que en Chile se espera que termine el año 2021 en torno al 6%.

Las causas también difieren, según Kohn. En Chile, este fenómeno monetario se dio por “una combinación de shocks de oferta externos (como el aumento del precio del petróleo), la depreciación del dólar por aumento de la incertidumbre y el exceso de liquidez por ayudas fiscales y los retiros de fondos de pensiones”.

En cambio, en Argentina, la inflación está ligada a la imposibilidad del endeudamiento externo y la masiva emisión de dinero por parte del Banco Central. En ese escenario, explica que “poner controles de precios es como buscar arreglar una empresa rota con banditas”.

Fuente: Datosmacro.com

El economista argentino Alejandro Rodríguez, académico de la U. de Talca, explica que “la inflación se genera principalmente por expectativas que los tomadores de decisiones, incluido los consumidores, creemos qué va a pasar con los precios en el futuro. Si tienes un programa estructural anti-inflacionario que impacta de buena forma en las expectativas de ellos, entonces un control de precios, al comienzo, puede ayudar. Pero sin un plan coherente, olvídate, porque sólo tendrás un arrastre inicial que puede frenar la inflación ahora, pero eso se va a ir acumulando”.

Al entrar al detalle del caso argentino, Rodríguez recoge el escenario electoral, pero también apunta a la incoherencia de la política monetaria argentina: “Por un lado estás anclando los precios, pero por otro estás imprimiendo billetes y generando inflación. El mercado va a ajustar por cantidad o por precio. Si fijas los precios, se reduce la oferta y habrá desabastecimiento”.

“Para mí, el problema en Chile es distinto, porque no tienes un problema grave de déficit fiscal. Es decir, puede financiarse por algún mecanismo que no sea la emisión monetaria. En cambio, en Argentina no tienes alternativa. Los niveles de impuestos están muy altos y no hay capacidad de endeudamiento. Calcula que tiene que arreglarse con el FMI por la plata que pidió Macri”, concluye.


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