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Columna de Diana Aurenque: Deconstruyendo a Kast

Una tarea fundamental de la deconstrucción es no contentarse con lo meramente declarado, sino también en el cómo algo se enuncia o en lo que un texto dice, sin decir. Aquí, deconstruimos a Kast.

El programa presidencial de José Antonio Kast constituye un manjar para cualquier deconstructivista. Porque su relato se nutre de un mensaje aparente que, tras el menor escrutinio, se descubre como siendo justamente eso, solo aparente.

La deconstrucción es un método filosófico que se centra en el análisis de la relación entre texto y sentido. Ella se ocupa de explorar el sentido de un texto a partir de las tensiones y contrariedades mismas que el relato ofrece, y que le proporcionan un sentido nuevo. Se encarga, por ejemplo, de exponer posibles tensiones y contrariedades entre el contenido de lo relatado y su expresión lingüística. Así, una tarea fundamental de la deconstrucción es no contentarse con lo meramente declarado, sino también en el cómo algo se enuncia o en lo que un texto dice, sin decir.

El programa de Kast declara una defensa expresa por la “libertad”. Pero curiosamente su ideario, si bien se encuentra en su web, no se puede descargar libremente en formato PDF. Es decir, cualquier intento por buscar en él libremente conceptos claves o temáticos, es imposible. Advertimos una primera contradicción: se proclama la libertad, pero el acceso libre a lo proclamado se impide.

Una segunda tensión aparece en el título mismo del programa: “Atrévete Chile”. También en su índice, donde la palabra “atrévete” encabeza 24 de los 27 apartados que articulan las más de 200 páginas, merece atención. Detengámonos un momento en esto porque es todo menos trivial.

Un programa que aboga por la libertad se titula con un imperativo, con un mandamiento que interpela y ordena al individuo. Aquí no hay un “atrevámonos” formulado en colectivo, sino una orden al sujeto. Adicionalmente, debería llamar la atención la palabra escogida. “Atrévete” viene del latín tribuere; un verbo que originariamente significa distribuir o asignar entre las tribus. En su forma compuesta como attribuere deviene la palabra en un asignarse o concederse a uno mismo la capacidad de hacer algo -quien se atreve, entonces, es quien se concibe a sí mismo como quien tiene el derecho de una tribu.

El programa de Kast declara una defensa expresa por la “libertad”. Pero curiosamente su ideario, si bien se encuentra en su web, no se puede descargar libremente en formato PDF. Es decir, cualquier intento por buscar en él libremente conceptos claves o temáticos, es imposible. Advertimos una primera contradicción: se proclama la libertad, pero el acceso libre a lo proclamado se impide.

¿No es interesante que un candidato invite a autoproclamarse (o auto-decretarse, dirán otros) como facultado de algo aludiendo silenciosamente a una legitimidad de tribu? ¿Hay algo más peligroso para la sociedad plural, libre y diversa que caer bajo la tiranía del mandato de una tribu?

Dado que estas líneas deben ser breves, observemos al menos una tercera contrariedad: El primer párrafo del “manifiesto republicano”, en su primerísima línea, comienza así: “Es innegable que Chile…”. Y tras el punto seguido continúa: “Tenemos que volver a…” De nuevo la tensión evidente entre contenido y sentido. Un manifiesto que, en apariencia se presenta en defensa de la libertad, inicia ni más ni menos, que un acuerdo impuesto (“es innegable” = no hay lugar para disentir o dudar) y con una orden (“tenemos que” = un mandato a la acción se nos impone).

¿No es interesante que un candidato invite a autoproclamarse (o auto-decretarse, dirán otros) como facultado de algo aludiendo silenciosamente a una legitimidad de tribu? ¿Hay algo más peligroso para la sociedad plural, libre y diversa que caer bajo la tiranía del mandato de una tribu?

Kast y sus operarios políticos seguramente no conocen a Derrida ni su deconstrucción. Quizás la mayoría de las personas tampoco lo hace. Pero si afinamos un poco más el sentido para leer lo que se dice ateniendo al estilo, las palabras y el tono del lenguaje empleado, se descubre su mensaje de libertad como mera apariencia -a la vez que su más genuino sentido totalitario y tribal.

*Diana Aurenque es filósofa. Directora del Departamento de Filosofía, USACH.

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