La imagen muestra a León Cohen hablando hacia la derecha, con un micrófono

Agencia Uno

Chile al diván, según el sicoanalista León Cohen: “Se trataría de un paciente que siente que nadie lo entiende”

¿Qué pasó con el nuevo país que se supone nació tras el estallido social y que arrasó en el Apruebo? ¿Cómo se explica entonces la irrupción de un candidato ultraderechista, que pasó primero a la segunda vuelta? El siquiatra León Cohen responde esas preguntas, mirando el panorama que se abrió tras las elecciones del domingo. “El estallido no implica que la mayor parte de la población esté por cambios radicales”, dice.

Las elecciones del 21 de noviembre no estuvieron libres de sorpresas. Pese a que encuestas como Cadem y Pulso Ciudadano lo proyectaron en las últimas semanas de campaña, el primer lugar obtenido por el candidato José Antonio Kast (27,9% de los votos), del Frente Social Cristiano, causó asombro en varios sectores. Esto, a tan sólo a dos años del estallido social y a un año del Plebiscito 2020, donde se aprobó con casi un 80% la redacción de una nueva Constitución. El segundo lugar lo obtuvo el candidato Gabriel Boric (25,8% de los votos), de Apruebo Dignidad. Ambos deberán medirse en segunda vuelta el próximo 19 de diciembre en un ambiente que se anuncia polarizado.

Aunque no consiguió pasar a segunda vuelta, el tercer lugar de Franco Parisi (12,8% de los votos) fue otro factor sorpresa. No estuvo en el país durante la campaña ni  participó en los debates, además de la demanda que enfrenta actualmente por pensión alimenticia. Su votación mostró el impacto de la campaña a través de redes sociales, el discurso en regiones y la relevancia que cobra el tema migratorio en el norte del país.

¿Cómo entender nuestro país a la luz de lo que ha pasado en los últimos dos años y lo que ocurre hoy? El siquiatra y sicoanalista León Cohen aceptó el ejercicio. En esta entrevista analiza a Chile como si fuera un paciente tendido en el diván. Y repasa las emociones que invadieron a los chilenos durante el estallido social y los temores que llevaron a un cambio de mentalidad a solo dos años de los acontecimientos.

“Mientras los sectores acomodados o de clase media viven en lugares que están más protegidos, los sectores populares viven no solamente con un nivel socioeconómico más precario, sino que además, ni siquiera pueden vivir la vida que vivían antes. Poder salir a la plaza con sus niños o juntarse con los vecinos, porque hay un peligro en las calles”, señala.

Cortesía de León Cohen.

-Hace dos años, Chile pareció convertirse en otro tras el estallido social. Después vino el Apruebo y la elección de una Convención con presencia ciudadana, de pueblos originarios. Un nuevo Chile, se decía. Pero hoy, tras las elecciones, tenemos en las puertas de La Moneda a un candidato de la ultraderecha. ¿Qué pasó, a su juicio?

-Creo que es una muestra de que el hecho de que haya un estallido social y toda la épica que lo rodea, no significa necesariamente que se generen procesos revolucionarios. Generó, sí, una convergencia forzada de diferentes sectores de la sociedad. La convergencia que ocurre, está en parte movilizada por el miedo, pero sobre todo, por la manifestación masiva de la sociedad que no puede estimarse exclusivamente como gente que proviene de la mera izquierda, sino que amplios sectores asumieron algo que se venía arrastrando desde hace mucho tiempo. Era un hastío, sobre todo, de tipo moral. Es decir, el sentimiento de abuso de parte de las autoridades y del poder socioeconómico dominante llegó a un punto en el cual, ya después de muchos años, se produjo este quiebre.

“Luego, la derecha tradicional y su simpatía con el modelo, también aparece como incapaz de generar en la población una empatía con necesidades que son cotidianas, de barrio, como la seguridad pública. Cuando hay una preocupación por los emprendimientos, por el crecimiento, por el ahorro de las AFP y no se toma en cuenta que la gente vive, no solamente con un dinero escaso, sino que vive angustiada al no poder salir más allá de su puerta porque las balas pasan de un lado para otro. Eso está totalmente fuera de ideología, fuera del estallido y del neoliberalismo. En La Moneda, el Congreso, hablan y hablan sobre eso, pero la gente sigue sufriendo todos los días con ese tema”.

Cuando hay una preocupación por los emprendimientos, por el crecimiento, por el ahorro de las AFP y no se toma en cuenta que la gente vive, no solamente con un dinero escaso, sino que vive angustiada al no poder salir más allá de su puerta porque las balas pasan de un lado para otro“.

-Si Chile fuera un paciente tendido en su diván y le contara esa historia, ¿qué pensaría usted de su salud mental?

-Yo diría que se trata de un paciente que siente que nadie lo entiende. El problema que tendría, es que sus papás son demasiado cabezones, entonces no entienden que lo que le pasa es una cuestión más sencilla. Ahí yo le diría al paciente: “Usted siente que, justamente, las cosas que más le angustian son cosas muy sencillas, que sus papás no las perciben porque tienen un mundo muy intelectual. También puede que juegue un papel importante en todo esto el cómo usted comunica lo que le pasa, cómo lo exterioriza”. ¿Cómo el país exterioriza lo que le pasa? A ese paciente, si alguien le dice “no te preocupes, vas a estar bien, yo me hago cargo”, se tranquiliza. Es un paciente al que le pasa algo muy personal y muy sencillo.

-¿Qué cosas, a nivel de la mente, pueden provocar estos cambios drásticos y sorpresivos que parece atravesar el país?

-La verdad es que, esto que le pasa a la gente que está votando por Kast, lleva años. El crecimiento del narcotráfico, la delincuencia, la violencia, los homicidios cada vez más crudos, llevan años. Todos hablan de que hay que cambiar esto y no pasa nada. De repente, viene alguien que te dice una cosa mucho más cortita, simplona incluso. Y a ese le crees. ¿Qué significa eso? Significa que la mente humana, en el fondo, es simple. Aunque seamos muy inteligentes, cultos, la verdad es que la mente es simple. Es muy práctica, puede llegar a filosofar, ideologizar, pero en definitiva, en una situación de precariedad, de urgencia, esas mismas mentes así van a juntarse en algo muy simple y práctico, como pasó en la Alemania nazi, por ejemplo.

Aunque seamos muy inteligentes, cultos, la verdad es que la mente es simple. Es muy práctica, puede llegar a filosofar, ideologizar, pero en definitiva, en una situación de precariedad, de urgencia, esas mismas mentes así van a juntarse en algo muy simple y práctico, como pasó en la Alemania nazi, por ejemplo”.

-Se ha dicho que llegamos al actual escenario porque la gente después del estallido se asustó y se llevó mal con la incertidumbre. ¿Considera que somos un país miedoso, que ante escenarios inciertos corremos a buscar el orden, al precio que sea?

Si se puede hablar de carácter nacional, generalizando mucho, tendemos a tener un carácter más bien fóbico, tímido, miedoso y que tiene una especie de orden sencillo. En ese sentido, tradicionalmente hemos sido poco latinos, porque hay una especie de carácter un poco apagado y que, desde hace años, con una precariedad educacional bastante grande, con cada vez más limitación para poder pensar sobre las cosas, finalmente eso nos lleva a ser una ciudadanía mayoritariamente reactiva. Si hay violencia, viene la Convención pero la gente queda asustada. El estallido fue en la Plaza Italia, en sectores poblacionales, no fue en Las Condes, Vitacura o Lo Barnechea. Entonces, esto no es una revolución popular, es una revuelta moral de sectores donde hay gente universitaria. ¿Y dónde están los obreros? Encerrados en las poblaciones, con los narcotraficantes y los asaltantes disparando por sus calles. Esa gente, mucha de ella no estuvo en la manifestación del millón y medio. Y esa gente no tiene miedo después de la revuelta, tiene miedo desde hace mucho tiempo.

-Además, la derecha ganó bastante terreno en el Congreso. ¿Por qué un país como el nuestro busca a la derecha?, ¿qué ve en ella que la hace tentadora?

-La gente no es que diga derecha, centro o izquierda, no. Al ver la papeleta, en muchos casos, tú no sabías si la persona era de izquierda o derecha. Tenías algún tipo de referencia, de la tele o en algún aviso. Entonces, no es como en los años 70, donde te identificabas con un sector ideológico. No queda nada de eso. La democracia es un estado emocional. La gente dice “voy a votar por él porque tiene cara de buena persona, de que va a hacer las cosas”. Entonces, si quieres inspirar a la gente, tienes que empatizar con sus emociones más sencillas y sus necesidades más cotidianas. Y eso, para la generación de los pingüinos, que son más ideologizados, les cuesta mucho. Para los partidos clásicos, más todavía. A la derecha, sobre todo la ultraderecha, no les cuesta. Son de un pensamiento concreto, no tienen problema en decirlo, como Káiser. Vivimos en tiempos donde el lenguaje de las redes sociales es un lenguaje simple, construido para transmitir en tres frases una cantidad de información, no para pensar.

“Si quieres inspirar a la gente, tienes que empatizar con sus emociones más sencillas y sus necesidades más cotidianas. Y eso, para la generación de los pingüinos, que son más ideologizados, les cuesta mucho. Para los partidos clásicos, más todavía. A la derecha, sobre todo la ultraderecha, no les cuesta. Son de un pensamiento concreto, no tienen problema en decirlo, como Káiser“.

-¿Qué es lo que estaría quedando del país que, se supone, había nacido en octubre de 2019?

-La mayor parte de la gente tiene miedo, siente que no es comprendida en lo que necesita, que no hay preocupación por sus necesidades básicas de vida y seguridad. El estallido social es una cuestión que ocurrió y que queda ahí, después viene la Convención, pero los millones de chilenos que no han votado, esos siguen sintiéndose abusados por los delincuentes. No se sienten abusados por el don Juanito que tiene el negocio en la esquina, se sienten abusados por los que se pasean por ahí con pistolas, que disparan, hacen lo que quieren. Eso permanece.

-¿Qué factores pueden influir, a nivel psíquico, en esta nueva realidad?

-Cuando ocurren cosas como la pandemia, la crisis sanitaria y social, también estallan fragilidades, precariedades que obligan a un gobierno neoliberal a transformarse en un Estado que tiene que endeudarse, donde sectores de derecha tienen que abrirse a los retiros de las AFP, a transgresiones de lugares sagrados del neoliberalismo y de la derecha tradicional chilena para poder enfrentar esta pandemia y que, efectivamente, ha sido enfrentado de una manera positiva. Eso también ha implicado un agregado al estado de ánimo sociopolítico de la sociedad. Un estallido como tal no se mantiene por definición como estallido, lo que sí se mantiene como proceso es la Convención y todo lo que está ocurriendo en el país tiene una dinámica que insinúa una serie de cosas.

-¿Por qué podría ser atractivo, considerando el funcionamiento de la mente humana, alguien como José Antonio Kast?

-Cuando alguien, con un lenguaje muy concreto, muy simple y no ideológico, le dice “no se preocupe, atrévase a un cambio, yo voy a hacer que usted esté bien”, uno dice “¿qué es eso?”. Sin embargo, la gente dice “eso es lo que yo quiero”. La gente piensa que ese señor rubio que está ahí debe saber, seguramente, porque el otro que está allá “es un cabro chico, los mismos de la revuelta”. La principal preocupación de las personas es la seguridad, después el tema de los sueldos, después la salud y después las pensiones. La gente de clase media baja o de sectores proletarios está votando por Kast. ¿Eso es nuevo? No, históricamente los fascismos se han alimentado de las insatisfacciones de la gente que no es ideologizada, que no tiene cultura intelectual para identificarse con estos universitarios que están en el Frente Amplio.

La gente de clase media baja o de sectores proletarios está votando por Kast. ¿Eso es nuevo? No, históricamente los fascismos se han alimentado de las insatisfacciones de la gente que no es ideologizada, que no tiene cultura intelectual para identificarse con estos universitarios que están en el Frente Amplio“.

-¿Y Gabriel Boric?

-Para miles de personas que son jóvenes, él es su candidato porque quieren que los jóvenes también tengan oportunidades. Chile es un país conservador, donde nunca ha habido un candidato presidencial que tenga menos de 40 años. En Chile, la oportunidad para los jóvenes es una cuestión donde hay que esperar, donde hay que ir de a poco. Pero en el mundo, desde hace décadas, se ha visto que hay jóvenes que se hacen millonarios antes de los treinta. Entonces, los jóvenes se preguntan por qué no pueden tener oportunidades. Boric representa una ilusión, pero la responsabilidad que tiene con los jóvenes es gigantesca, porque si mete la pata, va a perjudicar aún más la confianza en los jóvenes.

-Por otra parte, ¿cómo se explicaría el fenómeno Parisi, un candidato que obtuvo el tercer lugar sin siquiera estar en Chile, un hombre que se salta olímpicamente las reglas, que tiene una demanda por pensión alimenticia? 

-¿Sabes cuál es un candidato ideal? Es alguien que es un fantasma. Tú tienes necesidades, tienes deseos. Si tienes un fantasma, algunas pequeñas cosas de ese fantasma pueden hacer que proyectes esos anhelos en esa sábana blanca. Y cuando lo proyectas, empiezas a verlo como si eso fueras tú. Entonces, te sientes representado y votas por ese fantasma. Parisi no existe, lo que existe es un montón de gente que ha votado por un fantasma. Si Parisi llegara acá y hablara frente a las pantallas, queda quinto o sexto. Quienes votaron por Parisi no son gente de población. Es mucha gente de clase media, con el cuento de que a lo mejor siguiendo ese gallo van a ganar más plata. No es la seguridad social, es que a lo mejor voy a ganar más plata. ¿Dónde se va a ir esa gente? O no va a ir a votar o va a votar por Kast, y eso es todo. No van a votar por Boric, porque encuentran que con ese “cabro chico” uno no gana plata.

“¿Sabes cuál es un candidato ideal? Es alguien que es un fantasma. Tú tienes necesidades, tienes deseos. Si tienes un fantasma, algunas pequeñas cosas de ese fantasma pueden hacer que proyectes esos anhelos en esa sábana blanca. Y cuando lo proyectas, empiezas a verlo como si eso fueras tú. Entonces, te sientes representado y votas por ese fantasma. Parisi no existe, lo que existe es un montón de gente que ha votado por un fantasma”.

-Por último, ¿cuáles cree que son los principales anhelos y temores presentes en el Chile actual?

-Lo que la gente quiere, es que por favor les arreglen un poco el desorden que hay en los barrios. Eso tiene a un candidato de ultraderecha a las puertas de La Moneda que, hoy, está saliendo elegido. La única alternativa a que no salga es que él o sus aliados metan la pata en las semanas que vienen. En realidad, él no es un candidato potente. Solamente tiene tres o cuatro frases que conectan con la gente y que son lo que ellos quieren. Ni siquiera se sabe quiénes están con él, quiénes van a ser sus ministros, no se sabe nada.

“El estallido no implica que la mayor parte de la población esté por cambios radicales, por identificarse con una ideología política radical, con una cultura revolucionaria y juvenil. No es así. La necesidad de poder ver a las comunidades y sus necesidades, incluso subjetivas, se transforma en algo fundamental. En eso hay algo mucho más complejo y que la izquierda tradicional, concertacionista, ha estado tremendamente limitada para poder ver más allá de ese filtro ideológico y viene decayendo desde hace años”.

“El estallido no implica que la mayor parte de la población esté por cambios radicales, por identificarse con una ideología política radical, con una cultura revolucionaria y juvenil. No es así”.

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