Patricio Vera

Poeta Elicura Chihuailaf y el momento de Chile: “El mundo de la política se está mirando el ombligo, siempre lo ha hecho”

Desde la comunidad de Quechurewe, donde nació y pasó su infancia, el reconocido escritor mapuche mira tres momentos que hoy lo convocan: su escritura, los tiempos políticos del país y el ánimo en la Araucanía. Metido a tiempo completo en el campo, disfruta el silencio y la contemplación: “La creación no es algo que me quite el sueño. A mí me interesa aprender a leer la naturaleza”, confiesa.

Las inspiradas memorias del poeta mapuche Elicura Chihuailaf (69), “La vida es una nube Azul”, parten contando lo que escuchó muchas veces de niño en su comunidad de Quechurewe, en la IX región. Ese viejo relato que dice que así como la Tierra vive bajo el influjo de las cuatro estaciones del año, el ser humano es habitado también por todas ellas; aunque siempre hay una que tiene más peso en cada uno de nosotros. Una que, de manera particular y poderosa, nos preside por sobre las otras tres.

“Así, cuando una persona se caracteriza por su solemnidad, se dice que está presidida por la Luna de los Brotes Fríos, el Invierno; si una persona es alegre, está presidida por la Luna del Verdor, la Primavera; si es apasionada, está presidida por la Luna de los Frutos Abundantes, el Verano; si su actitud frecuente es de nostalgia se dice que está presidida por la Luna de los Brotes Cenicientos, el Otoño”, escribe el poeta en su libro.

A través del Zoom, le preguntamos entonces qué estación del año lo preside a él. No lo duda: “A mí me habita la Luna de los Brotes Cenicientos; me preside el otoño. Tengo tendencia a la nostalgia, que tiene que ver también con la muerte temprana de mi hermano Carlitos. De niños recorrimos juntos varios lugares, realizamos nuestras aventuras a orillas de los esteros donde entonces fluía el agua abundante… A veces miro la vida para él: cuando a veces me levanto en la mañana y siento que las aves gritan, que los zorros saltan sobre el pasto… Siento nostalgia también de las flores, a las que aprendí a querer por mi madre y mi abuelita, que tenían un hermoso jardín”.

Elicura Chihuailaf, Premio Nacional de Literatura 2020 y autor de libros en verso y en prosa -que hablan de su admiración y respeto por la naturaleza, conforme a su visión mapuche-, vive hoy en la misma casa donde nació. Aunque estudió en Temuco y en Concepción, y que ha viajado por medio mundo para dar a conocer su obra literaria, terminó instalado en sus tierras de niño. Desde allí se conecta esta mañana de diciembre, feliz porque la noche anterior fue testigo de una tormenta eléctrica, de ésas que no veía desde su infancia. “Relámpagos, truenos, ¡todo se iluminaba! Maravillosa naturaleza”, dice, genuinamente emocionado.

El momento literario

-Has dicho que no eres de los que escribes siempre, sino por períodos. ¿Estás hoy en uno de esos períodos de escritura?

Bueno, la verdad es que la escritura no ha sido lo fundamental en mi vida. Ha sido una posibilidad con la que me encontré en un momento. Fue cuando llegué interno al Liceo de Hombres número 1 de Temuco, hoy llamado Pablo Neruda. Fue por nostalgia, mirando el otoño que comenzaba en ese tiempo con mucha fuerza, con las hojas golpeando la ventana, la lluvia intensa. Miraba a través de los vidrios del segundo piso, pensando qué estaría haciendo mi familia. Así apareció la escritura y sigue siendo de esa manera, para una conversación conmigo mismo. Yo paso la mayor parte del tiempo intentado leer el libro de la naturaleza. Comprenderla y agradecer.  Entonces la mayoría del tiempo estoy en las actividades del campo, o contemplando el bosque que es el patio de nuestra casa.

“La verdad es que la escritura no ha sido lo fundamental en mi vida. Ha sido una posibilidad con la que me encontré en un momento. Fue cuando llegué interno al Liceo de Hombres número 1 de Temuco, hoy llamado Pablo Neruda. Fue por nostalgia, mirando el otoño que comenzaba en ese tiempo con mucha fuerza, con las hojas golpeando la ventana, la lluvia intensa”

-Ahí encuentras la inspiración, seguro.

-Hoy estoy, en primer lugar, intentando el silencio. Intentando el silencio para hacer el camino constante que es el círculo de la creación. Silencio, contemplación, creación. Pero yo intento estar en la fase del silencio y la contemplación.

-¿Y la escritura donde está?

-La creación no es algo que me quite el sueño. Como te decía, me interesa aprender a leer la naturaleza. Uno siempre encuentra que aquello que vio en un momento, en otro momento tiene otra lectura. Así uno va aprendiendo con el viento, con la familia de los árboles… Todo tiene su propia cadencia.

-¿Pero has logrado escribir algo en este periodo?

Sí, sí. Siempre hay algo que asoma allí, algún regalo en verso o en prosa, pero mínimamente. Yo no soy de los que se instalan en lugar, con una rutina. Para mí puede ser en cualquier lugar, incluido el baño.

-Por eso has dicho que tu mente siempre está en un sueño que es la poesía. Escribes mientras estás en la huerta, al cortar murras, al observar la lluvia; es así, ¿no?

-Sí, y en un estado de agradecimiento.

Junto a su hijo, Gonzalo Elicura.

-¿Eso explica que siempre vuelvas a tu lugar de origen, en medio de ríos, montañas, el bosque, los pájaros? Costaría más hacerlo, no sé, en Providencia…

-(Risas). Claro. Pero la verdad es que yo nunca abandoné este lugar, nunca abandoné el campo. Tuve la fortuna que cuando tuve que salir a una ciudad grande como Temuco, el patio nuestro era el cerro Ñielol. Teníamos horas libres y subíamos el cerro, en medio de la naturaleza. Después fui a estudiar a la Universidad de Concepción, y viví en una de las cabinas de estudiantes, en plena naturaleza, con una laguna, con cisnes, con pudúes, con patos, lleno de pájaros como aquí. Entonces… nunca salí realmente.

“Yo nunca abandoné este lugar, nunca abandoné el campo. Tuve la fortuna que cuando tuve que salir a una ciudad grande como Temuco, el patio nuestro era el cerro Ñielol. Teníamos horas libres y subíamos el cerro, en medio de la naturaleza”

-Aunque cambiaras de lugar, te mantenías en el mismo universo; por decirlo así.

-Exacto.

-Tu poesía lo refleja. Siempre tiene detalles de la naturaleza. Hasta los amores y desamores tienen que ven con las flores o un picaflor. Y bueno está el Azul, así con mayúscula. En tus títulos y tus versos está esa palabra, que es el oriente del cual viene el espíritu, el lugar donde se abrazan las últimas horas de la noche y las primeras del amanecer. ¿Cómo lo explicarías de la manera más didáctica posible?

-Te agradezco mucho esa pregunta. Digo siempre: todos los seres humanos estamos en todos los idiomas, en todas las visiones del mundo, parados frente al universo, preguntándonos ¿de dónde venimos?, ¿hacia dónde vamos?; y la palabra poética es una manera de intentar develar un poquito más ese misterio. Ahí está el relato del Azul. Nos decían: todos los seres humanos estamos bajo el flujo del sol y de la luna, por lo tanto hacemos uso de la razón, pero sobre todo de la emoción. Entonces el relato dice que la energía que nos habita viene del infinito, del Azul del oriente, no de cualquier azul, que llega a habitar su casa transitoria, que es nuestro cuerpo. Cuerpo que está representado por el corazón, como una piedra bruta, no pulimentada.

“Entonces, se inicia un diálogo entre el espíritu y su casa -continúa Elicura-; y hay que hacer subir el agua de las palabras para que vaya pulimentando poco a poco esa dura roca que es nuestro corazón; ojalá llegar a hacerla transparente. O sea, adquirir sabiduría, que es muy difícil y se hace a través de la conversación poética, comprendiendo que ésta no es solamente verso ni prosa, sino también aroma, textura, color, sabor, gestualidad, etc. Así se fue azulando mi escritura, hasta transformarse en la columna vertebral”.

-El Azul al inicio y durante la vida. ¿Y qué pasa en la muerte?

Como la vida es un círculo; pasa el tiempo y llega el momento en que el espíritu decide abandonar su casa. Decide partir. Esto es muy bello, me emociona siempre. Bueno, entonces el espíritu se va hacia el poniente, que es el espacio donde va a llamar al balsero de la muerte, para cruzar el río de las lágrimas y retornar al principio, al origen, al oriente. Por eso la disposición física de la persona fallecida es siempre con la cabeza puesta hacia el poniente, como una forma también de decirle al espíritu que su cuerpo ya no le sirve, que tiene que volar libremente. En los cementerios mapuches vas a ver que todas las cabezas de las sepulturas están vueltas hacia el poniente.

“El relato dice que la energía que nos habita viene del infinito, del Azul del oriente, no de cualquier azul, que llega a habitar su casa transitoria, que es nuestro cuerpo. Cuerpo que está representado por el corazón, como una piedra bruta, no pulimentada”

El momento político

-Con esa visión tan inspirada, casi mágica, de la existencia humana y su entorno, no debe ser simple mirar el momento de nuestro país, políticamente tempestuoso, con una elección presidencial reñida entre dos candidatos tan opuestos. ¿Qué ves tú al mirar eso, Elicura?

El gran problema, y sobre todo en la post dictadura, es que se perdió toda relación de pertenencia de la política a una totalidad que es la cultura. La política es fundamental para tomar decisiones que tienen que ver con un lugar, con personas, con seres vivos en general y también aquellos aparentemente inanimados, como las piedras o los minerales. Pero el mundo de la política se está mirando el ombligo, siempre lo ha hecho.

-¿A qué te refieres?

-La política se está mirando el ombligo: piensan que son el territorio y no que es un fragmento del territorio fundamental que es la cultura. Y mientras la política se siga haciendo así, desde esa visión de ombligo, seguirá en la ceguera de lo que hay que hacer para que su labor responda a las necesidades de un territorio y de todos los componentes de la naturaleza, incluidos los bosques y el agua de la vida. Cuando pienso en esto, siempre pienso en aquello que nuestra gente ha dicho y que escuché a mi gente mayor: si la naturaleza es a lo que pertenecemos, y la naturaleza nos regala todo lo que necesitamos para vivir, ¿cuál es nuestra tarea? Es levantarnos para defenderla, no como agresores sino como guerreros de la ternura.

-¿Cómo es eso?

-Si la naturaleza, si la Tierra es nuestro padre-madre o nuestra madre-padre, ¿qué hijo o qué hija agradecidos no se levanta cuando son violentados? Es simplemente la actitud de seres vivos agradecidos.

“La política se está mirando el ombligo: piensan que son el territorio y no que es un fragmento del territorio fundamental que es la cultura. Y mientras la política se siga haciendo así, desde esa visión de ombligo, seguirá en la ceguera de lo que hay que hacer para que su labor responda a las necesidades de un territorio y de todos los componentes de la naturaleza, incluidos los bosques y el agua de la vida”

-Eso no es algo que uno escuche con frecuencia en los discursos políticos. Es otra sintonía, una mirada integradora, en grande.

-Exacto. Por eso yo creo que estaremos de acuerdo, y lo he reiterado por décadas, que aquí no ha existido democracia. Y que la democracia aquí ha sido un discurso que sirve para un pequeño grupo de poder que yo he denominado el Chile superficial y enajenado, pero no para el Chile mayoritario que es el Chile profundo y también de los pueblos nativos. Hay que empezar a pensarse como pertenecientes a la naturaleza, como todos los seres vivos, los bosques, el agua.

-Mirarse el obligo es entonces la mirada estrecha, ¿no?

-Claro. Cuando se piensa que el fragmento es una totalidad, se está al revés de lo que piensa el ser humano en su principio. Los mapuches lo denominamos itrofill mogen, la totalidad sin exclusión, la integridad sin fragmentación de la vida, la biodiversidad en su máxima expresión. Si la política la hicieran con esa mirada de pertenencia al gran territorio cultural, todo sería distinto. ¿Para qué ese egoísmo infinito que sólo sirve a un pequeño grupo de poder y excluye a las grandes mayorías? Y después se preguntan por qué la gente no vota… Yo creo que tiene que ver con una toma de consciencia de esa falta de democracia.

Crédito: Gonzalo Donoso.

-El domingo se elige nuevo Presidente. En tus memorias hablas de la importancia de los líderes. Usas la imagen que veías de niño: la abeja que ordena la colmena. Y recuerdas las palabras de tu padre: “Los verdaderos lideres son necesarios; imprescindibles en el orden natural de todos los seres vivos”. ¿Son nuestros dos candidatos de esos líderes imprescindibles?, ¿o están al debe?

-No solamente aquí, sino en el mundo, los liderazgos están en deuda. A veces en las noches pienso, antes de dormir, que estarán creciendo nuevas flores que serán los líderes y las lideresas. Porque la verdad es que hoy estamos en un campo desprovisto de esas flores. Falta cariño, falta amor, falta ternura por el lugar que habitamos. Incluso, desde el mundo político, hoy se preguntan respecto si la naturaleza tiene derechos… y nosotros nos preguntamos: si la naturaleza no tiene derechos, ¿cómo podríamos tenerlos nosotros que somos parte de ella? Es un gran problema conceptual, a mi juicio.

“La democracia aquí ha sido un discurso que sirve para un pequeño grupo de poder que yo he denominado el Chile superficial y enajenado, pero no para el Chile mayoritario que es el Chile profundo y también de los pueblos nativos”

-Esa conciencia de totalidad que dices debería tener un líder, ¿está ausente en Boric y en Kast?

Claro, pero de todas maneras hay diferencias. Kast terminaría con todos los bosques en beneficio de los mismos de siempre, las forestales se reforzarían.

-Al menos en su primer programa, él decía que la naturaleza tenía que pagar su derecho a existir…

-Exacto. Así de tremendo, así de violento. Para mí,los líderes y las lideresas tendrían que estar a la cabeza de la defensa de los bosques, la defensa del agua, la defensa de los minerales… En ese sentido a Boric lo veo más avanzado que Kast; a lo mejor no es el ideal, pero hay una conciencia mayor al parecer.

El momento mapuche

-Pensadores como Fernando Pairican y Salvador Millaleo coinciden en que frente al conflicto en la Araucanía se han levantado dos salidas en el pueblo mapuche: la institucional, más política, en la línea de quienes por ejemplo participan en la Convención Constitucional; y la de grupos radicales violentos como Weichan Auka Mapu o Resistencia Lafkenche. ¿Cuál es tu percepción frente a este panorama?

-Mira, es que aquí hay una violencia instalada de parte del Chile superficial y enajenado, que ha estado siempre. Cuando se habla del conflicto mapuche, el Estado no asume que el conflicto lo crearon ellos. Cuando dicen que nuestra gente no está dispuesta a conversar, no es así: el pueblo mapuche siempre estuvo y está dispuesto a conversar. Ahora, la violencia es tanta… que hay ciertos grupos reconocidos, entre ellos la CAM, que cumplen un papel; incluso son una memoria, a mi juicio, que está poniendo sobre la mesa el nivel de violencia que el Estado siempre ha ejercido. Todas las comunidades están conflictuadas, entonces uno no puede desconocer la validez de esa memoria también. Comunidades rodeadas de pinos y eucaliptos, haciendo lo imposible para conseguir agua…

-Pero desde tu corazón, ¿dónde te ubicas entre estas dos maneras de enfrentar el conflicto?

-Como te digo, yo comprendo (la violencia de grupos mapuches), pero no es mi camino. Yo vivo rodeado de árboles, de bosques, entonces no es mi realidad, pero la comprendo muy bien.

“Mira, es que aquí hay una violencia instalada de parte del Chile superficial y enajenado, que ha estado siempre. Cuando se habla del conflicto mapuche, el Estado no asume que el conflicto lo crearon ellos. Cuando dicen que nuestra gente no está dispuesta a conversar, no es así: el pueblo mapuche siempre estuvo y está dispuesto a conversar

-Hay una situación que también consignan los expertos: que en medio de la violencia estatal y la de los grupos radicales quedan atrapadas las comunidades mapuches. ¿Coincides?

-Sí, y queda un pueblo violentado. Aparentemente tranquilo, pero violentado, porque están pensando acerca del regreso de los bosques, el regreso del agua, el regreso de los pájaros, de las plantas medicinales, etc. Son personas entre comillas “pacificas”, pero tremendamente violentadas. Algunos años estuve haciendo conversaciones en una comunidad cerca de Tirúa, en una escuelita. Iba para conversar con los niños y niñas de cuarto básico a octavo. Vi la pena de ellos también cuando vieron irse los bosques, cuando vieron ir desapareciendo las aguas…

-¿Y qué piensas que la Convención Constitucional?

-Bueno, yo en general en la vida me he declarado un escéptico optimista; y creo que la Constituyente y particularmente nuestros hermanos y hermanas que están ahí, apreciando mucho el papel de Elisa Loncon y de Natividad Llanquileo, por nombrar algunos, están también bajo también la presión del Estado y del uso obligatorio de las líneas “democráticas”, entre comillas, que se les imponen. Para mí, les ha faltado fuerza.

-¿A los convencionales mapuches?

-Sí.

Elicura se toma un momento. Piensa en silencio. Luego continúa:Mira, yo no sé cómo irá todo eso ahora, pero creo que por lo menos en un principio les faltó conversación, faltó esa sabiduría de nuestros antepasados, de hacer un consejo, de cómo enfrentar esta realidad que como constituyentes tenían que saber que se les venía. Entonces por eso hoy cuando mi querida hermana Elisa llama a la defensa de la Constituyente, yo decía: ‘claro, tenemos que hacerlo, pero lo primero es que la Constituyente se defienda a sí misma haciendo un trabajo acucioso, profundo, firme’”.

-¿Tú crees que eso ha faltado hasta ahora?

-Creo que han ido subiendo la nota.

-¿Elisa Loncon respondería a esa definición de líderes que tú decías hacen falta?

-Tiene condiciones de líder. Me gusta mucho como se ha llevado ahora, porque precisamente ha estado apelando al pensamiento de nuestra gente, de la gente mayor, de los antepasados.

“Creo que la Constituyente y particularmente nuestros hermanos y hermanas que están ahí, apreciando mucho el papel de Elisa Loncon y de Natividad Llanquileo, por nombrar algunos, están también bajo también la presión del Estado y del uso obligatorio de las líneas “democráticas”, entre comillas, que se les imponen. Para mí, les ha faltado fuerza

-¿Eres optimista de una nueva Constitución?

-Sí. De lo que soy escéptico es de que se apruebe. Ya sabemos que los dueños del poder… están haciendo desde antes el trabajo para eso…

-En 1999 escribiste el libro “Recado confidencial a los chilenos”, para contarnos el universo mapuche, sus preocupaciones, sus creencias. Mirando a Chile 22 años después, ¿qué agregarías a ese recado?

-Todos estamos violentados, por eso apelo a la posibilidad de que el pueblo chileno profundo converse con los pueblos nativos. El pueblo mapuche siempre está dispuesto a conversar y juntos podemos derribar esa muralla que ha levantado el pequeño grupo de poder. Derribar esa muralla para mirarnos, para conversar. Y que no nos miren como ‘qué bonita es esa visión de mundo’, sino que se miren a sí mismos, a sí mismas, porque allí les habita también una hermosa visión de mundo que nosotros vemos y que queremos que sea la expresión de la chilenidad. Ése es mi recado, mi wurkü.

-¿Alguna otra cosa?

-Sí; para la coyuntura, el recado es que los jóvenes vayan a votar. Porque no da lo mismo. Si no se sienten motivados por alguien, en este caos piensen qué es mejor para ellos y voten. Cuando he firmado declaraciones en favor del candidato Boric, lo hago porque tengo hijas, hijos, nietos, nietas y no quiero que lo poco que ha avanzado esta sociedad, retroceda.

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