La imagen muestra a Carolina de Moras sonriendo frente a la cámara

Agencia Uno

Carolina de Moras, empresaria y comunicadora: “Chile tiene que tomar varias pastillas”

Tras alejarse de la televisión hace un par de años, inició un emprendimiento enfocado en el bienestar y la belleza. Pero, desde hace unas semanas, está en televisión otra vez. Ha vuelto. Y lo ha hecho, justamente, en Cita de Negocios, un programa sobre emprendedores en Canal 13. Aquí habla de sus negocios, de la televisión, de las críticas, de los ataques que ha recibido, del mundo, del país y del amor.

“Aquí estoy”, señala, riendo, con los labios rojos y un peinado cinematográfico. Es Carolina de Moras, la mujer que a esta hora, nueve de la mañana, amanece con cara de portada, como si hubiese pasado la noche rodeada de estilistas. Pero no pasó la noche  puliendo una propuesta capilar: ella es así. 

-Aquí estoy…- repite, luminosa.

Y de pronto se estira, realiza una contorsión casual, un gesto atlético, de gimnasio, y se le asoma un pedazo de fémur en el Zoom. Parece un fémur de un metro de longitud. Un fémur histórico, un fémur que hizo patria en las pasarelas de Europa. Un fémur que nos brindó tantas fotografías, facilitó tantos flashes. Un Fémur De Moras, un hueso de alta costura, genéticamente producido por Juan Ernesto y Patricia, los padres, los que la criaron en Osorno. Y allí, contorsionada, con sus 178 centímetros, anuncia:

-Estoy súper bien.

Claro, es que la gente está preocupada: no se le ve en un matinal. Entonces ella, enfática, dice que está bien, a sus anchas. Se alejó de la televisión y se acercó al bienestar.

-¿Qué hace?

-Tengo un emprendimiento: Moom.cl.

-¿Es un negocio rentable?

-Nos ha ido bastante bien, fíjate. Tengo una oficina, tengo a cinco personas conmigo.

-¿Es una jefa buena onda?

-Puf…

-¿Qué?

-Nadie se da cuenta cuando llego a la oficina. Es que yo toda la vida he creído en las relaciones horizontales. 

A lo sumo, al llegar, le dicen esto:

-¡Hay que pagar cosas! ¡Hay que pagar! ¡Hay que pagar!

Y Carolina de Moras, la estrella, el hito de pasarelas de principios de siglo, saca su tarjeta y dispara transacciones.

-¿Y pasó el llamado valle de la muerte?

-El valle de la muerte no se pasa nunca. 

-¿Y ha tenido dudas comerciales?

-No conozco a una sola persona que no haya dudado de lo que está haciendo.

Lo dice tajante, enfocada en primer plano, con 40 años llevados sin una sola impertinencia en la piel. Estamos, tecnológicamente, en su pieza. Ella recogida en una butaca; el reportero, a su vez, recogido a ocho kilómetros de su habitación, pero computacionalmente con los ojos instalados allí, en el sitio de los sucesos, la habitación estelar de Carolina. Es la top model en el dormitorio, la animadora de cinco versiones del Festival de Viña en su lugar sagrado. El reportero, riguroso, amplía la imagen: predomina el blanco, la sensación de glamour, un matiz Costa Brava. El viento le desordena una cortina y el reportero, por un segundo, sospecha que un técnico en las sombras dispara un ventilador para inflarlas líricamente. A espaldas de Carolina vemos, atónitos, una cama de expansiones king, el reducto bíblico que comparte desde el 2020 con un abogado heroico, Felipe Bulnes, el Hombre de La Haya.

Yo toda la vida he creído en las relaciones horizontales. 

-¿Estado civil, Carolina?

-Casada- responde ella.

-¿Sin papeles?

-Sin papeles.

Informamos entonces que, en la actualidad, Carolina no tiene papeles, pero tiene un marido espigado que fue ministro. Informamos, además, que en la actualidad, ella no conduce un matinal, pero conduce una empresa. Informamos que ella está bien, se levanta a las 6.30 de la mañana, se ducha en ayuno, desayuna apurada, corre a dejar a Mila, su clon de doce años, al colegio, juega tenis tres veces a la semana con el mismo entrenador que le pule el golpe de revés a Marcelo Salas y luego se instala en una oficina y hace un montón de negocios.

-Moom, mi emprendimiento, está vinculado al bienestar- dice.

Moom.cl by Carolina de Moras regala belleza. Vende cremas, productos que mejoran el aspecto, accesorios, joyas. Y ella transmite el slogan: 

-La belleza no es magia.

-¿Qué es la belleza?

-Constancia.

-Tres tips para hacer un negocio y atesorar el triunfo- encara la prensa comercial.

-1) No existe una idea brillante, 2) Esto se trata de lágrimas, sudor y empeño. 3) Hay que entender lo que uno está haciendo. Hay que saber hacer de todo. Yo hago de todo. Yo hago el empaque, yo despacho, yo me saco las fotos, yo estoy en todo. 

Es una empresaria, piensa por dentro el reportero, tiene el gen de la compraventa, huele aciertos, inversiones. Toma cursos. El otro día, sin pensar, hipnotizada por un slogan, tomó el curso: Programación y Desarrollo de Aplicaciones Web. “No entendí nada”, suspira, acelerada.

El valle de la muerte no se pasa nunca.

Lo suyo es la actividad. Estar en la jungla, en el mercado, batiéndose a ofertas con los otros. ¿Y la tele? se pregunta con melancolía el reportero.  

-La gente me ve y me dice: “¿Pero qué ha pasado con usted? ¿Dónde ha estado?”

-¿Y usted qué les dice?

-Les digo: ¡Yo estoy increíble!  

-La gente se preocupa mucho si desaparece alguien que aparecía en la tele. Se presume lo peor. El declive, la pobreza, el deterioro físico…¿usted está en la gloria?

-Yo estoy bien.

El reportero la mira fijamente.

-¿Usted- le pregunta- es de las que cree, como Humberto Eco, que no estar en la tele es un signo de elegancia?

-Eso piensa él. Para mí no estar en la tele es una decisión que necesita cojones.

-¿Cojones?

-Claro, si es como el trabajo soñado. Pero te diré algo: a mí, cosa rara, me va mejor fuera de la tele que dentro de la tele.

-¿Qué?- el reportero ve mucha tele, no concibe el triunfo si no es filmado. Sólo triunfa aquel al que sintonizamos.

-Yo siento que la gente se achancha en la tele. No salen a buscar otras cosas para hacer. No capturan la inversión de imagen.

-Claro…

-Yo no paro.

-Es notorio- la estimulamos.

-¡No paro! ¡Soy inquieta! ¡Voy de una cosa en otra!

La belleza no es magia

Es una hiperkinética del startup. Un tornado con propuestas. Y, bueno, lo cierto es que, con mucha emoción, informamos que Carolina de Moras, tras unos años sumergida en las maniobras monetarias, sí, tras tomarse un espacio de tiempo para crecer empresarialmente, finalmente…ha vuelto a la televisión. 

-¡Sííí! Volví.

-Es, para mucha gente, como que vuelve a existir.

-La gente debía pensar que yo estaba indigente.

Es una de las figuras del programa Cita de Negocios, un espacio de Canal 13 que mezcla el empuje comercial con el drama humano. Y ahí ella juzga emprendimientos. Evalúa proyecciones monetarias. Es una Jeff Bezos con pelo ondulado y sonrisa Pep. Es feliz.

-¡Me siento cómoda!

Y todos, otra vez, volvemos a respirar.

Nuestra tele

-Soy libre- señala. 

-Eso es crucial- apoyamos.

Y los ojos se le agrandan.

-Tengo la libertad de entrar y salir ¡No estoy sujeta a cumplir un contrato!

-… 

-Mira- sugiere- hagamos una encuesta Open Heart (a corazón abierto) entre los conductores de la televisión…a ver cuántos vibran con lo que hacen…¡a ver cuántos!

Para mí no estar en la tele es una decisión que necesita cojones

-¿Son pocos?

-¡Muy pocos!

-¿Los conductores están tristes?

-Es que si llevas mucho tiempo en la tele, no sé, veinte años…¿qué haces sin la tele?

-¿La tele forma esquizofrénicos, como ha dicho Alain Fournier? Disculpe la siutiquería…

-Eso es un poco exagerado.

Carolina, en verdad, casi no ve tele. Su hija nunca ha visto tele. Y Carolina, en ocasiones, allí, en la cama king, se enrolla en los brazos de su marido sin papeles, el señor Bulnes, y analizan fríamente la televisión. El señor Bulnes le dice esto:

-¡Yo debería ser periodista! ¡Yo no me tomaría las cosas con tanta profundidad!

Porque, al parecer, el señor Bulnes es histriónico en la vida privada. En la vida pública, en su etapa ministerial, el señor Bulnes parecía un encorbatado sujeto a tensiones. Y, lo dice Carolina, lo cierto es que es un díscolo en estado latente. Un prospecto de chascón.

-¿Y cuál es el mejor programa de televisión que ha visto últimamente?

-Me gustó “De Tú a Tú”. 

-¿Quién la está llevando en estos momentos en la televisión?

-Me gustó lo que hizo Martín Cárcamo en “De Tú a Tú”.

-¿Se pasan sueldos excesivos en la televisión?

-O sea, se paga lo que las empresas de televisión consideran es justo. Y la televisión chilena paga harto menos que la televisión de otros lugares del mundo.

-¿Y qué es lo bueno de trabajar en televisión?

-A mí, al menos, me gustaba comunicar cosas que sumaran. Y el cariño de la gente es algo atómico.

-¿Qué fue lo mejor que hizo en su trayectoria televisiva?

-No sé…tuve una carrera meteórica…pero, claro, animé cinco años el Festival de Viña…¿por qué siempre se olvidan que yo animé el Festival de Viña? Hice súper bien la pega, le puse harto corazón…

Si llevas mucho tiempo en la tele, no sé, veinte años…¿qué haces sin la tele?

En este instante el reportero hace un silencio melodramático. Ella lució diseños nacionales en la Quinta Vergara. Ella habló inglés en la Quinta Vergara.   

-¿Por qué se han dicho tantas cosas de usted? ¿Por qué?

Ella sonríe sin felicidad.

Hubo figuras del espectáculo que sugirieron que ella, Carolina de Moras, era una arpía, una estratega. Que ponía y echaba gente. Que hipnotizaba a ejecutivos dubitativos y los forzaba a tomar decisiones inauditas.

-No sé…te juro…yo digo: Pero qué onda, a esa persona no la conozco y dice esas cosas de mí. Hubo un momento en que pensé que era mejor responder. Pero después me di cuenta que me importa un huevo lo que piense el otro. Uno tiene que aprender muy bien qué batallas son las que tiene que dar.

-¿Pero de dónde vino todo eso? ¿Usted es pesada, de trato difícil? 

-¡No sé por qué me dicen esas cosas!

-¡Indudablemente parece algo injusto!- solidariza el reportero, impotente.

-A veces me decían: “Es que ella no saluda”. Me enlodaban con ese tipo de argumentos. Y era, no sé, que justo había pasado por una parte del canal y no vi a alguien porque no tengo ojos en la nuca. Y listo. Me empezaban a atacar. 

-¿Usted es fácil para trabajar?

-Soy súper fácil para trabajar. Eso sí, no permito que me pasen a llevar.

-¿Qué es “no permitir que me pasen a llevar”?

-O sea, si noto algo raro, yo voy y lo hablo con la persona. Soy la única mujer entre puros hermanos hombres. Y aprendí.

-¿Qué aprendió?

-Aprendí a defenderme- señala con los ojos brillando.

País de enfermos

“No, de política no, porfa”, acota, lánguida, exhausta de conflictos, de polarización. No le interesa el bando de allá o el de acá. A estas alturas, a horas de un nuevo destino, con una nueva autoridad inminente, el rubio o el de barba, ella prefiere marginarse de opinar. 

-¿Pero cómo ve el planeta?- pregunta el reportero con seriedad.

-Complicado.

-¿Y cómo ve a Chile?

-Bueno, es una obviedad, pero lo veo dividido. Veo a Chile enfermo.

-¿Cómo se puede sanar Chile?

Soy súper fácil para trabajar. Eso sí, no permito que me pasen a llevar.

-Con diálogo.

-¿Un diálogo cada ocho horas, tres veces al día?

-Chile tiene que tomar varias pastillas.

Y las enumera:

-Una sobredosis de Tolerancia. Una pastilla de Reflexión. Una pastilla de Mirada al Futuro.

Y hace una pregunta al vacío:

-¿Queremos seguir siendo bipolares?

Y se hace otra pregunta:

-¿O queremos el bien común?

Suspira.

-¿Qué productos de Moom, su emprendimiento, le daría a los candidatos para su bienestar?

-A los dos les daría un stock de suplementos alimenticios.

Veo a Chile enfermo

-¿Y a Kast?

-Algo para relajarse. Para botar la rigidez. Una pastillita de flexibilidad.

-¿Y a Boric?

-Una pastilla para bajar las certezas. Las cosas no son blanco o negro. También algo para bajar el idealismo.

-¿Y cuál es la noticia que sueña con leer en los diarios?

-“Se realizó La Marcha de la Tolerancia”. La marcha en que entendemos que somos diferentes. Y que nos tenemos que aceptar así. 

Y exclama:

-¡Es que no existe en el universo este nivel de intolerancia!

Y respira. Se equilibra. 

Es la emprendedora, la top model de los negocios, y ha vuelto a la televisión. Ella ya está aquí. 

-Debemos mirar el futuro de forma más optimista, más proactiva…- añade.

-Amar- sintetiza poéticamente el reportero.

-Amazon…jajaja…no, bueno…

-Qué…

Y piensa con los ojos famosos mirando la pantalla.

-Amar- repite-, sí, amar. Heavy. Amar a todos- y entonces estira el fémur histórico para ponerse de pie. Y dulce y televisivamente se va.

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