La imagen muestra a Catalina Pulido.

Catalina Pulido, actriz y comunicadora: “José Antonio es súper macabeo… En su casa manda calzón”

Es una de las mujeres más frontales de Chile y ha pasado un año con varias polémicas. Pero aquí relata un proceso interno que está viviendo. Además opina de política, de los encapuchados, de Patricia Maldonado y de variados personajes. Desde Alexis a la Tonka. Descuera a varios, elogia a otros.

Catalina Pulido tiene 46 años, dos hijos, fuma, toma vino y ama las montañas. Ama, además, a un hombre enigmático -está legalmente soltera, está amorosamente comprometida-, es de derecha, su familia es más bien de derecha, sus amigos son de derecha y de izquierda, un montón de sus amigos son homosexuales de izquierda, pero ella, en fin, no ve las cosas así, ella simplemente adora a Kast porque piensa que es un hombre bueno, le carga Giorgio Kackson, le inspira un rechazo sin raciocinios, hace un programa online junto a Patricia Maldonado llamado Las Indomables y día por medio protagonizan, a dúo, o cada una por su lado, las polémicas que resaltan las redes sociales. 

-Pero en estos momentos estoy en una etapa de introspección- revela con hondura.

-¿Qué significa eso?

-Crecimiento. Lucidez. Mucho despertar.

El último tiempo ella se ha puesto a pensar. Y, a grandes rasgos, se ha puesto a pensar que es urgente aprender a pensar. De modo que, según relata, a la vez que fuma un cigarro liado con sus manos, ella, la señorita Pulido, ha empezado a estudiar con un maestro.

-Estudio Politología.

-Muy interesante.

-¿Sabes lo que es?

-Claro…

-Es la ciencia de la política– admite, con una sonrisa, la misma sonrisa que Chile sintonizó en 1997, cuando protagonizó Playa Salvaje, esa teleserie que unió el surf con la melancolía. Eran esos años en que imperaba el burgués con acceso al bajón, el rubio tostado proclive al existencialismo. Y allí estaba ella, Catalina, la vikinga, la sex symbol del grunge chileno, paseando de escena en escena, como la musa del surf que cruzaba miradas sentimentales con Zabaleta. Todo eso y las otras teleseries, ya han quedado atrás. Con el tiempo derivó en una actriz que dejó de actuar y empezó, en cambio, a emitir opiniones. Y ahora derivó en una politóloga inspirada. 

-La Politología entonces es el estudio de los procesos políticos. Llevo 40 clases online. Estoy en el nivel 2.

-La felicito.

-Gracias.

-¿Quién es su maestro?

Ella suelta el humo, con su estilo de vikinga, con ese gesto originario en una Europa arisca. Y dice, implacable:

-Alexis López.

-¿Alexis López?

-Alexis López- repite, fijando la vista en la prensa, sosteniendo el cigarro con dos dedos.

Alexis López, recuerda el reportero, fue en los noventa un activista de extrema derecha. Lo tildaron de nazi, de tener cercanía con skinheads. Fue el fundador de un grupo llamado Patria Nueva Sociedad. En la actualidad ha impuesto el concepto denominado La Revolución Molecular Disipada. Y, además, en la actualidad es el maestro de Catalina Pulido, la republicana, la actriz que estampó su firma en los registros del Partido Republicano.

-¿No era nazi el señor López? 

-Sí, pero es mucho más que eso. Él es mi mentor. Las clases son bastante cabezonas, pero muy entretenidas.

-¿Cómo es Alexis?- pregunta el reportero con cierto titubeo. 

-Es un gallo muy culto. Casado con una mapuche. No es ni chanta ni charlatán.

Alexis le está enseñando a construir juicios de valor. A construir pensamiento. 

-Y usted, Catalina, cómo ve la realidad?

Alexis López es mi mentor. Las clases son bastante cabezonas, pero muy entretenidas

Otra calada al cigarro.

-Pésima, muy mala. Hace rato yo ya me había dado cuenta que la política se está aprovechando de esta turba poco brillante.

Y, en torno a los encapuchados, emite un grito:

-¡No puedo creer que se exciten quemando iglesias!

Y, en torno a los jóvenes que apoyan a los que arrojan piedras, emite otro grito:

-¡Es una generación idiotizada por el odio!

Los NiNi, enfatiza, Ni Estudio Ni Trabajo, la normalización de la flojera, el estado ameba, jóvenes adheridos a Tik Tok, que exigen igualdad desde la pieza. Todo eso la desespera y ella, al menos, inculca en sus dos hijos, Sasha y León, lo siguiente:

-El valor del trabajo. El beneficio de ganarse su propia plata.

Y, según parece, uno de ellos trabaja como camarero, el otro ha meditado fuertemente en torno al trabajo. Uno es de 18, el otro de 25, y la mamá los ama al punto que admite: “Soy adicta a mis dos hijos”. Pero luego, al recordar tantos vacíos en los jóvenes, vocifera atormentada:

-Los colegios deben enseñar a pensar.

Y suelta el humo, enrabiada, y reclama una y otra vez: “Nadie enseña a pensar”. Seguimos limitados, formateados, simples. Emite una frase encendida, de manual para triunfos: “TÚ ERES UN LÍDER”, dice. Agrega: “Somos nuestros propios creadores”. Y el reportero, parcialmente atónito, le dice: “Usted es profunda, Catalina”. Y ella, parcialmente cortejada, dice: “Yo soy mucho más profunda de lo que la gente cree”. 

Hace rato yo ya me había dado cuenta que la política se está aprovechando de esta turba poco brillante

-¿Y usted es buena?- le pregunta con curiosidad el reportero. 

-Muy buena- acota ella-, demasiado buena. De hecho, por muchos años de tan buena pasé por huevona. 

-¿Y ahora?- se inquieta la prensa. 

-Hoy día soy buena, pero no huevona- zanja, imperturbable, con el mismo cigarro achicándose entre sus dedos.

Yo opino 

Catalina Pulido se compone, de algún modo, de los colores de Holanda -pelo naranjo, cutis blanco, ojos azules- y, a la vez, del carácter de Alemania. Parece que por las mañanas es suave y  holandesa, y por las tardes, cuando se junta con Patricia, se torna alemana, le hierve la sangre materna, el apellido Anker, o también sus años en el Colegio Alemán, y opina enfáticamente de lo que ocurre en la realidad.

¡Es una generación idiotizada por el odio!

-¿No le agotan las polémicas?

Ella suspira.

Este año, entre otras cosas, ha dicho que Alejandra Valle es cínica. Ha dicho que Fabiola Campillai no parece tan lúcida. Que unos, digamos, picantes (según expuso) de la televisión la calumniaron. Ha postulado como concejal por el Partido Republicano. Se peleó con Natalia Valdebenito. 

-Sí, la verdad es que vivo en el ojo del huracán. Parece que soy más interesante de lo que creo.

-¿Y por qué se mete en tantos polémicas?

-Yo no soy políticamente correcta. No vine a este mundo a decir lo que la gente quiere escuchar. Por supuesto, sin pasar a llevar a nadie. Más bien soy crítica de los poderosos. 

-¿Ha tenido secuelas?

-Bueno, en Twitter me han cerrado dos cuentas. Me da lo mismo.

Critica a la prensa populista, a los políticos populistas, a los rostros de televisión que formulan sus puntos de vista para ser aprobados en las redes sociales.

-La Tonka por populista se fue a la B. Lo que pasó con Hermógenes (cuando le pidió que se retirara del estudio) lo hizo para la galería y ella hace tiempo que no pertenece a la galería. Y eso catapultó su carrera a la miseria. Y el Presidente Piñera por populista ya casi ni existe.

Y agrega, en torno a la prensa:

-A los delincuentes se les ha tratado con el pétalo de una rosa ¿Y qué pasa con la historia del dueño de un pyme al que le destruyeron su negocio? A veces hay que ser duro para decir: Despierten, señores.

-¿Usted es dura?

-Yo hago el ejercicio de pensar.

-Opine de los siguientes canales…

-A ver…- y fuma para estimular la inspiración.

-¿La Red?

-Radio Moscú. Pegados en el año 1935.

-¿Mega?

-Democracia Cristiana.

-Chilevisión?

-Radio Francia. Social Demócratas.

-¿Canal 13?

-Amarillistas. Un poquito faranduleros. Un poquito perdidos.

-¿TVN?

-La televisión pública dejó hace rato de ser pública. Con esos sueldos exorbitantes. TVN no lo veo desde hace dos años. No me excita. No me calienta. Es deslavado. 

Opina que el mejor periodista es Iván Valenzuela. “Es sobrio”, confiesa, “no se le nota lo que piensa”. Le gusta Juan Manuel Astorga: es inteligente, pero lo malo es que sabe que es inteligente “y por eso a veces se pone empalagoso y ahí lo cambio”. Matamala “es súper inteligente, pero creo que tiene un problema desde la infancia que no ha podido solucionar. Eso se le nota. Todavía tiene heridas, sigue sangrando. Sus columnas son sesgadas”. 

Es una vikinga espigada, no procesa las opiniones, no gesticula a la galería. No regala carcajadas. “¿Y Fabiola Campillai no es inteligente?”, preguntamos. “Eso no es relevante. Pero creo que debe tener mayor responsabilidad social”, dice. “¿Y Alejandra Valle es cínica?”, preguntamos. “Es cínica. Y ella no es relevante”, afirma. 

-Y la frase que le dijo Natalia Valdebenito… “¿Te acuerdas de las tablas?”… ¿Le afectó?

-A ver, yo siempre he preferido estar con mi familia a tener que actuar en una obra los fines de semana. ¡Por dos chauchas yo no voy a actuar en una obra!

Y cambia el tono de voz y acota:

-Mi amor, yo no vivo para trabajar. Yo trabajo para vivir. Quizás ella tiene otro foco de vida. No tiene hijos, no sé. Yo voy para otros lados. No me interesa su mundo. No me interesan los progres que la siguen.

Catalia Pulido opina, entonces, de todo lo que se cruce ante su cerebro. Y opina que Alexis es Master Dog. Opina, encendida, que Arturo Vidal es rico, fascinante, apto para una noche de pasión, y que debe ser entretenido conversar con él. Y dice: “Me cae la raja el Chino Ríos”. O dice: “La Camila Vallejo es oportunista…o, mejor dicho, adoctrinada”. Daniel Jadue: “Misógino”. Franco Parisi: “Brillante. No pisó suelo chileno y sacó un millón de votos”. Lucía Hiriart: “Adicta a la vida”. Pinochet: “Estratega. Yo no soy pinochetista, se cometieron abusos. Pero su intervención fue necesaria”. Mónica Rincón: “Seca, es decir, le falta hidratación”. Julio César Rodríguez: “Peter Pan. Un cabro chico”. Patricia Maldonado: “Lealtad”.

-¿Usted se ha maldonizado trabajando con ella?

-Noo. ¡Tengo un poco más de diplomacia que la Maldo! Ella es de otra generación. Y ella es mi jefa. Es su canal, no el mío.

-¿Patricia Maldonado le paga bien?

-O sea, no estoy forrada como Germán Garmendia. Pero no todo es plata en este mundo, mi amor. Chuta…ahora me puse progre…

Y ríe, se endulza su mueca, se mezclan, de pronto, Holanda y Alemania. 

La gran misión

Opina sin temblores, pero, a la vez, declara que ella es sensible. Es normal, simple, una mujer que llora por su hermano enfermo. La germana que se deshace al pensar que sus papás son viejos. La mujer de pelo naranjo, la gloria de los noventa, el último hito sensual del siglo XX. La sorprendente actriz que se volcó a la derecha del gremio de los actores. La republicana que eleva la voz junto a la cantante de acero, la Margaret Thatcher del espectáculo, la Mujer-Morada, la indomable Maldo.

-Kast es sumamente inteligente- cuenta.

-Kast es buenmozo- añade.

-Kast es demasiado bondadoso- asegura.

–¿Eso es bueno?

-No hay que ser tan bueno.

-¿Usted le ha enseñado maldad?

-No. Pero igual me escucha. José Antonio es súper macabeo. Escucha mucho a las mujeres. En su casa manda calzón.

Pero, claro, para esta mujer, la espigada de naranjo, hay algo mucho más importante que opinar. A ella, la mujer más alta de las comunicaciones, en verdad, lo que le interesa es crecer.

-Yo quiero ser parte de la historia- murmura y los ojos se le agrandan. No le satisface emitir una opinión, lo suyo es algo más contundente. No es dinero. Ya tiene dos pymes, una de gin y la otra de condimentos, de adornos. Lo suyo es un proyecto mayor. Un cambio. Estar ahí. Y algo está planeando con la politología.

Kast es buenmozo

-Ya verán- amenaza.

-¿Qué tiene en mente?

-Ya verán- repite.

Y ríe dulcemente. Porque ella no es tan temible, es también esa mujer pálida, esa cara de publicidad Benetton, la  republicana que dice:

-Estoy en este proceso mío.

-¿La introspección?

-La introspección.

Y agrega, misteriosamente:

-Quiero ser parte de la vanguardia.

-¿Qué sería eso?

Ella suspira. Está en un momento de elevación, de mística, de crecimiento.

Y dice, ida:

-Me estoy haciendo cargo de la misión que tengo.

El reportero queda altamente perturbado

-…es que…todo lo que ha pasado en mi vida ha sido para estar parada donde estoy ahora…- relata con firmeza. 

Se miran en silencio. La diva de 1997 y su fan, ese grunge que anhelaba patillas.

-¿Y, dígame, cuál es su misión?

Ella sonríe. Ella se pone seria.

-Mi misión es hacer historia- concluye, pálida, naranja, azulada. Y en ese momento, con dulzura, apaga el cigarro. 

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