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Con una nave del tamaño de una mano: equipo de científicos busca enviar microorganismos al espacio

Aunque parece sacado de una película de ciencia ficción, esta investigación está en curso y con altas probabilidades de concretarse, todo con el objetivo de estudiar cómo se desarrollan estos microorganismo fuera de la Tierra.

Un grupo de científicos de la Universidad de California en Santa Bárbara, Estados Unidos, ha diseñado la posible forma de enviar microorganismos hacia el espacio exterior.

Joel Rothman, profesor del Departamento de Biología Molecular, Celular y del Desarrollo, junto al director del Laboratorio de Cosmología Experimental, Philip Lubin, son creadores de esta idea, investigación que fue publicada en la revista Acta Astronáutica.

El objetivo de los investigadores es enviar C. Elegans y tardígrados, estos últimos les dicen “osos de agua”. Eso sí, Rothman y Lubin pretenden usar una nave completamente distinta.

La nave de oblea

El equipo usó robots y fotónica. Las sondas con instrumentación a bordo, detectan, reúnen y envían datos de regreso a la Tierra que serán impulsadas hasta en un 20-30% de la velocidad de la luz por su propia luz. Se usaría una matriz de láser que se instalaría en la Tierra o qui´zas en la Luna.

“Probablemente se vería como una oblea semiconductora con un borde para protegerla de la radiación y el bombardeo de polvo a medida que atraviesa el medio interestelar”, dijo Lubin en un comunicado de la casa de estudios. Agregó que la nave “sería del tamaño de tu mano para empezar”.

Los microorganismos que participarán son los C. elegans y posiblemente los tardígrados, estos últimos son conocidos como “osos de agua”. “Miles de estas diminutas criaturas podrían colocarse en una oblea, ponerse en animación suspendida y volar en ese estado hasta llegar al destino deseado”, menciona el comunicado.

En un viaje de velocidades relativistas, la nave recorrería 160 millones de kilómetros para aterrizar en el siguiente sistema solar: Próxima Centauri.

¿Esto es ético?

Aunque los científicos también buscan responder sobre el comportamiento de estos pequeñas criaturas, esto desafía la ética.

“Existe la ética de la protección planetaria”, dijo Lubin. “Creo que si comenzaras a hablar de la propagación dirigida de la vida, que a veces se llama panspermia, esta idea de que la vida vino de otra parte y terminó en la tierra por cometas y otros desechos, o incluso intencionalmente de otra civilización, la idea de que enviar vida a propósito plantea grandes preguntas”.

Los científicos aseguran que no existiría contaminación. Las sondas que intenten acercarse a otros planetas, se quemarían en la atmósfera o se devastarían en “la colisión con la superficie”.

“Algunas personas han reflexionado y publicado ideas como ‘¿Es el universo un experimento de laboratorio de alguna civilización avanzada?'”, manifestó Lubin.

Rothman, por su parte, está convencido que no se debería “suprimir el anhelo exploratorio que es intrínseco a nuestra naturaleza”.

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