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23 de febrero de 2022

Bárbara Sepúlveda y la CC: «En la ultraderecha se dieron cuenta de que tenían que empezar a proponer, pero han generado una animadversión tan grande que cuesta sacarlos de la caricatura»

Bárbara Sepúlveda y la CC: "En la ultraderecha se dieron cuenta de que tenían que empezar a proponer, pero han generado una animadversión tan grande que cuesta sacarlos de la caricatura" Agencia Uno

Luego que el PC se resignara a dejar de abogar por un Parlamento de una sola cámara, la comisión de Sistema Político logró uno de los acuerdos más trascendentes del proceso constituyente y trajo al bicameralismo de vuelta al debate. Bárbara Sepúlveda, convencional comunista, una de las vicepresidentas adjuntas de la asamblea e integrante de dicha comisión, valora el acuerdo, al tiempo que mira con preocupación el ajustado cronograma del órgano. En este entrevista habla también de la derecha en la CC y de las críticas de grupos como Amarillos por Chile.

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El nuevo Chile que la Convención presentará a la ciudadanía ya comenzó a escribirse y se perfila como un país plurinacional y regional. En ese contexto, la comisión de Sistema Político logró poco antes de la medianoche del lunes 21 un acuerdo crucial para el diseño de la eventual Carta Magna y que llevaba semanas estancado.

Luego que el PC y el FA dejaron ir sus ilusiones de tener una sola cámara para todo el territorio nacional —propuesta que había sido aprobada en general por un voto en la instancia—, finalmente la idea de volver a la bicameralidad llegó a puerto con todos los sectores medianamente conformes.

La vicepresidenta adjunta de la mesa del órgano constituyente, Bárbara Sepúlveda (PC) —quien es señalada como una de las principales articuladoras de Chile Digno— saca buenos réditos de esa negociación.

El poco tiempo que tenemos para construir la nueva Constitución nos llamaba un poco a hacer concesiones”, afirma la convencional integrante de la comisión de Sistema Político, al tiempo que reconoce que las críticas del mundo civil hacia el trabajo de la Convención —materializadas en Amarillos por Chile o en una carta enviada por intelectuales, entre los que se encuentran María Teresa Ruiz y Gastón Soublette— la tienen sin cuidado.

“Ahí, más que nada está escondiéndose en forma de una pretensión de invitar al diálogo el pataleo de un sector que quedó, por cierto, sub-representado en la Convención”, señala la abogada, quien, luego de que saliera a la luz que el bicameralismo vuelve a ponerse sobre la mesa, contesta el teléfono a The Clinic.

-Finalmente, en la comisión de Sistema Político se llegó al acuerdo de que exista un Congreso Plurinacional y un Consejo Territorial. ¿Cómo quedas después de este acuerdo?

-Era un acuerdo necesario. El poco tiempo que tenemos para construir la nueva Constitución nos llamaba un poco a hacer concesiones en algunas cosas y dejar de mantener posturas pétreas. Eso fue para todos los sectores una alerta en el momento en que vimos lo que sucedió con el informe de Forma de Estado. Para evitar que algo así sucediera en Sistema Político comenzamos a conversar y ver de qué forma podíamos acercar las posturas al mismo tiempo de que ninguna perdía su núcleo.

“En el caso nuestro, que éramos varias unicameralistas, nos interesaba que se mantuviera el espacio del Congreso como una cámara política que principalmente es la que tramita todas las leyes. Pero, entendíamos también que existía una demanda muy fuerte por parte de la comisión de Forma de Estado y de muchos otros convencionales que en el pleno ya habían manifestado que querían que las regiones participaran de forma más activa en la producción de las leyes. Y, al mismo tiempo, por otro lado, estaba dentro de la comisión de Sistema Político un sector importante que quería mantener una bicameralidad. Yo creo que lo que ya había dejado de tener sentido mayoritariamente era la bicameralidad simétrica, esta forma de espejo entre ambas cámaras”.

“Fue un buen acuerdo porque, si bien, ningún sector queda 100% contento, todas nos hemos visto en la necesidad de dialogar más intensamente para llegar a un consenso que no sólo tiene que ver con las fuerzas políticas. Sino que también con las distintas preocupaciones que trascienden a los colectivos políticos. Y yo creo que se logró. No creo que todas las personas hayan quedado 100% contentas, pero si eso es así, entonces tenemos que pensar que fue un buen acuerdo. Se trata de cómo vamos confluyendo en un sistema coherente internamente. Pero que, a la vez, representa las distintas visiones de país que hemos ido manifestando ya en los distintos plenos sobre otros informes también”.

-¿En qué puntos este acuerdo es lo suficientemente asimétrico como para satisfacerlos a ustedes, que abogaban por el unicameralismo?

-Bueno, ésa fue nuestra principal preocupación. Es lo suficientemente asimétrico como para que este Consejo Territorial tenga una participación acotada en leyes que son evidentemente de interés y por lo tanto que requieren de una intervención de representantes de las regiones. Por ejemplo, todas las leyes que se traten sobre modificaciones de las atribuciones, de los órganos, de las competencias que tienen las regiones en distintas materias, pensando ahora que estamos en un diseño de Estado Regional. Por lo tanto, la preponderancia de esas visiones tiene que estar reflejada en el proceso legislativo.

“Este Consejo Territorial también estaría participando cuando se discuta, por ejemplo, aspectos del presupuesto que tienen que ver con la aplicación de políticas públicas que afectan a ciertos territorios o a todos los territorios. No es que participe en todo el flujo legislativo ni en todos los temas, sino que en los que se requiere un acuerdo regional. Y para eso se crea un procedimiento especial que implica la participación directa e incidente de este Consejo Territorial en caso de que no esté de acuerdo con lo que proponga la Cámara Política, que es quien tiene la primera y la última palabra en el proceso legislativo. Y en eso también rescatamos el núcleo del unicameralismo».

«Este Consejo Territorial podría estar en desacuerdo con lo que la Cámara política decida sobre una ley. En ese caso, si se trata de una ley de interés regional que requiera un acuerdo regional, el Consejo puede rechazarla, lo que daría pie a una comisión mixta para poder resolver, dialogar, discutir y hacer otra propuesta de ley».

Santiago y las regiones

-La semana pasada en una intervención en el pleno llamaste la atención sobre que el regionalismo no se trataba sólo de redistribución política, sino también económica. ¿En qué pie queda el regionalismo luego de lo aprobado en los últimos días en la Convención?

-Sí. La propuesta de la regionalización es bien robusta y la comparto. Hemos funcionado de una manera centralista en Chile que es tremendamente excesiva y que se ha expresado como el abandono de muchos sectores del país. Yo comparto todo el diagnóstico y comparto la regionalización. Mi crítica iba más bien a que, incluso, dentro de la Región Metropolitana, nosotros vemos un efecto que tiene que ver con las deficiencias que Chile tiene sobre la distribución de la riqueza. Y, por lo tanto, me parece que la solución efectiva nunca va a pasar por tener más espacios de decisión. Que, por cierto, comparto y son muy necesarios.

“Creo que lo principal es redistribuir la riqueza. Que si una región genera mucha riqueza y otra no genera nada, ahí debe compensarse y equilibrarse. Hemos distribuido muy mal la riqueza que Chile produce y que se ha concentrado incluso en la Región Metropolitana. Nadie podría decir que todos los que viven en la Región Metropolitana gozan de beneficios, de las bondades del capitalismo, ¡eso es falso! Aquí, en la Región Metropolitana, la riqueza se concentra en tres comunas y todos lo sabemos. Esa desigualdad atraviesa todas las regiones, entonces a mí me parece que es una premisa falsa partir de la idea de que Santiago es rico o que todas las personas aquí gozan de muchos beneficios y que las regiones son las pobres”.

“Yo creo que el asunto tiene que ver más bien con una cuestión en la desigualdad en la riqueza, con una cuestión de clase. Estoy a favor de que existan espacios colegiados como las asambleas regionales para generar normas propias para cada región, pero esas normas no debieran ser leyes a mi juicio. Pero hay cuestiones que tienen que ser nacionales y universales, y entre ésas están los derechos sociales. Una persona que está en una lista de espera por dos años para atenderse pasa en Santiago y en Puerto Montt. No es verdad que sólo en otras partes. Lo que sí es verdad es que aquí hay más posibilidades de tener un especialista. Pero eso no significa que una persona pobre pueda ver a un especialista al día siguiente”.

-¿Habría una regionalización mal entendida en algunos sectores de la Convención, entonces?

-No creo que esté mal entendido. Creo que lo que la mayoría quizás estamos esperando es precisamente eso: cuáles son las propuestas de la comisión de Forma de Estado sobre la redistribución de los tributos, de las riquezas. Pero no veo que haya una mala comprensión del regionalismo. Sino más bien a este debate le faltaba un aspecto que cruza todo el problema en Chile; y que cruza, si te fijas, otros debates; por ejemplo, el de justicia.

“En acceso a la justicia estamos hablando de un país donde tener representación, acceder a la justicia, cuesta dinero. Entonces, evidentemente que eso reproduce sesgos y una justicia de clases. Y no me voy a cansar de decirlo. Creo que siempre es importante observarlo desde esa perspectiva. Porque la única forma de que las personas vivan mejor, a propósito de un cambio constitucional que nos permita revisar todos estos aspectos, pasa por la materialidad, por las condiciones materiales. Y eso nos invita a pensar en esa clave cada uno de los asuntos que estemos viendo. Desde medio ambiente hasta los derechos sociales, por supuesto”.

“Creo que (Amarillos por Chile) es un grupo temeroso de perder sus privilegios”

-En los últimos días han aparecido varias críticas de grupos de la sociedad civil hacia el trabajo de la Convención. Está Amarillos por Chile y una carta enviada por María Teresa Ruiz, Adriana Valdés, Gastón Soublette, y Felipe Berríos. ¿Cómo interpretas las preocupaciones de estos grupos que abogan por un mayor diálogo en la Convención, según sus palabras?

-Sinceramente, no creo que estén abogando por mayor diálogo. Creo que es un grupo temeroso de perder sus privilegios, que se ha visto al margen de un debate porque principalmente eso es lo que buscan. El diálogo en la Convención existe y es real. Por lo tanto, me parece que han disfrazado de una especie de alerta para invitar al diálogo, sus propios intereses. En realidad, no me preocupa lo que ese sector esté criticando a la Convención. Quienes estamos dentro de la Convención sabemos que el diálogo se produce.

“Y que los grandes acuerdos a los que ese mismo sector invitaba tan fervientemente defendiendo los dos tercios, hoy día se producen a cada momento. No sé si estas personas seguirán de cerca el proceso constituyente, pero tenemos dos tercios y más en casi todas las normas que se aprueban en el pleno. Ahí, más que nada está escondiéndose en forma de una pretensión de invitar al diálogo el pataleo de un sector que quedó, por cierto, sub-representado en la Convención Constitucional, pero que revive esos intereses de una transición pactada, de una Concertación añeja, y que no representa nada más que eso”.

La mayoría de la derecha recapacitó y ya no está en esta postura de decir a todo que no

-¿Y respecto de las preocupaciones de estos grupos que tienen eco dentro de la Convención en sectores como la centro derecha, por ejemplo?

-Es cierto que hay un sector de ultraderecha en la Convención que está constantemente criticando y tratando de obstruir. Y fue tanto ese ánimo que tuvieron durante los primeros seis meses de la Convención, que ellos mismos cayeron en fijar su propio estigma. Creo que en un momento se dieron cuenta que tenían que empezar a trabajar y proponer, y habían generado una animadversión en la interna tan grande que cuesta sacarlos de la caricatura.

“Por cierto, a veces algunos sectores queremos mirar sus propuestas con buenos ojos e integrarlas. Pero cuesta desprenderse de ese mismo estigma que ellos generaron sobre ellos mismos. Pero estamos haciendo todos los esfuerzos por dialogar y por construir conjuntamente. En algunas comisiones se da más que en otras. Yo puedo hablar de la comisión de Sistema Político, donde ese diálogo sí existe. Donde, incluso cuando hay reuniones de la comisión que no son durante sesiones y nos juntamos para ver cómo vamos a proceder en lo siguiente, están invitados y participan”.

“Hoy día sí creo que la mayoría de la derecha recapacitó y ya no está en esta postura tan recalcitrante de decir a todo que no y estar constantemente basureando la Convención. Pero, al mismo tiempo creo que es importante que ese sector se haga la autocrítica. Porque parece muy fácil llegar y acusar que la gran mayoría de la Convención los está dejando afuera, cuando ellos fueron los principales actores para tratar de desprestigiar a la Convención. Entonces no sé si estar todos los días victimizándose porque supuestamente los hemos dejado afuera, cambia de alguna forma ese ánimo. Me parece más bien que lo perpetúa. Y mi invitación es que más que enviar estos recados por la prensa, que efectivamente se acerquen a los convencionales con quienes ellos identifican que han tenido mayores roces”.

-De todas formas, trascendió en la prensa que la derecha no participó en la reunión en la que se acordó mantener el sistema bicameral. ¿Por qué se dio eso?

-La derecha en la comisión de Sistema Político era más bien de la postura de mantener el Senado. Nosotros en un momento —todo esto con apodos no denostativos— nos habíamos denominado un sector unicameralista, y otro sector eran los bicameralistas atenuados. Pero ellos estaban en una postura un poco menos dialogante en el sentido de mantener el Senado. Yo creo que esa pregunta hay que hacérsela a ellos, de por qué no han querido participar de estas instancias.

“Todos comparten todos la misma preocupación por los tiempos, no sólo la mesa”

-Hubo cambios que salieron de la mesa respecto a la forma de votar. ¿Desde la mesa miran con preocupación los tiempos que le restan a la Convención?

-Lo que nosotros identificamos es que, efectivamente, sin alterar el cronograma general se puede hacer ajustes para llegar más holgadamente al cumplimiento del plazo. No llegar tan apretados al final. Y también estamos pensando en proteger las garantías del diálogo y debate. No ha sido sencillo proponer estos cambios. Y, por lo tanto, la mesa adoptó una postura de abrir estos cambios a todos los sectores políticos.

“Por eso se hizo una reunión de la mesa con los coordinadores, con los líderes de todos los colectivos políticos. Obviamente comparten todos la misma preocupación, esto no es sólo de la mesa. Y lo que quisimos fue escuchar cuáles son las soluciones que proponen los partidos políticos sobre esto, que tiene que ver con cómo cumplimos el cronograma general y al mismo tiempo podemos hacer ajustes para aprovechar los tiempos y tener además un mejor trabajo”.

“No hay que olvidar que estamos construyendo la Constitución. Esto no es una ley que el siguiente Congreso puede mejorar. No es algo que va a cambiar en cuatro años más. Entonces, necesitamos el tiempo suficiente para escucharnos, dialogar, escribir, construir, mejorar y también necesitamos respetar el cronograma general. Eso es un acuerdo previo y que la mesa en ningún momento ha cuestionado. Y hemos visto la posibilidad de hacer algunos ajustes. Algunos requieren de la interpretación de la mesa, y otros una modificación reglamentaria, que es muy pequeña”.

-¿Esa preocupación podría extenderse hasta considerar que el resultado podría comprometerse por la premura con la que se está trabajando?

-Vamos a llegar con el texto y estamos haciendo todo lo humanamente posible por llegar con el mejor texto. Ya no existen ni siquiera descansos. Creo que el trabajo se ha intensificado muchísimo, y al mismo tiempo estamos tomando estas decisiones administrativas. Entonces, hay que tener confianza en que estamos tomando las mejores decisiones pensando en la Constitución que todo Chile espera. Además, para poder integrar todas las visiones también se requiere de más diálogo. Y eso requiere tiempo.

“Especialmente si la derecha o ultraderecha reclaman que en algunas cosas no han podido dialogar lo suficiente. Entonces, yo espero que aprueben y apoyen esta modificación reglamentaria. Porque nos permite tener más espacio para conversar y no estar saturando los espacios de trabajo, por ejemplo, con votación tras votación”.

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