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18 de marzo de 2022

Cecilia Vicuña homenajeará a su madre en Venecia: “Nuestra relación es tan visceral, tan poderosa, que ha guiado, de hecho, mi arte”

Foto de Claudio Mercado, Pirque, 2004

La multifacética artista chilena cuenta a The Clinic cómo se sintió "maravillada" al enterarse del León de Oro a la Trayectoria de la Bienal de Venecia. Asimismo, hace un íntimo recorrido por su infancia, por el rol de su familia en su trabajo y en sus inquietudes. También ahonda en la importancia de las transformaciones que se están viviendo y que deben seguir: "Donde quiera que haya un todavía, un todavía implica la posibilidad de trabajo, la posibilidad de hacer transformación", sostiene.

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A sus 74 años, Cecilia Vicuña tiene el privilegio de todavía contar con su madre, Norma Ramírez, de 97. A ella la va a homenajear en la próxima Bienal de Venecia, que parte a fines de abril. Y a ella estaba visitando cuando recibió la noticia de que se convertiría en la primera artista chilena en ser reconocida por la muestra. En específico, con el León de Oro por su trayectoria.

Y hablar de eso, ya es mucho. Es hablar de un trabajo poético tanto escrito como performático que partió cuando tenía 16 años. Es ahondar en el concepto de “Lo Precario”, de instalaciones creadas para desaparecer en la naturaleza. Es recordar la Tribu No y el no-hacer como acción. Es pensar en el exilio, en la exploración creativa, en una veintena de libros y en obras que una y otra vez exploran los derechos humanos, el medioambiente, las mujeres y lo político.

A sus 74 años, sentada en un banco del Parque Forestal, justo al frente del Museo de Bellas Artes -el lugar donde, en 1971, presentó su primera muestra individual-, la artista, cineasta y poeta chilena vuelve a su infancia, a sus raíces y analiza el rol de las niñas hoy. “Yo creo que el mundo está lleno de Malalas y lleno de Gretas, y lleno de estas que aún no las hemos oído, pero que las oiremos cada vez más”, dice a The Clinic.

Cortesía de Cecilia Vicuña.

La madre

-¿Cómo se sintió al enterarse de que recibirá el León de Oro a la Trayectoria en Venecia?

Maravillada.

-¿Qué es lo que significa para usted dicho reconocimiento?

-Una transformación del mundo.

-¿Por qué?

-Porque una persona como yo nunca antes hubiera podido recibir un premio así de una gran muestra europea.

-¿Se refiere a una persona como usted por ser mujer y mestiza?

Sí, y por el tipo de arte que hago, que es un arte precario, impermanente, indefinible, que nunca ha calzado en ninguna categoría de orden europeo. Sin duda cualquier espacio es un espacio para la transformación. Y el arte es uno de ellos.

-Tengo entendido que su trabajo en Venecia, que aún no es público, tiene mucha relación con su madre. ¿Es cierto?

Sí. Es la historia de mi madre y la historia mía con mi madre. La historia madre e hija siempre ha sido importante en mi vida y yo creo que es fundamental en la historia de cualquier mujer, precisamente porque no se reconoce así y hay como un desprecio y una desvalorización del lugar de la madre en la cultura occidental. Y esa desvalorización tiene raíces históricas de más de 5.000 años de antigüedad en lo que ahora se llama Occidente, pero no es así en las culturas indígenas y tradicionales del mundo. Además del homenaje a mi madre, hay ahí otras obras dedicadas al agua, que es vida y muerte en este tiempo.

-¿Me podría contar más sobre su madre? Su nombre, edad, si sigue viva…

-(Emocionada) ¿Sabes? En mi vida he dado muchas entrevistas. A periodistas hombres y mujeres, de varias edades y nacionalidades distintas. Pero nunca me han preguntado por mi mami…

“Mi madre se llama Norma Ramírez y tiene 97 años. Ella nació en el barrio San Miguel -y suele decir que estaba repleto de casas y chacras grandes y hermosas- y nunca supo que era indígena. Pero es una mujer que tiene como una alegría de vivir y una fuerza, un tesón para encontrar gozo y voluntad de seguir contra todo… Y a pesar de todo lo que ella es, ella me admira infinitamente”.

https://www.instagram.com/p/CZ-L9zWJeXm/

-¿Por qué dice ‘a pesar de todo lo que ella es’?

-Porque ella ha encontrado muchos prejuicios en su vida porque es morena, y ella ha transformado todas esas relaciones con personas que fueron prejuiciosas, incluso insultantes hacia ella, y ella les da vuelta. Entonces, yo creo que ese don para convertir lo penoso y horrible que te sucede en como fuente de cambio, de adaptación, de creación, de otra forma de relación, es un arte que yo la he visto hacer siempre. Y mi madre es, además de todo lo que hemos dicho, una mujer de una hermosura excepcional, y aún ahora, a sus 97 años, es preciosa.

-Cuando usted se enteró de este reconocimiento estaba con su madre. ¿Ella sabe que la producción que está en Venecia también es un homenaje a ella?

Yo creo que lo intuye, pero no le he dado detalles. Yo le dije que hay una sorpresa, pero ella todavía no sabe, porque tampoco la puedo divulgar (por reglas de la Bienal) y yo lo prefiero así porque ella va a ir conmigo a Venecia. Entonces, yo quiero que ella allá en el sitio vea y experimente todo. Quiero que ella viva ese gozo del descubrimiento que ella sí tiene significado y valor más allá de lo que ella se hubiera imaginado.

-Es muy emocionante lo que menciona usted. Además, entiendo que su linaje paterno es del norte de Italia. ¿Qué piensa acerca de ese cruce, de reconocer a una madre indígena en un país excesivamente occidental y donde, a la vez, tiene usted vínculos por parte de padre?

Yo me hice el ADN de mi familia de la línea paterna y la línea materna. Todos los seres, todos los que estamos vivos en este momento, todos nos originamos en África. Todos somos africanos, eso de partida. Pero hay diferentes familias genéticas, esto no es una historia familiar, sino que es una historia de los genes. Entonces los linajes agarraron camino fuera de África en diferentes direcciones. La dirección que siguió el linaje de mi padre los llevó a Irlanda, y de ahí a otras partes de Europa, como Italia, la región Vascongada y finalmente a Chile. De ahí viene mi papá.

https://www.instagram.com/p/CZhGbYirPPs/

-¿Y el linaje de su madre?

-La línea de mi madre hizo otros recorridos: sale de África, va a Asia Central, a la región de Baikal donde se encuentran Tíbet y Mongolia, y de ahí pasa a América. Y ese linaje termina en el norte de Chile, y de ahí vienen mis abuelas. (Con lágrimas en los ojos) Y no sé porque me emociona tan profundamente ese recorrido, los dos recorridos… Pero yo he hecho peregrinajes, a hacer ritos y mis plegarias y mis agradecimientos a ambos linajes. Amo la cultura ancestral de Irlanda, con la misma pasión y quizás con menos dedicación, pero también hice rituales allá. Y ni qué decir acá de Chile, ¿no? Entonces, por alguna razón que es inexplicable, como que la cercanía de la hija con la madre siempre es algo distinto… Y eso no es por falta de amor a la línea paterna, ni admiración, ni ninguna de esas cosas, sino que pasa por otra sensibilidad o vibración, quizás, para la cual todavía no tenemos ni siquiera nombre, pero es indudablemente un lenguaje de sensibilidad, una forma de sentir, de hacer, de caminar, de reírse, de jugar.

Quiero que ella viva ese gozo del descubrimiento que ella sí tiene significado y valor más allá de lo que ella se hubiera imaginado.

-¿Cree que ese vínculo se da porque como mujer una sabe en la piel lo que la mujer anterior a nosotras vivió, y probablemente haya sido más difícil que a lo que nosotras nos enfrentamos?

Sí, sin dudas eso es parte de esto. Pero es que tiene muchas dimensiones esa relación madre-hija, ¿verdad? Y también está la relación de rechazo, y de vergüenza, y de odio porque la relación madre e hija nunca ha sido fácil, especialmente en una cultura tan prejuiciosa y llena de violencia como la nuestra. Entonces, en términos intelectuales, cuando yo era niña y joven era mucho más fácil identificarse con el linaje intelectual de mi familia paterna, pero a medida que yo fui creciendo, empecé a darme cuenta de que lo que a mí me constituía en lo profundo, mucho más allá de la línea intelectual -porque vengo de una familia de escritores, de filósofos en la línea paterna- había otra cosa. Y esa cosa, que no encuentro muy definible, era nuestra relación con mi madre, que es tan visceral, tan poderosa, que ha guiado, de hecho, mi arte. Entonces es como que la cultura occidental ha creado una dicotomía entre el pensar y el hacer que es completamente falsa, porque el hacer es la fuerza y pensar es como la reflexión del hacer. Las dos cosas están siempre interconectadas, pero un artista si se orienta más al pensar que al hacer, el arte se jode. En cambio, si es el hacer el que guía, entonces pasan cosas inesperadas. Entonces, el arte mismo te va diciendo lo que quiere.

-Es como la dicotomía que existe entre la cultura occidental entre “el” Dios padre y para las culturas indígenas “la” madre tierra.

Exactamente. Ahí ya en esa sola definición está todo.

Cortesía de Cecilia Vicuña

Lo precario

¿Cómo es para usted ver también su obra expuesta y reconocida en Europa, un lugar que estudia la precarización, pero no la vive como los latinoamericanos?

Yo creé el concepto del arte precario, no como una falta o una cosa limitante, negativa, sino todo lo contrario: como una fuerza de la verdad, porque todo muere, todo desaparece, todo se disuelve, todo se regenera y se transforma. Entonces, en esa misma solución hay una belleza infinita. Eso fue lo que yo vi. Curiosamente ese concepto mío de lo precario nunca fue acogido ni por Latinoamérica ni por el Norte, no fue acogido por nadie. Siguió siendo una obra de soledad y silencio. Entonces, cuando en Europa y en Estados Unidos comienza la teorización de lo precario, se usó al revés, se usó para decir ‘lo precario es la precarización de los trabajadores, el abuso, el empobrecimiento, el desempoderamiento’. Todo eso es lo que precariza. Entonces, qué hermoso que se contrastan los dos y que precisamente podamos ver lo precario como una fuerza para transformar el pensamiento, la filosofía…

-Que se valore lo que no es material…

-¡Claro! Sino que es el proceso mismo de creación de lo material y de lo inmaterial que está siempre integrado. Entonces en este reconocimiento en Venecia no está solamente el homenaje a mi mamá, hay muchas otras cosas: ver el homenaje a mi madre es parte de un todo que se presenta. Yo creo que el hecho de que me premien, en realidad es premiar lo precario, un proceder, un modo de ser y de vivir y de cerrar, todo junto y si tú ves el lenguaje que ellos usaron habla de “premio a la trayectoria”. Esto no es solamente por el arte, sino por lo que te acabo de decir, por el todo. Eso ya es otro concepto, eso tiene más que ver con la idea indígena del buen vivir, de vivir el arte, de que el arte y la vida están conectados en una forma que refleja otras realidades.

-Sería la validación también de todo un pueblo o modo de ver el mundo que históricamente ha sido desconocido…

Sí, porque hay acá una trayectoria de 52 años. Eso es un reconocimiento con todo lo que 52 años implican, con todos los errores, todo lo que salió mal, todo lo que fue un fracaso, todo lo que no resultó… Es decir, no es solamente lo que se logró, sino que es también lo que se perdió, lo que nunca llegó a puerto, por el olvido, por la negación, por el exilio, por tantas razones… Y tantísima de mi obra fue destruida, fue perdida, porque nadie la valoró nunca, pero no era que no se valorara una persona, era que no se valoraba un mundo, no se valoraba un sinfín de relaciones y tejidos sociales que hacían posible que una niña como yo hiciera el arte que yo hice a los 15, 16 años.

-Con respecto a eso, y en relación a la destrucción de su trabajo en dictadura: una cosa es reconocer que todo es efímero, pero otra muy distinta es que destruyan su efímero antes de que pueda llegar a existir de alguna manera.

Exacto, porque valorar lo efímero es un acto de empoderamiento de la visión, de la percepción. Una cultura se conforma ¿de qué? Se conforma de un sinfín de relaciones. Entonces, si hay relaciones que no son admitidas, consideradas, entonces, efectivamente eso es una forma de desapariciones como la desaparición de los cuerpos. ¿Por qué la desaparición de los cuerpos es diferente de la muerte? Porque faltó algo demasiado importante: el cuerpo mismo. Cuando se desaparece o no se considera una visión, desaparece la visión. Fíjate como la visión es tan importante como el cuerpo. Entonces valorar una visión implica una forma de sentir lo inmaterial, lo intangible, que nuestra cultura suprime. Y, sin embargo, lo tangible depende de lo intangible, como lo demuestra la física cuántica o también la biología cuántica. Es decir: el proceso de la vida depende de estados cuánticos que no son medibles. Por eso, cuando se habla de transformación se habla principalmente, me parece a mí, de transformar el ver.

Cortesía de Cecilia Vicuña

Transformaciones

-Hemos hablado mucho de transformaciones desde que comenzamos esta conversación. ¿Siente que se vienen transformaciones importantes en Chile, ahora que se encuentra acá?

-Bueno, tu propia presencia, una niña joven que quiere hablar conmigo, es parte de eso. Porque yo creo que esa transformación ahora la llevan con más fuerza inusitada y diferente a todo lo que se vivió en los últimos 5.000 años, las niñas. Y las niñas de todos los colores, de todos los géneros, de todas las dimensiones, cualidades….

Valorar lo efímero es un acto de empoderamiento de la visión, de la percepción.

-De todas las intersecciones que hay.

-Exacto. ¿Eso cuándo se ha visto en la historia de la humanidad? Es un proceso nuevo lo que se está viviendo. Y en el caso de Chile, ha habido dos momentos históricos que hacen que seamos distinto de cualquier otro lugar del planeta. El primero fue el momento de Allende, el momento de la Unidad Popular. Es decir: aquí nunca se ha valorado lo que fue un pueblo que escogió una revolución pacífica y manteniendo la ley, mientras que en países de Europa la admiración que existía en toda la intelectualidad europea por el proceso que se estaba viviendo en Chile, la Revolución Democrática participativa que hubo acá, era infinita. Yo veo que esa admiración y ese rol ahora ha regresado, porque la forma en que se llevó a cabo el estallido y que un grupo de jóvenes, estudiantes, hayan tenido la capacidad de generar este gran despertar que ahora es un gobierno… ¿En qué otro lugar del mundo ha pasado algo así? Es algo completamente distinto, completamente nuevo y si me preguntas si me da esperanza, me da algo todavía más potente que la esperanza, que es como el sentido de que éste es el momento de que todos nos hagamos responsables de participar en la belleza que eso implica. Porque esa es una belleza amenazada.

-¿Amenazada por qué o quiénes?

-Por la estupidez, por la violencia, por el prejuicio, por los intereses creados, por el egoísmo, por el miedo. Es decir, hay tantas amenazas a esta belleza, que es una belleza precaria. Porque a pesar de que implica a millones de personas, no somos el total, en este momento somos mayoría, pero ¿por cuánto tiempo más vamos a ser mayoría si continua la destrucción de las sociedades, la destrucción del medio ambiente, cuando empiece a faltar el agua que va a ser muy pronto? ¿Qué va a pasar? ¿Te fijas? ¿Cuánta más violencia va a surgir si no logramos equilibrar un poco el campo y que haya justicia social más o menos rápido?

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Pensando en eso: usted forma parte de una generación de artistas, poetas e intelectuales que poco menos que querían cambiar el mundo. ¿Cómo es llegar, después de más de 50 años de trabajo, a este momento en que hablamos de transformación y belleza?

-Oh, imagínate lo maravilloso que es… Yo en estos últimos años lloro a menudo, pero lloro de felicidad y de gratitud, porque en realidad nunca creí que yo iba a vivir esto. Yo pensé que a lo mejor Chile iba a seguir sepultado por esa especie de indiferencia, desidia, como conformarse en que Chile era una gigantesca mentira. Yo creí que eso iba a durar mucho tiempo. Entonces, cuando eso cambió en octubre del año 2019, no hay casi palabras para describir o para nombrar la emoción que las personas de mi generación sentimos en ese momento. Era más que gozo, más que felicidad. Era como una plenitud. Bueno, ahora uno se puede morir feliz porque hay una posibilidad de continuidad de esa potencia creadora que existe en esta Tierra.

-¿Y cómo impacta eso en su arte, que siempre ha sido político?

-Eso no se puede saber de antemano… Pero sí veo las noticias de las últimas semanas y hubo el anuncio de la alerta roja para la humanidad, la conclusión de los científicos del mundo que dicen que realmente el planeta se está haciendo inhabitable para los seres humanos de forma acelerada, y frente a eso tú no ves una respuesta ni política ni social. Cuando sabemos que esa posibilidad de extinción, que se va a acabar el agua acá en Chile, por ejemplo, que se está acabando ya, que hay que empezar el razonamiento del agua y aun así no ves una acción… ¿Cómo impacta eso mi arte? Lo moviliza, llama a nuevas formas, a nuevos lenguajes, a nuevas creaciones para poder dialogar con esa muerte, con esa violencia que es otro tipo de violencia, es una violencia de la especie contra sí misma. Es un suicidio. Pero, aun así, la respuesta de las niñas frente a ese suicidio es la respuesta más hermosa que existe, porque las niñas no lo quieren aceptar. Eso es muy muy maravilloso. La respuesta de qué le hace eso al arte… Ya veremos.

-Pensando en las niñas: ¿A quiénes admira particularmente? ¿A quiénes, si pudiera, haría un homenaje?

En Latinoamérica, una de las cosas más dramáticas que está pasando es la destrucción de las selvas, de los bosques, de los ríos, de los desiertos y las principales defensoras de eso son las niñas y mujeres indígenas, que también son las que están siendo asesinadas. Yo he hecho muchas obras dedicadas a ellas y seguiré haciendo, porque su pasión, su deseo, su entrega a esta lucha por defender los territorios, defender el agua, defender los ríos, es como el acto más hermoso que existe en este momento. Y junto a esas niñas están las niñas como Greta Thunberg o como Malala. Yo creo que el mundo está lleno de Malalas y lleno de Gretas, y lleno de estas que aún no las hemos oído, pero que las oiremos cada vez más.

-¿Esas niñas le hacen recordar cómo era usted de niña?

(Sonríe) Yo era una niña que vivía en el campo, en La Florida. Vivía ahí hasta los nueve años y me acuerdo de que iba a una escuelita rural y había que caminar por un caminito de tierra para llegar a la escuela, que era a una distancia que me parecía larguísima cuando yo era chica y además me mandaban sola. Entonces, yo ¿sabes lo que hacía? Me sacaba los zapatos y los llevaba en la mano y me iba a pata pelada porque en ese caminito de tierra se producía como una especie de polvillo, como una harina, suavísima. Entonces, yo caminaba sobre ese polvo de tierra y era como caminar sobre nubes. Yo tenía una sensibilidad tan intensa en la planta de los pies, que esa planta de los pies era como que me hablaba de otra cosa, entonces yo ya no iba por un camino de tierra a la escuela, sino que yo iba tocando, yo iba sintiendo. Es el mismo acto, pero transformado. Eso hacen las niñas.

-¿Y ha regresado a La Florida desde entonces?

Sí, por supuesto, he regresado muchas veces porque una parte de mi familia aún vive allá y es muy penoso que nuestra cultura no haya sabido cuidar la belleza que sobreabundaba cuando yo era niña. En ese lugar cuando yo era niña había huertos, había lagunas, había bosques, había potreros y había espacio y había aire y había acequias llenas de sapitos de cuatro ojos que cantaban. Nosotros hemos ido destruyendo todos los hábitats, todos los medios ambientes. ¿Cuándo va a llegar el momento que la humanidad va a decir ‘no más destrucción, vamos a partir de ahora a hacer reparación, vamos a hacer curación, ahora vamos a restaurar la complejidad, la belleza, el derecho de los árboles y el derecho de las ultimas plantas, bichos e insectos, de vivir’?

-Eso me recuerda la frase “la belleza salvará el mundo”. ¿Cree usted en ello?

-Bueno, decide tú. Porque si nosotros pensamos que la belleza y el mundo son una cosa, hay muchas más posibilidades. Porque la belleza es inherente a todo, incluso la muerte. Entonces, pensar que la belleza y el mundo están separados es un pensamiento occidental.

-Entendiendo que mucho de lo que existía cuando usted era niña ya no existe, ¿dónde ve usted la belleza hoy?

-En todos lados. La veo en ti, la veo porque todavía nos queda oxígeno, el oxígeno está desapareciendo, pero todavía nos queda, el agua está desapareciendo, pero todavía podemos tomar agua, el mar está completamente contaminado y se está muriendo, pero todavía tiene vida. Entonces, ese todavía es por donde hay que ir, donde quiera que haya un todavía, un todavía implica la posibilidad de trabajo, la posibilidad de hacer -otra vez vamos a decir la palabra- transformación. Porque esa es la labor de este momento, que cada uno en su lugar de vida y de trabajo, vea la posibilidad de hacer las cosas de una manera no abusiva, no explotadora, no extractiva, no dañadora, no dañante, no dañina.

-En esa línea, ¿qué rol cumple la poesía y el arte a los que se ha dedicado todos estos años?

-Ningún rol y el rol más importante a la misma vez, porque el mundo desprecia por completo lo que el arte y la poesía pueda decir, y, sin embargo, los poetas y los artistas sabemos que, al vivir el arte y la poesía, encontramos una forma de vida ilimitada, no construida, no predefinida. Entonces, el arte y la poesía es lo más humano de todo, porque nosotros evolucionamos no para ser prisioneros de ciertos esquemas. El arte y la poesía te muestran que hay otra forma de vivir, otra forma de ser, otra forma de sentir y si este mundo cambia alguna vez va a ser por el sentir, por el deseo de ser libres y dichosos, de ser plenos, de gozar, de reírse, de comer, ahora que la comida le está faltando a tantos billones de personas.

La belleza es inherente a todo, incluso la muerte. Entonces, pensar que la belleza y el mundo están separados es un pensamiento occidental.

-Me imagino que usted se refiere a la poesía como lo que planteó hace años en una entrevista: que un poema ‘es poesía cuando no está hecho de palabras, sino de fuerza’.

Exacto. De fuerzas, porque eso es lo que hace que la poesía exista, no es humana, existe en la vida, por eso la palabra poesía perdura, porque significa el hacer de la nada. Entonces hay un Palabrarma que hice yo, en mi juventud, que dice: “La nada da”. Entonces, eso que no es nada, es el todo. Es el todo potencial, es lo que puede ser y la poesía siempre es lo que está a punto de suceder, es lo que está a punto de aparecer, lo que está a punto de hacer sentido…

-Como la vida misma, como nacer también puede suceder en algún momento o puede que no…

-Exactamente. Por eso la poesía es algo irrenunciable. Mientras haya algún ser humano siempre va a haber un canto, siempre va a haber un lloro, siempre va a haber eso que nos hace ser humanos.

-Y ahí es cuando regresamos al inicio de la conversación: siempre va a haber una madre, un inicio, y una hija, una continuación.

-Sí, y ese proceso es infinito. Yo escribo mucho sobre eso porque yo no tengo hijos y lo hice a propósito, no quería, no podía, no podía y no quería, las dos cosas, pero eso no quiere decir que yo no admire el infinito poder que hace que la vida sea posible.

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-Se trata de una decisión que hasta hoy es muy juzgada en nuestra sociedad…

Sin dudas. Y es que la infancia, los niños son algo sagrado y creo que la inmensa mayoría de las madres y de los padres sienten exactamente ese maravillamiento infinito frente al ser que nace. Entonces, eso es lo más sagrado que existe: cuidar, cuidar al ser que nace y Humberto Maturana dijo algo muy hermoso al respecto, dijo que “los niños nacen amorosos”. El bebé necesita amor, como un ser humano necesita el aire para respirar y necesita amor para respirar. Entonces, esa es la guía, el mismo Marx dijo que los niños venían a enseñarle a los padres. Los niños no deben ser guiados como pretende la educación occidental…

El arte y la poesía te muestran que hay otra forma de vivir, otra forma de ser, otra forma de sentir y si este mundo cambia alguna vez va a ser por el sentir, por el deseo de ser libres y dichosos, de ser plenos, de gozar, de reírse, de comer, ahora que la comida le está faltando a tantos billones de personas.

-Se trata de algo potente, porque hoy, pese a que las tareas de cuidado no son tan valoradas, se dice que las sociedades como las entendemos nacieron gracias al cuidado en torno a un niño. Gracias al cuidado de una madre.

Claro, indudablemente. Hay muchos antropólogos que han teorizado que las bandas de monos se transforman en semi monos y en semi humanos a través de la solidaridad de las madres para proteger a las crías de la violencia, de la violencia de los machos que en su competencia y en su deseo de controlar pueden herir a las crías. Entonces, las mujeres se empiezan a asociar, se empiezan a defender unas a otras, las mujeres, las hembras, proto hembras. Esa es una teorización muy maravillosa: el origen de la solidaridad es el origen de la sociedad humana, lo que hace que el humano ya no sea más mono.

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