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22 de marzo de 2022

Epidemiólogo Gabriel Cavada y el uso actual del Pase de Movilidad: «Debería hacerse un esfuerzo de exigirlo para muchísimas más actividades»

Crédito: Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile

Este sábado 19 de marzo, cientos de personas se congregaron frente a La Moneda para exigir el fin del pase de movilidad, acusando una supuesta discriminación hacia aquellos que deciden no vacunarse. En Chile, cerca de 1,7 millones de habitantes no se han vacunado. Con los contagios de Ómicron a la baja, ¿Hace sentido que se exija hoy un Pase de Movilidad? Gabriel Cavada, epidemiólogo de la Universidad de Chile, opina que sí, de paso calificando la medida como una estrategia exitosa para incentivar la inmunización.

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Fue al frente del palacio de La Moneda donde cientos de personas se reunieron este sábado 19 de marzo bajo la consigna #ChaoPase, que al son de cánticos de “¡Libertad, libertad!”, se manifestaron en contra del Pase de Movilidad que hoy se exige para ingresar a distintos espacios a lo largo del país.

Más allá de esta demostración puntual, lo cierto es que el Pase de Movilidad, que en Chile entró en vigor el 26 de mayo de 2021, es una medida que ha causado revuelo sobre todo entre aquellos que deciden no vacunarse, grupo todavía numeroso en el territorio nacional.

Hasta este lunes 21 de marzo, los datos del MINSAL mostraban que, de una población objetivo de más de 18,9 millones de personas, un 91,06% ha sido vacunada con al menos una dosis. Esto quiere decir que casi 1,7 millones de personas que forman parte de la población objetivo todavía no son inoculadas y, por ende, se encuentran más propensos a sufrir un cuadro grave de Covid-19 y contagiar a sus pares, según diversos estudios científicos.

El Pase de Movilidad se ideó justamente como una política para incentivar el vacunarse, otorgando facilidades a aquellos que tuviesen su esquema completo, como una mayor libertad para trasladarse de un lugar a otro en períodos de cuarentena, o permitir el acceso al interior de centros de eventos y restaurantes sólo a quienes tuviesen su Pase al día.

Sobre este tema, la exdiputada PS Jenny Álvarez dijo a mediados de febrero -cuando aún tenía un escaño en el Congreso– que “no podemos estar creando ciudadanos de primera o segunda categoría”, en referencia a una supuesta discriminación que sufrirían los no vacunados. “Es una forma de coerción a la población para recibir un tratamiento contra sus derechos”, agregó, en unas declaraciones de las que el PS prefirió desmarcarse.

En el Viejo Continente, el mantener o no los mecanismos equivalentes a un Pase de Movilidad es una discusión en curso. En Francia, por ejemplo, se eliminó el 14 de marzo la obligación de contar con un “pasaporte de vacunación” para ingresar a lugares cerrados en cafeterías, restaurantes, cines y estadios, aunque se mantuvo el requisito para visitar residencias de ancianos. En tanto, en Italia dejará de exigirse el “pase verde” desde el 1 de mayo, en el caso de espacios interiores. Por su parte, países nórdicos como Suecia y Dinamarca ya habían eliminado todas las restricciones santarias a principios de febrero.

A estas alturas de la pandemia, y con este telón de fondo, surge una pregunta clave: ¿Hace sentido seguir exigiendo en Chile el Pase de Movilidad? The Clinic se contactó con Gabriel Cavada, epidemiólogo y bioestadístico, además de académico de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile, quien respondió a estas y otras interrogantes.

-¿Cuál es la idea original detrás de la existencia de un Pase de Movilidad?

-El Pase de Movilidad se genera por una cuestión bastante obvia, que se empezó a instalar por febrero o marzo del año 2021. Tenía que ver con el qué ganaba uno por vacunarse, como ciudadano, a parte de la protección que me daba la vacuna. Acordémonos que, en ese momento, para salir había que pedir permisos en la Comisaría Virtual… Teníamos la movilidad restringida. Entonces, en esa pregunta de la “compensación”, por esa responsabilidad ciudadana de haberse vacunado -porque es una responsabilidad ciudadana, colectiva y social, el vacunarse-, (…) se pensó en el Pase de Movilidad.

-Entonces, ¿Esto era un mecanismo para incentivar la vacunación?

-Claro (…). De alguna forma, había que hacer una especie “premio social” -si le queremos decir así- para aquellas personas que responsablemente tienen su plan de vacunación al día.

-Y ahora, a marzo de 2022, ¿Podemos decir que fue un plan exitoso?

-En términos de cifras, fue una idea bastante exitosa, porque cuando se inicia el plan para vacunar, por ahí por febrero del 2021, con los adultos mayores, más o menos teníamos una incidencia de dosis puestas del orden de las 100.000 por día. Cuando se implanta el Pase de Movilidad, esta incidencia casi se triplica o cuadriplica.

-¿Qué implicancias tuvo este aumento en la cantidad de inoculaciones?

-Esto empezó a verse cuando anunciaron el Pase de Movilidad. En esa época se hablaba de que la población objetivo iban a ser sólo los mayores de 15 años, y cuando se tenía ese horizonte -de unas 15 millones de personas-, uno creía que, a la velocidad a la que se estaba vacunando la gente, estos 15 millones se podían alcanzar a finales de mayo, o principios de junio del 2021.

No obstante, Cavada resalte una especie de traspié que se dio cuando todo parecía ir viento en popa. Según recuerda el académico, en junio, ante un fuerte rebrote por la variante Delta, el Colegio Médico sugirió a la autoridad sanitaria volver a los confinamientos, y restringir las libertades del Pase de Movilidad, específicamente para evitar contagios.

“Ese hecho frenó la campaña o el interés por ir a vacunarse”, dice Cavada, quien apunta a cómo la cantidad de dosis aplicadas por día se redujo de manera considerable. “El objetivo de vacunar a (todos) los mayores de 15 años, que antes lo proyectaban para mayo o principios de junio, se corrió a finales de octubre o noviembre del 2021”, explica. “Fue contraproducente, porque la autoridad sanitaria en Chile ya había tomado la decisión de que el eje de control pandémico era la vacuna. Por lo tanto, se pudo haber perseverado en darle más atribuciones al Pase de Movilidad, a pesar del brote de invierno, pero haber seguido vacunando a una velocidad sideral”, concluye el epidemiólogo.

-Pero, a fin de cuentas, ¿es positivo el balance del Pase de Movilidad?

-Por supuesto, porque después esto (las libertades del Pase) se retomaron, a finales de julio (…). Y ocurrió que, cuando tú comparabas a finales de agosto de 2021 hasta principios de diciembre -cuando empezó a aparecer Ómicron-, observamos una reducción de la mortalidad de cerca de un 75%. La ocupación de camas complejas se redujo más o menos en el mismo orden. Y los contagios se redujeron entre un 60% y un 70%, lo que estaba completamente de acuerdo con las medidas de eficacia poblacional que tenían las vacunas (…). Ahí comenzaste a comprobar la eficacia de la vacunación, y por lo tanto (se justificaba) mantener los «beneficios«, por decirlo así, de los Pases de Movilidad.

Para el ciclo de Ómicron, la historia es distinta. Aunque fuese una variante menos letal, era sumamente contagiosa. Y el volumen de nuevas infecciones hizo que la cantidad de fallecidos también subiera. Sin embargo, afirma Cavada, si uno comparaba las cifras de Chile con las de países vecinos con niveles menores de vacunación, las tasas de mortalidad en el extranjero eran más altas. “Ahí te dabas cuenta de que la vacunación, y por lo tanto, el Pase de Movilidad, eran completamente exitosos”, resume.

-Ahora, en marzo de 2022, ¿Hace sentido seguir con una política pública como el Pase de Movilidad?

-Si nosotros queremos tener una inercia de control, basada en la vacunación, por supuesto que tienes que mantener el Pase de Movilidad. Tienes que incentivar que la gente siga con sus vacunas al día, y en términos personales, soy uno de los que cree que la vacuna debería tener un nivel de obligatoriedad. No se puede decretar la obligatoriedad porque, la verdad, las autorizaciones (de las agencias de control de medicamentos) que tienen las vacunas (contra el Covid) son aún de emergencia. Pero creo que debería hacerse un esfuerzo, a nivel administrativo, de si bien no hacerla obligatoria, sí exigir el Pase de Movilidad para muchísimas más actividades, y no como ahora que está relegado para una cuestión lúdica, como ir al cine, a los restaurantes, los teatros, etc.

Gabriel cavada va más allá, y dice que el Pase debiese exigirse en cualquier actividad que implique aglomeraciones, incluidas las clases presenciales, un tema que ha supuesto un tenso debate entre los diversos actores de la comunidad escolar.

“A estas alturas ya se sabe que las vacunas son seguras, que no dañan. Toda esta historia de que te van a producir efectos nerviosos, y que te van a rastrear vía satélite… Perdona, pero son pamplinas, son estupideces. Así de simple. Se sabe que, efectivamente, la tasa de producción de trombos (tras colocarse la vacuna contra el Covid-19) es cercana a cero, prácticamente nula; no se ha sabido en Chile de grandes efectos adversos que a uno lo pusieran en alerta con una u otra vacuna. No se corre ningún riesgo anexo al vacunarse”, concluye el experto.

«El derecho colectivo está sobre el derecho individual«

-Hace un mes, la exdiputada Jenny Álvarez dijo “no podemos estar creando ciudadanos de primera o segunda categoría”, en referencia a la supuesta discriminación que sufren quienes no tienen pase de movilidad a la hora de acceder a distintos espacios. ¿Qué opina sobre esa crítica?

– Cuando ella dio esta opinión, hubo que corregirle conceptos. En aquella oportunidad, habló de que había otros “tratamientos preventivos”, y que ella consideraba que la vacuna era un “tratamiento preventivo”. Lo primero que hay que decir ahí es que no hay algo así como “tratamientos preventivos”. Usted primero se enferma, y a usted lo tratan. La vacuna efectivamente tiene un fin preventivo, como lo tienen todas las vacunas. Previenen enfermedades, cuadros de enfermedades graves, y previenen muertes. Frente a esa opinión, también habría que decir, y recordarle a la exdiputada, que el derecho colectivo está sobre el derecho individual. Cuando se toma una medida que va a causar un bien colectivo, esa medida de alguna forma disminuye el derecho individual.

-En este caso, ¿Usted cree que debiese primar el derecho a la Salud Pública?

-Por supuesto que sí. Incluso, si yo quiero mandar a mi hijo al colegio, y sé que las vacunas funcionan, debería exigir que la comunidad escolar estuviera completamente vacunada. Y ojo, que esto que aparentemente parece tan brutal, tan atropellador del derecho a escoger si vacunarse o no… Resulta que las vacunas que están metidas en el Plan Nacional de Vacunación, como la de la viruela, el sarampión, la BCG, que protege contra la tuberculosis, etc., son obligatorias. A ti no te preguntan, como padre incluso, si quieres vacunar a tus hijos. De hecho, si te niegas a vacunar a tus hijos con las vacunas que están dentro del Plan Nacional de Vacunación, cometes un delito. Lo que ocurre es que con las vacunas Covid-19 se levantó mucho mito (…).

A esto se le suma, analiza Cavada, un ambiente donde las autoridades políticas y técnicas, a nivel mundial, estaban deslegitimadas. «Nadie le cree a nadie», resume. “Por eso aparecieron estos grupos antivacunas, con estos argumentos nefastos. Y contra eso hubo que luchar y se luchó mal”, remata.

-¿Por qué se “luchó mal”?

-Porque la autoridad sanitaria debiese haber hecho campañas de educación de cultura sanitaria tremendamente fuertes, para que se explicara, por los medios de comunicación masivos, qué es lo que era una vacuna. Y esto por una razón muy simple. Si tú perteneces a la generación sub-50, de menores de 50 años, no sabes lo que es vivir en una sociedad sin vacunas. Porque si les preguntas (a las personas de esa generación) si han visto un niño con secuelas de sarampión, o de poliomielitis… Había que luchar contra esa barrera cultural (…). Sobre eso, debiese haber habido una campaña de enseñanza muy fuerte, y probablemente de manera muy cruda.

Cavada ejemplifica con lo chocante que sería ver una imagen de un niño con secuelas de poliomielitis o sarampión, comparándolo con otro sano, gracias a que fue vacunado. De acuerdo con su criterio, quizás algo así podría haber generado un impacto importante.

-Mirando hacia afuera, vemos que, en Francia, desde el 14 de marzo ya no es necesario el «pasaporte de vacunación» para ingresar a espacios interiores como cafeterías, restaurantes, cines, estadios, etc. En Italia, se eliminará completamente el requisito del «pase verde» a partir del 1 de mayo. ¿Qué nos falta en Chile para llegar a un escenario así?

-Creo que vamos a llegar a algo así, pero, ojo, primero pongamos la pelota al piso. Tenemos una gran ventaja sobre Europa, y es que ellos viven antes las fases del Covid-19, porque acordémonos que este virus tiene un gran componente estacional. Las olas más graves vienen en invierno. Pero para ellos, mayo es primavera. Entonces, muy probablemente, si ellos a pesar de tener menos vacunación (que Chile) y con todas estas medidas (de quitar restricciones); si observas que las olas de invierno de ellos fueron bastante más débiles que las que tuvieron en 2021 y 2020, probablemente sea una medida que uno podría evaluar replicarla en Chile. La pregunta es cuándo. Si ellos lo van a hacer a partir del 1 de mayo, nosotros probablemente debiésemos hacerlo a partir del 1 de octubre, o del 1 de noviembre. Porque nosotros todavía nos tenemos que bancar todo este invierno.

-Porque con el invierno, vienen además otras enfermedades respiratorias, como la Influenza.

-Claro. En ese sentido, no estoy en contra de ir replicando estas medidas europeas, pero de acuerdo con nuestro calendario astronómico, digamos.

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