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Opinión

24 de marzo de 2022

Columna de Rodrigo Mayorga: A río revuelto…

La imagen muestra a Rodrigo Mayorga frente a Boric esta semana Agencia Uno

Es entendible que el nuevo gobierno quiera dar ciertos golpes de efecto certeros que reflejen su capacidad y acallen a sus críticos, pero ello no significa poner la carreta delante de los bueyes producto de un apuro innecesario y terminar abriendo nuevos flancos, como ocurrió, de forma casi literal, con la visita de la ministra Siches a Temucuicui. Gobernar desde La Moneda con éxito, requiere familiarizarse con ella primero.

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Soy de quienes no tiende a prestarle mucha atención a las quejas nostálgicas, pero a veces tienen razón: cuando dicen que antes la bencina estaba a 500 pesos, que una urbanización horrible era “todo campo” o que hoy estamos corriendo constantemente, sin tiempo para detenernos siquiera a saludar. Por eso, la primera semana de nuestras nuevas autoridades de gobierno y parlamentarias nos dejó agotados. Es entendible: en otros tiempos, el principal tema de una primera semana como ésta era descifrar qué nos habría querido decir la Tierra con esa réplica de terremoto durante el cambio de mando. Hoy, en cambio, no habían alcanzado a enfriarse los memes de Boric y Piñera cuando ya nuestra atención era demandada en múltiples frentes. Porque no fue una sola persona o coalición: la gran mayoría cayó en un cuadro de ansiedad política que, si no se trata prontamente, puede traerles problemas a ellos y a todos nosotros.

A pesar de recibir un peluche de Squirtle, el presidente Boric no siguió su sabio consejo: “Vamoh a calmarnoh”. Todo lo contrario, el gobierno partió a 120 kilómetros por hora, enviando a sus ministros a terreno en La Araucanía, rompiendo, rearmando y rompiendo de nuevo relaciones con la Iglesia Católica, y hasta metiéndose en disputas diplomáticas sobre el rey de España y si había llegado tarde al cambio de mando porque había olvidado cambiar su reloj al uso horario chileno o no.

A pesar de recibir un peluche de Squirtle, el presidente Boric no siguió su sabio consejo: “Vamoh a calmarnoh”. Todo lo contrario, el gobierno partió a 120 kilómetros por hora, enviando a sus ministros a terreno en La Araucanía, rompiendo, rearmando y rompiendo de nuevo relaciones con la Iglesia Católica, y hasta metiéndose en disputas diplomáticas sobre el rey de España.

Es entendible que el nuevo gobierno quiera dar ciertos golpes de efecto certeros que reflejen su capacidad y acallen a sus críticos, pero ello no significa poner la carreta delante de los bueyes producto de un apuro innecesario y terminar abriendo nuevos flancos, como ocurrió, de forma casi literal, con la visita de la ministra Siches a Temucuicui. Gobernar desde La Moneda con éxito, requiere familiarizarse con ella primero. No conocer todos sus rincones y pasadizos secretos, pero sí al menos donde están los baños. El “vamos lento porque vamos lejos” del discurso inaugural del presidente no puede convertirse en un “vamos rápido y ahí cachamos adonde llegamos”.

En la vereda de al frente, Chile Vamos 2.0 (ex Chile Podemos Más, ex Chile Vamos 1.0, ex Alianza por Chile) parece haber entendido mal esto de volver a ser “Oposición”, porque empezaron a oponerse entre ellos mismos. Y es que mientras el gobierno anda más acelerado que micrero de Valparaíso, los partidos de Chile Vamos parecen enfrascados en un duelo a muerte con cuchillos. ¿La razón? La presidencia del Senado, que Renovación Nacional quería entregar a Manuel José Ossandón, pero que finalmente recayó sobre el socialista Álvaro Elizalde gracias a los votos de Evópoli y la UDI. Aunque estos alegaron que fue un voto estratégico (Elizalde, de acuerdo a los senadores/as UDI y Evópoli, está mejor posicionado para defender al Senado ante la Convención), nada de eso importó para sus compañeros de coalición.

El “vamos lento porque vamos lejos” del discurso inaugural del presidente no puede convertirse en un “vamos rápido y ahí cachamos adonde llegamos”.

Si los flancos abiertos por el gobierno de Boric en su primera semana no le han significado más ataques directos, es porque Chile Vamos ha estado más ocupado en sus propios conflictos que de su rol opositor. Para peor, Felipe Kast ha querido llenar este vacío él solo, lo que hace imposible entrar a Twitter sin encontrarse con cuatro o cinco comentarios suyos, cuál más innecesario que el otro (eso, o le dijeron que por cada tweet que publicara serían donados mil pesos a alguna organización de opositores cubanos).

El desorden de Chile Vamos pudo permitir a otras fuerzas apoderarse del espacio de la oposición en la semana. Y sí, estoy hablando de los Republicanos. Pero también aquí, el atarantamiento político fue la tónica de la semana, porque la bancada republicana entró al Congreso como suelen actuar muchos de sus miembros: cual Bart Simpson golpeando una sartén y gritando “Mírenme, mírenme”.

Ya antes de ser oficialmente diputados, habían anunciado una acusación constitucional contra Sebastián Piñera y no habían pisado aún el Parlamento cuando ya sumaban otra interpelación, ahora contra la ministra Siches. Es cierto, cuando uno dispara para todos lados, puede que le dé a alguien, pero también es posible gastarse todas las balas o incluso, herir a un aliado. En ese sentido, la estrategia republicana, más que haberlos posicionado al interior del Congreso, parece haber acrecentado la imagen de parodia de sí mismos que venían acarreando desde las últimas elecciones. Más aún cuando algunas de sus principales figuras “renunciadas” siguen haciéndoles esa fama, como Johannes Kaiser demostrando que estudió alemán en su enseñanza media o Gonzalo De la Carrera, a quien le faltó agarrarse con el portero y las señoras del casino para poder decir que había peleado con todo el Congreso.

El desorden de Chile Vamos pudo permitir a otras fuerzas apoderarse del espacio de la oposición. Y sí, estoy hablando de los Republicanos. Pero también aquí, el atarantamiento político fue la tónica de la semana, porque la bancada republicana entró al Congreso como suelen actuar muchos de sus miembros: cual Bart Simpson golpeando una sartén y gritando “Mírenme, mírenme”.

A río revuelto, ganancia de pescadores, dice el refrán. El problema es que una buena pesca es difícil cuando es uno el que anda agitando las aguas, saltando de un lado a otro y sin dirección, como salmón con convulsiones. Es esto algo que varios de nuestros y nuestras representantes debieran recordarse a sí mismos, para que, a propósito de ríos y refranes, no les pase la del camarón y se los termine llevando la corriente.

*Rodrigo Mayorga es profesor, historiador, antropólogo educacional, autor de “Relatos de un chileno en Nueva York” (con el seudónimo de Roberto Romero) y director de la fundación Momento Constituyente (http://www.momentoconstituyente.cl)

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