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15 de mayo de 2022

El «escritor spam» que invade la sección de comentarios de los medios para publicitar su negocio

The Clinic tiene, como otros medios, una sección para que sus lectores puedan comentar noticias. Y en ese espacio, hay un nombre que se repite en casi todas las notas: Jorge Queirolo, ecuatoriano de 58 años que aprovecha la exposición para ofrecer sus servicios editoriales. En un ejercicio que traspasó la cuarta pared, conversamos con el personaje. Esta es su historia.

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Como muchos otros medios de comunicación que buscan vincularse con su audiencia, The Clinic tiene habilitada una sección de comentarios al final de cada nota, donde uno que otro lector comparte su parecer de la contingencia, o basurea sin miramientos la línea editorial de nuestra querida vitrina.

Desde el rol de periodista, a veces -más de las confesables- se hace interesante bucear entre estos mensajes, ya sea para sentirse apreciado, indignarse cuando corresponde, o derechamente llegar al estreñimiento de la risa, ante tanto análisis político delirante.

En esta jungla digital underground hay comentaristas habituales, que incluso entran en conflicto abierto con otras opiniones que se alejan de su línea de pensamiento. Pero uno de ellos despunta no por referirse al tema central del artículo, o a los sucesos descritos en el mismo. Hablamos del -a estas alturas- mítico Jorge Queirolo Bravo, el hombre que da rienda suelta al spam en cada nota de The Clinic, para ofrecer sus servicios editoriales.

El "escritor spam" que invade la sección de comentarios de The Clinic para publicitar su negocio

Nuestro humilde diario, en un intento por acercarse a su público, habló con Jorge para conocer el trasfondo de su inusual método publicitario en este y otros medios. Esta es su historia.

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Jorge Queirolo Bravo es oriundo de la Joya del Pacífico ecuatoriana: hace 58 años nació en Guayaquil, la ciudad más poblada del país. Su madre, de origen chileno, le permitió sacar la doble nacionalidad. Y ese nexo sanguíneo fue una de las razones que lo llevaron a radicarse de manera definitiva en Viña del Mar, en 1995.

Acerca del por qué se fue de Ecuador, reflexiona con que ahí no se le presentaba “ninguna perspectiva de futuro”, en medio de una fuerte crisis económica que terminó en el proceso de dolarización del año 2000. De todas formas, reconoce que su situación no era una de penurias ni pobreza, porque “vivía prácticamente en una burbuja” debido al buen pasar de su familia.

Su pasión por el mundo de las letras fue algo que guardaba en el fondo de su ser, y que sólo brotó tras uno de sus múltiples viajes al extranjero. En enero de 1995, mientras se encontraba en Dinamarca, adquirió un pasaje en la aerolínea rusa Aeroflot para retornar a Chile. Las escalas eran ridículas: pasaba primero por Suecia, luego por Irlanda; de Irlanda a Miami y de Miami a Santiago.

Entre tanto enredo, divisó una oportunidad. “Pude hacer los arreglos vía telefónica para que me hicieran pasar por Moscú sin pagar nada adicional”, comenta. Y en la antigua capital soviética, donde a falta de tener una visa se encontraba en la condición de “pasajero en tránsito”, Jorge se alojó en un hotel, con el compromiso de no salir a las calles. Hizo oídos sordos a esa disposición, y se fugó para un paseo nocturno por la ciudad.

Esa experiencia quedó retratada en su debut como autor, con el texto “Moscú sin visa”. Su sueño era ver el libro publicado, por lo que se paseó por las principales casas editoriales chilenas ofreciéndolo. El resultado fue negativo: sólo recibió portazos.

Jorge no se quedó de brazos cruzados. Convencido de la idea de publicar como sea, sacó una edición artesanal de “Moscú sin visa”, confeccionada con una impresora común y corriente, y con las páginas corcheteadas.

Juntó plata trabajando como comerciante, y en 1999 contactó a una imprenta para publicar una versión menos amateur. Ese hito, agrega, captó la atención del Centro Cultural de Reñaca, que le financió un lanzamiento. Vendió alrededor de 20 copias.

“A consecuencia de eso, mucha gente me comenzó a preguntar cómo había editado el libro”, dice Jorge. Un amigo se le acercó con la misma inquietud, y él le respondió: “Dame el material que tienes, y yo te lo convierto en un libro”. Esa primera vez, no le cobró más que los costos de la imprenta. El dato se fue transmitiendo por el boca a boca. Era el nacimiento de Ediciones Altovolta.

El "escritor spam" que invade la sección de comentarios de The Clinic para publicitar su negocio

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Jorge Queirolo sostiene que, a lo largo de dos décadas, ha publicado más de 200 libros con Altovolta. Y de esos, 26 son de su propia autoría. Explica que su prosa se caracteriza por “mezclar el género erótico con la aventura, y son profundamente anticlericales y anti sistémicos”. Aquí aprovecha de anotar que, por “anti sistémico”, se refiere a que no se identifica ni con la izquierda ni la derecha. De hecho, nunca ha votado, al no encontrar un candidato que lo represente.

El "escritor spam" que invade la sección de comentarios de The Clinic para publicitar su negocio
Uno de los libros de Jorge, más tirados para el lado «erótico».

En cuanto a los encargos de otros clientes, ha publicado de todo. Prima la poesía –“lamentablemente, es algo que no se logra vender mucho”-, pero también las novelas, los cuentos, y hasta un libro de fotografías de Caleta Tortel, ese pueblo misterioso donde desemboca la Carretera Austral.

Otro caso digno de contar es el de una señora en San Fernando, a la que nunca conoció directamente, porque la solicitud le llegó a través de un familiar de ella. Quería publicar una autobiografía de 1.560 páginas. “Como la máquina que tenía la imprenta para hacer la encuadernación y el empastado no daba para un libro de ese grosor, hubo que sacarlo en tres tomos (…). En definitiva, era una mini enciclopedia”.

El editar y publicar libros se transformó en su principal fuente de ingresos, pero sentía que le faltaba una mayor regularidad en cuanto al flujo de clientes. Entonces, se le encendió la ampolleta. Había un mecanismo, ni tan complejo, para llegar a más público desde la comodidad de su casa.

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La idea se le ocurrió al buscar en Google: “¿Cómo editar un libro en Chile?”. Siguiendo el rastro de links que le arrojó el motor de búsqueda, se dio cuenta de que esa pregunta, y sus respectivas respuestas, afloraban naturalmente en blogs de literatos y aspirantes a escritores. Decidió probar suerte, y publicó sus primeros comentarios en esos sitios. Sin embargo, el alcance no era suficiente. ¿Y porqué no aplicar el sistema en portales con mayor circulación?

Por ahí por el año 2006 -dice que no recuerda la fecha exacta- creó una cuenta en Emol, y comenzó con el spam de Ediciones Altovolta. Diversificó su cartera de medios: sus mensajes paulatinamente comenzaron a aparecer en La Tercera y Publimetro. También, cuando se inauguró su versión online, en The Clinic.

Al principio, el método operaba a la perfección. Y dice que efectivamente llegaba gente consultando por sus servicios. Pero los moderadores de estos portales se enteraron del fenómeno, y bloquearon sus cuentas. Hasta el día de hoy su perfil en Emol está inhabilitado.

Su presencia en las distintas secciones de comentarios también le ha traído malos ratos. En más de una ocasión ha sido objeto de epítetos racistas y xenófobos. Asimismo, en el espacio virtual, vio surgir una rivalidad con otro usuario.

“Hay un editor que me odia, que me hacía la guerra incluso por The Clinic”, confidencia. El nombre de este personaje, su antítesis, su némesis, es Galo Ghigliotto, el presunto fundador de “Editorial Cuneta”. No sabe si detrás de ese perfil está el escritor chileno homónimo.

Acerca del por qué se fue de Ecuador, reflexiona con que ahí no se le presentaba “ninguna perspectiva de futuro”, en medio de una fuerte crisis económica que terminó en el cuestionado proceso de dolarización del año 2000.

“Me decía que soy un sinvergüenza, un troglodita, poco menos que estoy a la par de los oligarcas rusos porque yo cobro por mi trabajo (…). Me decía que, si yo fuera honesto, haría mi trabajo gratuitamente”. En general, Jorge no le contestaba. Se limitó a bloquear a Galo en Facebook. “No soy de pelear”, resume. Y agrega, con un dejo de rencor, que “toda la gente cobra por su trabajo. ¿Por qué diablos tendría que hacerlo yo gratis? Yo vivo de esto: no tengo otro trabajo (…). Me gano la vida honestamente”.

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En la actualidad, Jorge Queirolo sólo da rienda suelta a su spam en The Clinic. Y aunque dice que ha tenido buenos resultados, destaca que en la pandemia se alentó el negocio.

Jorge admite que siempre ha tenido curiosidad acerca de qué piensa el equipo de The Clinic de sus comentarios. Este periodista responde, y le promete que sus publicaciones le causan gracia, y que otro colega cuestiona si efectivamente hay un ser de carne y hueso detrás de los mensajes, y no un mero bot.

“Te aseguro que soy una persona real”, confirma Jorge, entre risas. Añade que, a menos que lo bloqueen en The Clinic, seguirá con su particular manera de darse a conocer. A modo de profecía, recomendamos al lector que avance hacia el final de esta nota, hasta los comentarios. Quizás se encuentre con una sorpresa.

Jorge dice que no le molesta que lo traten de “spam”. En ese sentido, “hago mía una frase del mundo de la farándula: todo suma. Lo que me interesa a mí es que me lleguen clientes, porque la verdad es que las cuentas por pagar no perdonan. Eso es lo que tal vez Galo Ghigliotto no entiende”, remata.

A futuro, aspira que su editorial siga siendo un negocio que le permita mantenerse. No planifica crecer de sobremanera. Eso sí, “a nivel personal, sí me gustaría proyectar un poco más mis propios libros”. El problema está, según él, en que en Chile existe poca cultura lectora. “Y no porque el libro sea caro o barato: tú lo puedes regalar, e igual no se va a leer”, apunta en su diagnóstico.

“Mis propios libros yo me encargo de distribuirlos de manera bastante sui generis”, abre, para dar paso a otra anécdota. “Soy el único autor en idioma español cuyos libros puedes encontrar en la biblioteca de Port Vila, en la República de Vanuatu”, dice en referencia a ese minúsculo archipiélago en medio del Océano Pacífico.

Siempre que viaja, Jorge porta ejemplares de su autoría, pensando en dejar su marca en los rincones perdidos del planeta. Los esconde en las estanterías de las bibliotecas públicas de distintas ciudades. Sus escritos, explica, pueden ser encontrados hasta en Kampala, la capital de Uganda.

Los libros que Jorge dejó en Port Vila.

Para cerrar, Jorge Queirolo comenta que se ha desempeñado como colaborador periodístico en medios regionales, tales como el diario “La Prensa”, de Curicó; “El Centro”, de Talca; y “El Observador”, de Quillota, entre otros. Dice, además, que es de subdirector de «El Cordillerano», un pequeño periódico que se publica en Santiago. Y como buen emprendedor, casi rayando en la mentalidad de tiburón, Jorge ve una oportunidad y, al cierre de esta conversación, ofrece a The Clinic sus servicios de reportero. O editor. O lo que sea.

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