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Opinión

8 de junio de 2022

Escasez hídrica y racionamiento de agua: un tema urgente, pero de largo plazo

La imagen muestra a las autoras frente a una foto alusiva a escasez hídrica

La escasez hídrica no debe ser entendida como una crisis del momento, sino como parte de una sequía prolongada y una tendencia frente a la cual debemos actuar en forma conjunta en el corto, mediano y largo plazo.

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Frente a la posibilidad de un invierno con pocas precipitaciones, se ha vuelto a discutir sobre el racionamiento del agua en la Región Metropolitana. La escasez hídrica en la zona central de Chile se debe principalmente a la falta de precipitaciones y, aunque las sequías son comunes en un «régimen semiárido», actualmente existe una tendencia que genera un desbalance de largo plazo entre la oferta y la demanda de agua. Esto quiere decir que estamos ante una escasez hídrica que afecta a la actividad humana. Los informes del IPCC (2021) indican que Chile se verá enfrentado a escenarios con más sequías y olas de calor, lo que tendrá consecuencias directas en la vegetación, caudales de ríos, capacidad de embalses, actividades agrícola-ganaderas y la disponibilidad para el consumo humano.

En Chile, el agua destinada al consumo de las personas proviene en un 44% de fuentes superficiales y en un 55% subterráneas, de acuerdo con datos documentados por el Centro de Desarrollo Urbano Sustentable (Cedeus), publicada en enero de 2022 . Estas fuentes se ven afectadas por el cambio climático y la contaminación del suelo, lo que releva la importancia de la gestión de aguas y pone en agenda la diversificación de las fuentes de recursos hídricos. El primer informe de la Mesa Nacional del Agua señala como usuarios principales de agua consuntiva (que no se vuelve a reutilizar) al sector agrícola (72%), personas (agua potable) (12%), sector industrial (7%) y sector minero (4%). El 5% restante es para el sector pecuario y de generación eléctrica. Según la Superintendencia de Servicios Sanitarios, en Chile el consumo promedio por cliente es de 17,3 m3  por mes, uno de los consumos más altos por día por persona en comparación con los países europeos. Por ejemplo, en Chile el consumo promedio diario de agua es de 161,1 litros por habitante (lts/hb), en Holanda 127 lts/hb y en Suiza es de 300 lts/hb, mientras que en Estados Unidos se consumen más de 300  lts/hb

La facilidad con que se abre una llave y se accede al agua en las ciudades tiene un impacto en la forma en que enfrentamos esta situación. La accesibilidad nos hace olvidar la emergencia con la cual debemos actuar, ya que existe una falsa percepción de disponibilidad ilimitada del recurso.  Considerando que el 40% de la población mundial es afectada por la escasez hídrica, de acuerdo con cifras expuestas por PNUD, es necesario tomar acciones más drásticas con urgencia. En esta línea, el Objetivo de Desarrollo Sostenible 6 de la Agenda 2030 busca “garantizar agua para todos”, reconociendo escenarios críticos para la gestión, lo que incluye inversiones en infraestructura, instalaciones sanitarias y prácticas de higiene. En este contexto, los escenarios actuales y proyectados requieren de un mayor entendimiento y estrategias radicales para enfrentar la escasez hídrica a distintas escalas. 

Los informes del IPCC (2021) indican que Chile se verá enfrentado a escenarios con más sequías y olas de calor, lo que tendrá consecuencias directas en la vegetación, caudales de ríos, capacidad de embalses, actividades agrícola-ganaderas y la disponibilidad para el consumo humano.

A una escala territorial, la protección del ciclo del agua ha sido planteado a través del manejo de cuencas hidrográficas, es decir, reconocerlas como unidad básica de la planificación del territorio ya que poseen características físicas ubicuas, como plantearon en 2003 los investigadores de la Universidad de Arizona J.E. de Steiguer, Jennifer Duberstein y Vicente Lopes . Junto con suministrar agua potable y de riego, utilizarse para el ocio y entregar un valor estético, las cuencas hidrográficas sostienen la vida humana y ecológica, siendo el marco más eficaz para la gestión de los recursos hídricos. En nuestro contexto, el territorio chileno cuenta con 101 cuencas hidrográficas, de las cuales sólo se han estudiado un 25%, según cifras del Ministerio de Obras Públicas. Por su parte, la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (ODEPA,2018) plantea que la mayor problemática es el desequilibrio geográfico entre la localización de los recursos y la población. Si bien el manejo integrado de cuencas se conoce desde la década del 70, en nuestro país aún no se ha integrado de manera estratégica en la planificación territorial. 

A escala urbana, no es necesario inventar la rueda para tomar acción frente a la escasez hídrica. El rol de las ciudades es crucial, ya que además de contribuir a los efectos del cambio climático, están muy expuestas a sus consecuencias. Es relevante comprender que las ciudades forman parte de un ecosistema mayor, por ello, se han identificado Soluciones Basadas en la Naturaleza (SBN) como alternativas para abordar una variedad de problemas urbanos. El Comité Científico de Cambio Climático del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, sugiere la adopción de SBN para potenciar la resiliencia de las sociedades y los ecosistemas, de forma transversal entre sectores y a distintas escalas.

En relación con el ciclo hidrológico natural, el documento sugiere algunas estrategias: mejorar la capacidad de infiltración de aguas lluvias en los suelos para reducir los eventos de escorrentía (proceso físico que consiste en el escurrimiento del agua de lluvia por la red de drenaje hasta alcanzar la red fluvial), mediante jardines infiltrantes y pavimentos permeables; mejorar el almacenamiento de aguas lluvias mediante estanques de retención, que pueden instalarse en plazas y parques; reducir la velocidad de escurrimiento mejorando la cobertura vegetal e incorporando parques fluviales, zanjas con vegetación y canales urbanos superficiales; e incorporar el tratamiento de aguas grises para reutilizar a nivel domiciliario, en el riego de áreas verdes, y en edificios de uso público. Otras alternativas en la misma línea se basan en la reducción de la evapotranspiración de las áreas verdes mediante su correcta mantención y diseño, e incorporar vegetación de bajo consumo hídrico, tanto en espacios públicos como privados. 

Además del documento del Comité Científico, existen en Chile otros manuales y guías para gestionar el uso del agua. Por ejemplo, el Manual de Drenaje Urbano, elaborado por la Dirección de Obras Hidráulicas del MOP (2013), el Manual de Normas y procedimientos para la administración de recursos hídricos DGA (2008), y un documento de la CEPAL sobre Desafíos hídricos en Chile y recomendaciones para el cumplimiento del ODS 6 en América Latina y el Caribe (2020). Además, recientemente la gobernación de Santiago dio a conocer el protocolo regional que incorpora la escala territorial (Plan Santiago 2050), incluyendo el uso sustentable del agua dentro de su plan estratégico territorial.

La escasez hídrica no debe ser entendida como una crisis del momento, sino como parte de una sequía prolongada y una tendencia frente a la cual debemos actuar en forma conjunta en el corto, mediano y largo plazo. En este sentido, se hacen muy relevantes los incentivos y la demostración de los beneficios de estas estrategias, pero sobre todo, debemos poner nuestros esfuerzos en programas de educación ambiental. Las transformaciones climáticas demandan educar transversalmente sobre la utilización del agua: ahorrar en el consumo diario, reutilizar las aguas, almacenamiento de aguas lluvia, promover la recarga de acuíferos y mejorar la gestión de este recurso en general. 

A escala urbana, no es necesario inventar la rueda para tomar acción frente a la escasez hídrica. El rol de las ciudades es crucial, ya que además de contribuir a los efectos del cambio climático, están muy expuestas a sus consecuencias.

En el escenario actual es crucial educar a los/as futuros profesionales que diseñan, construyen y planifican nuestras ciudades en sus distintas escalas. En este sentido, desde la academia debemos hacer énfasis en el diseño de edificios y espacios públicos que contribuyan con estas estrategias: baños, duchas y cocinas que reutilicen las aguas grises; calles, ciclovías y parques que contribuyan a la infiltración de agua; y en general, incorporar la protección del ciclo hidrológico en la forma en que diseñamos el entorno que habitamos.

*Elizabeth Wagemann es arquitecta, académica y directora del Laboratorio Ciudad y Territorio, Escuela de Arquitectura Universidad Diego Portales. PhD in Architecture, University of Cambridge.MPhil in Architecture, University of Cambridge. Magíster en Arquitectura, Pontifica Universidad Católica de Chile. Margarita Jans. Margarita Jans es arquitecta, académica y codirectora del Observatorio de Paisaje y Sustentabilidad de la Escuela de Arquitectura Universidad Diego Portales. Master of Science en Renovación y rediseño de áreas urbanas, de la Universidad Técnica de Delft.  

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