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Opinión

7 de Julio de 2022

La talentosa inglesa Phoebe Waller-Bridge

Benjamín Galemiri frente a Phoebe Waller-Bridge

La reputación y mujer repleta de carisma de Phoebe voló rápido a las fauces rapaces de los faraones del entretenimiento hollywoodense: ella ya fue contratada para co-escribir el ultimo guion del último filme del por siempre sarcástico James Bond.

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Que trepidante talento tiene esta inglesa llamada Phoebe Waller-Bridge.

Guionista llena de nuevos bríos e innovadora mujer de la televisión británica, actúa con el ímpetu y la mega-estética de otra fabulosa actriz británica, Vanessa Redgrave, quien nos dejó a todos atónitos en su gloriosa y despiadada inmersión en el colosal filme de Michelangelo Antonioni, el rey de la construcción en abismo, sobre todo en su majestuosa película Blow-Up.

Hago una amistosa mención a Vanessa Redgrave y a Antonioni porque nuestra admirada Phoebe Waller–Bridge, seguro que les rinde tributo a esos dos inmensos artistas en Fleabag con esa etiqueta de primera línea que es su serie llena de recovecos, de mentiras, de imperiales embustes. Pero sobre todo de sagrados y totémicos momentos de suspensión de la verdad y la mentira que los inauditos griegos llamaban Epojé, que es el plato preferido de Antonioni cuando deja a sus personajes sobreflotando en esos finales hermosamente imposibles. Eso mismo, pero en clave de comedía implacable y brutalmente cómica, sucede con la magnética serie británica Fleabag.

Pero antes de hablar de eso y del incombustible talento de Phoebe Waller-Bridge, quiero mencionar que fue mi novia francesa, la muy adorable Constance, quien que me envió el dato for my eyes only de la plataforma francesa tres secrete donde pude disfrutar las dos temporadas de la serie Fleabag libremente.

Y ahora el plato fuerte, la serie de Pheobe Wiiilis-Bridge

So let´s talk about Fleabag, una serie que emitió la -a veces errática y otras empática- televisión pública BBC hace pocos años y luego fue tragada por una burlonamente imperialista plataforma del streaming, Amazon.

La adorable Phoebe Waller-Bridge rompe la cuarta pared pícaramente. Y es entonces que comienza a operar la magia en su mega-serie. Cuando sus ojos marrones parecen hacer el amor bestialmente a la cámara a veces. Otras, con sincero pudor, mirando directo nosotros sus enamorados espectadores. A veces también con recovecos eróticos, como si ella misma se avergonzara de sus diálogos. O sus tardíos momentos de amor físico donde ella reclama a la cámara la torpeza sexual de su compañero.

Guionista llena de nuevos bríos e innovadora mujer de la televisión británica, actúa con el ímpetu y la mega-estética de otra fabulosa actriz británica, Vanessa Redgrave.

A veces Phoebe puede ser irritante. Pero también eso es herencia de lo mejor de las grandes comedias mordientes, cáusticas. Claro que hay mucho del torrencial Woddy Allen, en sus combativos diálogos de primera línea. También, debo decirlo, ella es deudora del maestro judío inglés el dramaturgo Harold Pinter -no por nada Premio Nobel de Literatura-.

Phoebe Waller-Brigde trae consigo esos libretos casi de perfección de relojería suiza, con su mega-intento tan particular, tan suyo, de describir justamente el hombre y la mujer en posición de reclamo frente a las exigencias del amor erótico. De que pareciera imposible tener simplemente una simple relación de amor. Ella, a menudo, con su frenética inventiva sigue haciendo singulares comentarios a la cámara. Es interesante, sin duda, cómo ella da un nueva mirada conmovedora y very funny a la complicidad de la cámara, que no es nada más que el desnudamiento de su personaje: la de una mujer británica bajo la condición exasperante de estar siempre sola.

La reputación y mujer repleta de carisma de Phoebe voló rápido a las fauces rapaces de los faraones del entretenimiento hollywoodense: ella ya fue contratada para co-escribir el ultimo guion del último filme del por siempre sarcástico James Bond. Pero es casi imposible ver la huella de la escritura veloz y brillante de Phoebe en esa a veces estúpida peliculita, porque en esos filmes el guion está vagabundo y alineado, va de mano en mano, pueden haber algunos veinte guionistas y cincuenta asesores de guionistas que evaporan el sincero pero amargo aporte de nuestra Phoebe.

También, la siempre voraz  industria la contrató rápidamente como co-estrella de la última película de  INDIANA JONES 5  con el tenaz-simpático Harrison Ford. Se estrenaría en 2023 y, como dicen los estadounidenses, I can´t wait to see her. No puedo esperar para verla a ella, solo a ella, que ha creado un tipo de mujer muy inteligente, muy brava, y al mismo tiempo con un nuevo sex appeal para el cine (que recuerda a la otra muy alta y talentosa hija del cineasta John  Huston, Angelica Huston, de muchos y hermosos huesos y también de profunda y sexy mirada marrón).

Por cierto, me gustaría  ver a una Phoebe más en posesión de su talento. Y más autora, haciendo cine, con relatos de las muy solitarias mujeres. Comprendo a regañadientes que hay actrices y actores de talento que hacen una excelente carrera en la televisión, y eso es apenas aceptable, pero no cabe duda de que Phoebe  merece una Palma de Oro en Cannes a la mejor película o mejor directora.

Bueno, claro, ya tiene un diluvio de Emmmys, alguno que otro Globo de Oro, porque ella está para las ligas mayores. Pero no quisiera que ella siguiera el ejemplo del inigualable Jerry Seinfeld, que después de casi un decenio de su deliciosa y maliciosa comedia de televisión “Seinfeld”, prácticamente se retira.

También comprendo a nuestra inestimable Phoebe Waller-Bridge, que corre a los brazos de Hollywood. Quizá ella creó su serie underground  Fleabag solo para atraer la atención de la maquinaria mundial del entretenimiento, una astuta escaramuza seudo artística del entetermaint.

Ella, a menudo, con su frenética inventiva sigue haciendo singulares comentarios a la cámara. Es interesante, sin duda, cómo ella da un nueva mirada conmovedora y very funny a la complicidad de la cámara, que no es nada más que el desnudamiento de su personaje: la de una mujer británica bajo la condición exasperante de estar siempre sola.

Por cierto, se la ve gozar en las Red Carpets del insufrible California. Créanme, conozco California (intentaron también seducirme allí, pero yo les devolví su avariciento gesto con el más grande de los sarcasmos a lo que un latinoamericano puede llegar, el neo-desdén). Me quedaré eternamente esperando a la arriesgada Phoebe Waller-Brigde que emerja con un insólito y bello filme de cine-arte que rompa y arrase en los benditos festivales. Así, veremos el nacimiento de una increíblemente inaudita nueva mujer cineasta de autor.

Esa es mi muy ridícula y personal fantasía que tengo con Phoebe Waller-Brigde. Pero con solo pensarlo en el vacío de las palabras nunca consagradas ya se me acelera  el corazón cascado.

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