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Entrevista Canalla

5 de agosto de 2022

Antonella Ríos, actriz: «Me erotiza mi cuerpo»

La figura televisiva, hoy por hoy, no necesita a la televisión. Sigue siendo una indiscutida estrella en OnlyFans. Aquí habla de posar desnuda, de su erotismo, de su cuerpo, de las propuestas que recibe, de sus ganas de experimentar en el sexo, del placer, los besos y de su vida normal. En el día de su cumpleaños aquí está ella en pleno, sexualizada y no sexualizada.

Por

Ella aparece, radiante, y recibe de inmediato el alarido: «¡Feliz cumpleaños, Antonella!», celebra el reportero.

-Gracias- murmura.

Justo hoy cumple 48 años y lo hace luciendo una sonrisa y un escote. Es una actriz de jerarquía: en su biografía se incluyen ocho teleseries, cinco series, la conducción de un programa sumamente conversado (Mujeres primero, La Red), una película (Los debutantes, 2003) en que se untó los pechos con crema dulce y otra película (Súper, todo Chile adentro, 2009) en que deambuló dulcemente por un supermercado sin untarse con nada. Su oficio actual consiste en fotografiarse. Una fotografía, clic, el bikini sujeto a la pelvis, el muslo encremado, la mirada perdida simbolizando erotismo melancólico, y luego la imagen se hace circular entre los fanáticos generando revuelo digital. Señores y señores, estamos ante una estrella de piernas tostadas, pecho retocado con justeza, el hito milf de OnlyFans, de UnLock, la fotografiada del momento, una Monroe de pelo negro, desprendida y sin prendas.  

-Yiaa- se queja con modestia.

-Usted, en términos laborales, es fuego- insiste la prensa.

Objetivamente, aferrándose a las estadísticas: según parece son más de mil los mirones que, previo canje de ocho mil pesos, se suscriben a sus poses. Y Antonella nutre de imágenes privadas al público. Realiza un desnudo frontal dirigiendo a la cámara una mirada técnicamente asustada, se sostiene un pecho, se voltea apesadumbrada en una cama de dos plazas, y, al rato, se disparan los conectados. Muestra el contorno de la tanga y obtiene un debate, una portada en diarios de circulación masculina y un montón de dólares.

-¿Cuánto gana?

-No lo diré.

-¿Es mucho?

-No comentaré cifras.

Hace un rato sopló las velas y pidió lo habitual: salud, amor y dinero. A simple vista, ya posee los tres pilares de la realización personal. Tiene salud: es una Leo de 159 centímetros y dos hijos, una show woman de 62 kilos distribuidos con gimnasia y un bisturí hábil. Dinero: los suscritos a su cuenta están en todo el mundo. Amor: Antonella revela que, desde hace un año, bruscamente se enamoró de sí misma. Aunque, además, anuncia con sinceridad que anoche le dio un beso en la boca a un señor muy interesante. 

-¿Sintió fuegos artificiales durante el beso?

-Creo que sí.

Y, en efecto, según relata, hace más de un año, mientras llevaba una vida imperfecta, Antonella de pronto se encontró consigo misma en su propia habitación. Lo que ocurrió fue que Antonella dirigió la mirada hacia su interior. Y allí estaba Antonella.

-¿Qué concluyó al encontrarse consigo misma? 

-Ya sé lo que me hace bien y lo que me hace mal.

-¿Qué le hace mal?

-Algunas personas me hacen mal, algunas comidas. No es que ahora tenga una dieta ortomolecular, pero me estoy ocupando de mí.

Además, desde hace un tiempo, se ha ocupado de su exterior. Un bisturí le alzó la zona pectoral. Se afinó la nariz. Y, como ella señala con frontalidad:

-También me arreglé las bolas.

-¿Qué bolas, disculpe?

-La cara. Los humanos tenemos una especie de bolas en los cachetes.

-¿Se extirpó esas bolas?

-Ambas.

-No quedó rastro…- analiza el reportero.

Y ella sintetiza sus operaciones con un slogan emprendedor:

-Mi empresa soy yo misma.

El erotismo salvó una casa

La cumpleañera está sentada en uno de sus lugares de trabajo: la cama. Es el santuario de la femme fatale. Allí trabaja usualmente tendida, encerrada a solas con una cámara. 

-¿Qué opinión tiene de su cuerpo?

-Me erotiza mi cuerpo- lanza, encendida.

-¿En qué sentido?- titubea el profesional.

-Me encanta mi cuerpo. 

-¿Por qué le encanta su cuerpo?

-Es súper armónico. Sí, o sea, mido 1,59, pero todo está en su justa medida. Yo misma me tengo súper bien considerada.

Las fotos, dice, las saca sin pensarlo, por instinto. En un momento al azar, por ejemplo, decide inmortalizar un determinado sostén, o un pectoral a secas, descubierto, y flash, se enfoca en pelotas, tendida, erotizada, mientras los dos perros se pelean detrás de la puerta. O los hijos corren por el pasillo. Es ahí, señoras y señores, que eros se apodera de la dueña de casa, la mamá se disuelve, y surge la femme fatale que revisa el clóset y extrae un hilo dental que se amarra en la cadera. Y pone eso en OnlyFans y sus fans, la tribu, bate palmas, renueva la suscripción. 

-Antonella…

El reportero la mira fijamente.

-¿Sí?- responde con esa dulzura que ocurre en las películas atrevidas.

-¿A usted le excita excitar?

Suspenso. Sonrisas. Se revuelve el peinado. 

-…es placentero de alguna manera.

-¿Le da placer ver a alguien excitado con una imagen suya?

-O sea, es que sería terrible que no ocurriera. Que me tomara esas fotos sexy y no pasara nada.

-¿Pero es usted verdaderamente una mujer volcánica?

-Me gusta esa palabra. 

La repite, degustando el idioma: -Mm, volcánica…

Y el reportero insiste, intrigado:

-¿Pero lo es?

-Es posible que sea volcánica. A mí no me gusta nada a medias tintas. Si algo me carga o me gusta, no lo disimulo. 

Eso sí, Antonella relata que todo debe ser en su justa medida. La calentura debe ser conducida según los protocolos acordados. El otro día un degenerado irrumpió en su cuenta. Le hizo lo que en la jerga digital erótica se llama “Un Homenaje”. El reportero, si bien simulaba ser un volcán tecnológico, ignoraba el concepto. 

-¿Qué es “Un Homenaje”?- pregunta.

-Es cuando alguien te manda un video.

-¿Un video clip con admiración?

-Huevón, es cuando alguien te manda un video tocándose mientras está viendo una foto tuya.

-Qué. 

-¡Es rarísimo! ¡Y me llegó al celular!

Antonella actuó a prisa: borró el video, bloqueó al lascivo. Pero quedó afectada, insegura de alentar más poses. Y afirma, explosiva:

-¡La gente piensa que yo vivo sexualizada todo el día!

-¿Y cómo es usted todo el día?

(Atención porno-utópicos, cyber ardientes, galanes del metaverso, la respuesta que viene de parte de Antonella Ríos puede declinar una fantasía sexual…) 

-Yo ando en pijama polar todo el día- y su respuesta, sin querer, parece la más audaz de todas.

El operativo para las fotografías implica que le facilitan un equipo de técnicos a Antonella Ríos. Un fotógrafo le sugiere poses, bocas fruncidas, un muslo aceitado, la carcajada al vacío. 

-Tengo una sesión al mes con ese equipo.

Luego, la empresa, OnlyFans, debe aprobar las fotografías. Y pactan las ganancias. Como ya vimos, el resto de las fotografías, el nudismo doméstico, lo aporta ella a solas con su botón telefónico.

-¿Sabes cómo empezó esto?- pregunta, nostálgica.

-¿Cómo?

-Yo estaba en una crisis de plata.

-¿A qué punto?

-Iba a perder mi casa.

A Antonella Ríos el erotismo le salvó la vivienda. Estuvo sin pagar la deuda por un año. Un día, sin querer, empobrecida, apostó por una fotografía sugerente. Y el hit sucedió al instante. 

“Antonella Ríos está en cola less en una página web”, gritó un usuario.

Hoy suman miles.

Hoy Antonella posa enriquecida y con su casa en paz.

-¿Y la tele?

-Me encantaría volver a ser considerada, pero no sufro si eso no pasa.

Por el momento, con estas ganancias que deben sumar varios millones al mes, Antonella lleva una partida en dos: durante el día va a dejar a sus hijos al colegio, ordena, supervisa el almuerzo, se ejercita, mastica algo saludable, revisa tareas, pasea a Rita Lee, la perra, y conversa con personas que le aportan a su vida.

-¿Y en la noche?

-Me saco fotos, pos huevón.

-¿Y los apoderados del colegio? ¿Las críticas? ¿La moralidad?

-Ja- ríe ella.

Y responde con énfasis:

-Me da exactamente lo mismo. En todo caso, en el colegio yo soy una especie de Sor Teresa de Los Andes- y sigue riendo.

Conversación sexual con una femme fatale

Antonella afirma que en la actualidad es una soltera iluminada. Lo cierto es que está enamorada de sí misma. La metáfora es honda: Antonella Ríos en cualquier momento le pide matrimonio a Antonella Ríos. Aún así, dice ella, sentimental: “Me gusta el hombre que me lea”. El reportero, por una falencia auditiva, creyó entender: “Me gusta el hombre que lea”. Y se impactó. Imaginó a la volcánica pegada a un intelectual razonablemente ameno. No. A Antonella le gusta que el hombre la entienda.

-¿Qué importancia da a la vida sexual en la pareja?

-La cama es la culminación de todo lo demás.

-¿Los hombres le han hecho propuestas?

-Uf.

-Si un hombre le ofrece 750 mil pesos por una noche sexual, ¿acepta?

-¡Qué! ¡750 mil pesos!

-Un millón…

-¡Qué! 

-Un millón de dólares…

-Ah…mm…

-Está bien: 15 millones de dólares…

-Acepto.

Luego afirma, convencida: 

-Todas las personas tienen su precio.

-Disculpe, pero dado que le gusta ser mirada, ¿qué parte de su cuerpo cree es la que más provoca a los hombres?

-La clavícula…¿o no? ¿cuál crees tú entonces?

El reportero acude a las encuestas que había realizado. Y no demora:

-Tengo entendido, con mucho respeto, que su público valora su espalda. El fin de la espalda, si me comprende.

-Lo comprendo. Bueno…eso está un poco más grande ahora…

Hay una pausa. Dos perros ladran. 

-¿Sabes qué?- irrumpe ella.

-Diga. 

-Tengo ganas de experimentar en sexo.

-¿Qué planea?

-Me gustaría hacer un trío.

-No le puedo creer…¿no ha hecho tríos?- lanza, falsamente inflado, el reportero

-Nunca. Es que yo soy muy clásica. Pero me gustaría, como buena feminista, dos mujeres y un hombre.  

Rita Lee ladra otra vez. 

-¿Usted ha besado a alguna mujer?

-Una vez me besó una mujer.

-¿Usted respondió el beso?

-Lo respondí.

-¿Le gustó?

-Mm. No tanto fíjate. O sea, considero que el cuerpo femenino es muy erótico, pero yo no voy por ahí…

Al parecer Antonella está tan feliz consigo mismo que incluso se desea a sí misma.

-Puede ser…- interrumpe.

-¿Cuál es su vínculo con el autoplacer?

-Estrechísimo.

-¿Tiene alguna manía?

-No recurro tanto a los objetos, te diría. Bastante a la antigua. Viendo videos, claro.

-¿No se verá a sí misma?- se asusta el reportero.

-No, nunca tanto. Películas. 

-¿Cine ardiente?

-Sí, claro. Pero adelanto las partes en que están con ropa…voy al grano…

Y luego la femme fatale se refiere a un fallido encuentro que tuvo con Fernando González. Especifica que perdería el control con Daddy Yankee. Y dice que está feliz, reitera que se encontró consigo misma. Y, al finalizar su entrevista cumpleañera, al poner sus 48 años en una visión panorámica, proyecta un desafío.

-Quiero materializar lo que he estado haciendo.

-¿A qué se refiere?

-No sé. Quiero hacer un podcast con mis puntos de vista. Escribir textos eróticos. Muchas cosas.

El reportero alza la voz y festeja otra vez su cumpleaños.

-Gracias- acota.

Y entonces se escuchan los gritos. Los hijos. Los perros. Una señora agobiada por el caos. Antonella da otro alarido y señala:

–¿Viste? Así soy yo.

-¿Así cómo?

-Soy una señora de casa- se estira el vestuario, se pone de pie y, dando otro grito, se dirige inmediatamente a poner orden en ese pasillo.

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