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12 de Agosto de 2022

Las otras caras de Gladys Marín: “Quise sacarla de esa imagen agria”, dice el autor de nueva biografía

“La sonrisa de Gladys” se llama el libro escrito por el periodista Richard Sandoval, quien tras una investigación de tres años se propuso retratar a la célebre dirigente comunista más allá de su faceta polémica y beligerante. En estas páginas hay historias de infancia, de amor, de duelos, de nostalgia, de momentos de fiesta. “Siempre me interesó mostrar a Gladys como un personaje más complejo”, explica Sandoval en esta entrevista.

Por

“Gladys, ándate a descansar, descansa”. Rodrigo Muñoz pronuncia esas palabras con la cabeza apoyada sobre el cuerpo de su madre. Es una petición, un deseo susurrado, que le hace a una mujer que se está muriendo. Pocos días antes, una amiga le recitaba a esa misma mujer un poema de Gabriela Mistral, uno que cuenta la historia de una gota. Ella, la enferma, escucha recostada sobre su asiento, levemente inclinada hacia adelante, con los ojos muy abiertos. Una sorpresa para alguien que lleva unas semanas sumida en una pesada somnolencia. Gladys Marín, la mujer que resiste en ese estado, fallece poco después, el 6 de marzo de 2005. Con cuidado, la visten con un vestido blanco -largo, artesanal, bordado- que le había obsequiado tiempo atrás la presidenta de las Madres de la Plaza de Mayo.

Esa escena íntima era desconocida. Porque todo ese tiempo final en que la más célebre dirigenta del Partido Comunista de Chile estuvo luchando contra un agresivo cáncer cerebral, lo pasó recluida en su mundo más personal. Protegida, replegada, lejos de la vida pública en que estuvo inserta durante décadas. Lo que ocurrió en esos días se conoce recién ahora, diecisiete años después de su muerte, ya que acaba de aparecer un libro que está lleno de detalles inéditos, como esa escena de una mujer que espera la muerte.

La nueva biografía fue escrita por el periodista Richard Sandoval, quien estuvo tres años haciendo entrevistas, revisando documentos, consultando libros. Quería completar la imagen de una figura histórica que, a su juicio, es generalmente reducida sólo a su faceta más beligerante y dura. “Eso es incompleto y es injusto”, dice el autor. Su cruzada la deja clara ya desde el título que eligió para el libro: “La sonrisa de Gladys” (Planeta, 2022).

La foto que se usó de portada del libro es de 1973, cuando Gladys Marín andaba de viaje. Regresó al país dos días antes del golpe.

Enamorada

“Desde niño me ha interesado la política y en el periodismo siempre me he desenvuelto en esa área -explica Sandoval-. También tengo una historia ligada al PC, milité en la Jota en mis tiempos universitarios, del 2011 al 2014. Tengo una relación sentimental con el partido y con la figura de Gladys. Ella ya no estaba viva, pero su presencia siempre estaba ahí. Desde entonces me interesó descubrirla y mostrarla como un personaje republicano, parte del sistema democrático. La figura de Gladys da para la construcción de un mito, porque es un personaje inmenso, muy particular, aunque muchas veces se tiende a circunscribirla a una sola dimensión: una Gladys guerrera, insurrecta”.

-Que lo era…

-Claramente, pero es incompleto e injusto. Siempre me interesó mostrar a Gladys como un personaje más complejo. Es hacer justicia con un personaje político, social y humano, en un tiempo en que se tiende a arrinconar a personajes de ese tipo. Yo quise darle luces. Además, venía resurgiendo a nivel social; lo dice su hijo Rodrigo en la entrevista: para el estallido, el pueblo volvió a mostrar a Gladys. Hubo mucha iconografía, frases. Gladys fue un personaje de alta incidencia política, visionaria, pero en los 90 se la redujo a algo marginal, no se le tomaba en serio en su envergadura. Claro, era el paraíso del duopolio político, no había más posibilidad que la Concertación o la derecha. Quedaba afuera una izquierda con un discurso que es lo mismo que hoy se debate 30 años después.

-Ella ya había sido motivo de libros, incluso uno escrito por Pedro Lemebel. En 2004 se publicaron sus memorias… ¿Cuál es el aporte de tu libro?

-Lo que fui a buscar y de alguna forma se consiguió fue meterme profundamente en la intimidad del personaje, recrear el hogar, el living de su casa. Hay escenas de cuando compartía con Payo Grondona, con Isabel Parra, y los hijos de Gladys miraban desde la escalera. Con este libro entré a su mundo más personal. Y quise hacerle justicia en el sentido de sacarla de esa imagen agria, sinónimo de pelea, de problema. Lo primero que me apareció cuando voy entrevistado a sus más cercanos, es que Gladys era alegre, tierna, sencilla, sensible. Entonces había que mostrar a esa Gladys. A la Gladys enamorada: un elemento central del libro es la historia de amor de Gladys con Jorge (Muñoz), de infinita ternura, compañerismo, delicadeza.

Con este libro entré a su mundo más personal. Y quise hacerle justicia en el sentido de sacarla de esa imagen agria, sinónimo de pelea, de problema. Lo primero que me apareció cuando voy entrevistado a sus más cercanos, es que Gladys era alegre, tierna, sencilla, sensible. Entonces había que mostrar a esa Gladys”.

-En el libro consignas el poema del ruso Konstantin Simonov, que Jorge -antes de ser detenido y desaparecido por la dictadura- le mandó por carta de Chile a Moscú, donde Gladys estaba exiliada. Los versos hablan de esperar, de no olvidarse.

-Es tremendo. Lo recuerdo y otra vez se me paran los pelos. Imaginarla a ella leyendo eso en un Moscú nevado y tosco que detestaba, porque quería volver, porque extrañaba su tierra, sus árboles, la araucaria de su casa. Era una mujer muy de campo.

-Luego de que su marido es atrapado en Santiago junto a toda la dirección del PC, en 1976, ella quiere conocer a ese poeta ruso. Le encarga a Rosa, su asistente, que lo rastree en los hoteles de Moscú. ¿Qué buscaba con eso?

-Esa historia me la contó Rosa Hernández, quien la acompaña toda su estadía en Moscú. Gladys no habla una palabra en ruso y Rosa sí. Por eso le encomienda la misión de encontrar a ese poeta. Todo es mágico, tremendamente amoroso, en el sentido de que lo que quiere Gladys es tocar algo de Jorge. Encontrarse con Simonov era para ella extender la vida de Jorge, su presencia. No lo encuentran, pero eso muestra a Gladys en su absoluta pureza de alma: buscar a un poeta para seguir conectada a su amor. Gladys nunca olvidó a Jorge, es el gran amor de su vida.

-Leí buena parte del libro pensando en si Gladys tuvo amores después de Jorge. Y hacia el final, hablas de Julio Ugaz, su pareja por 15 años y quien la acompañó hasta su muerte. La relación de mantuvo en secreto, ¿por qué?

-Hay que recordar que Julio Ugaz era parte también del Comité Central del PC, por lo tanto se quiere establecer muy bien una diferenciación entre el mundo público y el mundo privado. Había muy poca gente, grupos de amigos muy pequeños, que sabían de esta relación. Pero en general tiene que ver también con dejar muy establecida la diferencia de funciones y de guardar un espacio íntimo.

-Él asume un absoluto segundo plano cuando andaban juntos…

-Era su secretario. Es que piensa lo que significa tener una pareja de esa envergadura… Decidieron nunca más vacacionar en Chile, porque sus vacaciones terminaban siendo trabajo político. Cuando van a Curepto, todos se acercaban a pedirle cosas a Gladys y a él le tocaba sacar la libreta y tomar apuntes. En eso terminaban las vacaciones.

Crédito: Álbum familiar.

Devota

El libro retrata la historia política de Gladys Marín. Su militancia en las Juventudes Comunistas, su papel de diputada en la UP, su rol clave en mantener vivo el PC después del golpe, su exilio, su clandestinidad por 14 años, su figura como inspiración para distintas generaciones comunistas, su candidatura presidencial que terminó en una estrepitosa derrota con el 3,19% de los votos.

“Algo que me impacta en esa línea es comprobar que si el PC hoy está vivo y es lo que es, es gracias a Gladys y a una serie de compañeros y compañeras que estuvieron con ella, rearmando, viajando, exponiendo sus vidas. Gladys tiene un liderazgo crucial en toda una época, fines de los 70, inicio de los 80, de arduos debates internos. En los 90 cae la Unión Soviética y la pregunta es por qué tiene que seguir existiendo el Partido Comunista. Gladys lidera todo un proceso de sostenerlo”, cuenta Sandoval.  

-Toda esa bitácora política la acompañas de escenas de vida cotidiana, con detalles que muestran a la protagonista. Antes de estar en la Jota, por ejemplo, iba a misa, estuvo en la Juventud Católica.

Es muy importante descubrir a esa Gladys joven muy ligada a lo común del pueblo. Por eso nuevamente es importante señalar que Gladys no es este personaje “ultrón” que a veces nos muestran. Gladys fue católica, iba a la misa en Talagante y antes de entrar a la Jota pertenece a este grupo católico.

-Algo quedó de ese inicio. Cuentas que siempre fue devota de la Virgen de Andacollo.

-Sí. Hay una escena que descubrí, que es cuando a Gladys la operan de su cáncer en Suecia y Guillermo Teillier sale a decir que se juntaron decenas de compañeros afuera del partido a hacer una vigilia, mientras en la Virgen de Andacollo se hizo lo mismo porque era la que Gladys siempre iba a ver. Gladys no era católica en la etapa madura de su vida, pero estaba ligada a la divinidad a partir de su nexo con una virgen popular.

Nuevamente es importante señalar que Gladys no es este personaje “ultrón” que a veces nos muestran. Gladys fue católica, iba a la misa en Talagante y antes de entrar a la Jota pertenece a este grupo católico”.

Alma de la fiesta

-En el libro muestras que ya en la Jota era conocida por su estilo audaz, no quitado de bulla. Usaba minifaldas. Ernesto Ottone te lo dice: “No era una monja comunista”.

-Siempre fue así, muy segura de su sensualidad, de su femineidad, lo gozaba mucho. Era el alma de fiesta, siempre maquillada; como me dice su amiga Marta Friz: “A Gladys nunca le vi canas”. Cuando está en el exilio, su amiga Rosa le va a buscar la tintura por todas las estaciones de metro para encontrar el color exacto. Gladys era buena para bailar. Cruzaba del partido, en San Pablo con Cumming, a una esquina donde aún existe una tanguería en el segundo piso. Su amigo Oscar Azocar me contó que ahí lo sacaba a bailar, se tomaba de repente su pisco sour. Muy gozadora de la vida.

-Para alguien tan preocupada de su imagen, debe haber sido duro intervenirse quirúrgicamente para volver clandestina a Chile a fines de los 70. Se ensanchó los pómulos, le limaron los dientes, le extirparon la vesícula para no correr riesgos… ¿Se sabía eso?

-Ella adoraba sus dientes, imagínate lo que fue limárselos. Ella dice en sus memorias: “Salvé mis dientes”. Pero no dice que se los limó. Quizás se los quisieron sacar o cambiar, por eso dice que los salvó. Lo de los pómulos no está en sus memorias. Además, tuvo que teñirse el pelo; y tenía que usar unas prótesis bajo la ropa para verse más gorda.

-Tampoco sabía que ella no podía ver sangre. Me sorprendió esa escena en un cine en Colombia, cuando va a ver “El bebé de Rosemary” y se desmaya…

-Me lo contó su amiga Marta, quien estaba con ella. Tuvo que despertarla y salir rápido de ahí. Ni pensar en ir a un hospital. Le pregunté por qué tan urgidas si estaban en Colombia, y Marta me dijo que era porque sabían que los servicios de seguridad de la dictadura estaban en todo el mundo, que en ninguna parte del mundo podías ser libre.

Combativa

-El libro da detalles de lo cercana que fue Gladys al Frente Patriótico Manuel Rodríguez y cómo defendió la opción de una lucha armada contra la dictadura.

-Ella fue quien encabezó la pelea para que eso se hiciera…

-Entrevistaste a un ex frentista (Rodrigo San Martín), quien respecto a Gladys te dice: “Sin su convicción, el Partido no hubiera estado disponible a formar cuadros militares y, es necesario decirlo, sólo su convicción hizo que el Partido pudiera considerar la vía política militar como la estrategia de derrocamiento de la dictadura”.

-Eso es cierto. Lo más decidor de aquello es que en plena disputa ideológica intensísima, Gladys viaja clandestina desde Chile, junto con Guillermo Teillier y una delegación de dos compañeros más, a dar la pelea en esa discusión en Europa. No bastaban las cartas, había que ir y ellos van.

Crédito: Álbum familiar.

-Cuentas que en el Frente se escuchaban audios con discursos de Gladys. ¿De qué eran?

-Son las grabaciones de Radio Moscú.

-¿Tuvo Gladys entrenamiento militar?

-Yo entiendo que no. No apareció en mi investigación.

-¿Y qué crees tú?

-Creo que en el partido, luego de las delaciones, de la tragedia de las caídas de las dos direcciones, decidieron ser muy estrictos en los temas de compartimentación de trabajos e información. El hermetismo era impresionante. Todo era tan compartimentado, que no creo que se llegaran a cruzar tipos de tareas, creo que lo organizacional era muy organizacional, y lo militar estaba por otro lado. Lo que sí, en el sentido militar, es digno de destacar la relación de Gladys con Raúl Pellegrin (uno de los líderes del FPMR), lo quería muchísimo y se ven en algunas reuniones. El nexo directo del partido con el Frente era Teillier, pero Gladys participa en un par de ocasiones.

Lo que sí, en el sentido militar, es digno de destacar la relación de Gladys con Raúl Pellegrin (uno de los líderes del FPMR), lo quería muchísimo y se ven en algunas reuniones. El nexo directo del partido con el Frente era Teillier, pero Gladys participa en un par de ocasiones”.

Enferma

-Me contabas que uno de los ejes del libro era mostrar la cercanía que siempre hubo entre Gladys y la muerte, debido a su vida militante, a su convicción política. La sorpresa fue que al final un cáncer le quitó la vida…

-Sí. Fue su propio cuerpo. Es tremendo y es lo que aporta niveles trágicos a su fin. Un personaje de su envergadura, ¿cómo muere de esa forma? Nadie se lo explicaba. Cuando el doctor ve los exámenes, dice: “Por la mierda, ¿por qué a ella?”. Era tan vital. En los videos de Gladys un mes antes de su enfermedad, era una mujer de 60 años que se veía de 50. Siempre deportista, delgada, altiva, alegre, lista para una pelea política.

-Cuando sabe que está enferma y que no hay salida, lo único que pide a sus cercanos es que respeten su dignidad. Tú hablaste con ellos, ¿a qué se refería exactamente Gladys con esa petición?

-A cuidar su imagen, a no mostrarla deteriorada, a cuidar su legado, su figura. Ella sabía que lo que se le venía era terrible, que se le venía la muerte. Ella termina postrada y sin hablar.

Un personaje de su envergadura, ¿cómo muere de esa forma? Nadie se lo explicaba. Cuando el doctor ve los exámenes, dice: “Por la mierda, ¿por qué a ella?”. Era tan vital. En los videos de Gladys un mes antes de su enfermedad, era una mujer de 60 años que se veía de 50″.

-El libro muestra bastante de ese tiempo final. Explora un territorio no contado hasta ahora. ¿Cómo fue reconstruir esas semanas?, ¿qué límites pusiste?

-Era importante para el libro entrar a esa etapa, porque es una etapa desconocida. Una etapa además en la que ella además no estaba del todo consciente, no tiene todo el control. Entonces era muy importante respetar a las fuentes y aproximarse a ellas con mucho respeto, cariño y sensibilidad. Menciono especialmente lo dadivosos y entregados que fueron sus hijos Rodrigo y Álvaro, que me dieron entrevistas con infinita emoción. También su amiga Marta, quien tuvo la confianza para contarme cosas íntimas de esos momentos. El último suspiro de Gladys es junto a Marta y Álvaro, uno a cada lado de ella. Cuando le pregunto a Álvaro qué pasó ahí, él me dice: “Estuvimos como quisimos estar”. Esa es la frase. Y también el límite de alguna manera. Fue una aproximación muy detenida y cuidadosa en el lenguaje, en la disposición de los elementos, en las escenas.

Criticada

-Muestras a un personaje siempre entero, sin grietas, monolítico, perfecto. ¿No encontraste puntos de quiebre, dudas, equivocaciones, naturales y normales zonas oscuras?

-Creo que hay un par de capítulos que muestran otros colores, que hacen al personaje más complejo, más allá de la mera admiración. El capítulo de la campaña electoral y su derrota en 1999, ese diálogo con Juan Andrés Lagos donde ella le pregunta qué está haciendo mal. Manifiesta que ella sabe que no está haciendo todo bien, no crece, no conquista. Juan Andrés le dice que sonría más, que se le ve muy dura. Llega finalmente a un 3% y eso la golpea, es una tremenda derrota. También ahí está toda la crítica que indica que Gladys debió haber sido candidata en la elección anterior a ésa. Lo dice Teillier, Carmona. Entonces hay que preguntarse por qué cometió ese error Gladys. Por qué no fue candidata, por qué no quiso. Había consenso absoluto en eso; y ella levanta al cura Pizarro. Ese un error histórico. ¿Qué elementos humanos de pronto priman para decir no quiero ir a esta pelea ahora y perder una oportunidad?

Crédito: Álbum familiar.

-Mencionabas dos capítulos donde muestras miradas críticas a Gladys. ¿Cuál es el otro?

-El otro es cuando tiene que enfrentarse a la corriente del partido que quiere renovarlo: Antonio Leal, Fanny Pollarolo, todo ese grupo que después se va a armar un nuevo partido. Ellos querían dar una discusión ideológica y no encuentran la posibilidad de darla.

-Gladys no abre esa puerta, ¿cierto?

-Según la investigación y según ellos, no la abre. Pero claramente lo que me dicen quienes hoy siguen en el partido es que sí hubo espacio para aquello. En todo caso, la crítica fundamental es que el partido con el liderazgo de Gladys no está dispuesto a ir más allá del “se hizo todo bien”.

-Fanny Pollarolo, en el libro, llama a Gladys una “heroína autoritaria”. ¿Lo era?, ¿encontraste más evidencia de ello?

-Yo creo que… Gladys era como era el partido. Y si uno piensa en que el partido se cerró para salvarse, y ese cerrarse para salvarse fue exitoso en la dictadura y en los 90, no creo que yo sea quien tenga que decir si eso fue correcto o incorrecto. Quienes se van del partido, porque no les gusta la manera que está tomando, tienen derecho a expresar las características que para ellos no fueron las mejores.

Yo creo que… Gladys era como era el partido. Y si uno piensa en que el partido se cerró para salvarse, y ese cerrarse para salvarse fue exitoso en la dictadura y en los 90, no creo que yo sea quien tenga que decir si eso fue correcto o incorrecto”.

-¿Pero encontraste o no más opiniones en esa línea?

-Insisto, son características de un partido que pudo haber dado más pasos para tomar otros caminos, y en algún momento no quiso dar esos pasos. Eso te lo va a decir mucha gente, pero no es gente dispuesta a calificar de una manera a una dirigente que al paso de los años crece por las decisiones que tomó.

-Como autor, y es notorio en el libro, no tomas distancia de la protagonista y sus circunstancias, como sí lo hacen otros periodistas en sus investigaciones. ¿Por qué eliges esa opción?

-Este libro para mí significa la cristalización de un proceso de autoría muy importante en cuanto a meterme de lleno en la crónica. La primera decisión que tomé fue escribir en tercera persona, no estar presente yo como personaje. Esa voz no está. Pero en términos de tono, de estilo y de lenguaje, creo que cuando uno se mete al living de una casa no puede ser indiferente. No puedes a esconderte de los milicos debajo de la cama con el personaje, sin de alguna manera entrar en algún grado de complicidad con ese personaje. Por eso aparece esa emoción, esa subjetividad.

-Hiciste la biografía sin poder hablar con su protagonista. Si Gladys estuviera viva, y considerando todo lo que averiguaste en el libro, ¿qué te habría gustado conversar con ella?

-Cómo es vivir 12 años como una persona prohibida, cómo se sobrevive humanamente a estar prohibido, cómo se sobrevive humanamente a no poder tocar a tus hijos. Cómo lo hiciste Gladys, cómo sobreviviste al desamor y a la distancia.  

El periodista Richard Sandoval. Crédito: Esterlina Núñez.

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