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29 de Octubre de 2024Cuando el disco se raya: la dificultad de enfrentar a amigos que hablan del mismo tema una y otra vez
A Alicia Mir (55) le pasa constantemente con una amiga a la que le acaban de diagnosticar una enfermedad crónica. Cada vez que se juntan, ella le habla sobre lo mal que se siente, sobre lo triste que se siente, pero nunca, con la intención de llegar a una solución. "Ella habla conmigo, pero al mismo tiempo es como si estuviese hablando sola. Yo trato de proponerle ideas creativas para que se sienta mejor. De su rumia no sacaba ninguna idea precisa. Ni siquiera una solución que sea pequeña", cuenta. A este comportamiento, los psicólogos lo llama co-rumiación y se basa en una mala adaptación del sistema cognitivo para enfrentar un problema.
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Expresar las emociones es entendido como algo positivo en el mundo de hoy. Según miles de estudios de psicología internacional, es más sano ser alguien que habla lo que siente más que alguien que lo reprime. Pero no es lo mismo juntarse con un amigo a contar lo que se siente, que describirle a la misma persona un sentimiento negativo, sobre un mismo tema, una y otra y otra vez.
A Alicia Mir (55) le pasa constantemente con una amiga a la que le acaban de diagnosticar una enfermedad crónica. Cada vez que se juntan, ella le habla sobre lo mal que se siente, sobre lo triste que se siente, pero nunca, con la intención de llegar a una solución.
“Ella habla conmigo, pero al mismo tiempo es como si estuviese hablando sola. Yo trato de proponerle ideas creativas para que se sienta mejor. Pero luego ella empieza: ‘Y si consultara a otro médico’; “Yo creo que me tengo que hacer más exámenes’; ‘Quizás tengo otra enfermedad en otra parte del cuerpo’, y así. De su rumia no sacaba ninguna idea precisa. Ni siquiera una solución que sea pequeña”, cuenta Alicia Mir.
Cada vez que se vuelven a ver, según ella, el problema se agranda más y más. Su amiga entra en una compulsión que no era irritante porque repitiera el mismo discurso todas las veces, sino porque al hablar del mismo problema, ponía las mismas barreras para resolverlo. “No es como que me diga exactamente lo mismo todo el tiempo. Es que el modelo de su narración es el mismo. Habla de ella misma, no escucha y tampoco saca una solución concreta de lo que la aqueja”.
¿Qué puede estar pasando en el sistema cognitivo de una persona para que hable repetitiva y compulsivamente sobre un tema que le aqueja sin poder avanzar?
Las personas que hablan de sus problema una y otra vez sin realmente idear una solución o un plan de acción, pueden estar haciéndose más daño que bien. Los psicólogos llaman este tipo de conversación repetida “co-rumiación”.
El concepto, viene de una mezcla entre la “rumia cognitiva”, que se define como “un estilo de respuesta cognitiva repetitivo y pasivamente focalizado ante el malestar emocional. Éste consiste en una secuencia de pensamientos repetitivos que nacen del miedo, la culpa o la ira”. Así, lo explica una revisión sistemática sobre la rumia publicada en la Revista Iberoamericana de Psicología en 2020.
Pero cuando estos pensamientos se verbalizan y se incluye a un oyente en la ecuación, se transforma en un fenómeno que puede estar describiendo un error en el funcionamiento del cerebro a nivel emocional o cognitivo.
Pablo Moya, doctor en Ciencias Biomédicas y Director del Centro de Estudios Traslacionales en Estrés y Salud Mental C-ESTRES de la Universidad de Valparaiso, lo explica.
“Los pensamientos repetitivos y entrampados en emociones negativas pueden venir de un fenómeno emocional y cognitivo respecto de cosas que le pasan a las personas. A veces, cuando alguien vive un trauma, un duelo o cualquier tipo de emoción difícil, las personas necesitan más recursos para enfrentar esas situaciones”.
Ahí está la clave. La “co-rumiación”, según Moya, representa una estrategia de enfrentamiento respecto de las emociones y recuerdos negativos que pueden traer situaciones así.
“Hay dos tipos de mecanismos para afrontar un duelo, un dolor o un trauma. El primero, se muestra cuando la persona está constantemente focalizándose en las valoración de las emociones que le provocó el suceso. Pero sin buscar solución ‘Estoy triste, estoy triste, estoy triste’. El segundo, es una estrategia de tipo cognitiva. Aquí, se focalizan todos los aspectos de manera repetitiva y se queda en un bucle”, explica el especialista.
El bucle sin salida del habla rumiante
A la historia de Alicia Mir, Pablo Moya responde que lo más probable es que su amiga tenga “una forma de enfrentar el dolor que le causa tener el diagnóstico de una enfermedad, de manera cognitiva. Esto también se asocia fuertemente con otras patologías, porque es un mal adaptativa que va empeorando la calidad de vida de una persona”, continúa. Luego, menciona que detrás de esta forma de enfrentar el dolor, “pueden haber rasgos obsesivos, ansiosos y de estrés post traumático, o depresivos”.
Pero el repetir los problemas sin encontrar solución una y otra vez no solo disminuye la calidad de vida de quien rumea. También, afecta a los oyentes y a las personas
“Yo ya estoy cansada, agotada”, expresa Alicia Mir. “Siempre que vuelve a hablar de su enfermedad pienso: ‘Otra vez lo mismo’. Pero lo peor, es que de verdad me preocupo mucho por ella. No sé a dónde la va a llevar este circuito que no para nunca. ¿Por qué lo hace?”, reflexiona.
Para ella, la relación de amistad con sus amigas se trata de conversar y apoyarse cuando ocurren problemas. “Creo que cuando una le cuenta las cosas a las amigas ocurren dos cosas. La primera, es que una se libera de las emociones negativas. Y la segunda, es que la otra puede darte una solución creativa desde su perspectiva que quizás a tí no se te había ocurrido. Si uno ve sufrir a la otra persona y ve que no hace nada, es muy agotador emocionalmente”, continúa.
Pablo Moya profundiza en el hecho de que la co-rumiación pueda ser sinónimo de una patología de la salud mental que afecte al cerebro. Según él, existe una relación directa cuando se diagnostican este tipo de enfermedades además de la rumia. “Si uno pudiese decidir compromisos que pueden haber en el cerebro, la rumia asociada a depresión podría tener compromisos entre la corteza pre-frontal y el sistema límbico. Mientras que si es rumia obsesiva, se ve afectada la comunicación pre-frontal con las regiones estratiales del interior del cerebro”.
Pero el especialista también enfatiza en que es importante no patologizar el hecho de que alguien cuente una historia una y otra vez. Si alguien por ejemplo, habla constantemente sobre algo que le gusta o un hobbie, “puede ser que hablar compulsivamente sea una característica de su personalidad. Es una forma de afrontar la vida”, concluye.



