Secciones

The Clinic
Buscar
Entender es todo
cerrar
Cerrar publicidad
Cerrar publicidad

Opinión

22 de Noviembre de 2025
Sandro Baeza

Vivir en 24 m²: ¿Dónde se está cuando no hay espacio?

Foto autor Rita Cox F. Por Rita Cox F.

Cuando cientos de miles viven en departamentos mínimos, la convivencia deja de ser un problema de puertas adentro: se desborda hacia pasillos, ascensores, plazas y veredas. La historia de una familia hacinada es el reflejo de hogares estrechos que empujan la convivencia al límite y barrios que no tienen cómo absorber esa presión cotidiana.

Compartir

Caso real: un hombre, su mujer y la hija de ella viviendo en un departamento de 24 m². Bajo el mismo techo, la expareja de él y la hija de ambos. Cuando la historia se viralizó en televisión, muchos se burlaron. El protagonista, avergonzado, pidió después que borraran el material.

La historia, un drama humano y familiar, la contó el alcalde de Estación Central, Felipe Muñoz, hace unos días, durante un seminario en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Católica. En ese contexto académico la intención no fue el morbo, sino retratar las condiciones que sufre un porcentaje relevante de residentes de la comuna, donde el derecho a la vida digna corre peligro hora tras hora y el espacio público está precarizado.

El alcalde -y sociólogo- detalló que la situación en Estación Central no tiene precedentes. En apenas cuatro o cinco años se levantaron casi cien edificios, duplicando la población. Se podría estar hablando de hasta 250 mil personas, con departamentos de 17 m² a 24 m² que se han convertido en la oferta más accesible, con, además, situaciones de hacinamiento brutal, calles colapsadas, comercio ambulante desbordado. Una comuna que tiene el mismo equipamiento de cuando atendía a la mitad de vecinos.

Solo en la calle Toro Mazote viven 14 mil personas. En Conde del Maule, otras 16 mil. Y en la manzana de Rosas Velásquez con Ecuador, 20 mil: el 10 % de todos los habitantes de la comuna. Y la colonia más grande de venezolanos de la Región Metropolitana, unos 45 mil, también habita Estación Central.

Privacidad en mínimos metros cuadrados por individuo, espacio público insuficiente como extensión, tensiones culturales y de convivencia, en las que el municipio también debe desplegar energía y recursos instruyendo sobre horarios de celebraciones, ruidos molestos, gestión de basura, entre otros, frente a una población que, además, se mueve en pequeñas economías informales.

Los problemas de Estación Central, con el diagnóstico hecho por su alcalde y cierto nivel de optimismo puesto en el nuevo Plan Regulador Comunal (PRC), no pueden entenderse como un fenómeno aislado. Felipe Link, académico del IEUT UC, investigador asociado del COES y del CEDEUS, me explica que la oferta inmobiliaria de departamentos en el área metropolitana de Santiago se concentra principalmente en el cono de alta renta de la ciudad, en las comunas de Las Condes, Santiago, Providencia, Ñuñoa y Vitacura, con el 77 % de los avisos de oferta en los principales portales inmobiliarios.

Luego le siguen San Miguel, Lo Barnechea, Estación Central, La Florida, Macul e Independencia, que en conjunto concentran el 17 % de la oferta. Es decir, este grupo de comunas agrupa casi el 95 % de la oferta de departamentos. El promedio de superficie en estas comunas, a excepción de Vitacura y Lo Barnechea, es de 34,8 m². Por lo tanto, se trata de un tipo de desarrollo urbano guiado por el negocio inmobiliario que produce espacios y viviendas pequeñas y muchas de estas comunas, en condiciones de precariedad habitacional.

El problema de habitar en este tipo de departamentos —enfatiza— no está dado por la superficie, sino por las características de la torre y su entorno barrial. También, por la forma de tenencia, que en muchas de estas comunas es en arriendo, como sucede en Estación Central. Cuando el habitar es en arriendo transitorio o crónico, las posibilidades de inversión, mejoramiento y cuidado son más limitadas, pero también las posibilidades de participación y decisión sobre los espacios comunes y las formas de organización de los edificios.

Se suman, como describe la directora del Departamento de Geografía de la Universidad Alberto Hurtado, Loreto Rojas, espacios comunes insuficientes y de bajo estándar, o bien, de alto costo; carencia de infraestructura para bicicletas, para simplemente estar, y se ocupan los pasillos, las cajas de escalera, entre otros espacios que generan conflictos de convivencia. Las salas de lavandería se hacen pocas, los ascensores colapsan.

En la calle, hay más precariedad. ¿Entonces dónde se puede estar?

Hay excepciones. El sector de Santa Ana, en la comuna de Santiago, se distingue, según Link, por la calidad de su espacio público y del entorno construido a escala barrial. Si bien los edificios comparten algunas falencias de proyectos en otras comunas, esto se logra suplir por la calidad de la ciudad que los rodea. Algo similar ocurre en San Miguel, donde el tipo de barrio es residencial, de anchas veredas y áreas verdes, que permiten complementar de buena manera la estrechez de la vivienda en departamento.

A 30 horas en avión, en Hong Kong, las cosas pueden ser igual de complejas en materia de m², aunque la seguridad no es un problema y eso hace gran diferencia. Mi amiga Alejandra, diseñadora, trabajó dos años allí. Dejó el departamento de 78 m² en que vivía junto a su marido en Providencia para trasladarse a uno de 19, primero, y 29 (este último con un valor de 2 millones de pesos mensuales) después. No me explico cómo no volvió separada. Entre sus muchos cuentos figura su primera compra de almacén: cuando regresó a “casa” se dio cuenta de que no le cabían las cosas.

Hasta hoy, de vuelta en Chile, no abandona la costumbre de aperarse para máximo dos días y recuerda la ducha en la que le era imposible estirarse. Rememora los desvelos debido a la actividad sexual ajena y que todos los pasillos, de cada uno de los edificios que conoció, estaban atiborrados de repisas con zapatos. Tampoco olvida la falta de luz natural de los espacios interiores, siempre cerrados (todos tienen aire acondicionado para enfrentar temperaturas que superan los 30 grados). Básicamente dormitorios, ya que la gente tiene largas jornadas laborales.

Pocos parques para estar y el espacio público es, como en Chile, de lo que pueden hacerse los inmigrantes. Una imagen imborrable para Alejandra: las trabajadoras filipinas que se toman calles enteras en su día libre. Se instalan sobre cartones para pasar el día, conversar, comer, organizar concursos de belleza. Eso ocurre en un barrio de tiendas de lujo, bloqueando accesos, si es necesario, frente a la falta de alternativas.

En Londres está Ignacio Aravena, fellow de Economía Urbana de LSE. Pasó de 60 m² a 18 m², un estudio (un “largo” como le llaman allá), que, básicamente, era una pieza, luego un espacio integrado donde estaba la cocina y un rincón donde apenas cabía una mesa para cuatro personas. Baño aparte. Pasó de pagar $350 mil a casi dos millones de pesos. Allí, y junto a su esposa, lo pilló el post-COVID-19, cuando aún había muchas reuniones desde la casa. Atender clases y reuniones en el baño, cuidar de manera extrema el ruido y adaptarse. No quedó más remedio. Hoy viven en 36 m² y ya están acostumbrados a una cultura en la que entre vecinos la interacción es escasa o nula, el pub es una extensión del comedor, donde se puede ir con niños, y los parques, el living.

ONU-Habitat no especifica en cuántos m² puede desarrollarse sanamente una persona. Sí menciona que la vivienda adecuada está reconocida como un derecho en los instrumentos internacionales, incluidos la Declaración de los Derechos Humanos y el Pacto Internacional de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales, y que esta debe asegurar más que techo y paredes, como la seguridad de tenencia, disponibilidad de servicios, instalación e infraestructura, la habitabilidad y accesibilidad.

¿Cuántos derechos vulnerados podría haber en una familia de marido, mujer, exmujer y dos hijas de distintas edades viviendo en un departamento de 24 m²?  Si ese es el infierno, tal vez el paraíso es un tiny house rodeada de verde, rodeada de perros.

Temas relevantes

#ciudad#opinión#urbanismo

Notas relacionadas