Opinión
14 de Diciembre de 2025
¿Qué habría hecho Gladys Marín? ¿Qué habría hecho Jaime Guzmán?
Por Kike Mujica
En una vuelta larga, el país decidió después de 35 años del regreso de la democracia que es hora de enfrentar al más pinochetista de los candidatos conocidos con una militante comunista. Estos son los apuntes de una campaña que estuvo marcada por la moderación de los candidatos a tal punto -parece increíble- que no son tan diferentes como en su momento lo fueron Jaime Guzmán -la inspiración de Kast- y Gladys Marín -la inspiración de Jara-. Esta fue una campaña hostil en la forma, pero con freno de mano en el fondo.
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Después de 35 años del retorno a la democracia algo impensado vive Chile: una contienda electoral entre una militante del PC y otro que votó que Sí en el plebiscito de 1988.
En 2006 comenzó la puerta giratoria de la centroderecha y de la centroizquierda: Bachelet-Piñera- Bachelet-Piñera.
El centro era una geografía política virtuosa.
Al final de Piñera 2.0, estallido mediante, ese espacio entró en crisis.
“El Presidente saliente, Gabriel Boric, ha sido el mandatario más izquierdista desde el retorno a la democracia en 1990. Kast sería el más derechista”, escribió esta semana The Economist.
Mejor no hablar de ciertas cosas
¿Podría -o debería- ser esta elección una contienda entre el legado de Jaime Guzmán y el de Gladys Marín?
Si gana, José Antonio Kast sería el primer presidente formado en la quintaesencia del “guzmanismo” (“Si Jaime Guzmán estuviera vivo, yo estaría en la UDI”, dijo este año).
Si gana, Jara será la primera comunista en la historia de Chile en llegar a La Moneda, tal como lo quiso Gladys Marín (“Mil veces, venceremos: todas y todos invitados a este homenaje a la Roja del Pueblo, luchadora incansable por un país más justo”, escribió Jara sobre Marín en 2021).
Pero, pese a los polos opuestos, no ha sido una batalla de ortodoxias.
En teoría, Kast debería, por ejemplo, enarbolar que derogará el aborto en tres causales.
Jara que mandatará la muerte de la isapres y la estatización del cobre.
Pero no. Esquivar los principios fundamentales colige que al interior de cada uno de esos mundos sospechan que esas ideas alejan a los ciudadanos.
Jara y Kast fueron guaripolas de dos proyectos constituyentes fracasados estrepitosamente. Matthei -fue una de las mejores cuñas de su campaña y pese a eso no perseveró en ella- lo dijo en un debate: a mí lado están quienes encabezaron la opción fallida del Apruebo. Una, primero; el otro, después.
Los fracasos electorales de los dos experimentos motivaron la moderación de sus posturas. Para algunos eso se llama capitulación.
La campaña se centró en el crimen organizado, la migración y la economía. Todos bailaron al mismo ritmo.
¿Bien parecidos?
Vaso medio vacío: los que quedaron fuera del protagonismo de esta segunda vuelta, de lado y lado, sospechan que al final el corazón siempre manda y que la versión original aflorará cuando el poder esté en sus manos. Serían impostores.
Vaso medio lleno: al final la realidad manda y esta indica que el pragmatismo es inevitable en la política. O sea, el poder modera. Y la moderación es virtuosa.
Jara y Kast no se diferencian tanto.
Cuesta creer que Marín se hubiera autodenominado “socialdemócrata” y que Guzmán hubiese dicho que eliminar el aborto o ir contra la eutanasia no son temas puntales para el mundo conservador.
¿Qué campaña hubiese hecho Jaime?
¿Qué campaña hubiese hecho Gladys?
Nunca sabremos cómo hubieran actuado en este momentum político.
Una final inesperada
Para la élite, la batalla presidencial se dirimiría entre Matthei y Tohá. Jara partió marcando poco en las encuestas, pero a poco andar amenazó a la exministra del Interior hasta pasarle por arriba. “Una comunista no puede ganar una primaria. Jadue es el mejor ejemplo”, decían. Error.
Kast estuvo tercero dentro de los mundos de la oposición: lo superaron en su momento Matthei, por la izquierda de la derecha, y Kaiser, por la derecha de la derecha. En los mentideros de la oposición la tesis era que Kast se había agotado, que ya no era novedad y que Kaiser era la versión renovada de JAK. Error.
Los de Matthei celebraban por esos días. Fue premonitoria y temprana la advertencia molesta, a contrapelo de la euforia, de Diego Schalper: “Algunos ya se están probando el traje para jurar en La Moneda”.
“Se gana por la derecha”
Arturo Squella lanzó en marzo de este año una hipótesis que a primera vista sonaba peregrina: “Esta elección se gana por la derecha”. La comenté en ese momento con dirigentes de Chile Vamos: para serles sincero, entre que se rieron o no le dieron bola.
Las huestes de Matthei pensaban que no ganaba solo con el votante de derecha. Y que, por ello, debían ir, como gran objetivo, a buscar a los centristas y los ex Concertación que se cuadraron con el Apruebo en el primer proceso constituyente.
“Pensamos mucho con la lógica del voto voluntario y los pisos históricos que obtenía la derecha en dicho escenario. Pero con el voto obligatorio se abrió un mundo, sobre todo popular, que no es de derecha, pero hoy vota oposición, o sea, derecha. Fue un error desvivirse por captar a los amarillos o Demócratas y no ir por esos sectores”, me dice un exmiembro del comando de Matthei.

Las etiquetas de Jeannette
Entrevisté a Jeannette Jara en Radio 13C poco antes de la primera vuelta. Me interesaba saber por qué ella evitaba hablar de su formación política, sobre todo si es una militante de toda la vida del partido más doctrinario de la política chilena.
—Creo que los electores desean saber de su formación política. En una entrevista, Carlos Peña dijo que usted fue insincera al decir que no le gustaban las etiquetas cuando le preguntaron si es marxista leninista. Es como si los católicos se negaran a hablar de la santísima trinidad. Yo no soy creyente, pero…
—Yo soy católica…
—¿Y marxista leninista?
—No sé pues, eso lo están definiendo ustedes porque cuando contesto lo que no me gusta, que son las etiquetas, me dicen que soy insincera.
—Se lo pregunto porque las conclusiones del comité central de su partido -enero del 2025- no tienen nada que ver con su campaña
—Claro, lo que pasa es que en el PC no todos piensan igual, al igual que en todos los otros grupos humanos. Creo que eso ha sido la novedad. Lo entiendo porque el PC siempre se veía monolítico. Pero el PC nunca había estado en la posición en la que hoy estamos: con una candidata presidencial que representa a todas las fuerzas de la centroizquierda. Gladys fue candidata, pero fue nuestra candidata. Aquí no hay ninguna conducción monolítica de nadie.
La distancia entre el PC y Jara se hizo ostensible en el transcurso de la campaña: muchos en la oposición creen que es teatro. Pero es un hecho que Carmona, Jadue, Gutiérrez y Hertz habitaron el closet durante la campaña. Desde 1990 el partido de él o la candidata ofició siempre como primus inter pares dentro de las campañas.
Este no fue el caso.
“Esta candidatura es un buque grande y uno debe buscar los equilibrios dentro de todos los partidos. Yo prefiero este tipo de desafíos a aquellos en los cuales hay un candidato con una secta de fanáticos que lo sigue”, me dijo Jara.
Chao bus
La guerra cultural es un cliché dentro de la derecha, sobre todo dentro de sus partidarios jóvenes. Leen más a Gramsci que la izquierda. Y creen fervientemente que la batalla final no es esta elección ni tampoco la siguiente: es cuando logren instalar sus ideas como el sentido común de las mayorías.
La famosa hegemonía.
Conversé públicamente con más de una decena de dirigentes republicanos. Ninguno se salió del libreto: “aborto, eutanasia o temas de género no forman parte de las prioridades de un futuro gobierno”.
Ni hablar de la defensa de Pinochet.
Hace seis años Kast y sus seguidores marcaban diferencias con el resto de las derechas precisamente por su defensa férrea -pública y con ímpetu- de los valores conservadores.
De hecho, Kaiser levantó esta crítica a Kast.
“Yo creo que Kast tiene miedo de que una vez más el tema valórico se transforme en un boomerang y lo vengan a cazar. Pero yo creo que eso también tiene que ver con la falta de explicación de lo útil que es el tema valórico desde el punto de vista social y estatal”, dijo
“Nosotros no hemos renunciado a ninguna convicción”, agregó.
Recuerdo que en 2017 grupos conservadores organizaron la campaña del “Bus de la Libertad”, una micro naranja que recorría Santiago, abogando por una educación libre de ideologías y condenando el ‘lobby gay’.
Kast, entonces diputado, lo apoyó con entusiasmo. Y criticó a sus detractores:
“Precisamente ustedes que se han dedicado al ‘lobby gay’ no quieren reconocer que hay personas que tienen el mismo derecho a expresarse. ¡Viva la libertad!”, “¡bienvenido el bus de la libertad!”, dijo.
En el debate presidencial del 2021, Constanza Santa María le preguntó:
—Usted dice que no ha discriminado a nadie. ¿Por qué habló del ‘lobby gay’ en 2017?
—Sí, pues, si hay ‘lobby gay’. En el Congreso todos sabían que a la salida de las comisiones estaban esperándonos todos los activistas del ‘lobby gay’… yo no tengo ni un problema con el mundo homosexual, porque respeto profundamente la dignidad de las personas. Cosa distinta es cuando se hace un lobby permanente para tratar de influir en las personas y presionar a los parlamentarios-, respondió Kast, vehemente, sin titubear.
En esta elección la respuesta hubiera sido “esto no forma parte de las prioridades de un gobierno de emergencia”.
Y el bus hubiera partido al estacionamiento subterráneo y sin bencina.
Final: el villano favorito
La derecha dura -republicanos y libertarios- acusó a Chile Vamos de relevar la figura de Jara a raíz de la aprobación de la reforma de pensiones.
Cuando Jara subió como espuma en las encuestas después de ganar la primaria, el pánico y los reproches aumentaron.
En la otra vereda: ¿cuánto ayudó a Kast que Boric lo convirtiera en su villano favorito? Jara se molestó con las intervenciones del mandatario que se subió al ring presidencial sin ser invitado.



