rafaelcorrea Efe

“Se vienen tiempos duros” por el resurgir de la derecha en América Latina, advierte el presidente de Ecuador, Rafael Correa.

“Ese cambio de época, ese aturdimiento de la derecha, esa desarticulación, desorganización en la primera década del presente siglo ha pasado, ha sido superada esa etapa, hoy hay una restauración conservadora en marcha”, agrega el mandatario en su discurso en la inauguración del Encuentro Latinoamericano Progresista (ELAP 2014).

El jefe de estado apunta a ese resurgir, a esa rearticulación, a una complicidad de la supuesta izquierda radical, que tilda como la más conservadora.

“La restauración conservadora actúa de manera globalizada y en nuestra América lo hace también valiéndose de ONGs financiadas desde el primer mundo”, añadió.

“Es claro que en Ecuador y América Latina se ha avanzado mucho, pero no hemos logrado todavía la prevalencia del poder popular sobre las élites. Todo puede ser revertido y, claramente, existe una reconstitución de las fuerzas de derecha. Se han recuperado del aturdimiento en que las dejó el estruendoso fracaso del neoliberalismo y el surgimiento de gobiernos patriotas”, dijo.

Según Correa, las fuerzas de derecha están articuladas nacional e internacionalmente “con estrategias de poder y, por supuesto, (…) con la complicidad de la prensa nacional e internacional y de los países hegemónicos de siempre”.

El gobernante ecuatoriano, seguidor del llamado Socialismo del Siglo XXI, consideró que el encuentro de Quito, organizado por su movimiento político, Alianza País, debe ofrecer a la región la creación de una plataforma permanente para que la izquierda latinoamericana comparta una amplia agenda programática.

“La derecha tendrá recursos ilimitados materiales, financieros, mediáticos. Nosotros debemos tener ideas, propuestas ilimitadas. Vamos a construir agendas comunes, vamos a defender a los gobiernos democráticos progresistas de la región”, agregó ante decenas de asistentes al evento.

Correa indicó que el socialismo debe adaptarse a la realidad de cada país, y subrayó que el gran desafío de América Latina es convertirse en un generador de conocimiento.

“La revolución no significa violencia, significa cambio radical, profundo y rápido de las estructuras vigentes, de las relaciones de poder. En el siglo XXI nuestras balas son los votos y nuestros soldados son los ciudadanos”, comentó.