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Lloró, gritó exultante, dijo ser el “el huevón que más se merece esto”, celebró con su hijo, en fin, triunfó.

Así vivió Cristián Álvarez el título número 11 de la Universidad Católica el sábado pasado, cuando la franja venció a Audax Italiano mientras O’Higgins le facilitaba las cosas al caer en Rancagua.

Este lunes, ya con la cabeza más fría, con las pulsaciones en su lugar, con la calma que confiere el tiempo, el defensa habló con ADN Radio del momento que calificó como uno de los más esperados antes del retiro.

“Yo iba con cero fe. Estaba rendido”, confesó.

Recordó, quizás rememorando pasadas frustraciones, que “cuando vamos confiados siempre perdemos. El relajo es lo que nos liquida… Ahora hicimos todo lo contrario a un partido importante y nos resultó”.

Así como pensó que la UC no sacaba la tarea, admitió que tampoco imaginó la caída de O’Higgins, que ese día dependía de sí mismo para campeonar.

De ese partido, destacó el tanto de Fernando Manríquez.

“Fue un tremendo golazo, uno de los mejores goles de los últimos años”.

De vuelta a las sensaciones que lo invadieron la tarde del sábado reveló que “estar con mi hijo fue lo más hermoso. El 2013, no sé si cometí el error o no, le dije a mi hijo que iba volver con la copa y eso me dañó mucho como deportista, porque no le pude cumplir a mi hijo. Eso me tenía complicado, no poder hacerlo era un espina demasiado grande que tenía clavada”.