Barry Goldstein

Elizabeth Kolbert, periodista, sobre el cambio climático: “Una de las cosas que ha demostrado el Covid-19 es que la gente no responde a los datos científicos de la forma que uno esperaría”

En su nuevo libro, “Bajo un cielo blanco: cómo los humanos estamos creando la naturaleza del futuro”, la Premio Pulitzer (2015) cuenta “historias de personas que intentan resolver problemas que otros crearon al intentar resolver problemas”. “¿Tendrán éxito? Esa es una pregunta abierta”, comenta a The Clinic.

Viajó a Groenlandia en 2001 y se impresionó por los altos niveles de deshielo. Fue entonces cuando Elizabeth Kolbert (60) tomó la decisión de informar sobre el fenómeno, aunque la cobertura del ataque de Al Qaeda a las Torres Gemelas la desviaron de ese camino durante un tiempo.

En la década de los 2000, sin embargo, era muy raro que los científicos hablaran de que lo que estaba ocurriendo era efecto del cambio climático. Hoy, la periodista sostiene que cualquier persona puede ir a un lugar y encontrar una señal muy clara del fenómeno, porque el problema se ha vuelto mucho peor y más obvio que en las últimas dos décadas.

Eso se hizo particularmente notorio en el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), que concluye que la actividad humana es “inequívocamente” responsable de cambiar el clima de la Tierra en formas “sin precedentes” y que algunos cambios se consideran incluso “irreversibles” debido al aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero.

En conjunto, los trabajos de Kolbert exploran la posibilidad de si casi 8.000 millones de humanos pueden vivir en este planeta sin autodestruirse y sin llevarse un buen porcentaje de otros seres vivos con nosotros.

Como relata en sus investigaciones, los humanos hemos transformado de manera directa más de la mitad de las tierras emergidas y no heladas del planeta (unos 70 millones de kilómetros cuadrados) y, de manera indirecta, el resto. Hemos embalsado o desviado la mayoría de los grandes ríos. Nuestras plantas de abonos y cultivos de leguminosas fijan más nitrógeno que todos los ecosistemas terrestres, y nuestros aviones, autos y plantas de energía emiten unas cien veces más dióxido de carbono que todos los volcanes juntos. Nos hemos convertido en la mayor causa de extinción. Tal es el impacto del ser humano que ya se considera que vivimos en una nueva época geológica: el Antropoceno. Y en la edad de nosotros, no hay ningún lugar -incluyendo las más profundas fosas de los océanos o la Antártida- donde no se pueda encontrar nuestra huella.

Informar sobre esto, comenta la autora a The Clinic, implica una serie de desafíos: “el primero, es que los eventos más vívidos, como incendios, huracanes e inundaciones tienen muchas causas, y el cambio climático suele ser solo una de ellas. Otro desafío es que hay un retraso prolongado en el sistema: los efectos que estamos viendo hoy se pusieron en marcha hace décadas, y lo que estamos haciendo ahora tendrá efectos en décadas, siglos, incluso milenios, en el futuro”.

En conjunto, los trabajos de Kolbert exploran la posibilidad de si casi 8.000 millones de humanos pueden vivir en este planeta sin autodestruirse y sin llevarse un buen porcentaje de otros seres vivos con nosotros.

¿Una esperanza?

Su Premio Pulitzer de No Ficción, “La sexta extinción” (Crítica, 2015), fue una larga mirada hacia atrás en el tiempo, examinando las causas y consecuencias de las cinco extinciones masivas anteriores en la Tierra. Lo que los humanos le están haciendo al planeta hoy, sugirió ella, es tan impactante para el futuro de la vida como el asteroide gigante que acabó con los dinosaurios.

Ahora, en su nuevo libro “Bajo un cielo blanco: cómo los humanos estamos creando la naturaleza del futuro” (Crítica, 2021), Kolbert cuenta “historias de personas que intentan resolver problemas que otros crearon al intentar resolver problemas”. “¿Tendrán éxito? Esa es una pregunta abierta”, comenta.

La obra relata, entre otras historias, la del río Chicago, que ha sido electrificado para mitigar la propagación de una carpa invasora introducida a propósito; la de un lugar en Australia donde los científicos crían corales tolerantes al calor que esperan sean más resistentes que los que mueren en la naturaleza y la de científicos de Harvard que investigan la geoingeniería solar, que implicaría disparar partículas reflectantes a la estratosfera para enfriar las cosas en la Tierra, creando así el “cielo blanco” con el que Kolbert titula su libro.

Para la autora, nos enfrentamos a un dilema sin igual: si hay alguna respuesta al problema del control, será más control. Solo que ahora lo que hay que gestionar es un planeta alterado por las acciones del ser humano. No debemos buscar el control de la naturaleza, sino “el control del control” de la naturaleza, plantea.

“En cierto modo ‘Bajo un cielo blanco’ es un intento de buscar soluciones al cambio climático. Pero es una mirada irónica: es probable que muchas de las llamadas ‘soluciones’ den lugar a nuevos problemas. Esa, desafortunadamente, es la situación en la que nos encontramos”, afirma la periodista.

En un momento del relato -cargado de ironía- hay una cita que se atribuye (apócrifamente) a Einstein: “No podemos resolver nuestros problemas con el mismo pensamiento que usamos cuando los creamos”. “Es un poco gracioso, cuando lo piensas: si la cita no es realmente de Einstein, y no lo es, ¿deberíamos tomárnosla en serio? No estoy segura”, dice Kolbert.

Aunque a priori “Bajo un cielo blanco” pareciera ser más esperanzador que “La sexta extinción”, al contar historias de personas que hacen cosas para prevenir desastres, Kolbert sostiene que “el lector es quien debe juzgar esto”. “Muchos de los métodos que la gente propone para prevenir desastres podrían producir resultados fabulosos o podrían producir nuevos desastres. Desafortunadamente, a menudo es difícil saber cuál será sin probarlos”.

“Para escribirlo, he hablado con ingenieros e ingenieros genéticos, con biólogos o microbiólogos, con científicos de la atmósfera y emprendedores de la atmósfera. Sin excepción, se mostraron entusiastas de su trabajo. Pero, por regla general, su entusiasmo se veía atemperado por la duda. Las barreras eléctricas contra peces, la ‘crevasse’ de hormigón, la falsa caverna, las nubes sintéticas, no me lo presentaron tanto con un espíritu de tecnooptimismo como de lo que podríamos calificar de tecnofatalismo. No son mejoras sobre los originales, solo lo mejor que se le ha podido ocurrir a alguien, dadas las circunstancias”, afirma.

-¿Podrían las tecnologías que han puesto en peligro nuestro planeta ayudarnos a salvarlo?

-Esa es la pregunta central del libro. Aquí no hay una respuesta fácil.

“Vale la pena intentarlo”

-La amenaza ambiental lo impregna todo, no solo la economía. Vemos que cada vez más personas migran después de ser víctimas de desastres naturales. ¿Está de acuerdo con el término “refugiado climático”? ¿Deberían ser sujetos de derecho?

-No soy abogada, así que no creo que pueda realmente responder a esta pregunta. Claramente, mucha gente va a estar en movimiento debido al cambio climático. ¿Qué le deben a esta gente los países que más contribuyeron al problema, como Estados Unidos? Intuitivamente, se diría mucho. Pero legalmente, no estoy seguro.

“En cierto modo ‘Bajo un cielo blanco’ es un intento de buscar soluciones al cambio climático. Pero es una mirada irónica: es probable que muchas de las llamadas ‘soluciones’ den lugar a nuevos problemas. Esa, desafortunadamente, es la situación en la que nos encontramos”, afirma la periodista.

-Una discusión frecuente para luchar contra el cambio climático es el tema del desarrollo: los países desarrollados se convirtieron en lo que son en muchos casos afectando a la naturaleza. ¿No tienen los países subdesarrollados el derecho a crecer rápidamente haciendo lo mismo?

-Ese es uno de los muchos grandes obstáculos para hacer frente al cambio climático. Si los países en desarrollo insisten en seguir el mismo camino dependiente de los combustibles fósiles que los países desarrollados, -¿y quién soy yo, como estadounidense, para decir que no deberían? – entonces realmente el mundo en 2060 o algo así será un lugar infernal. Uno puede esperar que haya una manera diferente y mejor de mejorar la vida de las personas, pero alguien debe demostrar que ese es el caso.

-Otro debate recurrente es el de la justicia intergeneracional. ¿Son los jóvenes los que deberían tomar esta bandera de lucha o los responsables de las generaciones anteriores? ¿Tiene esperanza en los líderes de las nuevas generaciones, como Greta Thunberg?

-Soy una gran admiradora de Greta Thunberg. Creo que es una joven extraordinaria y ha logrado cosas asombrosas. Y entiendo totalmente por qué los jóvenes están enojados. ¡Deberían estar enojados!

-Debido a que el coronavirus ha tenido un efecto global, se ha propuesto que podría convertirse en un momento único para lograr un consenso para enfrentar el cambio climático. ¿Cree que es posible avanzar hacia una economía pospandémica más ecológica?

-Creo que una de las cosas que ha demostrado el Covid-19 es que la gente no responde a los datos científicos de la forma que uno esperaría. Así que no puedo decir que la respuesta del mundo postcovid me dé mucha esperanza.

-Si la pandemia no funciona como una alarma, ¿qué funcionará?

-He estado escribiendo sobre el cambio climático durante 20 años y no estoy segura de que haya una respuesta a esto.

Entiendo totalmente por qué los jóvenes están enojados. ¡Deberían estar enojados!

-En Chile estamos en medio de una discusión sobre la Nueva Constitución. Entre otras cosas, se ha planteado el poder de los territorios, la posibilidad de ser un país plurinacional y las políticas relacionadas con el acceso al agua y la protección del medio ambiente. ¿Es la Constitución el espacio idóneo para avanzar en materia ambiental?

-Como no soy abogada, me temo que no puedo responder a esta pregunta. Lo mejor que puedo decir es que vale la pena intentarlo.

“Bajo un cielo blanco”

212 páginas

Formato: 15,5 x 23 cm

Colección: Drakontos

$ 14.900

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