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Checho Hirane, comunicador: “Hoy Pinochet estaría preparándose para sacar el cuarto retiro”

El conductor radial de Agricultura tuvo un percance médico y deberá ser operado. Desde la misma clínica en que se aloja, el humorista habla de su fanatismo por la derecha, de la libertad, de las críticas y de su humor. “Si yo no soy tan derechista”, dice. Una charla en medio de enfermeras.

El sábado 25 de septiembre Checho Hirane, 66 años, humorista y conductor radial abanderado al neoliberalismo, orinó un chorro de sangre. Luego, ese mismo sábado, orinó más chorros de sangre. Y el domingo, desde temprano, Checho, afligido, siguió orinando sangre, una y otra vez. Y entonces Checho Hirane pensó, lógicamente:

-Voy a morir, por la cresta…

Imaginó, a solas en el baño, un cáncer. Tengo cáncer al estómago, balbuceó. Tengo ese tipo de cáncer espeluznante, ramificado, el que no deja tiempo. Suspiró. Es el fin. Y en ese fogonazo, en un segundo, sucedieron las mil postales: la prole sin consuelo, los nietos, el dejar a medias su compromiso comunicacional con la patria y los auditores de Conectados en Radio Agricultura, su programa estelar, primera sintonía en el horario y el programa ícono de los entusiastas de la derecha. Y se le agolparon los melodramas, el llanterío de Ana María, su esposa, la mamá de los cuatro Hirane Hirmas. De modo que Checho razonó: voy a luchar. Y Checho se dijo: Los que me conocen lo tienen claro, a Hirane no lo tumba un chorro de sangre; a Hirane, pensó con tintes humorísticos, no lo tumba nada que sea rojo. Se subió al auto y aceleró con destino a un Servicio de Urgencia.

-Es una hemorragia, señor Hirane- le dijo un doctor.

-¿Qué?

-¡Intérnenlo!- gritó el especialista.

-Pero…

-¡Anestesia!- gritó de pronto el especialista- hay que disolver unos cólicos llenos de sangre…

A Checho le sacaron los cólicos. Lo durmieron. Lo vistieron con un camisón con tajos en las caderas, le pusieron suero y lo dejaron residiendo en una habitación con vista a la noche. Ya se encuentra bien. Ya ha vuelto a orinar orina. Lo ha empezado a vigilar un batallón de enfermeras con un acotado sentido del humor y un amplio sentido del deber. Y, eso sí, el doctor lo visitó y le aclaró:

-Este viernes lo operamos, señor Hirane.

-¿Cómo?

-De la próstata.

-¿Otra vez?

Lo que pasa es que ya lo han operado dos veces de la próstata. Y, bueno, tal vez justo en los momentos en que salga esta nota, Checho estará siendo anestesiado. Checho será dormido. Y el 1 de octubre lo operarán por tercera vez.

Desde la cama

Pero hoy es el último martes de septiembre, nos hallamos a tres días de la intervención quirúrgica y Checho Hirane, aún equipado con su próstata enorme, contesta una videollamada con la cabeza apoyada en la almohada.

-Hola huevón -dice con voz de enfermo. Esta es la primera y única entrevista que concede desde una cama de la Clínica Las Condes. Esta es, por ende, una conversación bajo el influjo de los medicamentos.

-¿Cómo está, Checho?

-Aquí, huevón -y a Checho se le captan dos ojeras por las noches de insomnio y orina. Pero, a la vez, lo vemos entero. Hay allí un angustiado que ya ha enfrentado públicos hostiles, también está allí de alguna manera el terco soldado, el que desfiló en la Parada Militar del 2014 adherido al fusil e ilustrando el enojo magnificado de un reservista de la Primera Escuadra. Checho denota firmeza.

-Puta, al menos no es cáncer, huevón -y desliza una sonrisa, una carcajada en el espanto. El camisón se le abre.

El reportero intenta dar un matiz de naturalidad a la situación y le comenta:

-¿Su enfermedad no será una brujería de los comunistas?

El reportero ha dicho una pequeña humorada, pero Checho pone la cara seria. Abre los ojos, aterrado, y murmura:

-No creo…

-Quizás es magia negra desde la extrema izquierda, Checho…

Y queda helado.

-No, no creo que hagan eso… Si esto les pasa a algunos hombres después de los 60 años…

Checho Hirane festejó, hace unas semanas, el cumpleaños número 19 de Conectados, su programa radial. En este, Checho se ha transformado en el tótem de la derecha. Es un comunicador que dispara fuego, el hombre-lava, el punto de vista caliente. Detesta a la Pamela Jiles, a esos zurdos que exudan marxismo, lo ofuscan las posturas de Jadue, los flojos que anhelan vivir del Estado. A Checho de pronto le reflotó su título de ingeniero comercial y adora el mercado.  

-¿Cree que se ha hecho caricatura con su fanatismo?

-Puf. Es una caricatura, amigo. Si yo no soy tan derechista. Yo soy de derecha en lo económico, yo soy súper neoliberal. Pero en lo valórico soy medio de izquierda, te prometo.

-¿Le gustan los derechos humanos?

-¡Claro que me gustan!

-¿Qué le gusta de los derechos humanos?

-O sea, a mí me cargan los abusadores. Y de siempre, ah…

-¿Le gustan los matrimonios igualitarios?

-¡Totalmente! Yo apoyo el matrimonio entre homosexuales.

-Usted prácticamente es de izquierda, Checho…

-¡Es lo que te digo! Yo sí quiero que siga el modelo neoliberal. Mira, compadre, yo lucho contra la pobreza. Aún no se sabe de nadie que se haya muerto de desigualdad, pero sí hay quienes se han muerto de pobreza.

Una enfermera entra y, al parecer, le informa fríamente que lo tendrán que revisar. El enfermo pone voz firme, de patriota:

-¡Estoy en una entrevista!

La enfermera se retira. Checho respira agitado.

Si yo no soy tan derechista. Yo soy de derecha en lo económico, yo soy súper neoliberal. Pero en lo valórico soy medio de izquierda, te prometo.

-Checho…- murmura el reportero.

-Disculpa, ¿cuál es tu nombre? -pregunta Checho a la prensa. Y pone esa voz, una voz de coronel. El reportero, trastornado, se figura que allí está el Coronel Hirane mirando con atención a la prensa. El reportero sospecha que el Coronel Hirane le ha visto la barba de comunista. El reportero da su nombre en voz alta, como si hubiese revisión de tropas.

-Ah -dice Hirane-… Pregunta entonces…

-Checho, no le mentiré… Hay gente que lo tilda de facho…

-Me da exactamente lo mismo.

-¿A qué atribuye que lo tilden de esa manera?

-Es lo mismo que la palabra turco, por una parte, es querer ofender y por otra parte es ignorancia. Pero, mira, yo soy la antítesis del fascismo… ¡Yo estoy a favor de la libertad!

-Claro, claro…

-¡Lo he dicho mil veces!

-Pero, según la terminología chilena, ¿usted es facho?

-Sí claro. Soy de derecha. Y creo que no hay mejor política económica que un buen empleo. Pero, claro, es más popular dar bonos.

Yo apoyo el matrimonio entre homosexuales.

-¿Y la gente está feliz, Checho?

-Puta, eso ya es un debate filosófico…JAJAJA

Y Checho ríe a carcajadas. Y el reportero, táctico, ríe a carcajadas.

-¿Y qué me dice de la Convención Constituyente?

-Debaten puras estupideces. Dudo que salga algo bueno de ahí.

-¿Y los candidatos?

-Son, en verdad, sólo cuatro. Kast, Sichel, Provoste y Boric.

-¿Y Kast?

-Me gusta. Pero no me gustan sus seguidores.

-¿Sichel?

-Piñera Tercera Parte.

-¿Provoste?

-Quiere ser Bachelet, pero no es Bachelet.

Yo soy la antítesis del fascismo… ¡Yo estoy a favor de la libertad!

-¿Boric?

-Con él seremos más pobres.

Y luego opina que le gustaba el llamado Gobierno Militar, pero a la vez le disgustaba el llamado Gobierno Militar. Era, en los ochenta, un facho difuso, con una pizca de demo, creyente en silencio de los derechos humanos. Era, más bien, el Señor de la Noche, el socio de Miguelo, los árabes del negocio y el tonteo, los árabes encaminados a elevar una copa, al brote de espumante, no al debate cívico. Pero, de todos modos, Checho establece con serenidad lo siguiente:

-El Gobierno Militar dejó a Chile con un crecimiento del 10%…

Ese sí era un país, desliza, lleno de pubs, de neón, de Entre Negros, uf, olvídate, y Miguelo, el seductor, nuestro Rodolfo Valentino untado en vello, y él, Checho, el líder del carisma, el chistólogo del momento. Y el reportero le pregunta: “¿Pero usted era pinochetista en esa época?”. Y Checho dice que no, para nada. Y el reportero le dice: “¿Se refería a Pinochet como El Dictador?”. Y Checho dice que no, para nada. Y agrega: “Nunca lo he tratado de Dictador”. Y luego, tras una corta meditación, agrega: “Pero fue una dictadura”.

(Kast) Me gusta. Pero no me gustan sus seguidores.

Y lo dice fuerte, como si llevara a cabo una terapia:

-¡Qué duda cabe, sí, sí, fue una dictadura!

Y Checho se agita. Entra otra enfermera. Le revisan un tubo.

-¡Estoy en una entrevista…! -reclama de nuevo el Coronel Hirane. La enfermera se va.

-¿Qué estaría haciendo Allende si viviera hoy?

-Estaría con una motoniveladora abriendo las grandes alamedas.

-¿Qué estaría haciendo Pinochet si viviera hoy?

-Hoy Pinochet estaría preparándose para sacar el cuarto retiro… Ya no le quedaría nada del Banco Riggs… Jajaja…

La risa se reduce, lentamente.

-Checho…

-¿Si?

-¿En qué momento le empezó a dar con esto de la política?

-Esto lo hago por mi país, amigo. Yo no necesito demostrar nada a nadie.  Yo ya hice una tremenda carrera en el humor, me gané todos los premios.

-¿No empezó con la política, como dicen muchos, cuando empezó su declive humorístico?

Y Checho Hirane pone con firmeza su cara de Coronel.

-No, huevón -dispara frontalmente.

El humorista pije

-A mí siempre me ha ido el descueve.

-¿Sigue vigente?

-Puta, anda al Hotel Plaza El Bosque. Hasta antes de la pandemia se presentaba Checho Hirante a tablero vuelto, viernes y sábado.

-¿Cree usted que representa al llamado humor pije, el humorista de los cuicos?

-O sea, totalmente. Yo tengo que ser muy huevón si voy a un Festival Popular De No Se Dónde a presentar un show. Uno sabe dónde está su público.

Checho dice que a veces se expone a los gritos desubicados. Una vez le gritaron esto:

-¡Fome culiao!

Otra vez le gritaron esto:

-¡Anda a saltar a la cama elástica, huevón malo!

Allende estaría con una motoniveladora abriendo las grandes alamedas.

Pero Checho, estoico, recuerda que ha escrito dos libros de humor y que vendió 55 mil ejemplares. Recuerda que dio vuelta al público de Viña. Y recuerda lo esencial:

-No hay nada más lindo que hacer reír.

-¿Usted hace reír?

-A algunos. No soy monedita de oro.

Y reconoce que el estigma político ha variado su carrera. Ahora, además, tiene su programa Café Cargado en La Red, el llamado por unos como el canal red, el canal rojo, y se siente una isla que saluda cordialmente a Mónica González. Pero está feliz allí. Y feliz en el otro polo, en Agricultura.

-Una vez una mujer me gritó en el semáforo: ¿Y qué mirai facho culiao?

-¿Usted qué le dijo?

-“A ti no. Ni aunque fueras la última mujer del mundo te miraría”.

-¿Qué más le han dicho?

-Un matrimonio se me acercó en un restaurante y ambos me dijeron: “Facho culiao”.

-Es evidente que como facho no es virgen…

-Siempre va junta la expresión…

Yo no necesito demostrar nada a nadie. 

Y se queda en silencio, respirando pesadamente. Este es el instante que aprovecha la prensa para inocular su mensaje. Y pregunta:

-¿Por qué Chile tiene que estar zanjado por la ideología, Checho?

-¿Ah?

-¿Por qué nos alejamos?

-…

-¿Cuánto, digo, durará lo de derecha e izquierda, el facho y el rojo…?

Checho queda pensando. Y, con honestidad, se declara en el vacío:

-No sé, huevón -dice, apagado.

-¿Por qué siempre, como un rótulo, marcamos a la gente con Pinochet o con Allende?

-Puta… Sí…Hay que dejar esas cosas atrás…

-…

Y Checho medita. Y justo cuando parecía que flotaría la luz, añade:

-Igual… Me la impresión que está empezando de nuevo eso.

-¿Qué?

-Lo de blanco y negro. Derecha e izquierda.

Una vez una mujer me gritó en el semáforo: ¿Y qué mirai facho culiao?

Y vuelve a opinar, encendido, y si sale Boric de Presidente, Checho promete que no se irá de Chile. Luchará desde adentro. Y revela que no quiso ser senador porque prefiere ser comunicador. Y todo lo que hace es por Chile, repite. Todo es por la patria.

Y finaliza, resignado:

-…y seguimos polarizados…

Y ahora sí, entra el batallón de enfermeras. Y Checho Hirane esta vez se deja revisar. Y lo palpan. Y él cierra los ojos. Y quizás, justo ahora, ya en octubre, Checho haya comenzado a soñar.

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