Amanda Marton

El día en que Raúl Zurita debutó con su banda de rock

El 4 de noviembre, el poeta se presentó en Matucana 100 con su grupo “Unidad Popular” y dio a conocer las canciones que escribió sobre desamor y muerte pero, sobre todo, esperanza. Aquí, la crónica de esa noche, a la que estuvo invitado The Clinic.

A eso de las 18 horas del jueves 4 de noviembre, Paola estaba a un costado del patio central de Matucana 100 cuando oyó canciones que venían del fondo del centro cultural, lejos de aquellos galpones del 1.900 que lo caracterizan. “Escuché unas músicas bien distintas, no logré identificar de quienes eran, pero sonaba especial”, dice.

Sin saberlo, Paola era la primera persona que escuchaba a Unidad Popular, la banda de rock del poeta Raúl Zurita, que estaba realizando un hermético ensayo para su primera presentación esa misma noche.

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La idea se venía gestando hace meses. Aldo Perán, licenciado en Historia y editor de Debate y Taurus, mostró al Premio Nacional de Literatura (2000) una progresión de acordes mientras almorzaban. Zurita le pidió un archivo de audio y al día siguiente le mandó una letra para esa canción.

Para el poeta, se trataba de una vía de escape de su reciente publicación, la frenética novela “Sobre la noche el cielo y al final el mar”, en la que estuvo años trabajando para contar sus visiones y recuerdos de la época de la dictadura. Le quedó gustando el ejercicio de escribir una canción: era una manera de brindar un homenaje al rock -que considera uno de los grandes géneros literarios- y probar nuevas formas de redacción, lejos de la poesía.

Pronto, Zurita ya tenía unas cuantas canciones trabajadas y, junto a Aldo, se sumó a los músicos Manuel Vargas, Adolfo Reyes y César Castañeda para empezar a ensayar.

La noticia llegó a los oídos del equipo de producción de Matucana 100, que justo este 2021 celebra sus 20 años de existencia. El equipo sabía que tener a una figura tan relevante como Raúl Zurita sería un honor. El equipo coincidía en que los poetas tienen una voz muy potente y siempre tienen algo que decir, especialmente en un país reconocido por su poesía, como Chile. El equipo se entusiasmó y decidió invitarlos para cerrar el año de homenaje a las dos décadas del centro cultural y dar inicio al festival MFest, cuentan a The Clinic.

Así, quedó definido que el 4 de noviembre a las 19:30 horas sería el debut de Unidad Popular.

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19 de octubre

En entrevista con The Clinic, Zurita da a conocer que pronto se presentará con su banda, aunque precisa que todavía no tiene fecha. Dice que está “un poquito nervioso” con la presentación. “Siempre el fracaso y lo ridículo están al lado (se ríe). Antes yo podía leer mis poemas parado, de pie… Me temo que ahora tendré que hacerlo sentado. ¡Qué diablos!”, cuenta.

28 de octubre

Una semana antes de la presentación, el poeta dice: “Me siento aterrado”.

3 de octubre

24 horas antes del debut, Zurita se relaja. Dice que bromea con que está aterrado, pero que escribir canciones “ha sido divertido”. Las letras, adelanta, “son bien increíbles”.

El gran día

Matucana 100 está decorado con un gran lienzo que anuncia las presentaciones del MFest y que, por sus colores, recuerda los murales de la Brigada Ramona Parra. En la entrada, cuatro jóvenes toman la temperatura y piden el Pase de Movilidad a cualquiera que ingrese al centro cultural.

Crédito: Amanda Marton

En el patio central, casi a las 19:00, poco a poco se va congregando más gente. Adultos y adolescentes que van a asistir la película “Mis hermanos sueñan despiertos”, de Claudia Huaiquimilla, en el microcine; otros que bajan al piso -1 a ver una exposición de Cristián Inostroza y Sebastián Riffo; y unos cuantos que están a la espera de la exhibición del primer capítulo de la nueva serie de Los Prisioneros, la ficción realizada por Movistar y la productora Parox sobre la vida de la banda sanmiguelina.

Nada indica que, dentro de muy poco rato, el poeta se presentará. 

En esos mismos instantes, Zurita está reunido con su banda en el espacio administrativo de Matucana 100, en el segundo piso. Se le ve sentado, conversando, tranquilo. Al percibir que algunas personas se acercan al espacio, Unidad Popular ingresa a una sala de reuniones y cierra la puerta de vidrio.

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La Huerta” es como le llaman a un espacio a cielo abierto al fondo del centro cultural, pasando el edificio administrativo, que tiene un pequeño jardín y estanque artificial y piso de madera. Un mini oasis prácticamente oculto en Matucana 100.

Un espacio donde se ve más que el ladrillo y la arcilla de los galpones industriales del centro cultural. Un lugar que, de una u otra manera, es más afín al paisaje, tan característico de los poemas de Zurita.

Crédito: Amanda Marton
La Huerta

Ahí, desde las 19:20 cada vez más personas se reúnen a esperar el debut de Unidad Popular. La esposa del poeta, la escritora Paulina Wendt, está sentada en una de las mesas más cercanas al escenario. Está bajo un árbol cuyas flores de no más de un centímetro, le caen sobre el pelo rubio.

A unos metros de esa mesa, también con una vista privilegiada, se encuentra un hombre con una gran cabellera cuyo parecido con Zurita es innegable. Algunas personas lo miran, sonríen, y comentan entre sí que con seguridad él es uno de los hijos del poeta.

20:20. Ya ha pasado casi 60 minutos del horario indicado en la invitación y todavía no hay señales de la banda. Los más de 60 asistentes esperan, fielmente. Algunos también se ponen ansiosos. Es el caso de Raimundo: “Ya dan ganas de saber qué van a mostrar, ¿cierto?”. “Sí, quiero escucharlos luego”, le responde su pareja.

Otros cuantos minutos pasan hasta que uno de los funcionarios de Matucana 100 se sube al escenario a agradecer la espera, la asistencia y brinda un discurso de homenaje al centro cultural, que concluye destacando la importancia de la cultura -“este espacio no se entiende sin sus artistas y su arte”- y con la esperada frase “con ustedes, Unidad Popular”.

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Tan pronto se sube al escenario, más que hablar de su banda o del público, Zurita se manifiesta en contra de la violencia en Cañete y destaca que el encuentro de este 4 de noviembre será un sentido homenaje a Yordan Llempi Machacan, el comunero mapuche de 23 años muerto esta semana.

Luego, se sienta. Y se transforma.

Crédito: Amanda Marton

Sus compañeros tocan un estilo que tiene forma de rock clásico de fines de los sesenta, comienzos de los setenta. Probablemente el estilo que escuchaba Zurita en su juventud.

A la melodía se suma la voz del poeta, que recita, con su voz grave y susurrante, las canciones que compuso. “Hay un mar azul ahí afuera”, dice la primera de ellas. Y hace recordar el mensaje que el Premio Nacional de Literatura viene destacando desde hace años: para él, el mar es la muerte. “Me ahogo”, añade la letra.

En sus manos, Zurita trae unas cuantas hojas con las canciones impresas. Las tiene separadas por post it de colores y va de una página a otra con mucha atención. También con mucho esmero mira a cada cierto rato a Aldo Perán, a su derecha, quien le hace un gesto con la cabeza para indicarle en qué momento tiene que volver a recitar.

Intenso, el poeta sigue con una canción en la que se pregunta “¿por qué me dejaste?” y señala: “La muerte me espera”.

Crédito: Amanda Marton

A ésa, se suma una música larga -la más larga de la noche- que emociona a los asistentes y que se llama “Historia natural de la destrucción”. La letra hace un repaso por grandes momentos de la historia chilena e interpela al auditor una y otra vez: “Y tú, ¿qué hacías cuando…?” Cuando los españoles arrasaron con todo, cuando asesinaron a Camilo Catrillanca, cuando fue el golpe de Estado. Y una respuesta hecha estribillo feroz en la voz de Zurita: “Yo cortaba las flores llorando, yo cortaba las flores llorando, yo cortaba las flores llorando”.

El público se emociona. Grita. Aplaude. Pero no hay margen para seguir subiéndole el ego a los artistas. Sigue la siguiente canción.

A esta altura, el poeta sonríe, aprieta fuerte las hojas, cruza y descruza sus piernas a menudo. Golpea sus zapatos negros contra el suelo al ritmo de la batería. Y recita una letra que pareciera ser una carta -o una llamada telefónica- a una madre. “Están bombardeando” es la frase principal de la canción, que sigue enumerando ciudades de toda Latinoamérica. Su cierre es como cualquier niño que busca refugio tras un episodio difícil: “Vuelvo a casa, mamá”.

Crédito: Amanda Marton
Crédito: Amanda Marton
Crédito: Amanda Marton

Tras varias letras de desamor y muerte, Zurita dice la frase que nadie quiere escuchar: “Vamos con la última”. Sin embargo, como suele hacer el poeta, aunque deja a todos tristes por el fin del espectáculo, brinda una gran -y pertinente- esperanza al público con una canción que se titula “Venceremos” y cuyo estribillo recalca: “Al fascismo sabremos vencer”.

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Zurita se levanta de su silla. Los asistentes también. “¡Bravo!”, “estoy llorando”, “pasó de la muerte a la vida”, “de las cosas más terribles a las más maravillosas”, comentan mientras lo aplauden.

El poeta de 71 años sonríe sin mostrar los dientes, no espera la celebración, ni el pedido de más canciones por parte del público. Se baja del escenario en unos pocos segundos, avanza tan rápido como sus piernas -y el Parkinson– le permiten, y se retira.

Le siguen los miembros de la banda, su esposa e hijo. Y también algunos fanáticos en búsqueda de una foto, una palabra, un suspiro de Zurita.

Pero el ahora cantante de rock entra al edificio administrativo de Matucana 100. Sube las escaleras haciendo un saludo con las manos y se va a la misma sala de reuniones con puerta de vidrio donde estuvo antes.

Ya no se le escucha, pero se le ve el rostro. Está contento. Está sonriendo. Está aliviado. Hace un salud con su grupo, Unidad Popular.

Su debut ha terminado. Y desde ese segundo piso cercano al “oasis” de Matucana 100, Zurita parece más cerca que nunca del cielo que usó tantas veces como lienzo para sus poesías.

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