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Coronavirus

10 de enero de 2022

Investigan coronavirus en aves de la Antártica con potencial para infectar a humanos

Investigan presencia de coronavirus en aves de la Antártica con potencial para infectar a humanos Imagen de referencia. Foto: Pixabay

El grupo de científicos se ha enfocado en descubrir el origen de un brote de Covid-19 que ocurrió en la Base O'Higgins en diciembre del 2020.

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Una investigación pretende identificar el tipo de coronavirus que fue detectado en un grupo de aves de la Antártica. Según los científicos, este patógeno podría tener el potencial de infectar a seres humanos y otros animales.

El proyecto lo encabeza Gonzalo Barriga, académico del Instituto de Ciencias Biomédicas (ICBM) de la U. de Chile. El científico se encontraba en el continente blanco justamente recogiendo muestras de virus aviares en especies migratorias, cuando se gatilló un brote de Covid-19 en la Base O’Higgins en diciembre de 2020.

El balance en la estación científica reportó un total de 36 personas contagiadas: 26 militares y 10 civiles. Ellos fueron los primeros casos de coronavirus detectados en la Antártica, el último continente en ser alcanzado por la pandemia.

Durante cuatro días de estadía, los científicos alcanzaron a extraer 100 muestras de nidos. Los terrenos se realizaron en Punta Armonía, una zona aislada de Isla Nelson, en el archipiélago Shetland del Sur.

Primeros coronavirus aviares en la Antártica

El análisis de estas muestras nidales permitió detectar por primera vez la presencia de coronavirus aviar en la Antártica. Sin embargo, aún falta precisar de qué tipo son estas cepas.

Barriga explicó que “hasta ahora, no se había descrito coronavirus en aves de la Antártica (…) Por eso, este año, y frente a la contingencia, vamos enfocados en buscar coronavirus y sueros de animales para ver si se han enfermado con coronavirus aviares”.

El proyecto inicialmente tenía el objetivo de buscar el traslado de virus emergentes —como la influenza, el rotavirus, la hepatitis o el propio coronavirus— en aves silvestres migratorias. Especialmente la paloma antártica.

Paloma antártica cerca de la base Almirante Brown. Foto: David M. Jensen/Wikipedia

Brote en la Antártica

Gonzalo Barriga desarrolla esta investigación junto a los investigadores Johana Loncopan y Lucas Krugger. No obstante, su interés en el tema se inició en 2018, cuando abrió su propia línea de investigación sobre coronavirus en murciélagos, años antes de que detonara la pandemia.

La contingencia lo sorprendió investigando a las aves. En ese marco, el Instituto Antártico Chileno le encomendó a este equipo de científicos pesquisar la eventual presencia del virus en los animales silvestres que habitan en los alrededores de la estación científica.

El académico explicó que si bien no se ha comprobado que las aves y otras especies que habitan la zona puedan infectarse con SARS-CoV-2, ellos pondrán especial foco en la posibilidad de que el virus esté presente en animales de la zona donde ocurrió el brote.

Debido a la cantidad de personas que se contagiaron, Barriga subrayó que «no puede descartarse que el patógeno haya llegado al entorno». En ese sentido, puntualizó que es probable que algún mamífero marino o pájaro «haya desarrollado suero positivo con anticuerpos contra el virus”.

«Nosotros vamos con el objetivo de determinar si este brote que hubo en la Base O’Higgins está asociado a la presencia de SARS-CoV-2 en especies silvestres de los alrededores, proceso que se conoce como zoonosis reversa”, puntualizó.

Coronavirus en animales

Según Barriga, los animales no necesariamente tienen que desarrollar síntomas. «El virus se puede haber replicado y dividido en ellos. El cuerpo del ave puede haber reconocido esto como algo ajeno, lo que produciría anticuerpos que podremos reconocer en el laboratorio», sostuvo.

Además, aclaró que si se detecta el SARS-CoV-2 en esta población animal, esto no necesariamente tendrá consecuencias letales. «Podrían ser solo portadores, algo que ocurre bastante con la influenza en aves», dice.

Sin embargo, precisó que existen especies más sensibles a la entrada de nuevos patógenos: las circumpolares. “Son las que no salen de la Antártica, entre las que destacan los pingüinos. Ellos son los más sensibles a una posible entrada porque son aves que por generaciones se han mantenido sin contacto con otros patógenos”, precisó.

El equipo de científicos volverá a realizar una recolección de muestras entre el 12 de enero y el 3 de marzo.

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