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19 de Febrero de 2022

La mente, las emociones y la consciencia: los misterios que investiga el neurocientífico António Damasio

La imagen muestra a Antonio Damasio Cortesía de Grupo Planeta

El reconocido neurocientífico de origen portugués acaba de publicar su nuevo libro, "Sentir y saber", en el que busca dilucidar los misterios de la consciencia y cómo esta se vincula con el cuerpo, el sistema nervioso y las emociones. En conversación con The Clinic, reflexiona sobre la inteligencia y el futuro de la mente humana, y advierte que hay un gran riesgo de volvernos "más perezosos" y de que esto "puede traer nuestra ruina".

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Durante mucho tiempo la ciencia reprodujo la idea de que la consciencia era un misterio indescifrable. De que simplemente no era posible explicarla. Pero al neurocientífico portugués António Damasio (77), Premio Príncipe de Asturias 2005, le gusta navegar por dónde solo se ven incógnitas.

“Mi interés por la consciencia comenzó después de estar satisfecho con el trabajo sobre intereses anteriores en el lenguaje, las emociones y las decisiones. Después de tener una idea de cómo se unían las mentes, necesitaba entender cómo las mentes se volvían conscientes”, comenta a The Clinic.

El resultado de su inquietud es el libro “Sentir y saber: El camino de la consciencia” (Ariel, 2022), en el que explica que la consciencia es un fenómeno físico que nace de la interacción entre nuestro cuerpo y nuestro sistema nervioso.

Sentir y Saber: El camino de la consciencia
PVP: $15.900 
Disponible desde: 2 de enero 
Formato: 15 x 23 cm 
Páginas: 296 
Edición: Rústica con solapas

En su opinión, quienes creen que no se puede explicar la consciencia dicen esto porque solo se basan en el cerebro para tratar de hacerlo. Pero lo que ocurre con el ser humano es mucho más complejo: el cuerpo no puede tener consciencia sin sistema nervioso, pero este tampoco puede tenerla sin sentimientos, sin el cuerpo.

La consciencia, expone el experto, es una habilidad que nos permite saber quiénes somos, que ha permitido que haya conocimiento y, gracias a ella hemos podido desarrollar una inteligencia basada en el razonamiento y la creatividad. Es decir, la mente humana.

Por eso, sostiene, la consciencia fue seleccionada en la evolución: porque mejoró la regulación de la vida y la hizo menos vulnerable.

El cuerpo no puede tener consciencia sin sistema nervioso, pero este tampoco puede tenerla sin sentimientos, sin el cuerpo.

En la obra, escrita de forma didáctica, Damasio – director del Instituto del cerebro y la creatividad en la Universidad del Sur de California (EE.UU.)- analiza la evolución de la consciencia desde las primeras bacterias hace cuatro mil millones de años hasta la creación de la Inteligencia Artificial en la actualidad. Y advierte, sin pelos en la lengua, que la Inteligencia Artificial tiene muchos límites que la alejan de la consciencia como la que tenemos nosotros, los seres humanos.  

Ahora, tras explicar cómo se desarrolló la consciencia, el papel de los sentimientos en la supervivencia humana y cómo se crearon los mecanismos que nos permiten experimentar las emociones a través de nuestro cuerpo, Damasio está en búsqueda de otros misterios. “Me gustaría explorar los detalles del comportamiento social humano más de lo que lo he hecho hasta ahora”, dice, añadiendo que está ampliando su trabajo sobre la biología de los sentimientos y la biología de la consciencia.

Consciencia versus inteligencia

-Usted dice que los organismos vivos más abundantes en el planeta no poseen consciencia, pero sí inteligencia. ¿Cómo podemos diferenciar estos dos conceptos?

-La inteligencia se trata de la capacidad de resolver problemas y guiar comportamientos productivos. La inteligencia puede ser encubierta (no consciente) o abierta, es decir, consciente. La consciencia se trata de saber que nuestras mentes son nuestras, que nuestras mentes pertenecen a nuestros respectivos cuerpos.

-¿Cómo entender a esa inteligencia encubierta?

-No somos conscientes de los comportamientos inteligentes ocultos o encubiertos. No sabemos que esos comportamientos existen. Simplemente los realizamos automáticamente y sin saberlo.

-A menudo los seres humanos marcamos una gran frontera entre nuestras capacidades y la de los demás seres vivos. Pero en su libro usted parece mostrar que tenemos más similitudes que diferencias. ¿Es ignorante pensar que somos más capaces o ‘inteligentes’?

-No es ignorante en absoluto pensar que somos más inteligentes que los no humanos. Pero es importante darse cuenta de que tampoco son estúpidos.

La inteligencia puede ser encubierta (no consciente) o abierta, es decir, consciente.

-Si admitimos nuestras similitudes con los seres no humanos, ¿cree que podemos avanzar con pasos más acelerados en la protección del medioambiente, la lucha contra el cambio climático y tantos otros temas de preocupación actuales?

-Sí, eso ayuda.

-Cuando pensamos en la relación entre el cuerpo y el sistema nervioso y el hecho del primero contener el segundo dentro de sí: ¿qué puede ocurrir con eso en un escenario de Inteligencia Artificial?

La Inteligencia Artificial no tiene un cuerpo vivo y la relación no se aplica. Es por eso que la Inteligencia Artificial actualmente está limitada en su poder y capacidades.

No es ignorante en absoluto pensar que somos más inteligentes que los no humanos. Pero es importante darse cuenta de que tampoco son estúpidos.

Cuando se piensa en Inteligencia Artificial, lo que me viene directamente a la mente son criaturas absolutamente invulnerables. En ese sentido: ¿podrían tener la consciencia como es descrita en su libro?

Las criaturas con Inteligencia Artificial actualmente no tienen consciencia de la manera que describo en mi libro. Eso simplemente no es posible en ausencia de vida y sentimiento.

Los sentimientos

-Usted dice que una mente consciente es la que tiene sentimientos y, si estos no existen, probablemente no habrá consciencia. ¿Qué le diría, entonces, a las personas que buscan no tener sentimientos, o luchan por ser más racionales que emocionales?

-Los sentimientos que asisten a la consciencia son “sentimientos homeostáticos”. Tienen que ver con la regulación de la vida. Ejemplos son el hambre, la sed, el dolor y el bienestar. Cuando tratamos de ser “más racionales” y “menos emocionales”, suprimimos un tipo diferente de sentimientos, los llamados “sentimientos emocionales”. No hay incompatibilidad.

-Usted habla mucho sobre la evolución. ¿Cómo cree y/o cómo le gustaría que fuera la mente humana en el futuro?

-Siempre es difícil predecir el futuro, por decir lo menos. Nuestra eficiencia general bien puede aumentar gracias a la Inteligencia Artificial, pero la IA también nos hará menos inteligentes porque ya no necesitaremos almacenar, buscar y manipular información como lo hacemos hoy. En otras palabras, nos volveremos más perezosos y eso puede traer nuestra ruina.

-Usted afirma: “los virus continúan siendo una de las principales fuentes de humillación en la ciencia y en la medicina”. ¿Cómo evalúa la situación actual de la pandemia y el rápido avance de las vacunas?

-Estás hablando de dos temas separados. Los virus siguen siendo una amenaza y una fuente de humillación para los seres humanos. Pero estamos mejor equipados para combatirlos con vacunas, hasta cierto punto. Así que la humillación continúa, pero nuestros medios para responder también aumentan.

Pensando en la pandemia: claramente esta nos dejó con varios sentimientos negativos. Y usted dice en su libro que estos nos hacen “más humanos que los sentimientos positivos”. ¿Por qué?

-El sufrimiento nos hace mejores seres humanos, seres humanos más cuidadosos con respecto a nosotros mismos y a los demás.

Nos volveremos más perezosos y eso puede traer nuestra ruina.

-¿Qué pasa, entonces, con el amor? Un sentimiento que, bajo el punto de vista de muchos, es mayoritariamente positivo…

-El amor es de hecho un sentimiento muy positivo, la mayor parte del tiempo, quizás el más grande de todos los sentimientos. Pero creo que incluso cuando estás enamorado, puede haber celos que tan a menudo vienen a jugar con el amor y estropean su belleza.

También puedes leer: El amor en los tiempos del Covid según la psicoanalista Constanza Michelson


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