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13 de febrero de 2022

El amor en los tiempos del Covid según la psicoanalista Constanza Michelson

El collage muestra a Constanza Michelson con varias imágenes representativas del amor Patricio Vera

¿Ha cambiado el amor durante la pandemia? ¿Qué pasa con el llamado 'amor propio'? ¿Y el sexo casual? Para responder a estas y otras preguntas y de cara al Día de San Valentín, en The Clinic conversamos con la psicoanalista y escritora Constanza Michelson. "Quedó demostrada la necesidad que tenemos de cuerpo y de amor”, sostiene en esta entrevista.

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Sabíamos, gracias a Gabriel García Márquez (1927-2014) y El amor en los tiempos del cólera que los amores contrariados huelen a almendras amargas. También sabíamos que resueltos y firmes como Florentino Ariza y Fermina Daza, los protagonistas de la novela, se puede seguir en un “ir y venir del carajo” toda la vida.

Pero el propio escritor colombiano tenía conocimiento, por su trabajo como periodista, que la realidad puede ser mucho más compleja que la ficción. Y que pensar en el amor en medio de una pandemia que ya lleva más de dos años y casi 5,5 millones de fallecimientos, no es algo fácil.

Por eso, en The Clinic conversamos con la psicoanalista Constanza Michelson sobre el amor en los tiempos del Covid-19. La autora de libros como “Hasta que valga la pena vivir” (2020) y “50 sombras de Freud” (2015) advierte que no hay ideas fáciles para comprender ese sentimiento -y menos en un escenario como el actual-, por lo que en muchos casos aparecen más preguntas que respuestas.

¿Transformaciones?

“No sé si hubo una transformación demasiado radical en el amor en tiempos de pandemia. Yo creo que el amor va cambiando de formas de acuerdo a la época, a los cambios culturales, eso es cierto, pero si hay algo que es bien estructural en el ser humano es que el amor es el hambre humana, es de alguna forma el alimento, porque el amor tiene la cualidad de darnos reconocimiento”, sostiene Constanza Michelson.

A pesar de eso, la psicoanalista comenta que, así como el amor tiene un lugar fundamental la existencia humana, la pandemia ha abierto “las preguntas por el sentido”, asociadas a en qué está cada individuo.

Esto ocurrió, sin embargo, después de una larga ruta psicológica de la pandemia: “Primero vivimos el horror, el insomnio, las preguntas de qué era lo que pasaba, se dispararon las búsquedas en Google de “no puedo dormir”. Después vino la ansiedad e inventábamos metas como hacer masa madre, terminar un curso que nunca habíamos terminado. Luego, me parece que esto se transformó en un proceso en el que ya no queríamos más hacer masa madre, y nos angustiamos. Y la angustia tiene dos posibilidades: una es la nostalgia reaccionaria, la idea de que todo pasado fue mejor -algo que en la política es muy evidente- y otra es la angustia que abre espacio para hacer preguntas más existencialistas. Yo creo que mucha gente se hizo preguntas profundas e interesantes y ahí cabe totalmente el asunto del amor”.

El amor es el hambre humana, es de alguna forma el alimento, porque el amor tiene la cualidad de darnos reconocimiento

“¿Estoy en un amor? ¿Debiera a buscar amor? ¿Amos a quien digo que amo? ¿Qué pasa con los hijos? Estas fueron algunas preguntas frecuentes el último tiempo. Yo creo que aparece una especie de interrogación gigantesca, que luego moviliza cosas”, comenta Constanza Michelson.

Eso en términos que la experta dice ser “más profundos”. Pero desde el punto de vista de las prácticas, comenta que lo que en muchos casos parejas que no se definían hacia donde iban o si iban hacia alguna parte, terminaron o viviendo juntas o, por el contrario, separándose. “Por otra parte, yo creo que quedó super demostrada la necesidad que tenemos de cuerpo y de amor. Basta ver cómo explotaron todas estas aplicaciones de citas y cómo la gente igual se escapaba, no solamente a ver a su familia, por ejemplo, sino que también tomando ese riesgo que implicaba en la pandemia el tener una cita”, señala.

En la misma línea, durante el primer año de la pandemia, el estudio “Parejas en Pandemia” realizado por la Unidad de Investigación en Procesos Relacionales y Psicoterapéuticos (UNIR) de la Facultad de Psicología de la Universidad del Desarrollo mostró que el 72% de los participantes consideraba que su pareja se había transformado en “la base del bienestar en sus vidas”. Indagada sobre qué puede significar mirar el otro como un pilar tan fundamental, Constanza Michelson dice que el ser humano, a diferencia de las demás especies, “requerimos de otro para sobrevivir”.

“Eso es crítico. El caballito nace y sabe inmediatamente qué hacer. El ser humano no. Tiene una serie de necesidades que no puede saciar solo: de alimentarse, de seguridad, de lo que sea, sino simplemente no sobrevive. Y en la infancia incluso empieza a importar más que el alimento mismo, la mirada, la atención”, afirma.  

¿Amor propio?

Muchas también fueron las personas que han pasado la pandemia -en particular los meses de encierro- solas. En ese contexto surgieron campañas como la del estado de Nueva York, donde el Departamento de salud lanzó un comunicado titulado “tú eres tu mejor pareja sexual”, incentivando el autoplacer y el “amor propio” como una opción segura para los solteros.

Sobre esto, Constanza Michelson dice que hoy existe una “especie de fantasía respecto a la autonomía que debiésemos tener. Y eso es complejo, porque somos animales tan dependientes del otro, desde el inicio, que también la mirada del otro nos constituye”.

La psicoanalista comenta que, así como el amor tiene un lugar fundamental la existencia humana, la pandemia ha abierto “las preguntas por el sentido”, asociadas a en qué está cada individuo.

“Entonces uno puede decir ‘oye, yo soy muy bacán’, pero va a un lugar y si lo miran feo se va a sentir mal. Y ahora, ¿qué hacemos con eso? ¿Cómo hacemos coincidir con los discursos de autonomía, esa fantasía del amor propio, con el dolor que implica no ser amada? El amor propio hoy, como se ahonda en las revistas, etc., habla de no depender demasiado del amor del otro. Es decir: es una especie de medicina hoy en día, una suerte de ‘defiéndete a ti mismo para no ser sometido’”, comenta la psicoanalista.

Esa promoción del “amor propio”, afirma Constanza Michelson, tiende a ser más dirigida a mujeres, quienes más consumen libros de autoayuda. “Lamentablemente lo que acaba pasando es que el amor propio se convierte en un concepto mercantilizado, en una especie de ravotril de autoayuda”, advierte.

Por eso, destaca este extracto de una carta que Hanna Arendt le escribió a Heinrich Blücher en 1937:

“Siempre he sabido, desde niña, que sólo el amor puede procurarme la sensación de existir realmente. Lo que desencadena en mí el miedo horrible de disolverme en él. Cuando te conocí, este miedo terminó finalmente (… ) Aún ahora me parece totalmente increíble que pueda vivir el » gran amor » sin perder sin embargo mi identidad (… ) Y, en efecto, sólo tengo identidad después de haber tenido el gran amor”.

“Cuando le decían a Hannah Arendt que ella no amaba el pueblo judío, ella decía ‘por supuesto, no amo el pueblo judío, ni norteamericano, ni ningún pueblo, no me amo mí misma’. Lo que ella quiere decir ahí es que el amor, cuando se vuelve identitario -y ese es el problema del amor propio y del nacionalismo- no permite el amor verdadero. Porque el amor verdadero es fuera de sí. Es un 2 el amor, no es un 1. Entonces el amor propio hoy es una defensa”, sostiene Constanza Michelson.

“El problema del amor es que busca activamente algo, una meta que no depende de ti. Por eso en la actualidad tiene esta contradicción maldita que al mismo tiempo pareciera ser que se hace más necesario que nunca y al mismo tiempo es una de las mayores amenazas y a la estabilidad del ego. Nadie quiere ser dependiente de nadie, a pesar de que todo el mundo es adicto a alguna pastillita. Entonces es mejor ser adicto a una pastilla, a tu propia droga que a un amor que se puede ir, venir, que es mucho más incierto. Ese es el escenario en el que estamos y lo que lo hace tan complejo. Y por eso se habla tanto de amor y se escribe tanto de amor, porque ¿para qué andamos con cosas?: discursos más, discursos menos, el amor nos importa, nos seguimos enamorando, el amor es un tema muy nuclear”, puntualiza la psicoanalista.

Un robo

En una columna de opinión publicada en El País, el guionista y novelista español Julio Llamazares dijo que “la pandemia ha robado, sobre todo a los jóvenes, la libertad para amar como se ha de hacer, esto es, sin pensar en otra cosa”. Al escuchar la cita, Constanza Michelson sonríe y dice: “el hecho de no poder tener contacto a una edad donde lo único que uno no quiere es estar en la casa de tus padres, y efectivamente andar mariposeando por aquí y por allá, sin ninguna meta posterior ni proyecto, por supuesto que ahí hay y hubo un corte radical. Por supuesto que les pegó súper fuerte”.

El amor verdadero es fuera de sí. Es un 2 el amor, no es un 1

Ahora, sostiene, pareciera haber una “cierta furia” al salir. Y en el contexto de pandemia, comenta la psicoanalista, “algo que nos salvó la vida fue el internet, fue lo digital. Porque ahí pasaron cosas. Hubo gente que se conoció en la pandemia, por reuniones, talleres, esas cosas, es decir, ‘la fuerza del hambre humana’ de la que hemos hablado. Yo hice talleres todo el primer año de la pandemia y ahí se armaron parejas. La gente pinchó sin haberse visto nunca en persona”.

Muchos autores han hablado del rol de los aplicativos en ese proceso. Incluso, la antropóloga biológica estadounidense Helen Fisher, reconocida mundialmente por estudiar el cerebro enamorado, llegó a sostener que la pandemia “ayudó al amor”. En una entrevista con el portal de noticias Infobae, la experta dijo que los solteros “están más interesados en realmente llegar a conocer a la persona que en affaires de una noche. Estamos viendo menos primeras citas, pero más significativas”.

Pensando en eso, Constanza Michelson hace hincapié en que “no hubo una pandemia, esta tuvo muchas etapas. Y es difícil pensar que algo tan básico como el amor haya cambiado. ¿No cambió nada en la política después de que vimos que se nos cayó el mundo e iba a cambiar algo en el amor? No lo creo… Claro que cambiaron conductas, pero por un rato”.  

“Ahora hemos vuelto a muchas primeras citas como las que había antes, siguen existiendo los encuentros de una sola noche y así…”, insiste.

En esa misma línea, recuerda que durante muchos momentos de la pandemia escuchó a adultos contando que adultos mayores “se escapaban”. “María Moreno, la escritora argentina, lo dijo de una manera muy genial: ‘ei, por favor, déjenme decidir cómo quiero vivir esta etapa’. Esto no se trata de una gran decisión sartriana respecto de la libertad. Se trata de ahondar en la vejez no como solemos hacer, de ‘oh, estas personas mayores sabias, asexuadas’, sino de empezar a ver que son sujetos políticos y totalmente sexuados”.

“Me parece que la sociedad es muy heterogénea, entonces ojalá podamos ahondar en los efectos o reflexiones sobre la pandemia más lejos, con más tiempo”, comenta.

Nadie quiere ser dependiente de nadie, a pesar de que todo el mundo es adicto a alguna pastillita.

La hospitalidad

Pensando en el amor, Constanza Michelson recuerda Heart of a Dog, una película de Laurie Anderson en la que ella reflexiona sobre la “meditación de la madre”, que tiene como base recurrir a alguna imagen de cuando uno fue amado o amada de manera incondicional.  

“La escena que ella trae es bien particular porque hoy no está de moda hablar del amor incondicional: todo tiene un precio, estamos en la racionalidad del cálculo ‘no puedo amar más de lo que me aman’ pero existe el amor incondicional y es un gesto de hospitalidad que expone lo sanador y lo reparador del amor”, detalla la psicoanalista.

En la película, Laurie Anderson cuenta que no tenía una buena relación con su madre y que un día estaba llevando en un coche a sus hermanos, en invierno y el hielo se rompió. Los hermanos se cayeron al agua congelada y ella logró sacarlos, pero el coche se hundió. “Ahí ella dijo: ‘mi mamá me va a matar’. Quedó aterrorizada, casi se le murieron lo hermanos. Pero la mamá le dijo: ‘eres una buena buceadora’. Entonces el amor incondicional no son dependencias patéticas que vemos en las revistas, el amor incondicional es hospitalidad. Y eso es algo muy profundo en el ser humano y muy reparador”.

Se trata de ahondar en la vejez no como solemos hacer, de ‘oh, estas personas mayores sabias, asexuadas’, sino de empezar a ver que son sujetos políticos y totalmente sexuados

Sobre la posibilidad de que el amor sane las heridas de la pandemia, Constanza Michelson hace hincapié en que todavía no se sabe cuáles son realmente estas: “Ya veremos qué recursos tenemos como sociedad para hacer un duelo colectivo y mundial. Y al menos lo que me interesa a mí, que es ese punto donde se cruza la salud mental y la salud social, es si acaso un pueblo tiene las herramientas para poder hacer el duelo”.

La sociabilidad

Al pensar en el amor hacia la comunidad, la psicoanalista de inmediato recuerda el concepto de “sociabilidad del aeropuerto”. Esta sería una serie de actos y gestos que no tienen sentido, son mecánicos, un poco desagradables, pero que, sin que nadie entienda el por qué, son obligatorios.

“Hay muchas sociabilidades que no tienen sentido y que la pandemia vino a interrogar muy fuertemente, como por qué teníamos que ir a varias reuniones en horarios como a las 19:00. Pero por el contrario aparecieron otras sociabilidades -que, de una u otra forma, se vinculan a las nociones que tenemos de amor- como el escaparse a fumarse un cigarro con las vecinas, o las personas que se juntaban en la plaza para que los niños jugaran, y para qué decir las ollas comunes”, comenta. “Lo que espero es que no volvamos a estos gestos mecánicos, a esa sociabilidad que no tiene ningún tipo de sentido y que te quiebran el espíritu. Solamente las cosas a las que uno les presta atención, las cosas que uno mira y de las cuales se hace responsable, incluso, por ejemplo, participar de una reunión de zoom con la cámara prendida, o hablar con alguien sin andar mirando el teléfono, son las cosas que uno, de cierta forma, ama. Las personas necesitamos esa atención, ahí hay una cuota, no de amor romántico, pero de reconocimiento”, añade.

“Esto, de cierta forma, es ese amor ‘solos pero juntos’, es decir: sin invadir, sin permitir que me invadan, pero prestándole atención al otro. Porque el amor requiere de tiempo, requiere nuestra atención”, concluye.

Un tiempo y una atención que, sin dudas, marcaron a los protagonistas de la icónica novela de Gabriel García Márquez.

Lee también: A corazón abierto: Las locuras que se hacen por amor


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