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Entrevistas

21 de abril de 2022

David Bravo, economista: «Si la insatisfacción ya era explosiva antes del estallido social, hoy es peor»

Las cifras de empleo dan un respiro, pero el economista David Bravo, director del Centro de Encuestas y Estudios Longitudinales de la UC, pone una alerta sobre los riesgos que corre el país si no se dan señales de gobernabilidad. “Todas las brechas que nos llevaron al estallido social no solamente siguen vigentes, sino que se acentuaron”, afirma.

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En el turbulento horizonte económico surge una buena noticia: las cifras de empleo se van recuperando y se acercan a la situación laboral que había antes de la pandemia. Y esto, que a fines de año pasado marcaba un mal precedente, pareciera traer ahora algunas bocanadas de aire fresco.

Así lo reportó el estudio del Centro de Encuestas y Estudios Longitudinales de la Universidad Católica que dirige el economista y máster en economía de la Universidad de Harvard, David Bravo, a comienzos de la semana pasada.

Y aunque estas cifras permiten un respiro, Bravo analiza aquí el complejo momento que atraviesa el país en distintas dimensiones. Dice que está preocupado. Que se requiere  dar gobernabilidad política y económica al país. A su juicio, el gobierno dio un paso arriesgado al presentar un proyecto de retiro acotado de los fondos de pensiones. “La pregunta es si esa estrategia será exitosa para frenar próximos retiros. Mi impresión inicial es que no va a ser así”, dice.

Bravo lideró en 2015 la comisión asesora presidencial que entregó propuestas para una reforma de pensiones en el segundo gobierno de Michelle Bachelet.

-El empleo va en alza, pero la inflación también. Además, el FMI ajustó  a la baja su proyección de crecimiento para Chile. ¿Cómo observas el momento que vive el país?

-Es un momento para estar preocupados. Efectivamente, éste será un año muy desafiante para el país. Hasta fines del año pasado, teníamos un elemento que no ayudaba mucho y que era la baja recuperación de los empleos. En ese entonces, teníamos que recuperar 556 mil empleos. Y eso, en cualquier escenario, es una emergencia laboral. Ahora los datos están indicando que estamos en una mejor situación. Esa es una buena noticia. Ayuda a reajustar un poco la agenda.

-¿Cómo empalmar esas buenas cifras con una inflación al alza y que está golpeando los bolsillos de la gente?

-Este año viene con desaceleración y que, muy probablemente, vamos a tener varios meses con algún crecimiento negativo. La verdad es que era insostenible la expansión de la economía a la que empujaron los retiros y la expansión fiscal. Entonces, los desafíos del gobierno, del ministro de Hacienda y del Banco Central tienen que ver con volver a enrielar la economía. Las cuentas fiscales se tienen que empezar a ordenar. No se puede seguir gastando como se hizo en el año pasado. Esta desaceleración también es clave para controlar la inflación. Ambas cosas son decisivas para saber cómo estará al país. Por ahora, llevamos recién un mes de gobierno, y  es difícil decir cómo vamos a estar.  

«La verdad es que era insostenible la expansión de la economía a la que empujaron los retiros y la expansión fiscal. Entonces, los desafíos del gobierno, del ministro de Hacienda y del Banco Central tienen que ver con volver a enrielar la economía. Las cuentas fiscales se tienen que empezar a ordenar. No se puede seguir gastando como se hizo en el año pasado. Esta desaceleración también es clave para controlar la inflación».

-¿Por qué?

-Porque, en definitiva, lo que viene es un desafío de gobernabilidad política y económica. Si se logra llevar la desaceleración de la economía por un buen curso, se podrá controlar la inflación. Pero la verdad es que la gran incógnita es lo que pasará en el 2023. Y ahí, las muestras de gobernabilidad económica política que se den, así como el tratamiento de los retiros de fondos de pensiones, son claves para lo que viene.

-¿Y cómo se da gobernabilidad en estos tiempos?

-La gobernabilidad económica tiene muchos frentes, pero uno esencial pasa por decir cosas que no son populares como, por ejemplo, que hay que restringir el gasto fiscal. La magnitud de las ayudas tiene que ser mucho más focalizada. Y, por otro lado, el gobierno tiene que oponerse a los retiros de fondos de pensiones tal como lo hizo, aún cuando igual se abrió a la posibilidad de retiro acotado. Honestamente, a mí no me gustó nada.

-¿Por la señal que se instala?

-Claro, y porque una transacción en materia de pensiones, es un muy mal paso. Entonces, si el tema de los retiros logra ser controlado por el gobierno y si lo logra alinear a su coalición, vamos a poder tener una conducción ordenada y eso va a permitir que el gobierno pueda empezar a desplegar su agenda. Controlar el tema de los retiros, es una muestra de gobernabilidad.

«La gobernabilidad económica tiene muchos frentes, pero uno esencial pasa por decir cosas que no son populares como, por ejemplo, que hay que restringir el gasto fiscal. La magnitud de las ayudas tiene que ser mucho más focalizada. Y, por otro lado, el gobierno tiene que oponerse a los retiros de fondos de pensiones tal como lo hizo, aún cuando igual se abrió a la posibilidad de retiro acotado. Honestamente, a mí no me gustó nada«.

-Después del rechazo de los dos proyectos de retiro, ¿ve señales de gobernabilidad o el gobierno está muy presionado a ceder?

-Ese tema me preocupa mucho. Yo tenía muchas expectativas sobre cómo el gobierno iba a enfrentar los retiros. Todos sabíamos que vendría.  Pensaba que el gobierno tenía una oportunidad para marcar una postura, pero le pasó por el lado. Lamentablemente, presentó un proyecto de retiro acotado. De alguna manera, vuelve a evidenciarse una marea populista que ya hemos visto y que pasó por encima del Presidente Piñera.

-Justamente, para evitar ese quinto retiro es que el gobierno propuso una alternativa…

-Estamos en el primer mes del gobierno. No me gusta que hayamos presenciado esto tan tempranamente. La pregunta es si esa estrategia será exitosa para frenar próximos retiros. Mi impresión inicial es que no va a ser así. O al menos queda la duda de si va a venir un próximo retiro porque el mismo gobierno los validó para gastos específicos. Y ahí puede entrar casi cualquier cosa.

-¿El gobierno mostró debilidad y eso le puede costar caro a futuro?

-Me parece que dio un paso arriesgado porque consagra un principio que es perverso: que uno puede tomar sus fondos de pensiones para cuestiones de corto plazo. Una vez que lo haces, esa caja no tiene como cerrarse. Y no hay sistema de pensiones que aguante. La acción del gobierno tiene ese riesgo.

-La gente quiere resolver sus temas hoy. ¿Esa presión ciudadana está atentando contra una reforma previsional de fondo?

 -Ese es uno de los problemas estructurales que tiene este tema y que cualquiera sea la administración de gobierno, lo tiene que enfrentar. Es evidente, que los problemas de la pandemia y los retiros se comieron al gobierno anterior. La pregunta es si ahora se puede volver a retomar la iniciativa en la agenda.

«Me parece que (el gobierno) dio un paso arriesgado porque consagra un principio que es perverso: que uno puede tomar sus fondos de pensiones para cuestiones de corto plazo. Una vez que lo haces, esa caja no tiene como cerrarse. Y no hay sistema de pensiones que aguante. La acción del gobierno tiene ese riesgo».

-¿El temor es que siga abierta la caja y eso pueda poner en jaque al gobierno de Boric? 

-Eso es lo que me preocupa. Pensaba que el gobierno marcaría una posición distinta. Era la oportunidad para hacerlo, pero creo que no pasó bien ese test. El Presidente y su gobierno podría haber gastado su capital político marcando una postura que de verdad asegurará que la puerta de los retiros se cerraba. Pero se concedió muy rápidamente.

-Quizá porque estaba la certeza de que se podía aprobar igual y que había una fuerte presión ciudadana.

-Es verdad que sigue siendo igual difícil explicarle a las personas que los fondos de pensiones no se deberían tocar. Tenemos que volver a la racionalidad en esto. Hay que pensar que después de los retiros, todavía tenemos más de 200 mil millones de dólares en los fondos de pensiones. Son recursos que no tenemos cómo volver a reconstruir en un lapso razonable de tiempo.

EL DIFÍCIL EJERCICIO DE GOBERNAR

-Pones el foco en el 2023, pero está recién empezando el 2022 y ya se siente el golpe de la inflación. ¿Cuál es el peligro que esto puede traer para la estabilidad del país?

Estamos rodeados de peligros. Un diputado propone declarar feriado el 2 de mayo. Los matinales entrevistan a la gente en la calle y todo el mundo de acuerdo. Obvio. ¿Quién va a estar en desacuerdo con un día de descanso? ¿Cuán irresponsable se puede  ser? Es esa lógica es la que preocupa. Es la misma lógica en en materia de inflación.

-¿En qué sentido?

-En que ahora que vamos a experimentar el costo de los precios altos, empezaremos a entender por qué era importante tener la economía ordenada y la importancia del Banco Central. A lo mejor esto nos puede dejar algunas lecciones… Estamos ante la dificultad de cómo se conduce una economía que está llena de temas así. Por ejemplo, en algún momento habrá que aumentar el precio de los pasajes del transporte. Hay un déficit que el Estado está absorbiendo, pero eso tiene un límite.

-El punto es ¿cómo cambiar el discurso frente a una sociedad que cambió?

-El gobierno tiene que ser muy claro. Debe explicar, decir cosas que no gustan, que no son las más populares… Es el difícil ejercicio de gobernar. No se puede evadir la responsabilidad. Hay enfrentar las restricciones, explicar y conducir. El gobierno está recién en su primera etapa. Es ahora cuando se instalan las señales que quiere imprimir y que lo van acompañar.

«El gobierno tiene que ser muy claro. Debe explicar, decir cosas que no gustan, que no son las más populares… Es el difícil ejercicio de gobernar. No se puede evadir la responsabilidad. Hay enfrentar las restricciones, explicar y conducir«.

-El sello de este gobierno, según se ha dicho, es escuchar a la gente, recoger sus inquietudes…

-Por supuesto que debe escuchar a las personas, pero no tratando de ser popular. Si es así, esto no va a llegar muy lejos y vamos a terminar con un gobierno sobrepasado. Los desafíos son muy grandes para que corramos ese riesgo. Todos necesitamos que el gobierno lo haga bien.

¿SITUACIÓN EXPLOSIVA?

-Dicen que en economía los estados anímicos son un factor. Algunas encuestas están mostrando desesperanza en el futuro económico del país. ¿Podría ser una bomba de tiempo?

-Bueno, por eso es tan difícil la tarea. Con la recuperación de los empleos, tenemos una buena noticia, pero recién estamos volviendo a retomar lo que teníamos antes de la pandemia.  Y, cuidado, los problemas y las brechas sociales se agudizaron.

-¿Los problemas de desigualdad? 

-Sí. La desigualdad creció enormemente. Lo mostró la encuesta CASEN. ¿Quiénes son los que perdieron el empleo? Fueron las personas de menores ingresos y de menor calificación. Ellos son los que más sufrieron las caídas de sus ingresos. Entonces, todas esas brechas que nos llevaron al estallido social no solamente siguen vigentes, sino que se acentuaron.

-¿Con eso quieres decir que podría estar latente un nuevo estallido social?

-Creo que si hace dos años atrás, había razones para la insatisfacción, ¿cómo no la va a haber ahora que no hemos progresado como país? Al revés, tuvimos un tremendo mazazo.  ¿Y cómo se maneja eso? Porque es una situación explosiva. Ese es el territorio que estamos pisando hoy día.

-¿Y cómo se maneja?

-Se requiere talento político. Se requiere, por supuesto, de autoridades empáticas con las personas. Pero no sirve de nada tener autoridades que sólo escuchan y dicen lo que la gente quiere. Así no va a haber conducción y podríamos terminar con un problema serio. Ahí es donde está la habilidad política que todavía estamos esperando que despliegue el gobierno. Dar conducción es clave. Insisto: hay una situación explosiva per sé. Los datos están ahí.

«Creo que si hace dos años atrás, había razones para la insatisfacción, ¿cómo no la va a haber ahora que no hemos progresado como país? Al revés, tuvimos un tremendo mazazo.  ¿Y cómo se maneja eso? Porque es una situación explosiva. Ese es el territorio que estamos pisando hoy día».

-¿Nada ha cambiado mucho, entonces?

-Todas estas expresiones sociales, objetivamente muestran que la realidad no ha cambiado mucho. Los datos de antes del estallido social y de la pandemia, mostraban brechas importantes de desigualdad económica, brechas de distribución del ingreso, brechas en las calificaciones de las personas. Luego vino la pandemia y todas esas brechas se ampliaron. Cayeron aún más los ingresos de las personas, aumentó la pobreza. Eso no había ocurrido antes. Entonces, con suerte recién ahora vamos a empezar a caminar hacia una situación como la que teníamos antes. Pero si esa situación de insatisfacción ya era explosiva antes del estallido, hoy es peor.

LA INCERTIDUMBRE

-El constituyente Jaime Basa ha dicho que si se rechaza la nueva Constitución podría venir una crisis política de marca mayor. ¿Ese es un foco encendido?

-Es un letrero encendido que también deberían mirar los que están dentro de la Convención Constitucional.  Nadie puede hacer una pega y después levantar las manos y decir: “Ahí está nuestro trabajo y si ahora ustedes no lo aprueban, se viene un estallido dos”. Acá todos tenemos un papel que jugar para hacer viable el país.

-¿Y cómo entra el proceso constituyente en esta ecuación? Esa ruta se abrió para canalizar  una esperanza y desactivar el estallido

-Habrá que evaluarlo cuando terminen su trabajo. Por supuesto que todas las personas que votamos apruebo, vimos que ahí había un camino para avanzar en una agenda de cambios importantes y fortalecer las instituciones. Ahora tendremos que ver si el resultado será mejor o peor de lo que teníamos.

«Es un letrero encendido que también deberían mirar los que están dentro de la Convención Constitucional.  Nadie puede hacer una pega y después levantar las manos y decir: “Ahí está nuestro trabajo y si ahora ustedes no lo aprueban, se viene un estallido dos”. Acá todos tenemos un papel que jugar para hacer viable el país».

-¿Pero inyecta incertidumbre?

-Desde el punto de vista económico, le pone cierta incertidumbre. Pero eso habría pasado con cualquier gobierno. Ahora hay que esperar el texto final. Ojalá que esa oportunidad que nos dimos como país, pueda ser exitosa. Sería muy triste que no pudiéramos aprobar la nueva Constitución con un margen amplio. Este camino institucional es lo que requería el país.

-Hablas de la importancia de la gobernabilidad, de poner el capital político sobre la mesa. Centrado en la figura del Presidente Boric, ¿qué tipo de liderazgo debería ejercer?

-Todavía tenemos un sistema político en que el rol del Presidente es central. Especialmente, el desafío de ser una figura más grande que tu coalición. Eso pasó con Patricio Aylwin en el año 90 donde incluso pudo representar a las personas que no votaron por él. De alguna manera, también sucedió con el primer gobierno de la Presidenta Bachelet. Creo que ahora nos enfrentamos algo por el estilo.

-¿Boric tendría que inclinarse hacia allá?

-Hoy es mucho más difícil hacer gobierno. Y yo tengo la sensación de que el Presidente Boric ha tomado estatura más allá de su coalición. Tiene una buena comunicación con la ciudadanía y representa los influjos de una nueva generación. La pregunta es cómo se usa esa conexión, ese enganche con la gente. O sea, cómo se usa esta nueva forma de moverse para que, efectivamente, pueda traducirse en indicadores y en políticas públicas. Al final, ahí se verá si logró hacer una diferencia y no fue un encanto frustrado en que hubo avances aparentes y que luego terminaron en retrocesos. Lo que es claro es que el país necesita hacer bien este proceso.

-¿Y tienes la duda?

-No. Tengo esa expectativa. Por eso prefiero ser más exigente al principio del gobierno, porque es ahora cuando se marcan las tendencias. Después, los gobiernos decaen, tienen desgastes naturales. En esta primera etapa es cuando se deben impulsar los grandes cambios. Y para eso, tenemos que dejar actuar al Banco Central, al ministerio Mario Marcel, al ministro de Economía… Son personas que están muy bien calificadas y que saben lo que tienen que hacer.

«Prefiero ser más exigente al principio del gobierno, porque es ahora cuando se marcan las tendencias. Después, los gobiernos decaen, tienen desgastes naturales. En esta primera etapa es cuando se deben impulsar los grandes cambios«.

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