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Entrevista Canalla

13 de mayo de 2022

Carolina Delpiano: «Yo jamás podría haber entrevistado al Mamo Contreras, ponte tú»

Es multifacética, una artista con miles de intereses, es una leyenda de la comedia gracias a Plan Z y ahora retorna a la televisión con su programa Arte Todo. Aquí habla de ARTV, de su programa artístico, de su vida artística, de genios, de amigos y del mundo.

Por

“Nos fue súper bien en el ráting. Estoy contenta”, dice, sonriente, ella, la artista, la diseñadora, la fotógrafa, la escritora infantil que publicó «Pipí» y luego el atrevido texto titulado «Caca», la entrevistadora sin el objetivo de la exclusiva, la angelical que hizo humor negro en los noventa, el ingrediente femenino de Plan Z, la leyenda de la comedia abstracta: Carolina Delpiano. Su retorno a la televisión ocurrió el lunes a las 22 horas, en un canal de hechura cultural, un canal inteligente y que aparentemente en su interior estaría plagado de inteligentes. Hablamos, en fin, de un canal que, comunicacionalmente, tiene aspecto francés.

-Conduzco Arte Todo. 

-¿Y dónde? 

-En ARTV-, comenta orgullosa y culta.

-¿Y cómo es ARTV?

-Rupturista, un canal de arte, un canal hecho y dirigido por artistas. Es un canal increíble- detalla.

Es, según parece, un canal con aroma a Gastón Soublette y, a la vez, a un punk con el don de la expresión. Es la mixtura entre el poncho y un aro clavado en la ceja. Y también entre la televisión en blanco y negro, y un arcoíris. Y se halla inserto en la mitad de la jungla, en las profundidades del zapping: por ejemplo en VTR, en Santiago, es el canal 742. Y allí volvió Carolina Delpiano de forma artística. Arte Todo en ARTV, arte ilimitado, horario prime, el programa nacional que buscará primicias conceptuales.

-Hablamos de arte, de artistas, de poesía…

Y ella, anuncia, está entusiasmada porque todos los lunes a las 22 horas podrá comunicar la siguiente frase musical:

-Buenas noches. Esto es Arte Todo en ARTV, para hablar de arte y de todo.

Y, en estos momentos, parafrasea el inicio. Y ríe.

-Jajaja- Y se pone a brillar.

Pero luego se le termina la carcajada y queda helada. 

Para quienes no conocen a Carolina debemos informarles que ella, fundamentalmente, tiene dos caras: una cara apagada y otra cara encendida. Cuando se le apaga el rostro es porque no ocurre nada de interés en su entorno y ella parece retener un bostezo (¿Ha llorado el último tiempo?/ “Lloro poco”, acota y pone la cara apagada). Y cuando se le prende la cara es porque un chiste absurdo está rodeando la conversación (¿Qué la pone histérica? «Que me toquen el ombligo, me carga, no…jajaja», y se enciende). 

Cuando se le apaga el rostro es porque no ocurre nada de interés en su entorno y ella parece retener un bostezo (¿Ha llorado el último tiempo?/ “Lloro poco”, acota y pone la cara apagada). Y cuando se le prende la cara es porque un chiste absurdo está rodeando la conversación (¿Qué la pone histérica? «Que me toquen el ombligo, me carga, no…jajaja», y se enciende).

-¿Cuánto tuvo de ráting el estreno de Arte Todo?

-No sé… estuvo bueno… parece que anduvimos cerca del 0.5 punto de ráting.

Lo que ocurre es que al canal ARTV le interesa más la hondura que el impacto. Es el canal chileno que valoriza la ruptura. 

-Y mi equipo es súper culto- aporta Carolina-. Son todos más cultos que yo… Saben un montón…- murmura con la mirada perdida.

Entonces se ponen a hablar sobre arte. 

Hablemos de arte

-¿Qué es el arte?- irrumpe el reportero con brusquedad periodística.

-No sé qué es el arte.

-¿Qué le tinca?

-El arte parece ser una necesidad imperiosa y preexistente para muchos individuos que necesitan trabajar una parte distinta.

Toma aire y sigue:

-El arte es vital, el arte es indispensable, es ineludible. Y parece que afecta al resto.

-¿Dónde está el arte? ¿Usted puede encontrar el arte en todas partes?

-En todo.

-¿Todo es arte?

-Supongo que todo es arte, ¿o no?

Respira. Mira el horizonte.

-Creo que todos nos sorprendemos de esas poesías mínimas. Por ejemplo, cuando entra la luz del sol por la ventana, cruza el vidrio y te golpea la cara. Eso es un arte superior que también está presente en todo.

El reportero, una especie de buzo táctico, la mira atónito. Carolina ha desplegado una escena otoñal y el buzo táctico se interna a tientas en la metáfora. Por fortuna, ella también se ha desorientado.

-… en verdad no sé lo que estoy diciendo- admite Carolina.

-Ha dicho cosas profundas…

-… estoy inventando… es que no sé lo que es el arte…

-Sonaba convincente…

Y ella se sumerge en una volada.

-¡Tampoco sé si el arte es manufacturado por el ser humano!

-¿Y quién hace el arte? ¿Dios?- la enfrenta la prensa. 

-No hemos conocido a esa persona.

-¡Ajá! Es una persona…

-Es la naturaleza- zanja ella y su mirada queda perdida otra vez.

El arte, dice entonces, es una conexión. El arte, prosigue, es un sistema sensorial, es emocional. Se vincula a otra dimensión, al éxtasis, al dolor, a la libertad. Carolina, que posee seis vocaciones, tiene un talento que predomina en la actualidad: saca muchísimas fotos artísticas. No responde a encargos, ni a paisajes forzados. Fotografía lo que le parece. Tiempo atrás fotografió a pájaros muertos: “Era un retrato fotográfico post mortem. Como un funeral fotográfico para pájaros”. También, en otra ocasión, fotografió a sus dos hermanos bostezando y montó una exposición llamada “La lata del arte”, generando una reflexión en torno a la fomedad. 

«Carolina, que posee seis vocaciones, tiene un talento que predomina en la actualidad: saca muchísimas fotos artísticas. No responde a encargos, ni a paisajes forzados. Fotografía lo que le parece. Tiempo atrás fotografió a pájaros muertos: “Era un retrato fotográfico post mortem. Como un funeral fotográfico para pájaros”.

-Gracias a esos bostezos pude viajar por el mundo- y esta vez lo dice con su cara encendida. El bostezo le permitió que su arte se tornara internacional. El bostezo la hizo, paradojalmente, alcanzar un sueño.

-¿Por qué, si el arte es tan importante, es tan difícil dedicarse a él?

-Me da risa- medita Carolina-… es que ya no hay ninguna profesión que se recomiende… jajaja…

-Jajaja…

-jaja…

Es un momento de conexión, muy habitual en las entrevistas con contenido. Ella continúa y es directa:

-No da la plata no más… Aunque seas un buen artista y hagas autogestión, igual es complicado.

Piensa y arremete:

-El artista tiene que reinventarse todos los días y eso puede ser bien hinchapelotas.

Piensa y se ilumina:

-¡Pero los artistas son la gente más maravillosa!

-¿Por qué?

-Porque es la gente que más y mejor sabe vivir. Imagínate…

-¿Qué?

-Pueden hacer una fiesta de Babel con un yogurt y dos puchos. 

-Es cierto…

-Tienen una libertad enorme…

-También es cierto…

-Pueden disfrutar, pueden sentir dolor…- se transporta Carolina. Y el reportero, admirado, detecta que ella se mueve en círculos de gente creativa. Es parte de un mundo asertivo. 

-¿Y qué pasa con los artistas cuando entran a esas zonas grises que tienen los artistas? 

-Ah, no, ahí yo no me junto con ellos, ahí me alejo, jajaja.

-¿Los artistas tienen la presión por ser geniales?

-Eso se lo dejamos a los artistas geniales.

El reportero la mira teatralmente y crea una atmósfera de tensión.

-¿Y usted es arte?

-¿Yo?…

Y da la sensación que ella recorre a prisa su biografía. Nació un 21 de septiembre de 1966, es una Virgo con dos hijos en la adolescencia. Es legalmente soltera, jamás se casó, y a veces, según revela, se enamora de un montón de cosas. ¿De qué cosas se enamora? “Eso me lo reservo”. Estudió Diseño en el IPS, un espacio de rebeldes. Allí fue loca, insurrecta, alzó el puño. Después hizo invenciones gráficas e invenciones graciosas. Fue Jefa de Diseño en La Zona de Contacto, ese suplemento que reclutó a jóvenes con aires beatnik, a empeñosos prospectos de Bret Easton Ellis. Luego vino Plan Z, el estrellato, convertirse en una celebridad de salón, dar a luz, escribir el libro sobre el niño que se hizo pipí en la casa de un amigo, escribir el libro sobre el niño que no puede hacer caca. Vino el diseño, las fotos, tornarse entrevistadora, el programa El Sillón Verde, el amor, la separación, el arte, trabajar (“amo trabajar”), callejear (“amo callejear”). Y en la actualidad, como un símbolo, hoy en su velador hay una lámpara que jamás enchufa. 

-¿Y entonces… usted es arte?

-No- acota riendo.

-Usted es arte- le impone el reportero.

-A mí me interesa el arte- resuelve ella con seriedad.

Luego vino Plan Z, el estrellato, convertirse en una celebridad de salón, dar a luz, escribir el libro sobre el niño que se hizo pipí en la casa de un amigo, escribir el libro sobre el niño que no puede hacer caca. Vino el diseño, las fotos, tornarse entrevistadora, el programa El Sillón Verde, el amor, la separación, el arte, trabajar (“amo trabajar”), callejear (“amo callejear”).

Y si ella fumara, en ese momento habría encendido un cigarro. Y lo habría hecho poniendo la cara de una francesa.

La vida de una Z 

Ha sido llamada una leyenda del humor, un hito del gag incisivo, la figura encantadora de Plan Z, el programa de humor mitológico que se emitió entre los años 1997 y 1998 en el canal Rock and Pop

-Recuerdo con tanto cariño a Plan Z. Pero no creo ser una leyenda del humor.

-Lo dice la gente…

-Noo…

-¿Le han sacado fotos en el supermercado?

-La verdad es que no. Yo sí he pedido fotos a famosos. Una vez le pedí una foto a Jean Beasejour. Y también le pedí una foto a Florcita Motuda antes de que fuera una florcita tan pelotuda.

Plan Z, informa, reunió a un lote de brillantes. Plan Z era otro humor, un humor que tendría dificultades en la actualidad. 

Y dice:

-Plan Z es inigualable. Ya no se puede hacer.

O dice:

-Aunque igual nos seguimos riendo de las mismas cosas.

Y advierte:

-Muchas veces hemos querido volver a hacerlo.

«Yo sí he pedido fotos a famosos. Una vez le pedí una foto a Jean Beasejour. Y también le pedí una foto a Florcita Motuda antes de que fuera una florcita tan pelotuda«.

Y en estos momentos Carolina Delpiano, la delicada mujer que junta la dulzura y el sarcasmo, el humor venenoso untado en Nutella, revela que es una fanática de sus amigos y opina que cada uno es un ser mágico.

-Hable de Pedro Peirano…

Carolina suspira. 

-¡Lo quiero tanto! Es de una lucidez, es de una elegancia… es el más talentoso de Plan Z.

-Hable de Álvaro Díaz…

-¡Es brillante! Creo que es el más inteligente de Plan Z.  

-Hable de Ángel Carcavilla…

-Es como un dron. Es el más hábil de Plan Z. 

-Hable de Gumucio…

-Uf… él es increíble. Es brillante, verborreico, productivo. Es el más importante de Plan Z. Es el que hará historia. 

A veces se juntan, otras veces intercambian genialidades a través de whatsapp. El que está más rico es Carcavilla (“Ángel está forrado. Pero sigue siendo el mismo”). El que se suponía más pobre era Gumucio, pero genera una enigmática sensación de riqueza (“Rafa es muy generoso, te invita el almuerzo, te compra una camisa, etc”). ¿Y fueron la Generación Dorada del Humor? “No”, responde secamente, “cada generación tiene su tipo de humor”. ¿Le gustó El Club de la Comedia? “Pucha, no lo vi. Parece que estaba pajaroneando”, advierte. 

-Hoy, eso sí, me gusta entrevistar, me gusta conversar. Pero no me gusta que todo pase por mí.

Lo suyo, desliza, es el rol secundario, la acotación sutil, alisar el camino para la inspiración del entrevistado. Y le gusta hablar de arte, de la niñez, le gusta hablar con los raros, los solos, los descompuestos. Y si pudiera entrevistar a un personaje de cualquier época, pediría entrevistar a Marcel Duchamp.

-Es buenísimo- opina, tenso, el buzo táctico.

-Cambió el eje de rotación de lo que se estaba haciendo. Entrevistaría a Duchamp en un bar, con copete.

-¿A quién no entrevistaría jamás?

-Yo jamás podría haber entrevistado al Mamo Contreras, ponte tú. 

-Le pido una reflexión en torno al mundo, por favor.

Ella suspira.

-Somos una especie bien novata en este planeta. Llevamos apenas un pestañeo. Pero parece que somos una especie bien chanta. Se destruye todo tan rápido.

-¿Usted es simpática?

-Sí, me caigo bien.

«Somos una especie bien novata en este planeta. Llevamos apenas un pestañeo. Pero parece que somos una especie bien chanta. Se destruye todo tan rápido».

-¿Usted es lúdica?

-Soy creativa.

-¿Qué odia en la actualidad?

-Hartas cosas. Estoy bien pesimista.

-¿Que ama?

-Disfrutar lo que tengo cerca. 

Días atrás salió a la calle aferrada a un micrófono de su programa y preguntó a las personas dos cosas: 1) ¿Qué es la poesía?, y 2) ¿Es usted feliz?. La gente respondió, en general, que la poesía es algo lindo. Y, además, todos admitieron que son felices.

El buzo táctico la mira fijamente. Ella sabe lo que se le va a preguntar.

-¿Y usted es feliz?

-Yo soy feliz.

Un silencio alucinante otra vez.

-¿Y por qué es feliz?

-Porque así soy- y se ajusta la boina francesa que ha lucido en la conversación, entrega una sonrisa y finalmente la entrevistadora, con un arte sutil, se hace humo.

Probablemente, un dulce humo conceptual.

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