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Entrevista Canalla

22 de abril de 2022

Carolina Urrejola, periodista: «No soy buena para pelar; cuando el carrete se pone así, me voy»

Está llena de cambios. Dejó el Canal 13 y se sumó a Vía X. Se cambia de casa, de programa, de estilo. Y aquí habla de periodismo, de política, de su seriedad, de su ex, de su presente y de su desconocida afición por pasarlo bien.

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La periodista Carolina Urrejola ha dado un paso complejo: hace un tiempo tomó la decisión de vivir de una manera más simple. Y, entonces, se cambió de casa televisiva y también de casa real. La casa televisiva en la que vivía laboralmente es el Canal 13: ahora vivirá en Vía X. Y la casa real en que vivía humanamente se hallaba en Vitacura: ahora vivirá en Providencia.

-Viviré al lado del cerro- señala con seriedad y da la sensación que el cerro es un territorio simbólico, un terreno salvaje que la forzará a renacer. Es otra era: Carolina Urrejola se separó de Mauricio, el asertivo pelilargo con opinión. Carolina Urrejola se fue del 13, dejó Vitacura, no leerá noticias, se libera, se encumbra, hace lo que quiere. Atrás quedan sus diecisiete años en el canal, todos los programas, las coberturas, los juegos.

-¿Qué le pareció Vitacura?

-Muy homogénea. Pero vibrante. Y ya cumplió un ciclo para mí.

Vivía cómodamente allí, rodeada, como advierte, de votantes de Kast y también de árboles. Una comuna uniforme y verde, con salones de té en las esquinas y hombres maduros luciendo mechones rubios y la plástica tela de un pantalón Saville Row. Era, geográficamente, su zona de confort. El hábitat. Su barrio, la familia ordenada, las plazas. Y su giro inmobiliario contiene una postura de vida: Carolina, de cierta forma, bajó un escalón en la pirámide comunal. 

«Viviré al lado del cerro- señala con seriedad y da la sensación que el cerro es un territorio simbólico, un terreno salvaje que la forzará a renacer. Es otra era: Carolina Urrejola se separó de Mauricio, el asertivo pelilargo con opinión. Carolina Urrejola se fue del 13, dejó Vitacura, no leerá noticias, se libera, se encumbra, hace lo que quiere. Atrás quedan sus diecisiete años en el canal, todos los programas, las coberturas, los juegos».

-Oye, esto es con imagen, ¿o no?

Ocurre que Carolina está perfectamente maquillada porque pensó que iba a salir en televisión. 

-No. Perdone. Es así no más.

-Ah.

El reportero, angustiado, siente ganas de televisarla, enmarcar su mirada azul en una toma con significado. Es imposible: sólo la puede inmortalizar con un lápiz Bic. De modo que Carolina Urrejola es una amable lectora de noticias que acaba de desperdiciar un poco de rouge. Y, de hecho, este encuentro durará determinados minutos y Carolina tendrá que partir inexplicable y gentilmente maquillada hacia otro destino. Luego, días después, habrá otro encuentro con este medio de prensa y allí Carolina aparecerá sólo con la cara lavada, acorde a su vida con menos delineador, a su vida cerca del cerro y el zoológico, a su vida sin lectura de noticias. Su vida Vía X. Su vida con menos infraestructura, pero con más rock. Su vida sin Tele 13 Tarde, su vida con menos rating, pero más ligera.

-Tengo un problema con la acumulación de plata… en muchos sentidos- dice de pronto.

O bien dice esto:

-No me parece interesante eso de trabajar, trabajar, trabajar…

-¿Actualmente usted está con vacas gordas o con vacas flacas?

-Con vacas medianas.

-¿Ha tenido una época de riqueza?

-Nunca demasiada. Es que los conductores de prensa no ganan lo mismo que los conductores de entretención.

Luego, días después, habrá otro encuentro con este medio de prensa y allí Carolina aparecerá sólo con la cara lavada, acorde a su vida con menos delineador, a su vida cerca del cerro y el zoológico, a su vida sin lectura de noticias. Su vida Vía X. Su vida con menos infraestructura, pero con más rock. Su vida sin Tele 13 Tarde, su vida con menos rating, pero más ligera.

Desliza que su sueldo en el Canal Más Grande se parecía al de un subgerente. O tal vez al de un subsecretario. Agrega que el cambio de canal, es decir, el ingresar al Canal Más Chico, no responde a dineros. No pierde ni gana ingresos. Responde a su fórmula de cambios. 

-¿Es aburrido leer noticias?

-Sí, es aburrido leer noticias todos los días.

-¿Se sentía un robot por momentos? ¿Es una función muy mecánica?

-No, para nada. Me gustaría ser más mecánica para leer las noticias, pero yo me conmuevo.

Le costaba, tras comunicar una tragedia, cambiar de tema. Tras una muerte dramática se veía obligada, como todos los que ejercen esa función, a acotar sintéticamente: “Lamentable. Bueno, en otro campo de la información…”.

-A veces- se queja- es mejor no decir nada. O poner una cara simplemente.

-¿Y cómo es el Canal 13?- pregunta, expectante, el reportero.

-Tiene una impronta que se mantiene. Familiar, cercano, buena onda- dice ella.

Y repasa, a prisa, su trayectoria. Una trayectoria con aristas variadas, dice, con programas tales como Recomiendo Chile, Réquiem De Chile, Sábado de Reportajes, Biografías, En Boca de Todos. Y agrega, coloquial:

-Uf, he hecho de todo. Te bailé. Te aparecí disfrazada de Madonna una vez. Te canté a Pandora con unas amigas en un programa especial. Estuve en prensa, me tocaron catástrofes, grandes temas. Psst…¡qué más querís…!

-¡Es completa!- empatizamos.

Pero un día, tiempo atrás, sintió un ruido al interior de su vocación. La urgencia de cosas nuevas. Y la llamaron de Vía X, ese canal con visos de rebeldía, y, como dice, “se juntó el hambre con las ganas de comer”. Acordó un programa distinto, de análisis político, de debate y conversación con hondura.  

Y confiesa:

-Está bueno desafiarse.

Y enfatiza:

-Quería un espacio mío.

Y redondea:

-Me siento con más experiencia. 

«Uf, he hecho de todo. Te bailé. Te aparecí disfrazada de Madonna una vez. Te canté a Pandora con unas amigas en un programa especial. Estuve en prensa, me tocaron catástrofes, grandes temas. Psst…¡qué más querís…!»

-¿Está con ganas de opinar?

-Lógico. Una tiene un punto de vista, ya son años de circo.

-¿Tiene puntos de vista?

-Claro.

-¿Qué opina, no sé, de Chile?

-Está en un momento complejo, sensible y desafiante.

-¿Le cae bien Boric?

-No sólo me cae bien, sino que además le tengo mucha fe. Bueno, es que yo soy una optimista militante.

-¿Le cae bien, digamos, José Antonio Kast?

-No me gusta lo que representa. Eso sí, es un tipo amable y educado. Tenemos que aprender a convivir con personas que no nos gusta como piensan.

-¿Cree, como señalan algunas personas, que los periodistas son todos zurdos?

-Creo que es verdad. Hay como una vocación de justicia social y se emparenta con la izquierda. Aunque, claro, cada periodista tiene su propio adn.

Y luego eleva la voz:

-¡Me preocupa que la crítica al periodista sea permanente! Siempre nos someten al escrutinio público y nos hacen mierda.

La palabra, emitida por Carolina Urrejola, sobresalta al reportero: ha dicho “mierda”, se dice él, interiormente. Su moderación, parece, se ha esfumado. Es una Urrejola en estado rockero, Urrejola en formato X. Tiene 47 años, tres hijos, un ex marido, un ex trabajo, y todo por delante.

-¡Hay que tener cuero de chancho en esta profesión!- arremete.

Y está muy seria.

«(Boric) no sólo me cae bien, sino que además le tengo mucha fe. Bueno, es que yo soy una optimista militante».

El carácter

Lo que pasa es que está rodeada de periodismo. Es hija de la mítica periodista Patricia Scantlebury. Es sobrina de la mítica periodista Marcia Scantlebury. Su hija mayor es periodista. Sus dos hermanas son periodistas. Su ex marido es periodista. Su círculo social se compone de periodistas. Fue criada con sobremesas, analizando la realidad, con intelectuales en el comedor. 

Y le decían desde niña lo siguiente:

-Pinochet es malo.

Y ella en el Villa María era “la roja, la comunacha, la que decía que se torturaba y nadie le creía”. 

De manera que hasta el día de hoy le circulan noticias por las venas. 

-Pero dígame…¿por qué se ataca a los periodistas?

Ahora, tal como habíamos advertido, es otro día: Carolina Urrejola va en su auto y ya no luce maquillaje. Es ella, sin colores, física y sicológicamente al natural.

-Creo que en el periodismo hemos perdido mucho tiempo valioso en temas que no conectan con la gente.

Y opina que Raquel Correa fue deslumbrante. Cecilia Serrano hizo entrevistas valientes. Admira a Julio César Rodríguez por su trabajo radial y, respecto a su trabajo televisivo, cree “que a veces se pasa un par de pueblos”. A Sepu y su periodismo sensible no lo ha visto. Coni Santa María es una amiga dotada de inteligencia. Mónica Rincón es interesante. Daniel Matamala es brillante. Iván Valenzuela es amable en todo momento.

-Y si fuera Directora General de Canal 13, ¿qué haría?

-Tendría una ficción atómica. Haría La Madrastra 2. Haría Los Títeres 2. 

«Creo que en el periodismo hemos perdido mucho tiempo valioso en temas que no conectan con la gente».

-¿Acortaría los noticieros?

-No. Porque todavía tienen un lugar importante en la gente.

-¿Pero por qué las y los periodistas de noticieros atropellan tanto a sus entrevistados? 

-Mmm…- se resigna.

-¿Por qué los interrumpen tanto? ¿Los quieren dejar llorando? ¿Ah?

-Mmm…- asiente.

-¿Por qué?- clama impotente el reportero.

-Es verdad. No creo que atropellar o interrumpir sean buenas prácticas. Pero siento que, si los entrevistados son autoridades, hay que enfrentarlas.

Y en el entrecejo se le perfila una arruga, la raya del disgusto. 

-Disculpe…- interviene cortésmente el reportero.

-Qué.

-¿Es usted muy seria?

-¿Seria? Yo soy densa.

-¿En qué sentido es densa?

-Soy profunda. Me gusta ir al fondo de las cosas.

«¿Seria? Yo soy densa».

-Usted tiene carácter- le apuntamos.

-Es cierto.

-Su aspecto es alemán… ¿desciende de alemanes?

-Desciendo de ingleses.

-Oh, Europa…- suspira el reportero con admiración.

Y ella ríe y en estos instantes ha entrado una carcajada en la nota.

-Mira, tengo carácter, pero, bueno, también soy buena para el hueveo.

-¿Es buena para el llamado hueveo?

-Soy seca para el hueveo.

«Mira, tengo carácter, pero, bueno, también soy buena para el hueveo».

-¿Podría definir la palabra “hueveo” o el verbo “huevear”?

-Me gusta carretear. Me gusta el vino. Me gusta bailar. También me gustan las conversaciones largas, intensas, regadas.

Y describe su jornada soñada: “un almuerzo que empiece a la una y media de la tarde y termine a las once de la noche”. Una jornada con desvaríos, hondura, política, brindis, dos o tres pasos de baile simpáticos, David Bowie en los parlantes. Una jornada en que se hable de ideas, pero no de otras personas:

-No me gusta hablar de otras personas.

-¿No tiene tendencia al pelambre?

-No soy buena para pelar. Cuando el carrete se pone así, yo me voy.

Abre los ojos, la mirada azul.

-Me parece que usted está en un buen momento- le comentamos.

Ella le otorga un matiz de prudencia.

-Estoy bien- afirma-, estoy bien.

La nueva vida

Carolina Urrejola se ha cambiado de casa. Se ha cambiado de comuna, de canal, de programa, de estilo e incluso ha dado un atrevido vuelco sentimental: ha reiniciado su vida amorosa y no se ha emparejado con un periodista. Se ha emparejado con un arquitecto.

-¡Ha salido del periodismo, Carolina!

-Sí, él vive entre Valparaíso y Santiago. Ha sido entrete.

-¿Y cómo está con Mauricio Jürgensen?

-Estamos bien, somos familia, nos queremos. Tenemos dos hijos chicos, de cinco y ocho años. 

Se prepara ahora para el debut en Vía X, el programa de conversación profunda que muy pronto se emitirá a las 22 horas con el paradojal objetivo de competir con las noticias.

-Es un canal que siempre ha tenido una impronta media roncanrolera.

Y afirma que ya tiene la costumbre de trabajar con millennials e incluso se ha nutrido de la literatura adecuada para entenderlos. Y recomienda este libro: “No se puede. ¿Cómo los millennials se convirtieron en la generación agotada?”

-Usted será la figura principal de ese canal…- la adula el reportero.

-¿Tú crees?

-Sin ninguna duda.

-A mí en verdad lo que me importa es  estar contenta con lo que hago. La carrera por las lucas, ya sabes, nunca me ha interesado.

Se ha cambiado de casa. Se ha cambiado de comuna, de canal, de programa, de estilo e incluso ha dado un atrevido vuelco sentimental: ha reiniciado su vida amorosa y no se ha emparejado con un periodista. Se ha emparejado con un arquitecto.

Ha hecho los cambios. Se ha simplificado. Se ha despeinado. Hoy es la mixtura entre el carácter y el rock. Se ha quitado el maquillaje y está natural.

-¿Qué le falta?

Y aquí vuelve a gritar:

-¿Faltar? ¡Qué me va a faltar…!- y ahí, naturalmente, opta por desaparecer.

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