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23 de mayo de 2022

Rosa Devés en primera persona: Los ocho momentos que definieron la trayectoria de la nueva rectora de la U. de Chile

La imagen es un collage de Rosa Devés con varios de los símbolos de su historia Patricio Vera

En una íntima conversación con The Clinic, Rosa Devés cuenta su historia personal. Revela lo difícil que fue ingresar a Bioquímica en la Chile cuando su padre era decano de Ingeniería en la Católica; cuenta sobre su experiencia en Canadá, su trabajo académico durante la dictadura y cómo el 11 de septiembre de 2001 la marcó particularmente. Aquí, la mujer detrás del hito de convertirse en la primera rectora de la Universidad de Chile en sus casi 180 años de historia.

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De que hizo historia, no quedan dudas. Es la primera mujer rectora de la Universidad de Chile, en sus casi 180 años. Pero Rosa Devés, el nombre detrás de ese hito, es mucho más que eso.

Se autodefine como una bioquímica y una académica con un profundo compromiso con su institución y con lo que ella puede hacer por Chile. Su historia personal está intrínsecamente relacionada con su quehacer diario y, por eso, en conversación con The Clinic, Rosa Devés dice tener una consciencia “muy profunda de nuestra responsabilidad respecto de Chile. Yo tengo muy claro de la riqueza de la institución y que de alguna manera la autoridad está en nosotros y en nosotras. Es la autoría, es la creatividad, es el trabajo dedicado de tanta gente…”.

Pudorosa, a Rosa Devés le cuesta hablar de su vida. Menciona con cariño a su hijo músico, Diego; a su hija Francisca, bailarina; y a su nieta de cuatro años. Dice que los días más felices de su historia fueron cuando ellos nacieron y, los más tristes, cuando sus padres fallecieron.

Comenta que con saber eso sobre ella es suficiente. Que no es una persona muy social. Que la Universidad de Chile la consume totalmente porque es una institución que “te abraza la vida entera”. Y luego va un poquito más allá: menciona su libro favorito, Anna Karenina (de Tólstoi), y dice -con una gran sonrisa- que está adicta a un grupo de danza de Taiwán y que su gran pasión es el ballet contemporáneo.

Pero eso no basta. Queremos ir más allá. Queremos saber las historias que componen su trayectoria y que la condujeron al lugar que está hoy. Así, quizás un poco en contra su voluntad, Rosa Devés se deja llevar. Se entrega, se confiesa. Y la entrevista que estaba marcada para durar media hora por su apretada agenda, termina durando el doble. Y los relatos que encontramos, finalmente, explican quién es ella.

1 – “El compromiso social de mis padres”

“Yo creo que lo principal es la vida familiar. Y mi infancia estuvo muy marcada por el compromiso social de mis padres, tanto de mi papá (Raúl Devés) como de mi mamá (Rosa Alessandri). Nosotros somos de las primeras familias que tempranamente llegamos a Vitacura, que era un barrio en ese momento tenía una integración social, algo que hoy día se ha perdido completamente. En ese sentido el trabajo social, fue muy importante y yo crecí en ese ambiente: en un ambiente como de servicio”, cuenta Rosa Devés.

“Nosotros crecimos con valores muy marcados de entrega. Mi madre trabajaba en salud, de manera voluntaria por 30 años, ella tenía una poliomielitis… Entonces, pese a esta dificultad, tenía una entrega total a su trabajo en un consultorio”, agrega.

2 – “El ballet fue clave para que yo esté aquí hoy”

“La danza fue muy importante en el desarrollo de mi personalidad, no solamente por lo que significa tener una práctica artística, sino de responsabilidad y también una apertura hacia los otros. Mi maestra sigue haciendo clase, tiene 97 años, es Evelyn Cordero. Sus hijas la acompañan todavía en la academia y mi nieta de cuatro años empezó con sus clases ahí y mi hija estudió danza en la Universidad de Chile… Así que ahí hay una cosa muy linda de tres generaciones”, afirma Rosa Devés.

“Algo que es fundamental y que da la función de ballet: por supuesto, disciplina, rigor y todo eso que tiene detrás, pero también el actuar frente a un público grande, eso para mí fue muy importante porque yo era una niña bien tímida. Entonces, creo que el ballet fue clave, para que yo esté aquí hoy día. El desarrollo de la personalidad que da… Y bailamos en esa época en el Municipal, en funciones a fin de año frente a un público amplio. Eso fue muy muy importante. Además, sin dudas la danza formó mi sensibilidad frente al arte y mi cuerpo. Son efectos bien profundos… La danza está en mí”, puntualiza.

Pero eso no basta. Queremos ir más allá. Queremos saber las historias que componen su trayectoria y que la condujeron al lugar que está hoy. Así, quizás un poco en contra su voluntad, Rosa Devés se deja llevar. Se entrega, se confiesa. Y la entrevista que estaba marcada para durar media hora por su apretada agenda, termina durando el doble. Y los relatos que encontramos, finalmente, explican quién es ella.

3 – “Entrar a Bioquímica fue muy duro desde el punto de vista personal”

“Mi padre era decano de Ingeniería en la Universidad Católica hasta el año 1967. Y fue un decanato muy transformador, por ejemplo, llevando Ingeniería a San Joaquín… Entonces yo siempre había pensado que iba a ser ingeniero. En esa época uno podía postular independientemente, no estaba integrado el sistema de postulación como es hoy día. Entonces yo postulé a Ingeniería y quedé en Ingeniería de la Católica, que era de alguna manera el compromiso tácito con mi padre”, recuerda Rosa Devés.

“Pero al mismo tiempo postulé a Bioquímica a la Universidad de Chile, orbitada -y eso me gustaría también reconocerlo-, por mi profesor de Física del colegio, don Carlos Mercado, que después fue curiosamente mi profesor en primer año de la universidad. De alguna manera en mi adolescencia tenía este interés por la ciencia, pero las carreras científicas eran muy, muy nuevas. En ese entonces la carrera de Bioquímica tenía 8 años solamente. Entonces, don Carlos fue clave, me dijo: “Mire, entre ahí”. Y sabiendo que quedé admitida en ambas, tuve que tomar la decisión de qué camino seguir y elegí la Bioquímica”, añade.

“Fue muy duro desde el punto de vista personal de la relación con mi padre. Él estaba terminando nueve años de trabajo para modernizar ese espacio y resulta que me toca elegir y al final decido que no, que no quiero ingeniería en la Católica… Yo creo que debió haber sido duro para él, pero bueno, no lo manifestó de manera explícita. Y eso me llevó finalmente a la Universidad de Chile”.

4 – “Al poco tiempo de entrar a la universidad hubo una toma”

“Entré a la Universidad el 68, el momento del país también era un momento tan importante… Hay un correlato ahí. Era un momento crucial de la universidad en que se estaba preguntando tantas cosas y cambiando. Al poco tiempo de entrar a la universidad hubo una toma… Nos tomamos la universidad y claro, toda la conversación en ese momento, en esos inicios, eran de política”, comenta Rosa Devés.

“Entonces uno entraba de golpe a ese mundo político universitario donde se contrastaban ideas, y todo eso combinado nuevo con una exigencia académica. La carrera de Bioquímica era muy intensa y con mucha voluntad de cambiar a Chile. Esa carrera tuvo su impronta, una épica en que los que estábamos ahí sabíamos que éramos responsables de un desarrollo desde chicos, desde los primeros años, que íbamos a ser los responsables del desarrollo científico de este país. Entonces, eso también es muy, muy marcador: no era que uno iba a clases, sino que iba a hacer país. Y la Universidad de Chile yo diría que todavía tiene eso”, agrega.

Bailamos en esa época en el Municipal, en funciones a fin de año frente a un público amplio. Eso fue muy muy importante. Además, sin dudas la danza formó mi sensibilidad frente al arte y mi cuerpo. Son efectos bien profundos… La danza está en mí

5 – “Nosotros teníamos prisa por salir de Chile”

“Fui a Canadá el 74 a hacer mi doctorado, que es cuando uno realmente se forja como científico e investigador autónomo. Yo llegué allá con mi marido. Él era argentino, nosotros teníamos prisa por salir de Chile… Él era una persona de izquierda y al ser extranjero también en el momento de la dictadura era muy complejo. Él tenía un trabajo, pero no era médico formalmente todavía en términos de un grado académico… Y yo tuve que postular muy apresuradamente a un doctorado que era lo que yo sabía que tenía que hacer para mi vida. Pero fue precipitado y hubo mucha generosidad para poder incluirme en ese momento en el programa. Fue difícil. Yo tenía la convicción de que, si no comenzaba a estudiar y seguía un doctorado en ese momento, era como que todo mi ser se iba a como a desplomar…”, comenta Rosa Devés.  

“En ese período, yo diría que lo que me marcó fue como hacer patria trabajando en la academia. Yo tenía muy claro que tenía que demostrar que mi preparación académica en Chile era la adecuada para seguir estudios internacionales. Por suerte fue muy exitoso mi programa, incluso habiendo, a mitad de él, tenido a mi primer hijo, Diego, en medio de un doctorado muy experimental, en el que tenía que estar en el laboratorio”, recuerda.

“En una ocasión, encontramos a una familia chilena que estaba exiliada en London Ontario con su padre, don Luis Fuentes, que había sido un funcionario de la Escuela de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile. Ellos me ayudaron mucho con mi hijo los primeros años de vida… Esta solidaridad chilena que la encontramos tan lejos me marcó mucho. Establecimos unos lazos de cariño muy grande… Así uno va encontrando gente que nos ayuda en la vida, ¿no?”.

6 – “En dictadura, nuestro trabajo académico fue en sí revolucionario”

“A fines del 80 retornamos… Fui detenida en una oportunidad, por una manifestación. Pero fue una detención de horas, en el 86, y nos liberaron en medio del toque de queda. Eso fue bien complejo, porque corríamos el riesgo de ser detenidos de nuevo. Eso fue en una manifestación a raíz del ataque a Carmen Gloria Quintana y Rodrigo Rojas de Negri”, menciona.

“Entonces la dictadura a nosotros nos marcó muy fuertemente también de nuevo por el fortalecimiento de los valores. Porque, como académicos y académicas, en una universidad intervenida, hemos tenido que estar permanentemente por un lado luchando por los espacios de libertad para la libertad académica y por otro para recuperar la democracia al interior de la institución. Nuestro trabajo académico era en sí revolucionario porque la libre asociación era un problema. Estaban muy vinculados el trabajo académico a la lucha política. No era como que cada uno era un canal distinto y que una reunión era política y otra reunión era académica, sino que todos los días uno tenía que tomar decisiones en el sentido de defender nuestros valores. Ahí me marcó mucho el trabajo dentro de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile y el trabajo con otros académicos de otras facultades. Eso fue muy importante en mi generación, en el sentido de que se generó una solidaridad muy marcadora, porque el peligro en la universidad es la fractura”, agrega Rosa Devés.

Don Carlos fue clave, me dijo: “Mire, entre ahí”. Y sabiendo que quedé admitida en ambas, tuve que tomar la decisión de qué camino seguir y elegí la Bioquímica.

“El haber resistido la dictadura gracias al trabajo comprometido de sus estudiantes y también de sus académicos y académicas fue un logro enorme. Y me tocó vivir aquello. Entonces uno va forjando una relación con su institución que es mucho más allá que un lugar de trabajo. Es la vida nuestra que ha pasado ahí, la vida de la institución que hemos tenido que defender en tantos momentos, y todo eso se fortalece y añade un sentido de la importancia de estar hoy día en esta responsabilidad que tengo (como nueva rectora)”, puntualiza.

7 – “El 11 de septiembre de 2001 dijimos: bueno, hay que seguir luchando por la educación”  

“El 2000 yo estaba trabajando con el químico Jorge Allende, en la Facultad de Medicina. Ambos dirigíamos el Instituto de Ciencias Biomédicas. Él tenía interés por la Educación en Ciencia, una iniciativa donde las academias se habían propuesto a iniciar un trabajo más formal con la innovación o el mejoramiento de la educación en ciencia, particularmente con la educación básica. Yo había trabajado como dos años con el Ministerio de Educación en la coordinación del primer currículum post dictadura, bajo el liderazgo de Cristian Cox, para tercero y cuarto medio”, recuerda Rosa Devés.

“Entonces Jorge Allende me invita a este proyecto y la verdad es que inicialmente yo decía: ‘yo ya cumplí mi ciclo’ por este aporte que me desviaba de alguna manera del, de tener toda mi concentración en el laboratorio. Inicialmente fui algo resistente con el proyecto. Hasta que lo reemplazo, porque él no podía asistir en una conferencia en Monterrey sobre Educación Científica. El 11 de septiembre de 2001, mientras ocurría el atentado a las Torres Gemelas, yo estaba ahí. Para mí ese momento fue muy importante porque dijimos: “bueno, hay que seguir luchando por la educación, esto es lo importante, esta es una señal también tan fuerte de que la educación es lo principal’.  Y resulta que una personalidad que iba a hablarnos no llegó, por el atentado, y alguien me dice: ‘¿Y por qué no hablas tú y nos cuentas lo que ha pasado con el currículum en Chile?’. Así, de la nada, en una plenaria. Y debí asumir ese rol en ese momento, sin preparación”, comenta.

“Yo lo vi como una señal de compromiso, y después decidí participar en el Programa de Educación en Ciencias para la Educación Básica. Partimos con escuelas públicas en Cerro Navia, con una alianza entre el Municipio, la Universidad, la Academia de Ciencias, el Ministerio. Luego, al año siguiente, en Pudahuel, Lo Prado, en otras partes de Chile. Eso para mí ha sido muy muy marcador, porque me ha llevado donde las dificultades son más grandes, donde los cambios son más importantes”, destaca.

8 – “Justicia y equidad en términos de acceso”

“En los últimos 10 años hemos buscado profundizar lo que es la equidad y la inclusión. Eso se inicia poco antes del movimiento educacional grande del 2011. En 2010, nos proponemos con el rector de la época (Víctor Pérez) en profundizar la equidad y la inclusión. Ese momento decidimos generar una vía de acceso especial en la Universidad de Chile para jóvenes que estaban egresando de la educación pública y cuyos puntajes no alcanzaban para ingresar por la vía regular”, detalla Rosa Devés.

“Fue muy duro desde el punto de vista personal de la relación con mi padre. Él estaba terminando nueve años de trabajo para modernizar ese espacio y resulta que me toca elegir y al final decido que no, que no quiero ingeniería en la Católica… Yo creo que debió haber sido duro para él, pero bueno, no lo manifestó de manera explícita. Y eso me llevó finalmente a la Universidad de Chile”.

“Eso tenía dos objetivos: uno, por supuesto, de justicia y de equidad en términos de acceso, de mayor amplitud, pero también un compromiso con generar un cuerpo estudiantil más diverso en el entendido que la diversidad es clave para la calidad, más en una universidad como la nuestra. No sólo porque honra los principios orientadores de su nombre, de ser Universidad de Chile, sino también porque para preparar para un mundo complejo como el que tenemos, debemos hacerlo en un ambiente diverso y en un ambiente que represente a Chil…. A la fecha ya son más de tres mil y tantos estudiantes que han entrado por ese programa, que se propone a tener justicia y equidad en términos de acceso”, dice.

“Hoy día esto está contenido en la ley, y para qué decir en la Nueva Constitución. Entonces parecería que siempre estuvo, pero no era así. Y toda esa perspectiva bien humanista de la educación -que para mí es clave- ha sido muy importante también en el mayo feminista, o las exigencias del Estallido… Todo esto está vinculado con el compromiso de mayor igualdad, de la equidad, mayor inclusión en la universidad, que son hoy día temas claves”, concluye.

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