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26 de mayo de 2022

Qué podemos aprender de los pueblos originarios y los cuidados de personas mayores

La imagen es una ilustración de la autora e imágenes de pueblos originarios en Chile Patricio Vera

Las personas mayores indígenas son un soporte central en los cuidados familiares, quizás el rol más conocido y a veces invisibilizado es el de la abuela cuidadora que recoge a los niños del colegio, les da de comer y hace las tareas con ellos o bien que los cuida cuando están enfermos. Pero también las personas mayores son un pilar central en las economías familiares, aunque sus pensiones suelen ser bajas, son un recurso estable que llega mes a mes.

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Desde el 2014 he estado centrada en estudiar con mayor profundidad cómo envejecen las personas de pueblos originarios y con ello cómo se organizan, adaptan y reinventan las personas mayores en regiones, especialmente, en localidades rurales e indígenas para afrontar positivamente el envejecimiento.

Uno de los principales aprendizajes es comprender que el envejecimiento es heterogéneo, incluso al interior de cada pueblo originario. De esta manera, el envejecimiento no puede ser desvinculado de la interseccionalidad de género, edad, etnia, nivel socioeconómico y territorio, fundamentalmente, de las ventajas y desventajas acumuladas en el curso de vida.

Sobre el cuidado dentro de los pueblos indígenas en Chile

Quisiera en este sentido destacar la especificidad del envejecimiento en el Pueblo Aymara para quienes el cuidado, ya sea de niños, niñas, personas enfermas y personas mayores es una responsabilidad exclusiva de las mujeres. Estas mujeres cuidadoras, como las cuidadoras en otros grupos sociales, deben cumplir igualmente con otras obligaciones reproductivas, domésticas y económicas, es decir, están sobrecargadas. Esta organización de los cuidados también es replicable a los otros pueblos originarios en Chile, pero hay que agregar un fuerte componente familiar y comunitario para la compresión de los cuidados.

Actualmente estamos desarrollando un estudio que se aplicará desde el extremo norte al extremo sur (Proyecto FONDECYT regular 1210021) y ya tenemos los resultados en las regiones de Tarapacá, Antofagasta, Atacama y Coquimbo y disponemos a la fecha de una muestra de 1.244 personas mayores.

Uno de los principales aprendizajes es comprender que el envejecimiento es heterogéneo, incluso al interior de cada pueblo originario. De esta manera, el envejecimiento no puede ser desvinculado de la interseccionalidad de género, edad, etnia, nivel socioeconómico y territorio, fundamentalmente, de las ventajas y desventajas acumuladas en el curso de vida.

La mayoría se autoidentifica como indígena, ya sea del Pueblo Quechua (203 casos), Atacameño (214), Colla (215), Chango (100) o Diaguita (255). Aquí nuevamente observamos que el rol de cuidado es femenino y que las personas mayores contribuyen activamente en el cuidado familiar. Los datos testifican un alto involucramiento en tareas de cuidados en las personas mayores del Pueblo Chango, ya que el 25% dice participar en la crianza de nietos o nietas y un 25% afirma cuidar a un adulto por enfermedad, discapacidad o dependencia. Con ello se hace necesario desmitificar el rol pasivo de las personas mayores en el ámbito del cuidado: son un soporte fundamental en la organización y funcionamiento familiar.

Las personas mayores indígenas son un soporte central en los cuidados familiares, quizás el rol más conocido y a veces invisibilizado es el de la abuela cuidadora que recoge a los niños del colegio, les da de comer y hace las tareas con ellos o bien que los cuida cuando están enfermos. Pero también las personas mayores son un pilar central en las economías familiares, aunque sus pensiones suelen ser bajas, son un recurso estable que llega mes a mes. Con esto quiero decir que la organización social y económica de las familias se articula en torno a las personas mayores.

Aunque el cuidado conlleva una serie de problemas en salud física y mental, y otros deterioros psicosociales, puede tener también algunas consecuencias positivas relacionadas con la mantención de la identidad étnica cultural.

En los diversos estudios que hemos realizado confirmamos que el cuidado es un rol familiar y de la comunidad cercana (incluidos vecinos, vecinas) en el caso de los pueblos originarios, que en estas interacciones de reciprocidad la ganancia es mutua y permite la mantención de la comunidad. Insistir en el hecho de que la ganancia es para quienes cuidan y quienes son cuidados. Siendo uno de los aspectos culturales más centrales del cuidado el ser un espacio de transmisión de conocimientos y prácticas culturales. Por ejemplo, las mujeres indígenas dicen cantar a sus nietos, nietas canciones en su lengua originaria e incluso que les enseñan a contar. Pero también, en el espacio de cuidado hacia adultos con alguna enfermedad o discapacidad (principalmente hijo o cónyuge), las personas mayores intentan mantener las prácticas médicas tradicionales, como el uso de ungüentos, hierbas medicinales y la orientación para ser atendido y tratado por un médico indígena.

Los datos testifican un alto involucramiento en tareas de cuidados en las personas mayores del Pueblo Chango, ya que el 25% dice participar en la crianza de nietos o nietas y un 25% afirma cuidar a un adulto por enfermedad, discapacidad o dependencia. Con ello se hace necesario desmitificar el rol pasivo de las personas mayores en el ámbito del cuidado: son un soporte fundamental en la organización y funcionamiento familiar.

Si nos remitimos a datos duros, nuevamente el estudio indicaría una alta transmisión intergeneracional de conocimientos desde las personas mayores.

Por ejemplo, en el Pueblo Diaguita, el 46% confirma que ha trasmitido las prácticas culturales a sus hijos e hijas  y un 20% a sus nietos y /o nietas. La transmisión es un aspecto central para la mantención de la identidad de cada pueblo y también para generar bienestar en las personas mayores. En este línea, quisiera destacar la publicación que hicimos en la The British Journal of Social Work, que recibido la distinción del editor choice en el monográfico Indigenous People & the Social Determinants of Health: Weaving Tradition & Innovation to Advance Well-Being for All, logramos comprobar que la transmisión de conocimientos (idioma, prácticas culturales, religiosas, médicas, reproductivas, productivas, entre otras) a los nietos, nietas se asociaría con menos síntomas depresivos, por tanto, es un factor protector de la salud mental en personas mayores Aymara y Mapuche.

Situación crítica

Este proceso vital para la reproducción y mantención de cada pueblo indígena está en una situación crítica por factores endógenos. Por una parte, afectada por las nuevas estructuras familiares, como la creciente cantidad de personas mayores que viven en hogares unipersonales y, por otro lado, el despoblamiento de las localidades rurales y el sentimiento de aislamiento social.

Nuevamente los datos del estudio de la investigación que tenemos en desarrollo (FONDECYT Regular 1210021) indicarían que el 25%  de las personas mayores vive sola. Esto supone un reto para la organización tradicional de las comunidades indígenas, ya que las estructuras familiares extensas tienden a ser cada vez menos frecuentes y muchos cuidados son asumidos por la comunidad, incluso ya hay antecedentes de situaciones de abandono y de una vejez en extrema soledad y aislamiento social. Siendo otro dato complejo, la tendencia al despoblamiento de las zonas rurales y también la falta de inversión pública para mejorar la conectividad de estas localidades, en este sentido, el 40% de la muestra siente que su pueblo está aislado.

Sin lugar a dudas el desafío que ocupará parte de la agenda pública en los próximos años se debiera enfocar en fortalecer, desde un enfoque de derechos, los diversos ámbitos que confluyen en el cuidado, más aún con los elocuentes datos de un acelerado y creciente proceso de envejecimiento en Chile.

Desde el ámbito que hemos analizado, las personas mayores indígenas, estos temas se vinculan con feminización del cuidado, cuidado e interculturalidad, cuidado y territorio.

De estos aspectos, brevemente me gustaría reflexionar sobre el cuidado e interculturalidad. Si bien Chile tiene implantada desde hace años la salud intercultural, habiendo críticas y también alabanzas al sistema, queda por fortalecer la interculturalidad y gerontología/geriatría, es decir, dar un enfoque desde  las personas mayores indígenas y sus necesidades, problemas y demandas.

Este proceso vital para la reproducción y mantención de cada pueblo indígena está en una situación crítica por factores endógenos. Por una parte, afectada por las nuevas estructuras familiares, como la creciente cantidad de personas mayores que viven en hogares unipersonales y, por otro lado, el despoblamiento de las localidades rurales y el sentimiento de aislamiento social.

Por ejemplo, hay escalas de valoración geriátrica estandarizadas que se aplican en los centros de salud pública, como es el caso de la Escala Geriátrica de Depresión (GDS su sigla en inglés) que presenta algunas dificultades en la comprensión de la depresión como un proceso individual para las personas mayores indígenas, sin incluir la relevancia del entorno social, y el bienestar – salud mental- sin considerar la espiritualidad, como es sabido en los pueblos originarios la salud es un proceso holístico resultante del equilibrio entre los aspectos individuales/espirituales, sociales y comunitarios. Por lo tanto, queda aún por generar espacios reales de diálogo y encuentro en la comprensión de la salud, sin recaer en la homogeneización en el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades.

En esta columna hemos hablado de cómo el cuidado en los pueblos indígenas se enmarca en la particularidad de potenciar las interrelaciones e intercambios intergeneracionales, estos elementos culturales deben ser la base de las políticas sociales de los cuidados en los pueblos originarios e invita a re-pensar la comunidad y la incidencia de las transformaciones familiares.

*Lorena Gallardo Peralta ([email protected]) es trabajadora social, con una amplia trayectoria docente e investigadora en el campo de la gerontología social. Actualmente es investigadora asociada en la Universidad de Tarapacá, en Arica, y profesora en la Universidad Complutense de Madrid, España. Lleva más de diez años investigando las particularidades del envejecimiento en las personas mayores indígenas. Comenzó este desafiante recorrido con la tesis doctoral que leyó en diciembre de 2012 en la Universidad Complutense de Madrid y a partir de ese estudio comprobó que las personas mayores Aymara tienen más desventajas en el ámbito de la salud mental, por ejemplo, mayor sintomatología depresiva y esto es aún más preocupante en el caso de las mujeres. Las razones son múltiples, pero le llamó la atención cómo el entorno social y comunitario, es decir, vivir en los territorios “originarios” puede ser un factor protector frente a este y otros problemas como la soledad en la vejez.

*Este trabajo es parte de un especial de Personas Mayores que Cuidan a Personas Mayores, proyecto de Amanda Marton, Javier Middleton, Sebastián Palma y Bárbara Carvajal que resultó ganador del Fondo de Becas para investigar y contar la desigualdad en la distribución de trabajos del cuidado y sus implicaciones socioeconómicas en América Latina y el Caribe, de la Fundación Gabo y Oxfam.

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