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25 de mayo de 2022

El pacto suicida de Alex y Nancy

Patricio Vera

El pasado 26 de enero el matrimonio Nancy Romero (60) y Alex Urrea (59) arrendó una pieza en un apart hotel en el centro de Santiago, donde ambos se suicidaron. Ella presentaba dificultades para desplazarse y no se podía expresar verbalmente por un accidente cerebrovascular y a él lo agobiaba no poder obtener los recursos para seguir cuidándola en su vejez. Aquí, la historia de un nuevo pacto suicida en un país donde ser viejo es una condena. “Mi situación con Nancy cada día es peor por enfermedades mutuas. Además, no deseamos ser un lastre para nadie”, decía una de las cartas que Alex dejó.

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Antes, mucho antes de comprar el producto que los mataría, arrendar un departamento en el centro de Santiago y morir junto a su esposa Nancy Romero, Alex Urrea redactó una de las al menos 4 cartas suicidas en la que explicaba la tragedia que agobiaba al matrimonio.

Aquella carta titulada “A poco de partir” estaba dirigida a sus seres queridos: “Dentro de mi desgracia he encontrado un poco de paz. Tuve la oportunidad de ver mi futuro truncado por un accidente que me dio la oportunidad de asistir por años a mi esposa discapacitada, lo hice con el mayor agrado y amor”, escribió en una hoja de cuaderno con un lápiz de tinta azul.

Luego continuó: “suerte a todos los que quedan en el aeropuerto de la vida, esperando el gran viaje. Mil disculpas a mi hija Magda por mi viaje inesperado, quizás nos veamos algún día en mi nueva residencia”.

Al final, la carta la firmó con los nombres Alex y Nancy y la fechó con el año 2021, pero meses después, cuando el suicidio ya se había consumado y los policías le entregaron la carta a Magdalena Urrea, una de las hijas de Alex, ella se dio cuenta que la fecha estaba tachada y sobreescrita para con el año 2022 por encima.

Para ella, la postergación del suicidio no se debió a la indecisión de su padre y su madrastra Nancy, sino a una razón más práctica: “Yo te puedo asegurar que gracias a los IFE y a los retiros del 10% de las AFP (fondos de pensiones en Chile), es que mi papá y la Nancy alargaron su estadía en este mundo(…) él siempre decía que cuando se casaron hicieron la promesa de cuidarse en la salud y en la enfermedad. Y él le iba a cumplir eso hasta el último, hasta que tuviera los recursos”.

En mejillones yo tuve un amor

Nancy y Alex se conocieron a mediados de los 2000 en Mejillones, un puerto en la región de Antofagasta al norte de Chile, el mismo que inspiró una de las canciones de amor más populares del país. Allí él trabajaba como mecánico en pequeñas embarcaciones y ella en un casino de alimentación.

Se casaron el año 2008 y decidieron viajar a España, donde él siguió siendo un hombre de mar que se embarcaba en diferentes puertos de la península ibérica, desde donde recorrió distintas costas de países europeos y africanos como Argelia.

“Yo te puedo asegurar que gracias a los IFE y a los retiros del 10% de las AFP (fondos de pensiones en Chile), es que mi papá y la Nancy alargaron su estadía en este mundo (…)»

Mientras él se embarcaba, ella hizo cursos de geriatría e incluso llegó a cuidar a adultos mayores. En primera persona compartió, acompañó y cuidó a hombres y mujeres a quienes la vida les llegaba al final. Cuando los trabajos de mar escaseaban, Alex también se sumó a aquellas labores.

El matrimonio prosperaba lejos de Chile, con sus trabajos incluso pudieron ahorrar dinero para recorrer Europa. Visitaron París y Londres y para ellos, quienes se casaron en segundas nupcias, la vida parecía estar en su lugar al fín.

La situación en España se derrumbaría por asuntos de una visa que no fue extendida. El matrimonio no soportó la idea de vivir como indocumentados y decidió regresar a Chile. Se instalaron en Antofagasta donde ella se comenzó a desempeñar laboralmente como conserje en un condominio y él cambió el mar por los cerros, para trabajar en las minas de cobre.

Era el año 2017 y en Antofagasta, a sólo 65 kilómetros del Mejillones donde se conocieron, la vida les cambiaría para siempre. A sus 55 años a Nancy la hospitalizaron por una pérdida de consciencia y signos de desorientación a raíz de un accidente cerebrovascular que le dejó secuelas irreparables.

Desde allí en adelante Nancy no volvió a poder expresarse verbalmente, se debía mover en silla de ruedas y sólo podía comunicarse a través de expresiones faciales y gestos. Su secuela llamada afasia expresiva, sin embargo, no significaba que ella perdiera su capacidad de discernimiento, como dejaría constancia un certificado médico realizado con posterioridad.

La discapacidad de Nancy

A partir del accidente de su mujer, Alex se encargó exclusivamente de sus cuidados. Dejó de trabajar a tiempo completo y destinó la mayoría de los recursos de una vida de trabajos en cuidar a Nancy. Se trata de algo raro en Chile donde, según el Servicio Nacional de Adultos Mayores, más del 70% de quienes realizan labores de este tipo son mujeres. Se estima que, en total, un 30% de las cuidadoras tiene entre 60 y 74 años y un 15% tiene 75 años o más.

“Mi papá le teñía el pelito, le hacía la manicure. Ellos se llevaban muy bien. Salían harto a comer con su silla de ruedas y también de vez en cuando se tomaban su cervecita juntos”, recuerda Magdalena.

Tras el accidente cerebrovascular, el matrimonio dejó Antofagasta. Se fueron al sur donde Alex intentó infructuosamente levantar un negocio en la ciudad de Lota y finalmente arrendaron un departamento en Independencia, al norte de Santiago, donde Magdalena los visitaba con cierta regularidad.

Ambos, quienes vivieron casi todo su matrimonio en ciudades costeras, se quedaron en un Santiago sin mar.

A pesar de las pequeñas escapadas a comer, las que significaban un bálsamo para la pareja, la convivencia era compleja. Juntar el dinero para subsistir también lo era. Alex se comenzó a dedicar 24×7 al cuidado de su pareja, algo común entre los cuidadores. Todos los estudios hechos en Chile acerca de las tareas de cuidado indican que este implica una altísima carga para los cuidadores, prácticamente imposibilitando espacios de autocuidado, salud mental y calidad de vida.  De acuerdo con el SENAMA, al menos dos tercios de los cuidadores no han tomado vacaciones desde hace más de 5 años, cuidan durante más de 12 horas al día, no comparten el cuidado y se sienten sobrecargados. 

Alex también reacondicionó la casa e instaló pasamanos para facilitar su desplazamiento. Asimismo, insistía en no adquirir medicamentos genéricos para el cuidado de las enfermedades de ella, quien recibía una pensión de $137.000 pesos (algo así como 140 dólares) y la diabetes que lo aquejaba a él. En total gastaban más de 1.000 dólares al mes para poder vivir.

Sin ingresos, con los ahorros de Alex y la pensión de Nancy alcanzaron a financiarse durante 3 años y medio. Paradojalmente, el coronavirus les permitió obtener más ingresos gracias al aporte del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) otorgado por el gobierno de Sebastián Piñera y también por los tres retiros de pensiones de las AFP entregados tras largas discusiones en el Congreso. Los chilenos, en especial los viejos, se rascaron con sus propias uñas.

De acuerdo con la Subsecretaría de Evaluación Social, durante la pandemia el 49,3% de los hogares donde viven personas mayores redujo sus activos, es decir, vendió bienes, usó ahorros, arrendó o vendió propiedades para poder sobrevivir. Asimismo, un 34,2% de los hogares se endeudó (ya sea pidiendo un préstamo o crédito a un banco u otra entidad financiera, a familiares, amigos, vecinos o conocidos, o retirando dinero de alguno de sus fondos).

A esa altura, el matrimonio ya había redactado su carta de despedida. La misma a la que le terminarían tachando la fecha el 24 de enero del 2022, el mismo día en el que se suicidaron.

Magdalena y Alex

Magdalena Urrea recuerda que no tuvo consciencia de su padre hasta que era una adolescente. La mujer se crió con su madre y Alex apareció recién cuando era una quinceañera. Pese a ello, asegura no haber crecido con rencores. La relación con su padre, quien iba de puerto en puerto era intermitente y ambos entendieron que podían vivir y quererse así.

Por esa misma dinámica ambos se acostumbraron a no pedirse nada. Alex nunca le pidió un peso a su hija, sí su compañía. Magdalena aceptó y quiso a Nancy desde un comienzo, estuvo en su matrimonio y, asumió, que ella era todo para su padre. “Su amor era único, indescriptible”, comenta Magdalena, en un café de Santiago.

Magdalena también estuvo en los momentos difíciles, acompañó a su padre luego del accidente cerebrovascular de Nancy, también los ayudó a instalarse en el departamento de Independencia. El día que llegaron fueron todos a comer a un restaurante peruano para festejar. Como siempre Alex llevó a su mujer en su silla de ruedas.

Fue en Independencia donde la situación empeoró. En el último tiempo vio a su padre más viejo, adolorido y cansado. En una reunión familiar desarrollada en octubre del 2021 y con unos tragos en el cuerpo, Alex le adelantó a su hija parte de su plan, ella creyó que se trataba de una broma.

“Me acuerdo de que estábamos sentados en el departamento con mis hijos que son chicos, mi papá, la Nancy y yo. Fue allí cuando me lo dijo: ‘El día que se termine la plata, hasta ahí llegamos’. Yo le respondí: ‘déjate de hablar de huevás. Están los niños’. Recuerdo que le pedí a Nancy que le dijera algo porque estaba actuando como un loco”, recuerda Magdalena.

Nancy, que no podía hablar, respondió con un gesto de aprobación a las palabras de su marido.

La decisión estaba tomada. 

Preparando una muerte

Meses antes de comprar el producto que lo mataría, Alex adquirió en internet un libro sobre este y lo estudió. Lo compró fácilmente. Y poco a poco fue planificando la despedida.

Les escribió largos mensajes a sus amigos, la mayoría hombres de mar que conoció en el norte, en el sur y en España. También se reunió con sus nietos. Al hijo de Magdalena le regaló su reloj. Le dijo que lo había tenido durante mucho tiempo, que era un reloj con mucha historia y que debía cuidarlo. También lo arrulló y le explicó que se iría pronto a un largo viaje.

Unas semanas después de aquél encuentro, la pareja arrendó por dos días un departamento apart/hotel en el centro de Santiago los días 23 y 24 de enero. No llegaron durante todo ese primer día. Alex, quien era un señor de palabra, se empeñó en dejar el departamento que arrendó en Independencia tal y como se lo entregaron. Destinó gran parte de ese día a pintarlo para que estuviera impecable.

Ese día también escribió una pequeña nota titulada “Ctas”. En ella explicó que el arriendo estaba pagado hasta enero, que debían $80mil en gastos comunes y cerca de $100mil en luz y agua. También detalló que quedaban disponibles $160mil de la garantía de arriendo. Que la casa estaba pintada y que el pin de su celular era 1248. Escribió además que todo lo que estuviera en la logia se lo llevara su hija.

Esos, sin embargo, no fueron los únicos preparativos que Alex y Nancy realizaron previo a su muerte. En febrero del 2021, antes de que los retiros y las ayudas sociales estiraran su decisión de suicidarse, ambos asistieron al cementerio general y pagaron por un servicio de cremación. Por ambos en total pagaron más de $1.200.000.

Querían cubrir la mayor cantidad de detalles posibles y no querían molestar a nadie. Eso quedó en evidencia en una de las al menos cuatro cartas que Alex escribió y que iba dirigida para su hija.

“Hola hija saludos.

Disculpas, esto estaba programado hace mucho tiempo, tu lo sabías.

Mi situación con Nancy es cada día peor por enfermedades mutuas, además no deseamos ser un lastre para nadie. No es justo para nadie.

Tu sigue con tu vida y deseo que seas feliz, al igual que tus hijos. Pienza que ando de viaje y que algún día me verás.

No tenemos tristeza ni pena, somos adultos y es nuestra decisión.

Recuerda mi petición, nos juntas en cenizas y al río Maule en Constitución, por favor sin velorio desde el hospital crematorio.

Ten siempre presente que nuestros cuerpos se fueron, mas no nuestra alma y espíritu.

Nos veremos seguro.

Alex y Nancy.”

El último viaje

El 24 de enero del 2022, el último día de sus vidas. Alex y Nancy estaban decididos a disfrutarlo y a amarse como siempre lo hicieron. Alex vistió, como todos los días, a su mujer con ropa elegante y un sombrero de tela floreado. La ayudó a subirse a su silla de ruedas y la llevó al mismo restaurante peruano que fueron cuando llegaron a Independencia.

Allí almorzaron, fumaron cigarrillos y bebieron la cerveza que tanto les gustaba. Incluso le mandaron una fotografía a Magdalena posando en su cita: “Me escribió al WhatsApp. Me dijo ‘te acuerdas cuando llegamos a Santiago y vinimos aquí’. Esa fue la última vez que vi algo de ellos, porque después fueron a hacer esto”.

Meses antes de comprar el producto que lo mataría, Alex adquirió en internet un libro sobre este y lo estudió. Lo compró fácilmente. Y poco a poco fue planificando la despedida.

Después de almorzar regresaron a su departamento en Independencia. Salieron cerca de las 9 de la noche en dirección al Apart Hotel. En las cámaras de seguridad del edificio, se ve a Alex llevando a Nancy en sus sillas de ruedas. Él tiene un jockey en la cabeza y se comporta nerviosamente, en la espera a que el ascensor llegue a su piso camina en círculos transportando a su mujer.

Ya sobre el ascensor, se le ve más calmo. En el traslado hasta el piso uno, junto al matrimonio se sube una mujer. El matrimonio y ella no se miran, ni saludan. La escena es tan corriente que da escalofríos.

Cerca de las 10 Alex y Nancy llegaron al Apart Hotel del centro. Según determinaría la autopsia el matrimonio siguió bebiendo alcohol. Antes de ingerir el producto que lo mataría Alex redactó otra carta dirigida a quien los encontrase y donde señalaba cómo sus enfermedades crónicas habían mermado su estilo de vida y que no querían ser una carga para sus hijos y familiares más cercanos.

Además, dejó una nota en la puerta de entrada al apartamento que daba al pasillo y que decía: “Cuidado, no acercarse a la habitación. Por favor llamar a Bomberos”.

Según el acta de defunción de Nancy y Alex, ambos murieron a la misma hora en la madrugada del 25 de enero. Tal y como se lo habían prometido en su matrimonio estuvieron juntos para toda la vida.

Al día siguiente, cuando los bomberos llegaron alertados por la dueña del departamento, se tuvieron que evacuar dos pisos completos por la peligrosidad del químico que ingirieron, según dictan los protocolos de la institución.

El capitán Juan Carlos Subercaseaux, de la 1º Compañía del Cuerpo de Bomberos de Santiago, se presentó en el lugar, allí indicó a los medios escuetamente que: “Se trató de dos personas fallecidas al interior del departamento. Su rango etario es de 60 años, nacionalidad chilena. Un varón y una dama”.

En Santiago de Chile murieron Alex y Nancy. Un varón y una dama. 

El suicidio entre personas mayores

Lamentablemente, el caso de Alex y Nancy no es el único de personas ya mayores que cometen suicidio. Se estima que, en Chile, aproximadamente 1.800 personas mueren por suicidio al año, y las tasas son elevadas en ese rango etario. “Cuanto más aumenta la edad, se incrementa el riesgo de suicidio y, en relación al sexo, los hombres mayores se suicidan con más frecuencia que las mujeres mayores”, dice Ana Paula Vieira, fundadora de Míranos, una organización que busca concientizar y prevenir el suicidio de personas mayores en Chile.

Ana Paula Vieira dio inicio a esa labor por motivos personales: tanto un vecino como un familiar suyo murieron por suicidio. En común, tenían que eran personas mayores. Hoy, la psicóloga sostiene que el suicidio en la vejez “es un fenómeno complejo y multicausal”. “Diversos factores pueden influir en el comportamiento suicida, como variables psicosociales, sociodemográficas, culturales y biológicas”, comenta, añadiendo que en las personas mayores hay algunos factores de riesgo. Por ejemplo: si tuvo una historia de intento previo de suicidio, si padece trastornos afectivos o dependencias, si tiene enfermedades crónicas terminales.

“Otros factores de riesgos más psicológicos y más personales son los sentimientos de soledad no deseada e infelicidad; el sentimiento de ser una sobrecarga para los demás, que es muy común entre las personas mayores con idealización suicida. Y ese sentido de no pertenecer se entiende de “no pertenencia”, por ejemplo: la pérdida de ese sentimiento de utilidad, eeh…, ausencia de proyectos vitales, escasa o nula redes de apoyos sociales. También la jubilación, la situación económica desfavorable, el viejismo, que es esa visión estereotipada, negativa de la vejez que tenemos en nuestra sociedad. Todos esos son factores de riesgo”, sostiene.

Para prevenir el suicidio, Ana Paula Vieira menciona cuidar la salud física y mental y también construir una salud social y financiera, además de una justicia social: “Tenemos que construir vidas que valgan la pena vivir”.

Miedo a ser viejo

Tras la notificación de las autoridades por la muerte de su padre y su madrastra, Magdalena llegó al departamento de Independencia a buscar las pertenencias de su padre. Allí vio la nota titulada “ctas”, la carta dirigida a ella y una especie de manual de acción con respecto a las pertenencias de su papá y Nancy.

En la mesita de centro encontró sus carnets y teléfonos y en la logia, señalada por Alex en una de sus cartas, había regalos. Un aire acondicionado para Nancy quien poco antes de la muerte de su padre se había quejado por el calor del verano y un calefactor para su madre y ex esposa de Alex, quien había estado de cumpleaños ese fin de semana.

En el apartamento vio las paredes recién pintadas. La escena de su padre trabajando pocas horas antes de morir la conmovió y remeció. Ella piensa que el final de Alex y Nancy no fue justo. Dice que ellos trabajaron durante toda su vida y que a esa altura, ad portas de llegar a la vejez, debieron tener las garantías estatales para no tenerle miedo al paso de los años.

“Lamentablemente en Chile, los únicos que tienen acceso a cuidados dignos en su vejez es la gente que tiene mucho dinero. Eso mi papá y Nancy lo sabían muy bien, porque el cuidado de una persona que está discapacitada, mensualmente, te sale sobre el millón de pesos. O sea, hay que tener mucho dinero”, cuenta la mujer, quien añade:

“Lamentablemente mi papá no tenía quién le brindara los cuidados a Nancy y que a él lo dejaran tranquilo. Por eso dejó de trabajar para cuidarla él. Las políticas públicas, sabía, que no iban a ser suficientes. A él le dio miedo envejecer y no tener fuerzas para cuidarla. Como dicen en las cartas, ellos se habían prometido cuidarse para toda la vida y él lo cumplió. Estoy segura de que, si hubiesen tenido más recursos, no habrían tomado esta determinación”.

En Chile existen distintos espacios de ayuda telefónica o en línea para personas que presenten pensamientos suicidas. Algunos de ellos son: Salud Responde del Ministerio de Salud: 600 360 7777 / Fundación José Ignacio: www.fundacionjoseignacio.org / Plataforma Saludablemente: www.gob.cl/saludablemente / Fundación Todo Mejora: www.todomejora.org /Fundación Míranos https://www.fundacionmiranos.org/

*Este trabajo es parte de un especial de Personas Mayores que Cuidan a Personas Mayores, proyecto de Amanda Marton, Javier Middleton, Sebastián Palma y Bárbara Carvajal que resultó ganador del Fondo de Becas para investigar y contar la desigualdad en la distribución de trabajos del cuidado y sus implicaciones socioeconómicas en América Latina y el Caribe, de la Fundación Gabo y Oxfam.

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