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Entrevista Canalla

9 de Septiembre de 2022

Rosa Ramírez, actriz y directora: “Yo soy pasada para la punta”

Por unos días ha vuelto a escena La Negra Ester, la legendaria obra de teatro que la tuvo como protagonista. Ahora ella dirige y su hija actúa. Aquí Rosa habla de Ester, de Andrés Pérez, de su admiración por Roberto Parra, de los viajes, de su frustración con el plebiscito, de su rabia con el capitalismo, de sus nietos, de Llaitul y de Michelle Pfeiffer.

Por

“A veces lloro releyendo el texto”, confiesa Rosa Ramírez, la actriz, la emblemática Negra Ester original, la primera, la del debut en 1988. Por estos días, a causa de un nuevo estreno -esta vez en el Nescafé de las Artes (hasta el domingo 11 de septiembre)-, Rosa leyó la obra y ocurrió un hecho teatralmente conmovedor: a la Negra Ester humana le cayó una lágrima leyendo las aventuras de la Negra Ester literaria. Y Rosa, la Ester de carne y hueso, ahora sintetiza su emoción en cuatro palabras tajantes:

-Es una obra hermosa- y respira con dificultad, contrariada por el sentimiento. Y la exaltación se duplica porque la Negra Ester, la obra de teatro chilena más vitoreada en nuestra historia, nuestra biblia teatral, en esta oportunidad es dirigida por Rosa Ramírez y protagonizada por Micaela Sandoval, su hija. Es el legado Ester. La herencia, la sangre, el ADN escénico.

-La amo- lanza.

-¿A quién?

-A Micaela.

-¿Y a la Negra?

-Está en mi corazón.

Rosa, insisten todos, es la Negra real. Rosa, aclama el público, es más Ester que Rosa. Rosa, postulan los críticos, hace treinta y cuatro años dejó de ser Rosa, Rosa Regina Ramírez Ríos, el brote de erres, la niña nacida en Tocopilla, y se convirtió en un ser dramatúrgico, en la prostituta parriana que inventó el Tío Roberto. A Rosa luego, en términos actorales, la moldeó Andrés Pérez, el director mitológico. 

-En resumen… ¿Qué es La Negra Ester?

Rosa medita, prepara un argumento fulminante, pero frunce el ceño y le fluye un solo instinto.

-Belleza.

-¿Cómo dice?

-La Negra Ester es belleza.

-¿Qué más?

-Es un Chile sencillo, es la nobleza de los chilenos. Es el país generoso.

El 9 de diciembre de 1988 Rosa pisó una tabla del escenario de un teatro de Puente Alto y, ante quinientos vecinos atónitos, fue Ester por primera vez. Todo culminó en una ovación.

-Ay… -Rosa recuerda todo- …El Andrés Pérez… tan disciplinado que era. A veces se enojaba, pero hizo un trabajo impresionante. 

La Negra Ester, a grandes rasgos, es la historia de un amor tormentoso y poético entre un hombre llamado Roberto y una prostituta llamada Ester. Roberto, originalmente, fue Boris Quercia. Ester fue Rosa. Por allí transitaban María Izquierdo, Aldo Parodi, Wlly Semler. Los instrumentos musicales los tocaban en vivo, esquinados y aportando con música y muecas, Cuti Aste y Álvaro Henríquez, la Regia Orquesta. Texto original: Roberto Parra, el hermano chascón de Nicanor y Violeta. Un Parra con la boca pintada con tinto, de burdel con guitarra. Dirección: Andrés Pérez, el genio que venía recién aterrizando desde Francia, que traía consigo retazos del Theatre Du Solei. El fundador del Gran Circo Teatro.

-Álvaro Henríquez solía decir algo… -recuerda Rosa.

-Qué.

-Que éramos como la Selección Nacional del Teatro, jaja…

-¿Y el ego?

-Na… Cada cual hacía lo que tenía que hacer.

Andrés Pérez, el director, y Rosa Ramírez, la actriz, se amaron en 1972. Tuvieron un matrimonio divertido, un hijo nacido en 1973, y, al rato, una pacífica separación. Rosa, en todo caso, enfatiza que Andrés Pérez, a quien llama El Andrés Pérez, era una inspiración, una mente loca y adelantada, el hombre que importó el teatro callejero a la nación. 

Y dice:

-Yo llegué al Gran Circo Teatro porque quería aprender de Andrés…

-¿Aprendió?

-Más que la cresta.

O Rosa también dice:

-Yo no era amiga de las otras personas, sólo me interesaba aprender el método de Andrés.

-¿Y la convivencia grupal?

-Yo iba a otra cosa.

Y agrega:

-Y El Andrés Pérez, todos lo saben, murió triste…

Y Rosa masculla la rabia: el genio murió empobrecido, a los 50 años, expulsado de un teatro, del Matucana 100 donde se había hospedado culturalmente.

-Rosa…

-Diga…

-¿Pero qué le diría a un joven de 18 años que, intrigado, pregunta quién es Andrés Pérez?

Rezonga, impactada. Todos deberían conocer a Andrés Pérez. Se debería enseñar la asignatura Andrés Pérez en los establecimientos educacionales. 

-El Andrés Pérez- y alza la voz- fue un hermoso joven de provincia. El Andrés Pérez vino desde Punta Arenas, luego vivió en Tocopilla y allá nos conocimos. El Andrés Pérez fue un muchacho con unas enormes ganas de hacer algo. Un muchacho que quería darnos alegrías sencillas. Era un ser que no se veía por dónde podía lograr algo y, sin embargo, lo logró.  

-¿Qué logró?

-Darnos una profunda alegría.

-Y si ese joven de 18 años, intrigado, preguntara: ¿Y quién fue Roberto Parra?

-Chucha- a Rosa se le escapa una impresión natural. En todos los living de Chile, debe pensar Rosa, se debería colgar un cuadro con el rostro de Roberto Parra. Tal vez todas las noches se debería alzar una copa en honor a Roberto Parra. 

-Es ese tipo de personas con las que yo me llevo bien…

-¿Qué significa eso?

-Era un viejo sencillo y rebelde. Bien montado en el macho. El viejo no tenía ni carnet de identidad. Bueno para el copete. Pero solía chantarse también…puta…me acuerdo cuando lo vi por primera vez…

-¿Qué pasó?

-El viejo Roberto estaba con sus dos hijos. Y les prohibió terminantemente que ese día fueran al colegio.

La Negra Ester es belleza.

-¿Por qué?

-Porque hacía frío. 

-¿Era un genio instintivo?

-¿Ah?

-¿Un cerebro espontáneamente superior?

-…

Hace una pausa con significado. Y eleva la voz.

-¡Roberto Parra sólo era un hombre de verdad! 

Añade:

-Eso era él. Sólo un tipo que estaba viviendo. 

Rosa piensa que Roberto Parra no se ajustó al sistema y por eso, especula, no fue un triunfador. Era un auténtico feliz. Y luego Rosa suspira, nostálgica. Si se le consulta, en un matiz místico: ¿Dónde está ahora Roberto Parra? Rosa pulveriza lo esotérico: “No tengo idea. Yo no me meto en esas cosas”. Prefiere recordar que La Negra Ester, la hizo recorrer el mundo. La compañía teatral, la agrupación de inspirados, iba de aplauso en aplauso.

Rosa elige:

-Mi ciudad preferida fue Glasgow.

-¿Siempre los aplaudieron?

-En todas partes.

-¿Hubo lugares exóticos?

-Una vez montamos la obra en una aldea italiana. Ni el chofer italiano que nos llevó sabía cómo llegar a la aldea italiana. Y fue impresionante…

-¿Qué pasó?

-Había allí un montón de chilenos esperando la obra… ¡Estamos en todas partes!

-¿No se cansa de La Negra Ester?

-No. Está instalada en la sociedad.

Y ahora la Negra es la hija, la heredera. Rosa se conmueve, evita la comparación entre las dos Ester y transmite una frase de la obra, su frase predilecta:

-“Puta soy, para qué negarlo/yo soy uno de esos seres/ más común que los Pérez”…

Y la Negra Ester, la misma, explota en una carcajada.

El bajón de la Negra

Rosa, en la actualidad, tiene el pelo blanco, 69 años, dos nietos, reside en Curacaví, se estresa con la tecnología de punta y odia el capitalismo. Rosa, treinta y cuatro años atrás, tenía el pelo negro, anhelaba perfeccionarse, admiraba a Andrés Pérez y odiaba el capitalismo. Rosa, en todos estos años, hizo otras obras, salió en televisión, hizo clases, formó a nuevos Andrés Pérez, adquirió una casa, amó a otro señor, crió a Andrés Pérez Ramírez, a Micaela Sandoval Ramírez, fue feliz, fue infeliz, y siempre, de forma imperturbable, siguió odiando el capitalismo.

-Los chilenos van al mall y no al museo.

-¿Qué está pasando?- sintoniza el reportero.

-Es el modelo neolibjeral. Nos obligan al éxito. 

-¿Qué es el éxito?

-Todo es éxito, nos tratan de decir. La vida no tiene sentido si no es con éxito.

-¡No puede ser así!- empatizamos.

-Me emputece- resume.

Esta semana Rosa Ramírez se halla al interior de un bajón ideológico. Ganó la otra opción. Parece que Rosa está decepcionada del país y así define el texto de la ex Nueva Constitución:

-Un hermoso texto.

Y se expande:

-Un texto donde había cariño, una entrega profunda desde el alma.

Roberto Parra era un viejo sencillo y rebelde. Bien montado en el macho. El viejo no tenía ni carnet de identidad. Bueno para el copete. Pero solía chantarse también…

-¿Qué quiere que pase ahora?

Rosa está irritada.

-A ver…- traga saliva.

-¿Sí?

-…quiero que las clases dominantes de este país no nos sigan tratando mal…quiero que cambien su rabia, sus ambiciones…

Y grita:

-¡Llévense lejos de aquí todas sus acciones!

Y grita otra vez:

-¡Váyanse a jugar con sus monedas a otra parte! ¡¡No nos hueveen más!!

Y susurra: “Puta, yo soy pasada para la punta”. Estamos en una sociedad desigual, afirma. Es un modelo patriarcal.  En un momento señala: “Y me tiene incomoda lo que está pasando con Héctor Llaitul. Lo respeto”. ¿Qué le diría a Héctor Llaitul? Le diría: “Abre los ojos y pon atención a tu pueblo. No te pases y no te quedes corto”. 

Y Rosa continúa:

-Lo cierto es que yo fracasé el domingo 4 de septiembre. Puta, mis candidatos pierden siempre. 

La derrota hizo que Rosa Ramírez sufriera un dolor de espalda. El bajón ideológico la trasladó al hospital y le inyectaron suero. Pudo mejorar con reposo y distracciones, pero, desliza, el tratamiento se vio obstaculizado con el cambio de gabinete. Entonces le volvió el dolor, la incomodidad y la angustia. 

-Por fortuna el otro día tuve un conversatorio sobre La Negra Ester con estudiantes y estuvo maravilloso.

La Negra Ester le dio vida en 1988.

La Negra Ester la salvó de la oscuridad en el 2022.

Y el arte, dice, la seguirá sanando.

La paz de la Negra 

-¿Sabes?- indaga.

-Qué…

-Mis nietos me hacen reír. Son chistosos.

Y dice que, en Curacaví, en su casa, ella es feliz. Ahí, admite, pone los pies en alto y flojea. Y en Santiago, activada con el Gran Circo Teatro, ella trabaja. Y si uno le pregunta qué opina de Álvaro Henríquez, el músico de La Negra Ester original, ella responde: “Nada”. “¿Nada”, se sorprende el reportero. “Nada”, resuelve. ¿Y de Willy Semler, otro artista de La Negra Ester original? “Nada”, acota, “es que no tengo ningún vínculo”. 

-¿A qué actriz admira?

Da su respuesta más pop.

-¡Me encantaría conocer a la Michelle Pfeiffer! Me encanta.

Los chilenos van al mall y no al museo.

Parece que está más relajada y hace una referencia a Tocopilla, su ciudad, y explica que Alexis, el coterráneo, ya no va tanto a la zona “para que no lo hueveen mucho”. Y prefiere sentir que por Tocopilla solía caminar Luis Emilio Recabarren, otro coterráneo, el fundados del Partido Comunista de Chile. Da la impresión que Rosa se está recuperando de su bajón ideológico, se está poniendo de pie, la vida sigue. Y, súbitamente, entrega un mensaje conciliador:

-Tenemos que escucharnos. 

-¿Es eso posible?

-Cuando nos escuchamos, todo cambia. Tenemos que mirarnos de verdad.

Concluye que La Negra Ester vivirá eternamente en el alma de la nación. Y, después de recorrer varios estados emocionales, Rosa apunta esperanzada:

-Mi palabra preferida es “amistad”- y, al despedirse, expone una sonrisa luminosa. Hace un mutis por el foro y, por un rato, La Negra Ester se va.

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