Una visita al corazón de la falla de San Ramón: el recorrido con geólogos a su recién descubierta extensión sobre la cual viven 33.000 personas
Un reciente estudio del Departamento de Geología de la Universidad de Chile reveló que la Falla de San Ramón se extiende aún más allá de lo conocido, sumando 33.000 personas más a su zona de influencia, lo que aumenta la preocupación por su potencial sísmico. The Clinic recorrió "la trinchera" en Pirque junto a un grupo de geólogos. "Esto no significa que la gente tiene que deshabitar el territorio. Tiene que ver con que tenemos que re pensarlo. Probablemente habrá que evitar densificar la población que vive en la falla", explica uno de ellos.
Por Camila Ossandón Smith 12 de Octubre de 2024
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En Chile existen 959 fallas geológicas continentales con posible potencial sísmico, según el Núcleo Milenio Cyclo. La Falla de San Ramón, es una de las que tienen la capacidad de generar terremotos superiores a 7 grados. Sobre ella, habitan más de dos millones de personas -el 55% del área urbanizada de Santiago-.
Gracias a un estudio publicado esta semana por un equipo del Departamento de Geología de la Universidad de Chile, a esos dos millones se le suman más de 33.000 nuevos ciudadanos que viven sobre la Falla de San Ramón. Los científicos, pudieron confirmar este año que la famosa grieta continental se extiende por 50 km desde Lo Barnechea hasta Pirque de forma paralela a la cordillera. Es decir, una expansión de más de 17 kilómetros de lo que ya se conocía.
“¿Por qué es tan importante haber descubierto esta trinchera en Pirque? Demuestra con evidencia concreta, que la Falla de San Ramón ha generado ruptura a través de la ciudad y hasta la superficie”, explica Gabriel Easton. El doctor y geólogo, es profesor titular de la Universidad de Chile y está a cargo de la investigación que descubrió esta nueva parte de la Falla de San Ramón.
La relevancia de que la falla esté en la superficie, tiene que ver con el hecho de que ésta es geológicamente activa y “capaz de generar grandes terremotos”, según Easton. “La micro-sismisidad que tiene, está siendo monitoreada por el Centro Sismológico Nacional desde hace años. También en la base cordillerana de la Falla de San Ramón. Pensamos que ese lugar también está vinculado con la falla“, continúa.

Todas estas hipótesis se han ido probando de a poco en los cinco años de trabajo que lleva el equipo de geólogos, pero distinto es leer la investigación que estar adentro de la falla. Ahí adentro, se pueden ver colores, formas y pedazos de tierra que no solo explican la historia de la Falla de San Ramón. También su peligrosidad actual.
El día martes de esta semana, se realizó en Chile por primera vez en la historia -y en Latinoamérica- el Congreso Internacional de Geología de Terremotos. Lo llamaron PATAChile 2024 por sus siglas en inglés, ya que reunió a más de 80 reconocidos académicos y doctores en las áreas de la geología y la sismología del mundo. Aquí, están representadas universidades de Estados Unidos, China, Alemania, Francia, Italia y Argentina.
Llegaron hasta el lugar exacto del descubrimiento en seis pequeños buses que se internaron en una parcela privada al lado del pie de la montaña en Pirque. Era como entrar en un bosque de litres que chirreaban al chocar contra las ventanas de las van. Luego, se habría un predio de pasto y suelos planos. Al fondo, la Cordillera de los Andes ya sin nieve.
“Es el Lollapalooza de la geología”, comentan los invitados mientras van llegando a la trinchera. Uno de ellos es Robert Langridge, paleo-sismólogo del Instituto de Geología y Geofísica de Nueva Zelanda. “Todos vinimos a Chile a ver el trabajo que Gabriel (Easton) y los demás han estado haciendo con la estructura de esta falla activa”, cuenta.

En su vida, se ha dedicado a visitar fallas continentales alrededor del mundo. Cientos de ellas. Pero el nuevo descubrimiento de la Falla de San Ramón en Chile es especial para él. “Es una gran trinchera con evidencia de temblores del pasado. Hay secuencias de depósitos -grava, arena, piedra- que significan momentos en el tiempo que luego sufrieron grandes cambios con los terremotos”, comenta.
El neozelandés entra a la trinchera entusiasmado y comienza a mostrar cuáles son las evidencias de las que habla y cómo las huellas del pasado pueden ayudar a entender el futuro. Se dirige hacia la pared de tierra izquierda de la falla. Tratando de hacerse entender en español, señala una línea de un metro que apenas se distingue –si no se tiene un ojo de geólogo– en la pared de roca y grava. La línea podría haber sido pintada como un jeroglífico, pero no. Es parte de la deformación de la tierra producto de temblores y terremotos que se registraron desde hace 17.000 mil años.
“Temblor, temblor, temblor”, dice Langridge, haciendo un gesto de superposición con las manos para explicar que cada sismo, ha provocado el avance de la falla que ahora termina de cruzar la ciudad de Santiago.
La línea de grava en la pared, indica la dirección en la que la tierra se ha movido, que es la misma dirección a la que apuntan las líneas en las trincheras de la Falla de San Ramón que han sido descubiertas con anterioridad -Cerro Calán, San Carlos de Apoquindo y dos en Peñalolén. Pirque es la quinta-. Que la dirección de esa línea fuera la misma que la de las otras, fue una de las principales pistas que tuvieron para comprobar que esta trinchera pertenecía a la Falla de San Ramón.

La relevancia de la profundidad de la falla en los sismos
Nicolás Campillay es magíster en Ciencias Geológicas de la Universidad de Chile. Su investigación Fondecyt “Deformación cortical cuaternaria y peligro sísmico asociado a la Falla San Ramón en el piedemonte de Pirque”, lo tiene a cargo de evaluar el peligro sísmico de la Falla San Ramón y lo que significa la nueva trinchera en Pirque para eso.
Para entender un peligro cuya alerta se anuncia inminente pero que bien podría suceder mañana como en mil años más, Campillay parte usando la ciencia.
“La Falla de San Ramón tiene 20 kilómetros de profundidad”, dice Campillay al interior de la trinchera. “Una falla en Argelia puede llegar a medir 5 km de profundidad”, compara sorprendido uno de los científicos que está en el evento.
“Para definir el peligro de una falla, necesitas conocer su área. Es una fórmula empírica. Si una falla está enraizada en la profundidad, significa que su área aumenta y que por lo tanto, puede mover todo su bloque tectónico si llega a haber un terremoto”, explica Campillay.
En su estudio, relata que saber el área, la longitud y la profundidad también permite definir la posible magnitud de un sismo. 7,5 grados fue la magnitud definida para la falla. Igual a la del último gran terremoto registrado en la Falla de San Ramón hace 8.000 años. Cercana a la que tuvo el primero hace 17.000, que fue de 7,2°.
“Yo quisiera que este conocimiento sea tomado de manera tranquila, porque no sabemos cuándo va a ser el próximo terremoto de la falla”, agrega cauteloso, el profesor de Nicolás Campillay y director del estudio, Gabriel Easton. “Esto no significa que la gente tiene que deshabitar el territorio. Tiene que ver con que tenemos que re pensarlo. Probablemente habrá que evitar densificar la población que vive en la falla. Aún tenemos la oportunidad de diseñar una manera distinta el pie de monte de toda la Región Metropolitana”.
Este punto es crucial. La oportunidad de actuar aún existe, tal como existía desde el último Plan Regulador de Santiago, que ya reconocía y alertaba sobre los riesgos de construir sobre la Falla de San Ramón. Sin embargo, hasta hoy no se ha implementado ninguna medida concreta que prohíba edificar en esa zona de riesgo. Esto explica por qué más de 2 millones de personas, repartidas en ocho comunas de la capital, continúan viviendo sobre este peligro latente. A ese número se le suman 33.000 ciudadanos, luego del descubrimiento en Pirque.
La falla que creó la Cordillera de los Andes
Campillay está sentado sobre el “escarpe” de la nueva trinchera de la Falla de San Ramón en Pirque. El escarpe es una pequeña loma, que revela el cambio de superficie de la tierra producto de sus movimientos. Abajo del cerrito, está el agujero que todos los científicos invitados a PataChile 2024 están estudiando con sus picas. Pero Nicolás Campillay está arriba, mientras cuenta que adora la cordillera y que la recorre constantemente. Luego, sentencia: “Esta misma falla, creó la Cordillera de los Andes”.
La posibilidad de la existencia de la Falla San Ramón fue propuesta en la década de 1950 por Juan Brüggen, geólogo alemán que llegó a Chile en 1911. Había sido invitado por el gobierno de Ramón Barros Arana para integrarse al Ministerio de Industrias y Obras Públicas. Luego de sumarse al equipo académico de Geología de la Universidad de Chile, donde publicó su libro “Geología en Chile” y donde por primera vez, aparece mencionada la falla.
Pero no fue hace mucho que se descubrió que estaba activa. El equipo liderado por Gabriel Easton excavó en 2012 trincheras paleo-sismológicas en Peñalolén. Éstas revelaron evidencias de la falla con edades de 17.000 y 8.400 años.

Qué hacer con las construcciones sobre la Falla de San Ramón
Campillay, propone que la distancia más segura para construir cerca de la falla es a 380 metros de distancia de ancho. También a 120 metros del bloque yaciente y a 260 metros del bloque colgante de la falla.
¿Pero qué significa esto?, preguntan en la trinchera. “El bloque colgante es el que está por arriba y el yaciente es el que está por abajo. Hay que imaginar dos placas tectónica superponiéndose. El bloque colgante, es el que se mueve cuando hay un temblor. Es también el que recibe mayor daño en ruptura superficial por las vibraciones o aceleraciones del suelo”, explica.
El bloque colgante representa literalmente, el pie de cordillera que se monta sobre la depresión central del Valle de Santiago. Ahí es donde vive la gente de Lo Barnechea, Las Condes, Vitacura, La Reina,
Peñalolén, La Florida, Puente Alto y, desde ahora, Pirque. “En esa franja, podrían ocurrir el 75% de las rupturas superficiales en caso de haber un terremoto provocado por la activación de la Falla de San Ramón”, continúa Campillay.
El gobernador de la Región Metropolitana, Claudio Orrego, dijo el 24 de agosto que “este año se cumplen 30 años del Plan Regulador Metropolitano de Santiago, y en el intertanto, no ha tenido ninguna modificación integral. Ha tenido más de 100 modificaciones, pero todas parciales y bastante inconexas unas con otras”.
Luego, prometió destinar $3.000 millones de pesos en estudios. “Uno de los cuales es precisamente el que tiene que ver con la resiliencia y riesgos de la ciudad, donde la Falla de Ramón es uno de los componentes importantes”. La reforma al Plan Regulador entró esa semana de agosto a ser discutida en la Comisión del Consejo Regional.



