Opinión
2 de Noviembre de 2024
Moderación y equilibrio en la política chilena: ¿Cambios en la tendencia electoral?
Por Marco Moreno
Según el columnista Marco Moreno, los resultados de las elecciones municipales reflejan una clara preferencia ciudadana por la moderación y la estabilidad, mostrando un rechazo a los candidatos con estilos polarizantes y poco transparentes. "Las recientes elecciones regionales y municipales han dejado un mensaje claro: el electorado chileno está optando por candidatos que representen la política de entendimiento y moderación, evitando el desborde hacia los extremos. Es un momento de reflexión para las fuerzas políticas, que deben atender esta demanda ciudadana de equilibrio", escribe.
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Una lectura más reposada de los resultados del domingo parece estar confirmando una clara disposición del electorado por la moderación con un creciente rechazando por los estilos confrontacionales. Lo anterior se expresó en el voto de castigo a candidatos polémicos o con posturas inflexibles en comunas clave, mostrando que la ciudadanía no está dispuesta a tolerar figuras que anteponen la controversia a la estabilidad.
El resultado más sorpresivo (había otros con más previsibilidad en Santiago, Ñuñoa, Puente Alto o Viña) de esta jornada electoral lo protagonizó Marcela Cubillos en Las Condes, quien, a pesar de representar a un sector con afinidades ideológicas claras hacia la derecha, no logró captar el respaldo de este electorado. Cubillos recibió un castigo de sus propios seguidores por su estilo confrontacional y, en particular, por la controversia en torno al llamado “sueldo de la discordia”, que obtuvo de una universidad sin una justificación transparente.
Este episodio generó malestar y erosionó su credibilidad entre un electorado que, aunque conservador, demanda responsabilidad y transparencia de sus representantes. El rechazo a Cubillos se convierte así en un claro indicador de que, incluso en sectores ideológicamente afines, los votantes buscan perfiles menos polarizantes y con mayor enfoque en la ética pública.
Viña del Mar es otro ejemplo de esta tendencia. La performance de Iván Poduje también fue mal evaluada a pesar de los problemas de gestión de su la alcaldesa a la reelección. El estilo de choque le paso la cuenta en el electorado viñamarino. Poduje reconoció que el responsable de su derrota era él.
El pacto Chile Vamos también logró frenar el avance del Partido Republicano, un actor relevante de la derecha, pero de estilo más radical. Esta contención sugiere que, aunque existe simpatía por propuestas de derecha, estas deben responder a un enfoque moderado, que combine gobernabilidad y apertura al diálogo. El avance de Chile Vamos (RN fue el partido más votado en el bloque opositor) en este contexto subraya la inclinación del electorado hacia figuras que encarnen la moderación y que puedan gestionar sin provocar rupturas en el tejido social.
En la izquierda, el reordenamiento fue igualmente notable. El Frente Amplio (FA) no logró imponerse sobre el llamado Socialismo Democrático (PS, PPD, Radicales y Liberales), lo cual refleja la preferencia de los votantes por organizaciones con trayectoria institucional y mayor apertura al diálogo. Esta situación se repite en el caso del Partido Comunista (PC), que no solo fracasó en expandir su base, sino que perdió bastiones importantes como Santiago y San Miguel a manos de candidatos que aunque de derecha son claramente más moderados. En conjunto, estos resultados muestran una preferencia ciudadana por alternativas que combinen ideas progresistas con la capacidad de articular consensos.
Un dato clave es la distribución de la población gobernada por alcaldes de distintas coaliciones, que refleja una suerte de equilibrio entre el bloque opositor —de Republicanos a Demócratas— y el bloque oficialista —incluida la Democracia Cristiana— a pesar del millón de votos que los separa en todas las elecciones. Mas allá de las matemáticas y los cálculos interpretativos que resista el Excel lo que observamos es un electorado que, aunque diverso en sus afinidades políticas parece estar convergiendo en el rechazo a los extremos y en la búsqueda de estabilidad y pragmatismo.
Estos resultados marcan un mapa electoral hacia las próximas elecciones presidenciales, sugiriendo que el camino no está en el discurso maximalista, sino en la capacidad de generar acuerdos y representar a una ciudadanía cansada de promesas abstractas y polémicas distractoras. La moderación, sumada a la ausencia de un desborde hacia los extremos, indica que el electorado espera soluciones equilibradas que combinen cambios necesarios con la estabilidad y el consenso requeridos para construir políticas públicas duraderas.
De esta suerte las recientes elecciones regionales y municipales han dejado un mensaje claro: el electorado chileno está optando por candidatos que representen la política de entendimiento y moderación, evitando el desborde hacia los extremos. Es un momento de reflexión para las fuerzas políticas, que deben atender esta demanda ciudadana de equilibrio y consenso en la construcción del Chile del futuro. Tendremos la posibilidad de confrontar esta tendencia muy pronto, en la segunda vuelta de la elección de gobernadores el próximo 24 de noviembre en 11 regiones. Ahí veremos si esta tendencia se mantiene o fue solo la expresión del estado de ánimo de los electores en estas últimas elecciones.



