POR RAFAEL GUMUCIO
Hace años, cuando se trataba de desacreditar a Lagos, vi con paciencia un reportaje sobre las estafas en el programa Puente. El programa volvió a concluir lo que sabemos: que en general este funciona, que en específico, en tal y cual comuna los recursos no llegan, el jefe de servicio se roba unos colchones, el alcalde engorda la cifras del presupuesto y otros chanchullos más, horribles pero comunes. Mientras avanzaba el reportaje no pude evitar distraerme y mirar al otro lado de donde el periodista quería llevarme. Continúa leyendo ›
POR RAFAEL GUMUCIO
De todos los ministros parece Hinzpeter el único que porta en sí un relato coherente, una épica propia. Sabe por qué esta ahí. Le recuerda al presidente, cuando éste lo olvida, que son la derecha diferente, la que fue amordazada y acallada por la UDI, la que no pudiendo convencer no tuvo otra que vencer. Ante Alberto Fuguet en la revista “Que Pasa”, es decir ante un escritor, ante una versión de la cultura que está dispuesto a oírlo, Hinzpeter hace gala de toda su ingenua voracidad, de toda su torpe astucia, de toda su incontenible necesidad de ser admirado y querido por esa gente culta y de izquierda, por esos sabelotodos con guitarra en la mano que lo humillaron y que aún lo humillan por ser él quien es. Continúa leyendo ›

POR RAFAEL GUMUCIO
Chile es un país desigual. Lo sabemos y repetimos todos cada vez que podemos. Algunos tienen muchos, otros muy poco. Hay un Chile de primer mundo conviviendo con uno del tercer mundo, una educación y una salud de calidad conviviendo con una apenas soportable. Los colegios donde no enseñan ni a leer, los hospitales donde hay que esperar meses para ser operado, contrastan de manera demasiado visible con otros colegios con canchas de hockey y rugby y con clínicas impecables donde las enfermeras le pintan las uñas a las enfermas y las madres paren en piezas coloridas y cómodas que se parecen extrañamente a la casa. Continúa leyendo ›
POR RAFAEL GUMUCIO.
No puedo evitar alegrarme cuando santones como Karadima, Maciel o Hugo Montes tienen que responder a preguntas incómodas. Siento, como creo que le pasa al 99 por ciento de la población, que la iglesia católica se merece el pantano en que se hunde porque fue ella la que de manera obsesiva centró su mensaje en la cama de los feligreses, en sus abortos, sus divorcios y sus orgasmos. Como en el carnaval, a la hora de las denuncias y los testimonios reveladores, cabalgamos sobre la espalda del obispo, azotamos a los senadores, desnudamos a los expertos, nos meamos sobre todos sus secretos, nos emborrachamos con sus confesiones. Despertamos mareados al otro día con otros jefes y otros dueños que reproducen casi todos los pecados de los anteriores, menos los del sexo. Continúa leyendo ›
POR RAFAEL GUMUCIO
Almuerzo solo en Los Reyes, un restaurante a medias peruano, a medias japonés, a una cuadra de la Plaza de Armas. Trato de leer una colección de retratos literarios del siglo XVIII seleccionados por Cioran, pero me distraen las voces de la mesa vecina. Una mujer habla sin parar ante una tribu de machos en corbata que se ríen. De pronto un nombre que reconozco (“La Patty Roa, la que está casada con el Elizalde”), de pronto un chiste que los hace reír a todos al mismo tiempo. Sin mirarlos juego a adivinar quiénes son: Un diputado al que le hacen sugerencia los amigos; unos funcionarios demócrata cristianos que acaban de perder su trabajo con el nuevo gobierno. “No cachan nada los nuevos,” dicen, “son de una soberbia los huevones estos, puras cuicas que se ponen a llorar porque no van a poder ir a buscar a sus seis hijas al colegio. A tal o cual le rogaron que se quedara, a la otra tuvieron que volver a contratarla después que la habían humillado como a un perro”. Continúa leyendo ›
POR RAFAEL GUMUCIO
El cambio de mando empezó mucho antes del 11 de marzo. Lo presenciamos en directo en esa cadena nacional infinita que fue la Teletón Chile ayuda a Chile. Ahí la presidenta saliente y el presidente entrante pudieron encontrarse en el único espacio común que nos queda a los chilenos: la televisión. El centro mismo del liderazgo de ambos lideres, la ética y la estética de Don Francisco que ambos comparten, aunque no de la misma forma ni hasta el mismo extremo, fue su punto de unión, el lugar en que detrás de una bandera nacional rellena de artistas de la tele, intercambiaron poderes. Continúa leyendo ›

POR RAFAEL GUMUCIO / Ilustraciones: Leo Camus
La presidente Bachelet y la alcaldesa Jacqueline van Rysselberghe son la prueba viviente que el sexo no determina comportamientos políticos. Ser mujer en Bachelet es sinónimo de ser cercana, compasiva, maternal. En el caso de la alcaldesa, ser mujer es sinónimo de impaciencia, de indignación constante, de hiperventilación sin medida. Continúa leyendo ›
POR RAFAEL GUMUCIO
Resentido. En miles de comentarios de blog, en cientos de conversaciones: resentido como único argumento, como juicio definitivo. Eso es todo, eso basta, eso sobra. Cuestionar la relación de Piñera con el dinero, la incapacidad de deshacerse de sus negocios a tiempo, el uso y abuso de la información privilegiada, o su trato vejatorio y patronal sobre los periodistas y sus editores, preguntar por esas cosas, perder el tiempo criticando lo incriticable es ser automáticamente tachado de resentido. Resentido, simple resentido: no se discute así argumento alguno. No estás equivocado, eres equivocado. Tu problema no es ideológico, político, o siquiera moral, sino sicológico. Una pulsión más fuerte que tú te fuerza a quitarle méritos al que es mejor en todo que tú. Una mezquindad te impide ver la grandeza del que gana, del que por el hecho mismo de ganar tiene que tener la razón. Continúa leyendo ›

Los siguientes son algunos párrafos que hemos seleccionados de una columna escrita por nuestro colaborador habitual Rafael Gumucio, para el diario El País de España:
“(…) La reciente victoria de la derecha en Chile es para mi generación más que un simple cambio de nombres y siglas en el poder. Más que tristeza o alivio, veo en mis amigos y compañeros de oficina una sensación de vértigo que crece con los minutos. Continúa leyendo ›

POR RAFAEL GUMUCIO
A mediados de los años noventa -la época en que empecé a publicar libros y artículos- casi nadie hablaba del pasado. Los que podían hablar de los setenta con conocimiento de causa estaban demasiado heridos y condolidos para decirnos nada que tuviera sentido. Eran tiempos en que Ariel Dorfman se ganó el desprecio de su amigos y contemporáneos hablando de la tortura, la época en que Frei no recibía a la Sola Sierra, una época de olvidos varios y mucha cocaína en que tres de los cuatro candidatos brillaban en los titulares. Continúa leyendo ›

POR RAFAEL GUMUCIO
Nos guste o no, es virtualmente imposible convencer a alguien que piensa distinto a ti a que piense como tú. Imposible no porque sus ideas sean más sólidas que la tuyas, sino porque en general lo que menos importa en las conversaciones políticas son las ideas. Esas cambian, no paran de cambiar, tal como los datos, las modas o las encuestas. Lo que permanece es la infancia agazapada en el adulto que habla. Es esa infancia la que interpreta los datos, las modas, las ideas. Las convicciones más férreas, las opiniones más contundentes, no son en el fondo más que chillidos de luz amarilla, puñados de tibieza, gestos y silencios que luego las lecturas, las militancias, los años y los hijos, o la casa, no hacen más que endurecer y condensar, que convertir en un verdadero núcleo generador en el mejor de los casos, o un triste tumor, en la mayor parte de los casos, que termina por matar cuando se esparce más allá del límite del pecho. Continúa leyendo ›

POR RAFAEL GUMUCIO
La Casa de Piedra y el CEP fueron testigos de un seminario inédito en Chile. Científicos, filósofos, escritores (nada menos que Ian McEwan) discutieron durante una semana el legado de Charles Darwin y su teoría de la evolución de las especies. Un seminario como ése es así una buena noticia que debería ser imitada a la brevedad. De ser rigurosos después de rehabilitar a Darwin lo normal sería hacer lo mismo con los otros dos barbudos: me refiero a Karl Marx y Sigmund Freud. Seguidores polémicos del mismo Darwin, tan audaces, tan fundamentales, tan equivocados, tan transcendentes como él. Sospecho, quizás injustamente, que no recibirán estos el mismo trato que Darwin. No poco de los neodarwinianos de la Casa de Piedra son fervientes anti marxistas y se burlan cada vez que pueden del psicoanálisis. Continúa leyendo ›

Por Rafael Gumucio
¿Qué chileno al ver La Nana no piensa que ésta es también su película? Para bien o para mal, le guste o no le guste el resultado, ésta no es la película de un director, de un guionista, de unos actores (todo ellos, por cierto, soberbios), sino de un país, o al menos de una generación. Una historia que todos conocemos de tan cerca, tan terriblemente cerca, que nos cuesta mirarla sin pestañar de horror. Pasa como con El Padrino o Cien Años de soledad, película y novela que eran antes de ser creadas, un par de leyendas buscando un narrador. Encontrándolo justamente en quienes nadie esperaba que pudieran contarla. Un sofisticado director de cine que nunca había visto una pistola en su vida y un escritor colombiano hasta entonces expertos en seres solitarios a los no les llegaban cartas.
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