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Columna del convencional Roberto Vega: Ética, negacionismo y doble estándar

El limitar el negacionismo a ciertos periodos como lo hace Comisión de Ética es negar que en nuestro país en todos los periodos han existido luces y sombras.

Leyendo el acuerdo arribado en la Comisión de Ética de la Convención Constituyente, me viene a la memoria las clases de quien fue mi profesor don Horacio Navarro Mayorga (Q.E.P.D), quien en más de un examen nos interrogó sobre el “corsi e ricorsi” de Vico. Así, nos enseñó que la historia no es lineal y que esta vuelve a repetirse si no aprendemos de ella. Claramente, intentar omitirla es un error.

El negacionismo es negar la historia, y en este caso, negar la existencia de ciertos pasajes de nuestra vida republicana, omitiendo otros. En Alemania, por ejemplo, se sanciona con penas punitivas el negacionismo de los crímenes cometidos por el régimen nazi. Sin embargo, relativizan las violaciones a los Derechos Humanos cometidos en la ex República Democrática Alemana, la misma que construyó el tan famoso muro en Berlín.

En nuestro caso se ha entendido que el negacionismo solo puede referirse a 3 periodos de nuestra historia: la dictadura militar de 1973, los hechos producidos posterior al estallido social de 2019 y a todos los actos cometidos en contra de los pueblos originarios. Ante ello, uno se pregunta si estos actos son aislados o son producto de otros anteriores. La historia no puede ocultarse, categóricamente. Algunos podrían negar la masacre de la Escuela Santa María de 1907, la matanza de seguro obrero de 1938, la masacre de los mineros del Salvador de 1966, las protestas masivas encabezadas por mujeres contra el desabastecimiento y el mercado negro de fecha 5 de septiembre de 1973 o negar lo que el propio Presidente Allende reconoció, y cito textual: “hay harina sólo para tres o cuatro días”.

El limitar el negacionismo a ciertos periodos como lo hace Comisión de Ética es negar que en nuestro país en todos los periodos han existido luces y sombras. Es imperativo, para que todos podamos convivir en armonía, que la historia sea contada y juzgada en forma completa sin omisión de ningún momento. Desconocer, negar o justificar las violaciones a los Derechos Humanos en ciertas ocasiones es en sí un doble estándar, al mismo nivel de no reconocer la existencia de terrorismo en la década de 1980 o negar que hoy existe en la Araucanía.

La historia no puede ocultarse, categóricamente.

Pertenezco a la gran mayoría de chilenos y convencionales que entendemos que los Derechos Humanos son para todos, y que su afectación deber ser criticable y sancionable provenga del Estado organizado o de grupos que actúan en forma aislada al margen de la institucionalidad. Lo sustancial acá no es el autor de la violación, es el efecto de lesionar la dignidad humana.

Es negacionismo el desconocer el derecho a vivir en paz de los vecinos del sector de Plaza Italia, de los comerciantes del Barrio Lastarria o de mis vecinos del centro de La Serena, como lo es también desconocer el estado paupérrimo de las jubilaciones, el hacinamiento que viven muchos chilenos producto de la poca dignidad en los planes de vivienda impulsados por todos los gobiernos, sin excepción, desde el retorno a la democracia.

Desconocer, negar o justificar las violaciones a los Derechos Humanos en ciertas ocasiones es en sí un doble estándar, al mismo nivel de no reconocer la existencia de terrorismo en la década de 1980 o negar que hoy existe en la Araucanía.

Chilenas y chilenos esperanzados en un nuevo trato social con nuestros ancianos y niños nos encomendaron la tarea más noble en la Historia de Chile: redactar una nueva Constitución que ayude a sanar las heridas del pasado, remedie los problemas actuales y permita construir los puentes por los cuales transite el ciudadano del futuro. Para ello, debemos comprender nuestra historia, conocerla, sentirla y juzgarla en forma completa, sin omisiones, sancionando todos los errores, pero sobre todo aprendiendo de ellos para no volver a repetirlos. No sería grato que el día de mañana exista negacionismo respecto del trabajo de la Convención Constitucional, por ello la propuesta del nuevo texto y su aprobación es tarea de todos o la historia nos juzgara por más que queramos ocultarla.

*Roberto Vega Campusano es abogado y Magíster en Derecho de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Fue Seremi de Minería y actualmente se desempeña como convencional constituyente por el Distrito 5.

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