Flor de Rap, cantante: “Quiero ser universal”

La rapera ha tenido una vida realmente dura. Pero ahora eso parece parte del pasado. Hoy está enfocada en su familia y en la música. Y prepara su próximo show. Aquí la artista revisa su vida, las golpizas, la droga, las armas, la oscuridad y la luz.

“¡Mira, mira!”, grita Flor de Rap, la cantante, la rapera de trayectoria meteórica, y entonces muestra a un grupo de góspel que se había instalado en su living. “¡Serán parte de mi show!”, exclama con entusiasmo. Son unos góspel gentiles, que corean a ojos cerrados. Están vestidos de sport, sin túnicas, y se encuentran asimilando un rap. Lo que ocurre es que Flor va a volver a rapear con público en unos días más y ajusta los detalles. Ya tiene con brillo el pelo morado. Ya tiene las uñas decoradas. Ya tiene dieciséis discos: once discos underground y cinco discos industriales. Ya tiene un hit bailable junto a Denise Rosenthal. Ya tiene en su bitácora que una imagen suya ha sido proyectada en tamaño gigante en pleno Times Square, en Nueva York, en la cuna del estrés, las corbatas y la rima del hip hop. Ya salió en la tele en una faceta culinaria. Ya ha hecho videos con los Power Peralta. Y, más encima, para llevar a cabo su presentación en el Teatro Nescafé de las Artes, ya ha optado por mezclar el góspel, esa música religiosa, con el rap, la religión musical de la calle.    

-¡Estoy ansiosa!

-Calma.

-¡Estoy ansiosa!- repite, encendida.

Flor de Rap es una cantante de rap ligeramente rabiosa que en verdad tiene un nombre angelical: esta mujer se llama Ángela Lucero y jamás ha estado en el cielo. Está en la Tierra hace 32 años y, más bien, por momentos ha tenido una existencia infernal. El éxito, las portadas, la entrevista emocional con Julio César Rodríguez, el haber sido reclutada por el Canal 13 para MasterChef Celebrity, todo ese vendaval de gloria es reciente.

-Yo canto hace rato, pero me hice conocida hace unos cinco años.

-¿Por qué se hizo conocida hace poco?

-Antes era under.

-¿Cómo dice?

-Under.

-¿Y cuál es el significado de eso, Flor?

-Tenía discos en las redes, que eran para un circuito cerrado de personas, bien específico, de nicho.

-¿Y ahora?

-Ahora le canto a un montón de gente. Ahora estoy en la industria.

-¿Y cómo lo tomaron los under?

-Mm…

Antes era under.

-¿Es sensible el mundo under?

-No me importa. Puede que a algunos les parezca mal hacer discos masivos. Pero yo me siento libre. Y yo siento que puedo ir experimentando distintas cosas.

-¿Qué le han dicho los que se ofendieron?

Y ella, la rapera que vende, adjunta la paradoja que le enrostran.

-“Vendida”, me han dicho. Y qué.

Flor de Rap tiene tres hijos, un marido muy enamorado que le produce la música, una casa en Ñuñoa, y varias tragedias al interior de su música. Tiene además veinte tatuajes con significado, diez uñas con diseño y dos risas. Una risa, según se ha podido captar, la exhibe cuando está feliz; la otra risa la expone cuando está nerviosa.

Ahora expone una risa feliz:

-¡Mi recital será el 1 de octubre en el Teatro Nescafé!

-¿Qué espera?

-No sé, sólo quiero cantar.

Puede que a algunos les parezca mal hacer discos masivos. Pero yo me siento libre.

Y sonríe.

Ahora expone una risa infeliz:

-Yo delinquí…

-¿Por qué lo hizo?

-De huevona.

Y sonríe.

Flor de Rap tiene dos risas porque, de alguna forma, ha vivido dos veces. Vivió, al principio, a oscuras, aspirando únicamente a estar con vida; y, luego, ha vivido prendida, casada, achoclonada, colindando con la plenitud.

La vida apagada

Al comienzo su vida se llevó a cabo entre patadas y armas de fuego. Vivió cerca de cuchillos, de alcohólicos, de puteadas. Vivió cerca de un degenerado que la forzó sexualmente y que le opacó la juventud. La verdad es que vivió como pudo. Esa vida está fechada entre los años 1989 y el 2008. Durante esa vida, situada mayormente en Antofagasta, Flor de Rap creció enojada y viendo fijamente los platos que se tiraban unos a otros en su casa. Flor de Rap admite que fue concebida en mitad de la rabia.

-La primera patada que recibí me llegó cuando yo estaba en la guata de mi mamá.

Esa patada la ejecutó su verdadero papá. La madre de Flor de Rap y ella volaron por el aire perplejas. Aún no estaba formada, se hallaba en el borroso mundo del útero, y ya contabilizaba una golpiza: Flor de Rap, en términos metafóricos, nació con un ojo en tinta.

“Vendida”, me han dicho. Y qué.

-Sí, ha habido muchas cosas malas…

Y sintetiza:

-Pero sigo aquí.

Y, como todo en ella parece ser doble, tuvo también dos papás. Su papá biológico no le prestó atención, estaba ocupado en vivir a solas; su papá postizo le fomentó el coraje. El papá postizo, en realidad, no es postizo: es el verdadero, el de la crianza. Era un señor extravagante, muy sentimental, que guardaba un explosivo en la casa.

-Lo hacía -explica Flor- porque decía que un día iba a volar toda la casa.

-¿Con qué fin?

-Con el fin de matarnos.

-¿Por qué querría matarlos?

-A veces se peleaba con mi mamá y decía que lo mejor era dinamitar todo, hacernos explotar. Una vez nos vistió de blanco y dijo que era para que nos enterraran con ese color.

-¿Qué ocurrió con el explosivo?

-Una vez le explotó a mi hermano chico, en ese entonces él tenía ocho años. Jugaba por allí y empezó a jugar con el explosivo. Yo estaba mirando desde una ventana con mi mamá.

-Vaya, Flor, lo siento…

-Lo vi lleno de sangre -recuerda-, lo vi morado. Logró vivir, eso sí. Hoy tiene 27 años y lo quiero un montón.

La primera patada que recibí me llegó cuando yo estaba en la guata de mi mamá.

Dice Flor de Rap que, de todos modos, adora a su papá postizo. Lo adora aun cuando, trastornado por una pelea con la mamá de Flor de Rap, un día ese señor tomó la decisión de bañarse en parafina y quemarse delante del grupo familiar.

-Lo vimos todo. Justo era el cumpleaños de mi hermano…

Todo eso salió en la prensa: el padre murió carbonizado. Y Flor de Rap enfatiza que igual lo adora y que, en líneas generales, tenía un comportamiento correcto, salvo la oportunidad, recalca, en que acuchilló a su madre. “Le tiró unos cuchillazos”, afirma Flor, ida. Pero luego el señor volvía en sí y persistía en educar a Flor de Rap. Hoy Flor de Rap transformó a ese papá en una mariposa tatuada que reside en su hombro derecho.

-Él es una mariposa- aclara, sonriendo.

-¿Por qué?

-Porque se fue volando desde este mundo terrenal al mundo celestial- aclara. Y Flor se destapa el hombro y revela el tatuaje. Allí vive su papá-mariposa, el hombre que le enseñó la libertad.

-Mi mamá, por su parte, casi siempre estaba nerviosa- añade la rapera.

Su mamá vivía con los nervios de punta. Su mamá estaba enclaustrada en el estrés y no le enseñó, por ejemplo, “a limpiarse las partes íntimas”. Y Flor un día se lavó con jabón y se infectó. Flor vivía callada, sin ruidos. Su vida avanzaba a tientas, tristemente. Tenía diez años y un tío abusó de ella. Eso duró un año. Ella, angustiada, creía que era una especie de enamoramiento: a los veinte años se da cuenta que era un desgraciado. Y Flor relata esa vida con drogas, golpes, balas, narcos, escapes.

-Y viví en un hogar de menores.

-¿Qué rescata?

-Nada.

Y agrega:

-Y fumé pasta base.

-¿Qué efecto produce?

-Quedas toda una noche vacilando en la volada.

-¿Tuvo un arma?

-Una pistola. La robé.

-¿Disparó?

-No. Hice dos asaltos con la pistola.

Le robó la billetera a un choro. Amenazó a otros. Así pasaba los días, sobreviviendo. No veía una salida. Hasta que justo el día en que su papá postizo se quemó a sí mismo, en medio de una velada familiar, ella, asfixiada, hizo lo siguiente:

-Compuse un rap.

Viví en un hogar de menores.

-¿Y qué pasó?

-Yo al fin lo había logrado: al fin me pude expresar.

Y desde ese momento a la actualidad hay infinidad de versos. Y, desde ese momento, se inicia su otra vida. Entramos al Nuevo Testamento de Flor de Rap.

La vida prendida

Esta vida comienza casi al finalizar la primera década del siglo 21, cuando ella ya es una joven experimentada y está por tener una hija. Por supuesto ella tenía reparos con la maternidad y en una ocasión, empuñando una zurda al cielo, gritó:

-¡Por la chucha, yo no puedo ni con mi vida y ahora tengo que cuidar a alguien!

Pero las cosas mejoraron.

Murió su papá y compuso un rap.

Nació su hija y se puso seriamente a cantar.

-El sufrimiento lo transformo en algo positivo- añade, vistosa, sonriente, ya en la luz.

Y afirma:

-Yo no necesito sicólogo.

-¿Qué necesita?

-Yo necesito que el rap esté a mi lado.

El sufrimiento lo transformo en algo positivo.

Es que en el Nuevo Testamento de Flor de Rap su talento será detectado por Jimmy Fernández y harán discos. Ella compondrá Inmarchitable y será todo un hit. Y ella perdonará a su madre, se tatuará a su papá-mariposa, pondrá un rictus severo en las fotografías de promoción y luego entonará furibunda:

VAMOS PARA ARRIBA PORQUE VENIMOS DE ABAJO.

-Ese verso lo inventé en mi pieza… Qué más abajo se puede estar…

Y vendrán los discos, la industria, la televisión, los billetes, los viajes. Una casa mejorada, un marido que musicaliza sus impulsos y un total de tres niños. Una familia estándar de Chile.

-A mí ser under me privó bastante. No sé por qué se estipuló que el rap no tiene que vender.

Yo necesito que el rap esté a mi lado.

-¿Usted vende?

-Yo puedo vivir de la música.

Y opina que eso, digamos, convertirse en un producto, o bien, industrializar la creatividad, no la menoscaba como artista con ideas sugerentes. Pero, claro, en el estricto mundo del rap, donde se elogia la vida al margen, produce escozor. No le importa. Ella tiene un anhelo: “Quiero ser universal. Quiero que me escuchen para siempre”. Y ahora Flor de Rap levanta la voz y aclara:

-Yo soy real.

-Pero qué vida compleja ha tenido, Flor.

-Pero así ha sido mi vida. Y estoy agradecida, a pesar de todo.

No sé por qué se estipuló que el rap no tiene que vender.

-¿Le ha generado dificultades haber trabajado en la televisión, más encima tomando clases de cocina?

-Eso, para mí, no es venderse, como me critican algunos. Para mí eso es abrir puertas.

-¿Tiene rabia?

-Tuve.

-¿Le dan rabia los que han vivido arriba, los llamados cuicos?

-Yo era resentida social, pero aprendí a trabajar eso. Si ellos dan buena energía, serán bienvenidos en mi corazón. Ellos no tienen la culpa de ser cuicos.

Y elogia otra vez al grupo de góspel. Y pone, a días de su re-debut, su sonrisa nerviosa.  

-¿Existen los raperos en paz?

-Mi estado actual es de felicidad.

-¿Ha vivido tonteras, como dice su canción?

-He vivido tonteras.

-¿Alcanzó las estrellas?

-Es difícil. Pero las estoy alcanzando- y la mujer que ha tenido dos vidas, dos papás y dos risas, se pone un poco seria e invita al reportero a su próximo recital. Y luego se esfuma como si fuera un ángel, o bien, como si fuera la Ángela del Rap.

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