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Gonzalo Cordero: “Vienen tiempos para liderazgos como el de Marcela Cubillos”

Dirigente histórico de la UDI y miembro del consejo de Libertad y Desarrollo, Gonzalo Cordero afirma que el gran nudo de la derecha es entre los “entreguistas” y los que defienden sus ideas sin complejos. Eso explicaría, a su juicio, el crecimiento de José Antonio Kast en la carrera presidencial.

Rondan muchas preguntas en la derecha. ¿José Antonio Kast o Sebastián Sichel? ¿Apoyar al Presidente o tomar distancia? ¿Apostar a salvaguardar sus ideas o abrirse a nuevas conversaciones de un Chile que cambió?

Gonzalo Cordero es un militante histórico de la UDI.  Conoce al sector como la palma de su mano. Por muchos años fue parte del círculo cercano a Joaquín Lavín. Esa cercanía no le impide sostener que ahora va a votar por Sichel porque considera que está en juego el proyecto futuro de la centro derecha. Su destino. Su proyección.

Abogado, miembro del directorio de TVN y del consejo del Instituto Libertad y Desarrollo, Cordero considera que el “entreguismo” de algunos actores de la derecha ha dañado a su mundo político. También advierte aquí que, a pesar de que el gobierno no logró crear una complicidad con los partidos de su coalición, ahora “la centro-derecha debiera cerrar filas con el Presidente”.

¿Cómo describe la situación de la derecha chilena hoy? ¿Cruza uno de sus peores momentos?

-Es muy difícil analizar la situación de la derecha aisladamente. Todo el sistema político está viviendo un complejo proceso de recambio, de redefinición.

-Pero poniendo el foco en su sector, ¿cuál es el nudo?

-La derecha tiene dos actitudes frente al liderazgo político. Están los que creen que la política es algo así como el departamento de servicio al cliente del Estado, y que el arte de la política consistiría en detectar fielmente lo que la gente quiere, para poder dárselo. Por lo tanto, cada vez que la derecha pierde, ese sector busca la explicación de sus derrotas en que la izquierda sería más capaz de sintonizar mejor con la gente. “Ellos escucharon antes. Saben mejor que nosotros lo que la gente estaba pidiendo. Por eso perdimos”. 

-¿Y quiénes son los dueños de esa lectura política?

-Es bien transversal. Si miras la carta que algunos constituyentes mandaron a los pueblos originarios, ahí hay un ejemplo de eso. O las personas que lideraron la opción del Apruebo en el plebiscito. Ahí hay otro ejemplo de esa actitud. O los que dicen que los problemas de la derecha son porque nuestro sector no fue capaz de hacer los cambios a tiempo, que no escuchamos, que no cambiamos, que nos aferramos al modelo. En el fondo, son los que dicen que no puede haber una derecha atrincherada.

-¿Y qué sostienen los otros? ¿Que hay que defender a fuego sus convicciones?

-No, el otro mundo ve la política como una disputa en la cual quienes ejercen liderazgo político tienen la misión, el objetivo, de convencer a la gente de que este proyecto político genera un orden social más eficaz y más justo. Por lo tanto, cuando yo pierdo, no es porque no fui capaz de escuchar a la gente a tiempo. Es porque no fui capaz de transmitir bien las bondades y virtudes de mi proyecto, en relación a los defectos del otro.

Si vamos a lo que pasó en octubre del 2019, ¿esa postura no fue derrotada cultural y políticamente?

-No, no fue una derrota de ese grupo de la derecha. Fue una derrota del proyecto cultural de la derecha. Y los responsables de esa derrota son los que han promovido la lógica de que hay que escuchar más a la gente. Han estado siempre en posiciones que yo llamaría -y no quiero ser peyorativo- “entreguistas”, en posiciones de concesión más que en la promoción de nuestros ideales.

-Son varios en la derecha que creen que el malestar que explotó en octubre fue por un cansancio, por no ser vistos, por el abuso… 

-Yo creo que lo grave del 18 de octubre es que se instaló rápidamente, sin ninguna contraposición, que esa era la expresión de la desigualdad que había provocado el modelo. O sea, que el modelo había generado una sociedad en la que habían unos pocos muy ricos y muchos muy pobres.

-¿Y no?

-No. Mi opinión es que lo que ocurrió en octubre del 2019 fue la consecuencia lógica de un modelo al que se le fue poniendo freno de mano en los últimos cinco años. Un país que venía creciendo, con una clase media que había logrado salir de la pobreza y que había visto la posibilidad de progreso, de pronto se estancó. No es que yo diga que no había malestar o que no hubo una ”explosión”. Lo que digo es que nosotros permitimos que se instalara el diagnóstico de que la explosión era consecuencia del modelo y no de su abandono.

-¿Qué quiere decir con eso? ¿Qué la derecha entregó la oreja?

-Completamente. Y si lo vemos electoralmente, quiénes han tenido esta actitud de permanente concesión son los que han sido sistemáticamente derrotados. Las más altas votaciones en la elección de constituyentes la sacaron quienes venían del mundo del Rechazo. Y lo que estamos viendo ahora en la campaña presidencial es que José Antonio Kast crece, crece, crece.

-De hecho, las encuestas están mostrando que Kast podría pasar a la segunda vuelta.

-Así es, y lo que digo es que todo ese mundo del “desbordismo”, o el mundo de un cierto “buenismo” a la Evópoli, ha ido siendo derrotado sistemáticamente.

LAS ALTERNATIVAS DE LA DERECHA

¿La disyuntiva de hoy entre Kast y Sichel es representativa de esas dos actitudes que hay en la derecha?

-Son parcialmente representativos. En las primarias, Sichel se mostró como un candidato que reivindicaba sin complejos sus posiciones de derecha. Yo no vi en la primaria a un Sichel “buenista”. Lo vi con bastante más convicción. Por eso su éxito. Lamentablemente, ha habido un cambio que está teniendo efecto en la elección presidencial.

Mi opinión es que lo que ocurrió en octubre del 2019 fue la consecuencia lógica de un modelo al que se le fue poniendo freno de mano en los últimos cinco años. Un país que venía creciendo, con una clase media que había logrado salir de la pobreza y que había visto la posibilidad de progreso, de pronto se estancó. No es que yo diga que no había malestar o que no hubo una ”explosión”. Lo que digo es que nosotros permitimos que se instalara el diagnóstico de que la explosión era consecuencia del modelo y no de su abandono.

-¿Por qué?

-Porque nuestro electorado se identifica -en su inmensa mayoría- con las posiciones más propias de la derecha. No le gusta la posición entreguista, especialmente ahora que la centro-izquierda desapareció y la alternativa es una izquierda mucho más básica, más primaria. La alternativa ya no es de matices.

-¿Y Kast recoge mejor a la derecha químicamente pura?

-Simbólicamente, claro.

-Pero  políticamente también.

-Sí,  políticamente también, pero al mismo  tiempo Kast tiene un problema de estructura: casi no tiene parlamentarios. Entonces, el crecimiento de Kast y la posibilidad de que lleguen prácticamente empatados con Sichel puede generar un efecto brutal en la elección parlamentaria.

Perder fuerza en el Congreso significaría una derrota política de marca mayor…

-Significaría una derrota muy importante, pero el problema es más de fondo. Porque si ese fuera un golpe al mentón de la derecha y lo capitalizara una centro-izquierda moderada, verdaderamente social-demócrata, yo te diría: “Mira, la derecha tiene un problema”. Pero cuando el que capitaliza esto es el eje del Frente Amplio y el PC, entonces es el país el que tiene un problema.

EL ROL DEL PRESIDENTE

-¿Cómo impactará la situación del Presidente Sebastián Piñera -por la publicación de los Pandora Papers– en el proceso presidencial?

-Afecta. Pero desde el punto de vista político, el tema más de fondo es que cuando vives estas crisis, necesitas la cuestión más básica y atávica de un liderazgo: un equipo de gente dispuesta a estar detrás tuyo en cualquier circunstancia. Mi impresión es que el gobierno no tiene ese apoyo.

¿El Presidente está solo?

-No, no. Sería una exageración decir que está solo.

Igual la imagen del Presidente hablando con la prensa y escoltado sólo por el ministro Jaime Bellolio no deja de llamar la atención…

-Evidentemente, hay simbolismos… Pero hay algo anterior. El tema de los retiros de fondos previsionales provocó un efecto político grave: dejó en evidencia que el gobierno no tenía la capacidad de ordenar a sus bancadas parlamentarias. Por las razones que sea, nunca se transmitió que éste era el gobierno de Chile Vamos.

-Más allá de los parlamentarios, ¿cómo se observa esta situación en el mundo político y social de la derecha?

-Veo un sector bastante dividido en términos de cuál es la estrategia para salir adelante. Y en esa división, creo que el gobierno termina con un Presidente que nunca ejerció liderazgo político respecto de su coalición. Esa fue una queja permanente. El problema es que eso te funciona cuando tú estás en una posición de poder, pero cuando te debilitas, pagas el precio de no haber generado un sentido de equipo. Eso es lo que le está pasando.

Nuestro electorado se identifica -en su inmensa mayoría- con las posiciones más propias de la derecha. No le gusta la posición entreguista, especialmente ahora que la centro-izquierda desapareció y la alternativa es una izquierda mucho más básica, más primaria. La alternativa ya no es de matices.

-Ése era un diagnóstico que estaba desde antes de la revelación de los Pandora Papers. ¿Cómo puede afectar ahora? ¿Va a ser un factor en la presidencial  o no?

-Desde luego que puede afectar la elección presidencial. Es inevitable. Sin embargo, aquí aparece otro problema. Si te ubicas en la cancha de la derecha tienes que asumir que cargas con ciertas mochilas. Al igual que la izquierda carga con otras. Entonces, esos discursos de: “Yo soy de derecha pero…”, no conducen a nada.

-Más directamente, ¿qué quiere decir?

-Que cuando te embarcaste en un gobierno, cuando te embarcaste con un candidato, de alguna manera uniste tu destino a ese gobierno, a ese proyecto, a esa figura presidencial. Desde ese punto de vista, no le veo mucho sentido a tratar de desmarcarse de Piñera.

Pero en este minuto, ¿no será complicado para un candidato?

-Moverse en la perspectiva del corto plazo no es una buena opción. Sebastián Sichel fue ministro de este gobierno, es el candidato de Vamos por Chile y, por lo tanto, es la continuidad de este gobierno. Simbólicamente, ése es su posicionamiento. Kast, en cambio, es un opositor de derecha.

– O sea, esta vuelta favorece a Kast.

 -Sin duda, este tipo de crisis es más favorable para Kast. Y la izquierda ve una oportunidad en esto. No hago ningún descubrimiento si te digo que levantar a Kast es lo que estratégicamente le conviene a la izquierda. 

-¿Porque se polariza la elección y porque Kast tendría un techo para crecer?

-En segunda vuelta, Chile Vamos es mucho más competitivo que el Partido Republicano. En segundo lugar, el potenciamiento de Kast produce un efecto inmediato en la elección parlamentaria. Reduciría considerablemente las posiciones de la derecha en el Congreso. Por eso la izquierda, más que llevar agua al molino de la elección presidencial, está moviéndose para debilitar la elección parlamentaria de la centro-derecha.

-¿Ahí se juega el segundo partido más relevante?

-Totalmente. Lo que digo es que, como siempre en política, hay que tratar de conciliar el corto plazo con el largo plazo. Desde ese punto de vista, creo que la centro-derecha debiera cerrar filas con el Presidente Piñera.

El tema de los retiros de fondos previsionales provocó un efecto político grave: dejó en evidencia que el gobierno no tenía la capacidad de ordenar a sus bancadas parlamentarias. Por las razones que sea, nunca se transmitió que éste era el gobierno de Chile Vamos.

-¿Apoyarlo ahora?

-Absolutamente.

-¿Defenderlo?

-Absolutamente. No hay ningún antecedente nuevo. Tampoco hay algo que se pueda considerar ilegal o una actuación incorrecta del Presidente. Podrán haber sospechas, gente que diga que no le cree, pero en los datos no hay una actuación reprochable. Dejarse llevar por un interés electoral de la izquierda, que es tratar de dañar al gobierno y llevarlo a una situación imposible, justo en este período electoral, es un error gigantesco.

-¿Usted cree que hay una conspiración política?

-No creo en las conspiraciones. Pero pensar que el Partido Comunista y el Frente Amplio lo están haciendo porque tienen una preocupación profunda por la ética y  por la institución de la Presidencia es de un infantilismo brutal. Aquí no estamos hablando de una correlación de poder. Estamos hablando de la viabilidad de los proyectos políticos futuros.

-Con la acusación constitucional en curso, ¿existe opción de que el Presidente pudiera ser destituido?

-Es muy difícil que una acusación constitucional vaya a prosperar en el Senado, donde requiere dos tercios. Pero convengamos que el hecho de que el gobierno del Presidente Piñera termine con una acusación constitucional, con un trámite traumático, obviamente es un daño brutal a la imagen de gobernabilidad de la centro-derecha. Y, además, con efectos posteriores. Ese es el objetivo de la izquierda.

MARCELA, JOAQUIN Y SEBASTIÁN

Si fuera José Antonio Kast quién pase a segunda vuelta, ¿sería una derrota para el Presidente Piñera? Lo planteo porque hay quienes dicen que, de ganar Kast, le entregan en bandeja el gobierno a Boric.

-Bueno, sería una demostración de que la neutralización de las dos almas que conviven al interior de Chile Vamos ha tenido un efecto demoledor. Si llega a producirse este negativo escenario, más aún con lo que va a salir de la Convención Constitucional, yo soy firmemente partidario de que esto se tiene que reorganizar de otra manera en términos de discurso, de proyecto, de  liderazgos.

-¿Por ejemplo?

-Yo creo que vienen tiempos para liderazgos como el de Marcela Cubillos. No creo que los tiempos que vengan sean tiempos para plantearse desde la lógica del entendimiento, del diálogo.

-¿No crees en la buena onda?

-No creo en la buena onda. ¿Qué ha logrado la buena onda en la Convención Constitucional? Cero.

-¿Y a Marcela Cubillos la imagina como una opción presidencial?

-No. La política en general ha ido disociando el rol de candidato respecto del rol de líder. Marcela, y otros como ella, tienen una capacidad de liderazgo que va a ser fundamental en el país que viene. 

-A propósito de candidaturas y liderazgos, mirando el escenario actual, ¿diría que la derecha se farreó a Joaquín Lavín?

-Yo creo que Lavín se farreó a Lavín.

Moverse en la perspectiva del corto plazo no es una buena opción. Sebastián Sichel fue ministro de este gobierno, es el candidato de Vamos por Chile y, por lo tanto, es la continuidad de este gobierno. Simbólicamente, ése es su posicionamiento. Kast, en cambio, es un opositor de derecha.

A ver, explíqueme eso.

-Creo que, después del año 99, Lavín quedó con un capital gigantesco y que lo fue gastando en cuotas. Esto lo miro hoy, después de haber sido parte del equipo de Joaquín por muchos años. Después del 99, Lavín no tuvo un resultado electoralmente rescatable y tampoco ejerció un liderazgo.

-¿Por qué?

-Mi opinión es que renunció a ejercerlo. Entonces, o tú eres un candidato que gana elecciones, o eres un líder que marca tu sector.

-¿Será que se convirtió en “buenista”, como dice usted?

-Claro, él entró en esta lógica de estar siempre pensando en el voto marginal para ganar la próxima elección, y descuidar o abandonar la base propia. Es bastante claro que la lógica “buenista” no tiene respaldo en el sector.

-Usted iba a votar por Lavín.  ¿Quién es su candidato ahora?

-Yo voy a votar por Sichel en primera vuelta. Llegué a la convicción de que políticamente es la mejor opción. Y si pasa Kast a la segunda vuelta, votaré por él con la misma o mayor convicción. Dicho eso, debo decir que Kast es mucho menos competitivo en la segunda vuelta.

¿Qué le está pasando a Sichel? Muchos dicen que se está desinflando

-Hay un conjunto de factores. En primer lugar, para las primarias, Sichel construyó un relato sobre sí mismo y, a partir de ahí, la imagen de que era competitivo. Ahora, en la campaña de la primera vuelta, dejó de hablar de su historia, ha cometido un par de errores y, luego, el debate fue muy malo.

-¿Fue mala su performance personal o su desempeño político?

-Fue un debate malo porque desde hace mucho rato, venimos escuchando un discurso sobre José Antonio Kast que lo muestra como un fanático, como alguien de extrema derecha.

Convengamos que el hecho de que el gobierno del Presidente Piñera termine con una acusación constitucional, con un trámite traumático, obviamente es un daño brutal a la imagen de gobernabilidad de la centro-derecha. Y, además, con efectos posteriores. Ese es el objetivo de la izquierda.

-¿Y no era tan así?

-Es que cuando uno ve a Kast en el debate, aparece un tipo diciendo cosas de sentido común, bastante normales y con una actitud muy sencilla. Entonces, uno se pregunta: ¿dónde está el fanático? Ese fue el gran acierto de Kast.

-¿Y cuál es el contraluz que le hace a Sichel?

-Si un candidato como Sichel pierde la imagen de competitividad, de que con él puedo ganar, y al frente se para un candidato auténticamente de derecha, el voto de derecha se va a ir para allá. En el mejor sentido de la palabra, el voto por Sichel es un voto más de oportunidad, es un voto políticamente más oportunista. El voto por Kast es un voto más de convicción.

-Hace un tiempo, Roberto Méndez decía que había una derecha influyente que casi prefería que ganara la izquierda porque hoy no son los tiempos para ese sector. ¿Ha escuchado esa opinión?

-Sí, pero progresivamente la gente se ha ido dando cuenta que esta elección presidencial no es para elegir a quién va a administrar el país. No. Esta es la elección más política que tiene Chile después de la de 1970. Aquí está en juego la configuración del país. No de cuántas marchas van a haber. Es mucho más profundo. Y te pongo un ejemplo de algo bien simbólico: ésta es la primera elección desde el año 89 en que no hay ningún economista, ni siquiera un ingeniero, en una posición de relevancia en la disputa presidencial. 

– ¿Y antes?

– En el 89 era Büchi, el 93 Frei Ruiz-Tagle, el 99 Lagos y Lavín, un abogado con doctorado en economía y un economista. En el 2005, Bachelet y Piñera, una doctora y un economista.

– ¿Y ahora?

– Un egresado de derecho, dos abogados de la Católica, y una profesora.

-¿Qué significa eso?

-Que no es una elección de políticas públicas. La discusión es netamente política. Y los que están en la cancha presidencial tienen más visiones de la sociedad que de cómo se administra el presupuesto de la Nación. 

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