Cristóbal Bellolio: “La derecha sin complejos, como les gusta definirse, encontró en José Antonio Kast su pastor”

A días de una elección presidencial completamente incierta, el cientista político Cristóbal Bellolio analiza el descuadre que ha vivido la derecha con la caída de Sebastián Sichel y la irrupción de José Antonio Kast. Explica que, desde el estallido, ese mundo se vio obligado a callar. “Hoy se dan cuenta de que con Kast pueden sacar la voz”.

No está en la política, pero la estudia, le sigue el pulso. Doctor en Filosofía Política de la University College London, Cristóbal Bellolio observa los movimientos que han remecido a la derecha en estas últimas semanas. “La alternativa de José Antonio Kast es una alternativa útil para la derecha (…) Es útil en términos simbólicos, pero también porque Kast les permite encabezar después la oposición al plebiscito de salida y a un eventual gobierno de Gabriel Boric. Kast es un plan de salida”, dice.

Abogado, cientista político y académico de la Universidad Adolfo Ibañez, Bellolio lamenta que haya quedado en el camino el  intento por levantar una derecha liberal. Dice que hay una derrota política y cultural de los partidos de Chile Vamos. Sin embargo, es claro en señalar que no se trata, solamente, de un fenómeno de derecha populista. “Hay que leerlo de forma sistémica”, sostiene.

-¿Cómo un liberal como tú ve la emergencia de una derecha dura, que era un sector que parecía minoritario?

-Obviamente, no es una buena noticia. Yo veía con buenos ojos lo que estaba haciendo Evópoli. Pensaba que a la derecha chilena le lloraba una patita más liberal. Me parecía importante que apareciera en Chile una derecha que encarnara valores distintos a los de sus padres, que fueron los que participaron en la dictadura y protagonizaron la transición. Me refiero a la emergencia de una generación joven que adquirió conciencia política en democracia, que era más liberal en materia moral-cultural, más secular, más cosmopolita, menos autoritaria, igual de comprometida con ciertas ideas básicas de lo que podríamos llamar una sociedad de libre mercado.

-¿Y qué pasó? ¿La derecha conservadora terminó comiéndose ese intento liberal?

-Lo que le pasó a Evopoli es que, siendo parte del gobierno, le tocó el periodo más complejo para liderar el equipo político: Gonzalo Blumel en Interior e Ignacio Briones en Hacienda. Eso  les pasó un poco la cuenta y, por otro lado, el proyecto de Evópoli también se fue desdibujando.

-¿Pero la caída de Evópoli explica el crecimiento de José Antonio Kast? También está Sebastián Sichel…

-Es un buen punto. El ascenso de Kast es una muy mala noticia para Evópoli. La hipótesis sobre la cual se construyó Evópoli -insisto en este punto-, es que los hijos de esa derecha que participó en la dictadura y en la transición, eran más liberales que sus padres. Lo que hemos descubierto en el último tiempo es que también había un mundo de hijos de es derecha que consideraban que la izquierda había corrido el cerco y que era hora de dar la pelea cultural. Es la derecha sin complejos, como les gusta definirse, y que encontró en José Antonio Kast su pastor.

-Pareciera que Kast está ocupando un espectro más amplio que sólo la derecha dura, ¿no?

-Absolutamente. Kast ha sido capaz de agrupar muchos otros elementos que estaban relativamente desarticulados: nacionalistas, antiglobalistas, personas que miran con sospecha la inmigración, ciertos nostálgicos del pinochetismo, aunque no exageraría mucho esa nota. No es necesario ser pinochetista para clamar por mano dura respecto a la delincuencia, por ejemplo, o de la violencia en la Araucanía.

Yo veía con buenos ojos lo que estaba haciendo Evópoli. Pensaba que a la derecha chilena le lloraba una patita más liberal. Me parecía importante que apareciera en Chile una derecha que encarnara valores distintos a los de sus padres, que fueron los que participaron en la dictadura y protagonizaron la transición.

-La emergencia de un liderazgo que era marginal en la derecha, ¿es una derrota política y cultural para la derecha liberal?

-Desde un punto de vista institucional, es una derrota de la derecha mainstream, que está representada por la UDI y RN, evidentemente. Pero también es una derrota para el proyecto incipiente de esa derecha que pretendía ser Evópoli. O sea, es una derrota para ambos: tanto para el proyecto liberal como para la derecha más institucional representada por la UDI y RN.

-¿No será también una derrota cultural más amplia? Es paradójico que después de un estallido social, de un camino abierto hacia una nueva Constitución, sea un candidato del Rechazo el que toma la delantera.

-Una de las hipótesis que estuvo sobre la mesa después del estallido era que se fortalecerían los polos. Por un lado,  estaba la tesis de que sería el Frente Amplio el que capitalizaría ese momento. No fue tan así al comienzo, pero en el mediano plazo el FA terminó capitalizando igual a través de Gabriel Boric. También estaba la otra hipótesis: que capitalizara el otro polo, lo que podríamos llamar la “reacción conservadora o autoritaria”. Ni siquiera es necesario apellidarla pinochetista, es la reacción conservadora que demanda orden.

-¿Y eso se nutrió del estallido?

-Lo más llamativo en el estallido social, no fue tanto la violencia, sino que la gran mayoría ciudadana le prestó ropa a muchas expresiones violentas en la esperanza de que retroceder un paso, significaría en avanzar dos. Había como un  acto de fe en torno al octubrismo. En la medida que esa promesa se va erosionando, esta reacción totalitaria aparece con mayor claridad. No es algo nuevo. Estaba ahí. Desde el 2018, cientistas políticos como Juan Pablo Luna y otros planteábamos la tesis de que en Chile se estaban generando condiciones políticas para un populismo de derecha.

-O sea, ¿la viste venir?

-Lo escribí en una columna del Clinic. Se llamaba “Rubios del mundo, uníos”. Ahí digo que lo de Kast es un populismo de derecha de manual y que sigue de cerca la narrativa de Trump y Bolsonaro. Ser antiglobalista, antiinmigración, anti corrección política.  Lo que pasa es que ahora que empieza a bajar el polvo del estallido, nos damos cuenta que eso todavía sigue ahí, pero estaba presente desde antes.

 -¿Por qué emerge ahora?

-Bueno, porque nos enfrentamos a una elección que obliga a ordenar un escenario que estaba bastante líquido. Esto se empezó a ordenar con la irrupción de un Kast, con posibilidades latentes de llegar a segunda vuelta y de ser competitivo. Entonces, esto no es solamente un puro fenómeno de la derecha populista. Hay que leerlo de forma sistémica.

-Ya. ¿Y qué significa eso?

-Que hay que tomar en cuenta a todos los otros actores. Sin el desfonde de Sichel, Kast sería una opción bastante minoritaria. Sichel siempre fue la alternativa pragmática, pero ya no es una carta de triunfo. Mucha gente de derecha te dice: ¿Qué nos detiene ahora para votar por un candidato de derecha que nos permita enviar un mensaje tan potente como el que queremos enviar?

-¿Cuál sería el mensaje?

-Te lo dicen. Que no les gusta lo que está ocurriendo en Chile. No les gusta el rumbo que está tomando la Convención. No les nos gusta el rumbo que tomaría el país con un gobierno de Boric. Quisieran volver al 17 de octubre del 2019. Ha ido creciendo una frustración grande en ese mundo y que, insisto, está asociada a la erosión de las promesas del estallido. De alguna manera, el estallido los obligó a callar en los días, semanas y meses posteriores al estallido. Hoy se dan cuenta de que con Kast pueden sacar la voz. Esa es la impresión que me da.

Kast ha sido capaz de agrupar muchos otros elementos que estaban relativamente desarticulados: nacionalistas, antiglobalistas, personas que miran con sospecha la inmigración, ciertos nostálgicos del pinochetismo, aunque no exageraría mucho esa nota.

-Entonces, ¿qué fue Sichel? ¿Una jugada nada más?

-Pareciera que dijeron: “Juguemos con algo más moderado. Juguemos por Sichel que estuvo a favor del Apruebo, que viene del mundo de la Concertación”. Pero no resultó y al no funcionar, la alternativa de José Antonio Kast es una alternativa útil para la derecha.

-¿Útil para recuperar un protagonismo con sus ideas, o eventualmente, sólo para ganar?

-Es útil en términos simbólicos, para enviar un mensaje. Pero también porque Kast les permite, si es relativamente competitivo, encabezar después la oposición al plebiscito de salida y a un eventual gobierno de Gabriel Boric. Kast es un plan de salida que le sirve a una derecha que tiene menos de un tercio en la Convención. Por lo tanto, cualquiera sea el porcentaje que saque Kast por sobre eso, ya los pone en un estado anímico superior.

-¿Para qué?

-Los sectores más de derecha dicen: “Bueno, ¿qué sacamos con pensar en el país si la izquierda sigue extremando el discurso? Quizá la única manera de lograr un punto medio es que nosotros también extrememos el discurso”.  No estoy diciendo que eso sea literal, pero es lo que yo creo que parte importante de la derecha piensa. En el fondo, el miedo que hay en la derecha a lo que representa el Frente Amplio, para muchos llama a una estrategia que sea igual de dura.

-¿Una lógica de guerra?

-Bueno, los escenarios de polarización generalmente son carreras armamentistas, ¿cierto? Hay pocos incentivos a moderarse. Si tú te pasas tres pueblos hacia la izquierda, yo me voy a pasar tres pueblos hacia la derecha. Y eso en la esperanza de llegar a un punto medio o destruirse en el intento.

-No es particularmente auspicioso el escenario…

-No. Me parece que los puentes de confianza y amistad cívica que pudieron construir las nuevas generaciones están completamente dinamitados, lo que favorece el escenario de polarización.

No es algo nuevo. Estaba ahí. Desde el 2018, cientistas políticos como Juan Pablo Luna y otros planteábamos la tesis de que en Chile se estaban generando condiciones políticas para un populismo de derecha.

PIÑERA COMO FACTOR

-¿Qué escenarios podria abrir esa polarización?

-Yo creo que si gana Boric, Kast va a tratar de transformar el plebiscito de salida en un referendum sobre él. Como las lunas de miel duran cada vez menos, si a Boric le está yendo más o menos en los primeros seis de presidencia y probablemente se alargue un poco el tiempo de la Convención, Kast va a tratar de juntar ambas cosas. Entonces, en la medida que la Convención se quiera dar gustitos que -a juicio de ese mundo- pueden ser identitarios, inflacionarios o maximalistas, entonces la derecha con más vehemencia e ímpetu va a salir del closet diciendo: rechazo.

-¿Podría darse el caso terminar en un plebiscito de salida rechazado la nueva Constitución y quedarnos con la del 80?

-La derecha está agudizando las contradicciones. Y es que, en el fondo, la derecha profunda nunca creyó en este proceso, digamos las cosas como son… Critican a Piñera por haber entregado la Constitución y a varios otros dirigentes de la coalición.

De alguna manera, el estallido los obligó a callar en los días, semanas y meses posteriores al estallido. Hoy se dan cuenta de que con Kast pueden sacar la voz. Esa es la impresión que me da.

-¿Piñera ya es un factor?

-Es un salvavidas de plomo. Aquí se cierra la era Caburgua. O sea, se cierra la era Bachelet-Piñera, Bachelet-Piñera. Ambos con un récord impresionante. Fueron los líderes rutilantes de sus respectivas coaliciones. No hubo nadie capaz de desbancarlos. Desde que ella se sube al tanque en el 2002 y él irrumpe en ese famoso consejo general de RN el 2005, nadie les ha hecho sombra en sus respectivos grupos culturales, pero representan a una generación que va de salida y que tienen como legado haber destruido por completo a la centro derecha por el lado de Piñera, y a la centro izquierda por el lado de Bachelet. Ella se echó dos coaliciones y Piñera también.

NADIE SABE PARA QUIEN TRABAJA

-El resultado es incierto. Pero en tu olfato político, ¿quién tiene más chances de ganar: Boric o Kast?

-Boric es la primera opción, pero no tiene la elección ganada. A propósito de la paradoja, no nos olvidemos que después de que en España reventaron los indignados en 2008, ganó Mariano Rajoy. Y no nos olvidemos que después de los escándalos de corrupción en Brasil en el 2013, ganó Jair Bolsonaro… En esto, muchas veces nadie sabe para quién trabaja.

-¿Qué quieres decir con eso?

-Que si bien parece paradójico que después del estallido, después de un plebiscito que de forma abrumadora y lapidaria le dijo chao a la Constitución de Pinochet, podría parecer absurdo que alguien de derecha tenga la opción de ganar, yo no lo descartaría tan fácilmente. Va a ser muy importante ver cómo ambos se moderan en la segunda.

En el fondo, el miedo que hay en la derecha a lo que representa el Frente Amplio, para muchos llama a una estrategia que sea igual de dura.

-¿Y qué te hace pensar que la moderación va a ser una opcion?

-Porque en la segunda vuelta hay que ir a buscar los votos que faltan. Boric no va a ganar con los votos de Artés y a Kast no le queda nada más hacia la derecha. Tienen que ir a buscar al centro. En ese sentido, me parece súper importante, por ejemplo, que el Partido Socialista se incorpore a la campaña y al gobierno de Gabriel Boric. No sólo porque es un contrapeso importante al Partido Comunista en términos históricos, sino por su tonelaje político y técnico. Y en el caso de Kast, que lo ha hecho muy inteligentemente hasta ahora, él entiende que tiene moderar su discurso en algún sentido.

LO QUE DEBE ENTENDER LA ELITE

-Las emociones cumplen un rol político también. ¿Cualquiera que gane va a encontrar un sustrato emotivo? Me refiero a la rabia. ¿Cómo puede impactar?

-Obviamente, un triunfo de José Antonio Kast calienta más las cosas. Estamos recién conduciendo un proceso de transformación sustantivo. Un triunfo de él podría generar una disociación mayor en la población y, eventualmente, generar una necesidad de salir a la calle a mostrar tu desacuerdo desde el día uno. Y la obligación de Kast hacia su electorado, sería controlar el orden público en forma irrestricta.

-O sea, ¿poner en práctica mano dura?

-Claro, y aquí no estoy haciendo campaña del terror ni mucho menos. Digo que desde el punto de vista de lo que uno puede especular, con Kast se abre un escenario de enfrentamiento un poquito más agudo. En cambio si gana Boric –y eso no significa que yo vaya a votar por él- hay una salida que puede ser más esperanzadora.

-¿En qué sentido?

-En una narrativa que me parece casi cinematográfica.  Boric fue el tipo que contra la voluntad de una parte importante de su cultura política, firmó un acuerdo para sepultar democráticamente la Constitución de Pinochet. Fue funado, agredido. Que pudiera ser él al que le toque promulgar la nueva Constitución, me parece que tiene algo de esperanzador.

-Si ganara Boric, también las cosas se podrían calentar, como tú dices, pero en el mundo de una elite poderosa e influyente.

-Yo esperaría que la elite poderosa e influyente tuviera la capacidad estratégica de entender que tiene que buscar puentes de acuerdo con ese mundo. Para una parte importante de la elite empresarial chilena, el Frente Amplio es el cuco. Pero mucho de eso tiene que ver con una profunda ignorancia respecto a ese mundo. ¿Cuánta gente de esa elite sabe que gran parte de los cuadros técnicos que hoy día estudian en las mejores universidades del mundo son todos frenteamplistas? No estoy diciendo que el día de mañana el próximo presidente de la CPC diga que los empresarios aman a Boric, no creo que lleguemos a tanto. Pero si yo fuera empresario, más que estar preocupado de atrincherarme, apostaría a generar dinámicas de confianza virtuosas.

Si bien parece paradójico que después del estallido, después de un plebiscito que de forma abrumadora y lapidaria le dijo chao a la Constitución de Pinochet, podría parecer absurdo que alguien de derecha tenga la opción de ganar, yo no lo descartaría tan fácilmente.

-¿Esa elite puede inclinar la balanza hoy día?

-No. La elite no inclina mucho hoy en día. El eje que se impuso en el estallido social fue el “pueblo virtuoso” versus “la elite corrupta”. Se instaló un lenguaje interseccional. O sea, cuando pienso en elite, pienso en categorías que la teoría interseccional llama privilegio: hombre, blanco, heterosexual, católico, de clase alta, de tres colegios, capitalino. Y cuando pienso en pueblo, pienso en los ejes de opresión: mujer, pueblos indígenas, regiones, religiones minoritarias, disidencias sexuales. En esa lógica, probablemente hoy día la elite empresarial encarna todos los ejes de privilegio.

-En ese sentido, ¿Kast estaría recogiendo lo identitario de ese mundo?

-Correcto. Es lo que podríamos llamar las identidades residuales. Eso ya ocurrió en Estados Unidos. Si entrabas a la página de Hillary Clinton, se hablaba de las disidencias sexuales, de los afroamericanos, de los latinos, de todas las categorías e identidades históricamente marginadas y oprimidas.

-¿Y Kast es parecido a lo que hizo Trump?

-Claro, le habla a las identidades residuales. A los que no son minorías históricamente desplazadas. Les habla a los blancos, heterosexuales, católicos. En este caso, Kast le habla a una clase media que siente que los extranjeros le generan incertidumbre, angustia laboral. Pero obviamente le habla a las personas a las que les rompieron su negocio, a los que necesitan conseguir pega, a quienes viven inseguros. Su narrativa no es tan distinta. Chile no es una isla. Los procesos culturales que se desarrollan en el mundo, tarde o temprano llegan para acá. Al final, nada de lo que está ocurriendo es particularmente extraordinario.

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