La imagen en blanco y negro muestra a la escritora Gioconda Belli de perfil, con las manos alzadas

Gioconda Belli, escritora nicaragüense: “Yo espero que en Chile gane la izquierda, pero que sepa reinventarse”

La autora de la célebre "La mujer habitada" sostiene en entrevista con The Clinic que regímenes como el de Daniel Ortega en Nicaragua “amenazan la idea de izquierda; la han convertido en una perspectiva incierta o negativa”. Por lo mismo, dice que sería “un gran servicio para la humanidad” que la izquierda “se reformulara como una alternativa humanista, libre y democrática que ponga al centro al ser humano y no la ideología”.

Gioconda Belli (Managua, 1948) se encuentra en muchos lugares al mismo tiempo. Físicamente, la escritora nicaragüense, quien ya estuvo en el exilio en México y Costa Rica durante la dictadura de Anastasio Somoza, está de nuevo en el destierro y cree que vivirá en Madrid. “Si regreso a Nicaragua, me detendrían en el aeropuerto por escribir lo que pienso y me acusarían de traición a la patria”, reconoce.

Aun así, anímicamente, dice estar “descolocada, pero no derrotada”. Emocionalmente, afirma, le “duelen” los presos políticos en Nicaragua y siente “rabia” por lo que ha pasado.

Y es que ha sido mucho lo que ha pasado. El régimen de Daniel Ortega detuvo a aspirantes que planeaban postularse a las elecciones en su contra, cerró partidos políticos de la oposición, prohibió grandes eventos de campaña, clausuró centros de votación y, tras las presidenciales de noviembre, obtuvo -según cifras oficiales- 75,92% de apoyo. Se trató, resumió José Miguel Vivanco, director para las Américas de Human Rights Watch, de un “punto de inflexión hacia el autoritarismo en la región”.

Ante todo lo anterior, profesionalmente Gioconda Belli no deja la palabra. Es su arma: está escribiendo otra novela y afinando un libro de ensayos. Las obras se sumarán a las dos decenas que ya tiene, que han sido traducidas a más de 14 idiomas y que la han convertido en una de las escritoras latinoamericanas más leídas en las Américas y en Europa.

Además, el próximo 9 de diciembre, participará virtualmente en el Festival Internacional de Poesía en Santiago, donde se homenajeará a Raúl Zurita. “Quiero decirle por este medio cuánto lo queremos y lo importante que ha sido para un pueblo amante de la poesía la de él y la de los y las poetas de Chile”, comenta a The Clinic.

La escritora añade que estará, “como muchos, pendiente de las elecciones”. “Confío en que el futuro de Chile sea innovador”, afirma la autora de La mujer habitada, El país de las mujeres, entre otros, quien espera que la izquierda gane en nuestro país y sepa reinventarse.

-Me encanta su apellido, porque en italiano quiere decir hermoso, pero en latín quiere decir guerra. Pareciera ser perfecto para una mujer como usted…

-Prefiero la belleza a la guerra. Interesante es que el mito del guerrillero o guerrillera fuera muy romántico en una época. La guerrilla tenía la connotación de una lucha heroica por la justicia social. Ahora a quienes lo intentan se les llama terroristas.

-Hace años, en una entrevista, usted dijo: “No podría vivir sin Nicaragua”. ¿Cómo sigue este pensamiento hoy, especialmente tras las pasadas elecciones fraudulentas?

-Lo más terrible de este régimen de Ortega es que ha tomado el país como suyo y ha convertido los símbolos de una lucha épica contra una dictadura, en símbolos de otra dictadura. La Nicaragua que extraño está entre paréntesis ahorita. Me duele. Tengo más nostalgia que extrañamiento.

Usted fue parte del Frente Sandinista de Liberación Nacional contra Somoza, ejerciendo de correo clandestino, transportista de armas o enlace en Europa. Además, fue compañera de Daniel Ortega entre 1970 y 1994. ¿Cómo explicaría el poder que ejercen hoy él y Murillo?

-Es el resultado de una pareja sin escrúpulos, que ha estado dispuesta a hacer lo que sea para apropiarse del poder para ellos mismos y su familia. Durante la lucha yo fui parte un tiempo de la tendencia Tercerista, la de los hermanos Ortega, y me salí porque vi ese comportamiento sin escrúpulos desde entonces. Al final todas las tendencias se unieron, pero mis sospechas se han cumplido hasta lo inimaginable. Creo que la combinación de esas dos personas y su ambición ha dado al traste con el sandinismo.

-Cuando ve lo que ocurre hoy en Nicaragua, ¿compararía a Ortega a Somoza? ¿Cree que la revolución valió la pena?

-Todos los dictadores se parecen, pero las crueldades de cada uno tienen su marca personal. Yo pienso que la Revolución fue una oportunidad perdida, pero no fue en vano. Yo no me arrepiento de haber vivido lo que viví, pero es muy frustrante haber terminado de nuevo donde todo comenzó. Para los jóvenes que no vivieron la revolución, el sandinismo es lo que era para mi generación el somocismo. Eso me da mucha tristeza.

-¿Qué cree que diría Julio Cortázar, que confió en los proyectos liberadores de Cuba y Nicaragua, de este país hoy asfixiado por la sed de poder de ese matrimonio?

-No sé qué diría. Por eso es una suerte que no haya llegado a verlo.

Creo que la combinación de esas dos personas y su ambición ha dado al traste con el sandinismo.

-En muchos países, incluyendo Chile, cuando la izquierda tiene oportunidades electorales se tiende a hacer una campaña del terror aludiendo a países como Venezuela y Nicaragua. ¿Es posible comparar lo que pasa en su país con otros? ¿Cómo se siente cuando escucha comentarios o argumentos de ese tipo?

-Siento que esos regímenes amenazan la idea de la izquierda; la han convertido en una perspectiva incierta o negativa. Pienso que la izquierda debe tomar la experiencia del fracaso de la URSS y el campo socialista para darse cuenta de que los cambios sociales no pueden imponerse coartando la libertad. Tomará más tiempo y tolerancia, pero la felicidad no se logra por decreto, ni a la fuerza. Yo espero que en Chile gane la izquierda, pero espero que sepa reinventarse. Sería un gran servicio para la humanidad que la izquierda se saliera de los manuales y los dogmas y se reformulara como una alternativa humanista, libre y democrática que ponga al centro al ser humano y no la ideología. 

Para los jóvenes que no vivieron la revolución, el sandinismo es lo que era para mi generación el somocismo. Eso me da mucha tristeza.

-En una entrevista con El País, usted dijo que “el comunismo es una utopía, pero aspirar a crearla es mejor que no aspirar a nada”. ¿Sigue pensando así?

-El comunismo en el papel es utópico; pero en la realidad nunca lo fue. Utopía es el lugar que no es. Para la poesía es válida la utopía, pero demasiados crímenes se han cometido en su nombre a estas alturas. Pensé que los ideales podían movilizar la sociedad, pero ahora creo que depende mucho más de las personas. Escoger mal a los que ponemos al frente de nuestros países nos arriesga a pagar altísimos precios. Fue lo que pasó en Nicaragua; fue el caso de Trump. La juventud de Boric me inspira. Me daría mucha pena que esos argumentos de Cuba y Venezuela hagan que Chile caiga en la derecha recalcitrante de Kast.   

-En “El país bajo mi piel”, sus memorias, dice que cerró su capítulo como guerrillera del frente sandinista. Pero nunca ha dejado realmente la política: habla de ella, la crítica, la escribe. ¿Cuál es su relación con la política hoy?

-Soy un animal político. Nunca me ha gustado la torre de marfil. La vida de la sociedad, sus miserias y grandezas y los retos que significan, me importan mucho.

Todos los dictadores se parecen, pero las crueldades de cada uno tienen su marca personal.

-¿Queda algo de guerrillera en usted?  Me llama la atención que se haya posicionado durante años claramente en contra de un régimen autoritario desde allá…

-Sí queda. Por eso es por lo que no puedo ser indiferente a la política. Sólo que ahora soy una guerrillera de las palabras. Mucha gente se asombra de lo que pasa en Nicaragua ahora; pero ese giro autoritario empezó en los 90. Muchos lo vimos, lo dijimos, pero aún hoy hay quienes creen que todavía existe la revolución. Se desentendieron de Nicaragua por años y creen aún en el Daniel Ortega símbolo, pero la revolución fue un hecho colectivo. Se perdió cuando Ortega se arrogó esa historia como gloria personal. Ha estado en el poder más tiempo que Somoza gracias a violar la Constitución y hacer elecciones fraudulentas.

-¿Teme regresar a Nicaragua?  

-Hay 150 presos políticos. Cuarenta de ellos fueron apresados por querer participar en las elecciones o por decir lo que pensaban. Los demás por ser líderes de barrio o participar en la rebelión de 2018. La ley no existe en Nicaragua. Claro que temo regresar. Es una dictadura donde no hay recurso para defenderse.

-¿Qué opciones ve para la oposición hoy en Nicaragua?

-Los líderes más combativos de la oposición están presos, acusados falsamente de derechistas o proimperialistas. Tres figuras icónicas de la Revolución, heroicas, están presas injustamente por ser críticos del régimen. Los medios principales están silenciados. Las manifestaciones están prohibidas. Se secuestran personas a diario. Más de cien mil personas han tenido que salir al exilio. Las encuestas muestran que Ortega sólo cuenta con un 10% de apoyo. Pero tiene la policía y el ejército. El país es una gran cárcel. No veo solución inmediata. Creo que implosionará.

Me daría mucha pena que esos argumentos de Cuba y Venezuela hagan que Chile caiga en la derecha recalcitrante de Kast.   

-Históricamente las mujeres han tenido un rol central en las luchas en el país, sin embargo, varias de sus demandas han sido dejadas de lado. ¿Hay espacio para el feminismo en una crisis como ésta?

-El feminismo está vivo, las mujeres fueron cruciales en la rebelión de 2018. Pero la línea oficial que pregona Rosario Murillo es paternalista, conservadora, religiosa en extremo y el feminismo es atacado constantemente. Ella ha manipulado las estadísticas para que parezca que hay paridad, pero es un espejismo. Sólo la pareja tiene poder en Nicaragua.

-¿Qué rol tiene su obra en todo este proceso? ¿Espera que su trabajo y su voz visibilice a una Nicaragua de la cual se habla poco en los medios?

-Creo en la voz de la poesía y de la literatura. En una situación tan represiva, mantienen la aspiración del cambio, la denuncia y la esperanza.

Soy un animal político.

– ¿Ve en la escritura un espacio para presionar a la comunidad internacional?

-He sido presidente de (la organización de escritores) PEN Nicaragua. PEN ha sido un gran apoyo y he estado en varios foros internacionales y creo que la comunidad internacional tiene conciencia de lo que pasa en el país, pero los Ortega Murillo utilizan el discurso de la soberanía para seguir violando los Derechos Humanos a diestra y siniestra.

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