Pedropiedra 2021

Crédito fotomontaje: Patricio Vera. Crédito fotografía: Álvaro Fillol.

Pedropiedra y el presente de su carrera: “La música es media ingrata con el envejecimiento del artista”

Acaba de lanzar su nueva canción “Sonámbulo”, un concepto que, para el artista, es mucho más amplio que el tradicional: "Lo más muerto en vida, o como lo más sonámbulo, es la adicción digital", dice. Pero más allá de ese single, Pedropiedra se abre, en esta entrevista, a una introspección de su carrera, asegurando, sin complejos, que va “para abajo”. También comenta sobre la búsqueda de otros formatos expresivos y comparte sus proyecciones del Chile del futuro.

Para Pedro Subercaseaux (43), el hombre detrás de Pedropiedra, la carrera de un músico puede graficarse con una curva. Tiene momentos ascendentes, de frenética escalada, hasta llegar a un verdadero peak de popularidad. Y luego, el inevitable descenso, quizás producto de los cambios de moda, que pueden enterrar una canción en el olvido; o del desgaste, de quien buscó una y otra vez reinventarse de la mano con los tiempos.

“No es fácil, para un artista de mediano alcance, sortear la parte descendente de la curva”, reflexiona Pedropiedra, reconociendo que, hoy, se encuentra en ese punto. No es algo que le moleste. “Me parece súper natural y tampoco he luchado contra viento y marea para mantenerme en ninguna parte”, asegura, tranquilo.

De hecho, mira esta fase como una puerta de entrada para explorar otros talentos, entre la pintura y la escritura: dice que empezó una novela secreta, que nunca verá la luz; que colaboró en un libro sobre la desconocida vida de Jorge González en México; y que trabaja en los capítulos de su autobiografía, que espera publicar -confirma riendo- de aquí a 40 años más.

Aunque existen esas ganas de mutar, de emprender un viaje por el arte, la producción y los shows continúan. Con cinco álbumes de estudio en el cuerpo -el último, “Aló!” (2020), un popurrí de ritmos urbanos que le valió dos nominaciones a los premios Pulsar-, Pedropiedra lanzó a principios de diciembre su nuevo single, “Sonámbulo”.

Fue una vuelta a sus orígenes, a la confección “artesanal”, según sus mismas palabras. Golpeado por el insomnio, grabó en su casa todas las pistas, sin otros músicos y en plena pandemia, “con unos micrófonos bien charcha”.

Ahora, y tras una exitosa presentación en Ciudad de México, donde se agotaron todas las entradas, Pedropiedra tiene en el horizonte próximo una tocata en Concepción. Específicamente el 15 de enero, en La Bodeguita de Nicanor, un bastión de la música penquista. Más adelante, ya en marzo, le espera un masivo escenario en Lollapalooza, festival del que se le puede considerar un veterano, por sus diversas apariciones. “Piérdete una po’”, bromea al respecto.

En esta entrevista, el cantante entrega una pincelada de lo que es su presente. Habla sobre los detalles de “Sonámbulo”, pero también se abre a una introspección de su carrera, y de lo que sigue para adelante. Al mismo tiempo, comenta acerca de su (mala) relación con las redes sociales, y posa la mirada en el proceso de cambios por el que pasa Chile, con la reciente victoria del Presidente electo, Gabriel Boric.

-Partamos por Sonámbulo. Has dicho que la letra del tema vino antes que la música y que usualmente tu proceso creativo es el contrario. ¿Por qué esta canción se gestó así?

-Estaba pasando por una etapa media insomne, y envés de tratar de lucharle al insomnio y estar dando vueltas en la cama, empecé a levantarme y a dibujar en la noche, y a escribir, y a leer. Y bueno, pasaban un par de horas, y ya me daba sueño y ahí me quedaba dormido po’. Al final caché que, lo mejor para el insomnio, es hacer algo, envés de tratar de dormir. Tenía toda la letra lista, todo un montón de letras, que servían para una canción, y ahí empecé a editar. Como a cortar lo que no sirve.

-¿Cómo evalúas ese modus operandi?

-Fue bacán hacerlo, porque yo generalmente hago la música primero y tengo muchas veces todas las melodías, toda la música entera armada, pero con tarareo. O con palabras que no sirven, y después hay que calzarle letra a esa melodía predeterminada, entonces está llena de pies forzados. Esto es todo lo contrario: tienes la letra y pies forzados musicales no hay, entonces queda más… más libre. Fue un buen experimento, y he tratado de seguir escribiendo así, en realidad.

-Entonces, te ves componiendo más canciones de esta manera…

-La que voy a sacar ahora también la hice así. Pero no la escribí, empecé a rapearla en mi cabeza antes de escribirla; ya me la había aprendido de memoria. Tenía toda la letra armada así, toda la historia.

-¿Cuál es la historia?

-Es una historia de reinvención de pandemia. Un cuento de un tipo que planta marihuana para sobrevivir. Está en las primeras etapas, y esa va a salir a finales de febrero.

Estaba pasando por una etapa media insomne, y envés de tratar de lucharle al insomnio y estar dando vueltas en la cama, empecé a levantarme y a dibujar en la noche, y a escribir, y a leer.

-¿Todo el disco que viene sigue esa línea? Como de un cuento…

-No, porque Sonámbulo no es un cuento. Yo ni si quiera sé si vaya a ser un disco. Como que voy muy por canciones. Ponerse una fecha para un disco es lo peor. Lo mejor, yo creo, es trabajar hartas canciones y, cuando tienes un disco, sacarlo. En vez de decir: “puta, tengo que sacar un disco en mayo y es 30 de abril, y faltan 12 canciones…” ¿Cachai? Pasa mucho eso. Y como ahora estoy editando mi música, como ya no está saliendo bajo (el sello) Quemasucabeza, entonces también tengo la libertad de ir al paso que más me acomode. Aunque ellos nunca me partearon mucho por nada, pero igual es más… más agradable. Aparte, llega toda la plata para acá.

-Jajaja. Importante eso. Volviendo a tu último single, ¿Qué significa para ti ser sonámbulo? Porque no creo que sea solamente estar despierto en las horas que el resto duerme…

-No. Esta canción se trata realmente de crecer, y de madurar. Como “el guardián, el rondín” (conceptos que aparecen en la canción). Ese soy yo en la noche, mientras están todos en mi casa durmiendo. Yo tengo tres hijos y, en el fondo, está el sentir que tu vida ya no te pertenece tanto. Un poco como que ya pasó a otras manos y como a otras responsabilidades. Y Sonámbulo, claro, está hecha de noche, efectivamente, pero un sonámbulo es alguien que… que técnicamente camina durmiendo.

Crédito: Álvaro Fillol.

-¿Cómo así?

-Que deambula somnoliento. Es como la figura que inspiró la letra. Escuchándola, a veces las canciones se te revelan en su significado después de un rato, y en esta canción, efectivamente, pasó eso. Yo caché después que era una canción sobre la adultez, más que nada.

-Tomando esa idea del que “deambula somnoliento”, ¿Crees que vivimos en una sociedad sonámbula?

-Para mí, lo más muerto en vida, o como lo más “sonámbulo”, es la adicción digital. Estar enchufado 24/7. Siento que, al final, de mirar tanto la realidad con lupa, se termina perdiendo el foco de lo que pasa en el mundo. Yo conscientemente he estado tratando de no estar tan metido ahí, porque me hace un poco de daño.

Esta canción se trata realmente de crecer, y de madurar. Como “el guardián, el rondín” (conceptos que aparecen en la canción). Ese soy yo en la noche, mientras están todos en mi casa durmiendo. Yo tengo tres hijos y, en el fondo, está el sentir que tu vida ya no te pertenece tanto.

-En ese sentido, ¿Cómo es tu relación con las redes sociales?

-Principalmente, siempre las he usado para promocionar la música, para decir que voy a tocar, para decir que voy a sacar una canción y todo, pero pones eso y es como un “like”. Y si pones onda “hay olor a peo”… ¡Oh!, 20.000 “likes”, ¿Cachai? Después del estallido, yo puse un tuit por el que me hicieron re contra cagar, hueón, y ahí como que me fui más piola. Puse: “Yo creo que si cierran Twitter, esta hueá se arregla en dos semanas”… Algo así.

Jajaja.

– Y me dijeron de todo, hueón. Realmente como que fue una… una proto funa. Y ahí dije: “Wow. Vamos a filtrar un poco”. Si hay algo que no me interesa es ser un twittero polémico.

-Es meterse en otro tipo de peleas ¿no? Con otro código…

-Sí, como que no me gusta comentar el conflicto, parece. A no ser que sea menester y extremadamente necesario. Para defender una idea, o algo, hay que tener una energía que yo no… no poseo (…). Por eso también encuentro que es bueno salirse un poco, porque te da más paz. Que es un bien escaso igual.

“Creo que me proyecto como con fecha de caducidad”

-En la letra de Sonámbulo, en el último verso, dices: “Nada me importa tanto ya. El sueño de acabó y pronto amanecerá”. ¿A qué te refieres con que nada te importa tanto ya?

-O sea, todos hemos pensando eso ¿no? Sentido eso de: “¿Sabes qué? Chao, hueón”. Como que tampoco me importa ser el sonámbulo, ni estar despierto, cuidándole el sueño a los niños. Es lo que es. “El sueño se acabó”; yo creo que puede ser como una despedida prematura un poco de… de la vida de músico. Yo creo que me proyecto como con fecha de caducidad. Como artista performático, por lo menos.

-¿Por qué te colocas una fecha de caducidad?

-O sea, no la tengo puesta, pero no sé si voy a tener en 10 años más la energía de salir de gira. Hay mucho trabajo que no es musical. De promoción, de imagen, y puras hueás que a mí en realidad cada vez me importan menos. Comprendo su importancia, pero no quiero hacerlas. Me gustaría ir para otros lados. Todavía me queda la mitad de mi vida por delante y como que quizás no sea mala idea explorar otros talentos. Estoy cada vez dibujando y pintando más, estoy escribiendo. Ha sido una cuestión súper natural que ha ido pasando. Eso también obedece a lo que te decía en un comienzo sobre lo de sacar un disco. Voy sacando temas no más: ponerme menos exigencias. Eso yo creo que es “el sueño se acabó”. Y “pronto amanecerá” es porque había que cerrar la letra y esta era de noche po’, (se ríe).

-Jajaja.

-Sí, pero el “nada me importa tanto ya”, para mí es la mejor parte de la canción, la más gritada, la más de corazón, y es como una mandada a la chucha igual po’.

-¿A quién?

-General, así como a todos.

El sueño se acabó”; yo creo que puede ser como una despedida prematura un poco de… de la vida de músico. Yo creo que me proyecto como con fecha de caducidad. Como artista performático, por lo menos.

-Entonces te imaginas explorando la pintura, la escritura. ¿Pero qué tipo de escritura? Por ejemplo, una novela, poesía…

-Yo una vez por ahí escuché que hay que escribir de lo que uno conoce. Hace tiempo empecé a escribir una especie de novela, y nunca la voy a terminar, pero sirve igual ir haciendo borradores. Antes de sacar canciones mías de mi primer disco, también tenía canciones que nunca mostré.

-Ajá.

-Hace poco escribí una cosa para un libro que salió en Chile y en México, que se llama “Canciones de lejos”, que es un libro sobre la correspondencia musical entre Chile y México. Me pidieron escribir algo de Jorge González cuando vivía allá, porque allá yo viví con él, y es como un capítulo medio desconocido de su historia. Disfruté de sobremanera hacerlo. Me demoré harto, pero hice harta investigación, hablé con amigos, conseguí fotos. Quedé super contento con haberlo hecho. Y tengo capítulos de mi autobiografía ya escritos. Como memorias musicales. Pero con eso me puedo demorar, no sé po’, 40 años más. Son cosas de largo aliento.

-¿Y con respecto a la pintura?

-También pintaba harto, hasta que me empecé a dedicar a la música. Hasta los 21 años pintaba con oleo. Tuve un maestro, dibujaba. Tengo muchos pintores y artistas plásticos en mi familia. Entonces, siempre estuvo en mi casa eso y ahora último también de manera natural empecé a retratar a mis hijos. Ha sido bacán porque es más fresco, más nuevo.

-¿Qué sientes ahora con la música?

-Yo la música disfruto súper harto hacerla y todo, pero es imposible no entramparse, no partir siempre en el mismo tempo, los mismos acordes, salir de la estructura de las canciones. Se empieza a hacer repetitivo simplemente, entonces hacer cosas nuevas es súper bueno para refrescar, yo siento. Espero ir haciendo una transición lenta. Me gusta mucho estar en el estudio, hacer canciones con amigos, agarrar la guitarra, quedarme pegado horas… Resolver una canción también es como un desafío medio sudoku, que es súper gratificante. Pero sí, yo me veo mutando hacia otras cosas de a poco. Tiene que ver con demasiadas cosas también po’, e igual necesito todavía de la música para vivir. Pero me da como pena que sea solo… solo para eso ¿cachay? Entonces, estoy tratando de espaciarlo para poder disfrutarlo todo.

-Me pillaste por sorpresa, la verdad.

-(Ríe). Aparte que la música es media ingrata con el envejecimiento del artista, yo siento. No es fácil, para un artista como de mediano alcance, sortear la parte descendente de la curva. Todo tiene una curva que va hacia arriba, va hacia abajo después, o se mantiene un tiempo. Pero como yo trabajo de manera un poco artesanal, es difícil mantener esa curva arriba, sin apoyo logístico de una multinacional o cosas así. No sé, yo pienso que no son muchos los artistas -los hay, por cierto-, que se ven bien sobre un escenario pasada cierta edad, hueón.

-¿En qué parte de esa curva te encuentras ahora?

-Bueno, es difícil decirlo. Es como ingrato, pero de alcance y popularidad, siento que voy para abajo. Pero no tengo empacho en admitirlo, porque me parece súper natural y yo tampoco he luchado contra viento y marea para mantenerme en ninguna parte (…). Sonámbulo está grabada en mi casa completamente, no participó ningún músico, grabé todo yo con unos micrófonos bien charchas.

“Una vuelta a los orígenes”

-Esto que me estás contando representa una especie de giro a lo que presentaste en “Aló!”, tu último disco. Ahí te metías en una sonoridad súper trabajada y que hoy pega más, con la música urbana.  

-Me estoy sincerando contigo no sé por qué, hueón. El disco “Aló!” tampoco costó mucha plata, también lo trabajamos muy de a poco y de manera muy parecida a esta. Pero el sonido, claro, es mucho más taquillero po’. Es más urbano, como más moderno, más actual. Las letras también. Son más vociferantes, por decirlo así. Entre paréntesis, ese disco, como que, en broma, le llamamos el disco maldito.

La música es media ingrata con el envejecimiento del artista, yo siento. No es fácil, para un artista como de mediano alcance, sortear la parte descendente de la curva.

-¿Y por qué?

-Iba a salir en noviembre del 2019. Y quedó…, quedó tirado. Por el estallido, dijimos: “Saquémoslo en marzo del 2020, que ahí yo cacho que va a estar más calmo todo”. Y ahí pandemia, encierro y nunca lo pude tocar en vivo, nunca pude ir a mostrar los temas a una radio, nunca nada. Es un disco quedó ahí guardado. Yo creo que (Sonámbulo) también tiene que ver con eso, con la pandemia, con haber estado encerrado en la casa y con decir: “Bueno, si no puedo ir al estudio”… Es un poco una vuelta a los orígenes, yo siento.

-¿En qué sentido?

-De sonido, de factura, más melódico, de menos pretensiones de modernidad. Era como hacer mis canciones y dije: “Chao, hueón”. Si al principio creí que nadie la iba a escuchar.

-Efectivamente, la sonoridad de Sonámbulo parece la sonoridad más “pura” de Pedropiedra. No tenía tanto mano ajena, algo que sí me llegó de “Aló!”…

-Es exactamente así. Yo cuando le mostré el tema a Cristián Heyne (el productor) me dijo: “Hueón, no le toques nada, hazlo así”. Y el Álvaro Diaz (una de las mentes maestras de 31 Minutos, quien dirigió el video de Sonámbulo) también me dijo lo mismo. Eso fue la raja, que me lo dijeran porque estaba hecho en casa. En un principio, yo siento que lo que llamó la atención, de mi música, era como esa hueá emocional. Y estoy feliz de recuperarlo porque, bueno, de todas maneras, es como menos engrupido, siento.

-Aunque ya tienes harta experiencia con Álvaro Díaz, ¿Cómo fue trabajar con él el videoclip de Sonámbulo?

-En este caso grabamos acá en la casa y fuimos al parque Yerba Loca, que queda en el Camino a Farellones. Grabamos en su casa también, nos juntamos a veces una hora, dos horas, hicimos como 3 o 4 sesiones y con un tipo que animó las mascaritas que cantan. Ese fue el único gasto del video, que ni siquiera fue un gasto porque el loco dijo: “¿Sabes qué? Hagamos un trueque.” Y como hace cosas audiovisuales, en algún momento me va a llegar la llamada que tengo que hacer una musiquita para algo.

-Entonces, el video también fue “artesanal”, como lo que decías de la canción.

-Exactamente, la misma línea, sí. Con los videos, si no hay plata igual se puede hacer algo.

En un principio, yo siento que lo que llamó la atención, de mi música, era como esa hueá emocional. Y estoy feliz de recuperarlo porque, bueno, de todas maneras, es como menos engrupido, siento.

El veterano de Lollapalooza

-¿Qué sigue ahora en cuanto a shows?

-Voy a tocar en La Bodeguita de Nicanor, en Concepción, el 15 de enero. Es un local típico de allá.

-Se te viene una presentación también en Lollapalooza ¿no? Un escenario grande…

-Yo creo que he ido a todos los Lollapalooza. He tocado dos veces con mi banda, pero he estado con Pillanes, con 31 minutos, con Los Tres, con Pulentos… Con Gepe, creo. Como que todos los años termino cayendo allá…

-Eres un veterano de Lollapalooza.

-Sí, hueón, la dura. Me agarran para el hueveo. Ponen el cartel y, puta, Pedropiedra de nuevo, así. Pero, esta presentación era del 2020, que quedó suspendida y no se hizo y el año pasado tampoco, entonces ahora como que estamos saldando esa presentación pendiente, que ya está pagada y todo. Es bacán, yo la pasó bien igual.

-¿Cómo es tocar en un escenario así? Me imagino que, por la cantidad de gente, muchas personas no necesariamente conocen tu música.

-Para mí, Lollapalooza no es tan distinto a cualquier festival grande que se haga en Chile o en México, precisamente por eso: hay gente que te conoce y hay gente que te está viendo por primera vez. Así que hay que preocuparse de ir con una buena ropa, de dejar una buena impresión. Lo bueno es que cuando tocas las canciones más conocidas, y ves que funcionan con 15.000 personas, es la raja. Pero la verdad es que todavía no sé qué voy a tocar ni nada. Tengo todo el disco “Aló!”, que no lo he tocado. Así que estos temas, aunque sean menos conocidos, yo creo que los vamos a tirar por ahí. Por esa parte más bailable también y más como masivo.

-¿Más Lollapalooza?

-Claro, sí, sí, sí. Aunque “Lollapalooza” es un adjetivo medio traicionero, porque para mí que algo se llame Lollapalooza, me imagino más algo “Lollipop”, más… más vacío, no sé. Para mí es lo mismo que otro festival. Como que para uno no tan novedoso. La primera vez que fui, sí fue más novedoso porque vi a Perry Farrell (el cantante de Janes Addiction) a un metro de distancia, que parecía una señora saliendo del quirófano. Pero tampoco es como que estás en backstage y jugai’ taca-taca con Dave Grohl (el cantante de Foo Fighters), ¿cachay? Esa hueá no pasa.

Me agarran para el hueveo (con Lollapalooza). Ponen el cartel y, puta, Pedropiedra de nuevo, así.

-Ese sería el sueño, ¿no?

-No sé por qué dije Dave Grohl. Quizás porque viene y porque es un súper “lollapaloozero”, pero no soy gran fan. Igual le tengo buena porque, al igual que yo, es medio “piérdete una po’”; está con todos, colabora con todos y aparece en todos lados, así que por ahí me terminó cayendo bien.

-El paralelo entre Pedropiedra y Dave Grohl…

-El “piérdete una po’”.

“Siento que Chile tiene que hacer las paces consigo mismo”

-En Instagram, también hablando sobre Sonámbulo, dijiste creer que “la canción se trata más o menos de crecer, mientras se vive entre el escepticismo y la esperanza”. ¿Cuál es esa esperanza?

-La esperanza que, de todo esto que ha pasado en los últimos dos años, y sobre todo desde octubre y de después de la pandemia; la esperanza de que el mundo va a tomar un carril menos “cuático”, yo siento. Encuentro muy difícil creer en algo, creer en alguien, y siento como que la hueá va sin rumbo, derecho al precipicio, un poco. Realmente, si no tuviera hijos no me importaría tanto, quizás estaría como drogado y chao nomás. Pero después pienso que mis hijos es posible que sigan vivos onda el año 2100. Y es loco pensar cómo va a ser el mundo ahí. Entonces, la esperanza y el escepticismo es respecto a eso. La esperanza de que en algún momento vamos a atinar como especie y el escepticismo de qué va a pasar.

-“Esperanza” fue un concepto clave de la campaña de Gabriel Boric. ¿Qué sensaciones te quedaron tras su triunfo?

-Creo que es un muy buen tipo. Me gusta, me cae bien. Lo encuentro un tipo honesto, trabajador y nada, estoy contento de que haya ganado, de todas maneras. Creo que lo va a hacer bien y creo que es súper inteligente, y que ha sabido pilotear su ascenso meteórico. Creo que él es mucho más idóneo para este momento que el contrincante que había. Le deseo lo mejor.

-¿Participaste en su campaña?

-No participé en la campaña activamente, a pesar de que fui invitado para la primera vuelta. Después para la segunda, pero ahí ya no podía. Participamos con la banda de 31 Minutos en un acto en Maipú, pero fue todo lo que hice. También poner un Twitter demasiado amarillo.

-¿Amarillo?

-Está el artista militante y está el artista no militante. Yo siento que no soy un artista militante. Como que es una cuestión de comodidad, y me dijeron: “Oye, cómo no ayudai’ hueón amarillo, no hay puesto nada, ni un tuit, ni en Instagram”. Cuando nació mi hijo tampoco puse nada, ni una foto de él, y no es que no lo quiera po’. Cuando fue el año nuevo no puse un mensaje de mierda, un sentimiento bajado de internet… Y comí todo el día como cerdo y me curé, vi los fuegos artificiales con mis amigos, con mi hijo, lo pasé la raja, pero no en las redes sociales. Tengo mucho respeto por el artista militante, de todas maneras, y nada po’, es tirarse un piscinazo valiente igual.

-Eso de no involucrarse tanto en redes sociales con el tema político, ¿va por el lado de no meterse en una cadena de reacciones que implican decantarse por una o otra opción?

-O sea, uno está decantado por uno u otro lado. Si vas a salir a gritárselo a todo el mundo, ya es cosa tuya po’. Yo como que soy más, no sé… más recatado, en ese sentido. La vez que escribí una hueá, que yo creía que era como divertida, me hicieron pico. Se conversa mucho, claro, en los almuerzos, con los amigos. Tampoco hay mucha discusión, porque todos mis amigos apuntan para el mismo lado. Pero yo no estoy por cancelar a alguien que votó por Kast. Jamás. Ni cagando.

-Se dio harto ese fenómeno en estas elecciones.

-Sí. Es que también se ve mucho por las redes sociales esa hueá, y en persona todo el mundo es más moderado. Todo el mundo. Incluso los artistas más vociferantes, más comprometidos. Yo a veces conversando con ellos, así en el bus… Eran bastante más piola. ¿Cómo puedo decirlo? La gente alardea mucho por redes sociales. Incluso en Twitter, uno lee: “Hoy cené con mi familia facha y terminamos todos peleados y cancelé a mi papá facho, porque es un facho”. Esa hueá me hizo salirme de internet. Para el otro lado también pasa, obviamente.

Está el artista militante y está el artista no militante. Yo siento que no soy un artista militante. Como que es una cuestión de comodidad, y me dijeron: “Oye, cómo no ayudai’ hueón amarillo, no hay puesto nada, ni un tuit, ni en Instagram”.

-El país está en un proceso de cambio. ¿Qué Chile imaginas para el futuro? Para tus hijos en el 2100.

-No sé. Imagino un Chile destruido, gobierne quien gobierne. La Constitución había que cambiarla sí o sí, tarde o temprano. Está pasando ahora y los defensores de la Constitución antigua obviamente iban a patalear, y van a seguir pataleando, pero cagaron no más po’. El 80% (del Apruebo) les pasó por encima. Lo principal es hacer una manera de que se pueda repartir bien la riqueza de Chile. Hay que encontrar la manera de hacerlo, mirando lo que es más urgente; la salud, las pensiones, la educación (…). Siento que Chile tiene que hacer las paces consigo mismo. Estamos muy peleados y muy politizados. Muy divididos. Y quizás ha estado siempre así. Tengo disposición para unir, más que para dividir. En lo micro. Y más que eso, no sé qué mucho se pueda ofrecer.

-Según Pedropiedra, ¿Qué se necesita para terminar con esa división?

-Hay que buscar puntos en común. más que puntos de divergencia. En el entorno de uno. Eso también se hace con la música po’, con lo que uno dice, cómo lo dice, por qué lo dice, y cuándo lo dice. Pero creo que el radio de acción de cada uno es súper chiquitito. Te voy a decir algo medio Joe Vasconcellos, pero es una cosa de “vibra positiva”, hueón. Creo que eso es lo único que se puede hacer, realmente. Y dejar de creer que uno tiene la razón todo el rato, también es buena esa.

Siento que Chile tiene que hacer las paces consigo mismo. Estamos muy peleados y muy politizados. Muy divididos. Y quizás ha estado siempre así. Tengo disposición para unir, más que para dividir.

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