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31 de Marzo de 2022

Marta Colombo, primera mujer que gana el Premio Nacional de Medicina: “Es de todas las mujeres que estudiamos y están estudiando medicina”

Colegio Médico

Marta Colombo (82), una especialista en neurología infantil que con su trabajo logró prevenir que miles de niños chilenos desarrollaran discapacidad intelectual, recibió el Premio Nacional de Medicina 2022, el primero que se le otorga a una mujer. “Para mí fue una gran alegría. Pero, en el fondo, era porque estaba representando a las mujeres”, dice en esta entrevista donde, además, relata cómo es su vida ya lejos de los hospitales y laboratorios.

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“Este premio no es mío”, puntualiza la Dra. Marta Colombo, ganadora del Premio Nacional de Medicina 2022, nada más al comenzar esta entrevista. “Es de todas las mujeres que estudiamos y están estudiando Medicina. Y lo comparto muy sinceramente, y con mucho cariño, con todas ellas”, agrega, en referencia a un galardón que, en sus 20 años de existencia, nunca había sido otorgado a una mujer.

A sus 82 años, ya retirada de las aulas y los laboratorios, Marta Colombo Campbell concretó una carrera profesional notable. Durante su larga trayectoria en el ámbito de la salud pública, esta médico cirujano con especialidad en neurología infantil destacó por sus aportes desde la docencia, la investigación, y la atención clínica.

Sus primeros pasos en la medicina los dio en 1966, en el policlínico de neuropsiquiatría del Hospital Manuel Arriarán, para luego ser parte, en 1973, de la creación del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) de la Universidad de Chile. Ahí, lideró primero el laboratorio de Enfermedades Metabólicas, para luego asumir como jefa de la Unidad de Genética y Enfermedades Metabólicas.

Marta Colombo, Premio Nacional de Medicina 2022: “Este premio es de todas las mujeres que estudiamos y están estudiando medicina”.
La Dra. Colombo durante sus años en el INTA. Fotografía compartida por el INTA.

20 años después, en 1993, pasó a ser jefa del Laboratorio de Enfermedades Metabólicas del Hospital Dr. Carlos Van Buren, mientras traspasaba sus conocimientos a nuevas generaciones de doctoras y doctores, como profesora titular de la Universidad de Chile.

También participó en la publicación de más de un centenar de artículos científicos en revistas chilenas y extranjeras, además de coeditar el libro “Errores Innatos de Metabolismo del Niño”, lectura fundamental -y de casi mil páginas- para todo aquel que busque adentrarse en el área de la salud neurológica y metabólica infantil.

No obstante, el mayor aporte que se le atribuye a la Dra. Colombo es haber logrado, tras 20 años de trabajo con el Ministerio de Salud, la implementación en 1992 del Programa de Pesquisa Neonatal para la Fenilcetonuria y el Hipotiroidismo Congénito, un sistema para detectar tempranamente estas condiciones en los niños, evitando secuelas de discapacidad intelectual. Según el Colegio Médico -que entrega el Premio Nacional de Medicina, junto a otros gremios-, este examen, que hoy se aplica a todo recién nacido, ha beneficiado a miles chilenos a lo largo de tres décadas.

Marta Colombo, Premio Nacional de Medicina 2022: “Este premio es de todas las mujeres que estudiamos y están estudiando medicina”.
La Dra. Colombo en el II Congreso Latinoamericano de Errores Innatos del Metabolismo y Pesquisa Neonatal. Fotografía compartida por el INTA.

El pasado 23 de marzo, cuando se enteró que había ganado el reconocimiento, la Dra. Colombo resaltó dos cosas. Primero, que nada habría sido posible sin las “tantas personas que me han ayudado”. Y segundo, que para ella era un “gran honor representar a las mujeres de Chile”, explicando que, cuando ella estudiaba medicina en la Pontificia Universidad Católica, eran sólo tres mujeres en su generación.

Desde su casa en Viña del Mar, donde reside hace 30 años con su esposo, el neuropediatra Fernando Novoa, la Dra. Colombo contesta el teléfono a The Clinic. Explica por qué cree que su premio es para todas las mujeres, relata cómo fue estudiar en un ambiente monopolizado por hombres, y las razones que la llevaron a seguir el camino profesional que tomó. En una faceta más personal, cuenta cómo es actualmente su rutina en la tranquilidad del hogar, ya sin la presión del trabajo, lo que le ha permitido disfrutar del tiempo libre junto a su marido, y abocarse a su afición de cuidar a los gatitos callejeros que pilla por el barrio.

-Usted dice que este premio es para “todas las mujeres que estudiamos y están estudiando medicina”. ¿Por qué lo siente así?

-Lo siento así porque cuando nosotros estudiamos medicina, cuando yo entré a la universidad, éramos sólo tres mujeres. No era como ahora, que casi la mitad son mujeres. La verdad es que no fue fácil, porque era una profesión que era como de hombres, no de mujeres. O sea, mis compañeros eran fantásticos, todos me acompañaron bien. Pero era distinto que ahora. 

-¿Cómo fue estudiar en un ambiente dominado por hombres? ¿Se sintió discriminada en ese mundo?

-No. En ningún momento yo, personalmente, me sentí discriminada. Pero en general, creo que las mujeres somos un poco discriminadas. Pero yo no sentí eso en la Escuela de Medicina. Yo estudié en la Pontificia Universidad Católica. Yo lo viví muy bien. Todos mis compañeros eran muy buenos compañeros. No tuve ningún problema. Sólo era distinto, porque a las mujeres, en general, no sé si nos dejaban de lado, no creo, pero no era tan fácil, entre tanto hombre, estar ahí. Porque, hacia arriba, había dos cursos más que tenían mujeres. Éramos poquitas. Pero nunca sentí que me fueran a rechazar… Nada de eso. 

-Eso a partir de los compañeros. Y desde el cuerpo académico, ¿usted diría que el trato también era parejo hacia hombres y mujeres?

-Sí, yo creo que era parejo, sobre todo con los profesores. No es que nos apoyaran en el sentido de que nos hacían menos preguntas o teníamos menos exigencias. Éramos iguales en todo sentido. Y ellos también nos trataban igual. 

-Más allá de la comunidad universitaria, ¿cómo vivió el hecho de estudiar medicina en una época donde no había muchas mujeres siguiendo ese camino? ¿Qué le comentaban sobre esto en su familia?

-Con mi familia, siempre sentí apoyo. Mi padre, mi hermano, me acompañaban, me estimulaban, y estaban contentos de que yo estuviera en medicina. En ese sentido, fue muy fácil. Lo difícil es estudiar medicina

La Dra. Marta Colombo, al recordar las duras exigencias de la carrera, se ríe. 

“Para mí fue una gran alegría. Pero, en el fondo, era porque estaba representando a las mujeres”

-¿Qué sensaciones le quedaron tras recibir el Premio Nacional de Medicina 2022? ¿Se esperaba un reconocimiento así?

-Para mí fue una gran alegría. Pero, en el fondo, era porque estaba representando a las mujeres. Esa era mi alegría por el premio que me habían dado. No por mí, si no que porque estaba representando a un grupo que habíamos estado un poco dejadas de lado. Eso me alegró mucho. 

-Considerando que en Chile tenemos excelentes doctoras, ¿por qué cree que en los 20 años desde que se creó el Premio Nacional de Medicina no se le había otorgado a una mujer?

-Realmente, tenemos tremendas doctoras. La verdad es que no le sabría decir. Creo que todo está cambiando un poco. Cómo se mira a las mujeres actualmente es distinto a cuando yo entré a estudiar medicina. Pero creo que eso es muy bueno. Que las mujeres estemos al mismo nivel de los hombres. Antes estábamos un poquito más abajo, yo creo. 

-¿En qué sentido “más abajo”? ¿Cómo se expresaba esto?

-Por ejemplo, en el número de mujeres que entrábamos a medicina. Ese es un ejemplo personal. Dos o tres mujeres podíamos entrar. ¿Por qué sólo tres mujeres? Una se pregunta eso. ¿Por qué era así en ese tiempo? Ahora, no. Ya no hay esa diferencia. 

-¿Por qué usted decidió estudiar medicina? Me comentaba que no tiene ningún doctor o doctora cercana en la familia, que fuera una especie de referente…

-Creo que cuando una está en el último año del colegio piensa: qué puedo estudiar, o qué puedo hacer yo para hacer bien a mi país. Y yo, bueno, me gustaba la biología, y quería estudiar algo para hacer un bien. Que yo pudiera entregar algo de lo que estaba estudiando a la comunidad, a nuestro país, a todos. En el fondo, era querer hacer algo por los demás. 

-En esa búsqueda, usted vio que la medicina era el camino más adecuado…

-Exactamente. Y porque me gustaba, digamos. Me gustaba en el colegio la biología, y todas esas cosas. Yo pensé que lo podía hacer. Que, si me gustaba, lo iba a terminar, iba a pelear por poder hacer buenas cosas. 

-¿Tuvo algo que ver en la decisión su pasado como deportista? Usted era una eximia practicante de hockey…

-(Se ríe) Me encantaba, pero la medicina no tiene nada que ver con el hockey. Pero sí, el hockey me gustaba mucho y, de hecho, estoy muy agradecida porque me dieron un premio hace muchos años atrás para la mejor jugadora de hockey de esa época. Fue un premio nacional. Era para la mejor deportista de cada deporte. 

-Usted es especialista en neurología infantil. ¿Por qué decidió trabajar con niños?

-Porque me gustaron siempre los niños, y era especialmente importante para mí poder hacer algo por ellos. Empecé a trabajar en el policlínico, y en un laboratorio donde hacíamos exámenes para detectar distintas patologías, hasta que encontré un grupo de patologías, que eran niños con un grave retardo mental (concepto que hoy se conoce como “discapacidad intelectual”), que nosotros veíamos en el hospital. Estaba apareciendo en la literatura que, si se trataban con un tratamiento nuevo, estos niños tenían un desarrollo normal. En Chile no se hacía nada por esos niños, y en otros países, se había empezado a hacer exámenes para detectar estas enfermedades. Así, entonces, empecé a tratar de hacer esos exámenes, y los hacíamos muy de a poquitito, hasta que definimos que tenían que hacerse en todo el país, como era en todas partes en esa época, en todos los recién nacidos.

“Es importante que las cosas que van apareciendo se vayan transmitiendo a los estudiantes de medicina”

-Usted es reconocida también, entre otras cosas, por sus labores en la formación de otros médicos. El Dr. Juan Francisco Cabello, actual director del Centro de Diagnóstico del INTA, dijo que de usted aprendió cosas como “el valor de la humildad, del trabajo duro y la importancia de ser un agente de cambio”. ¿Qué la llevó a adentrarse en la docencia, entendiendo que además tenía un importante trabajo en el área de investigación?

-El problema es que lo que nosotros estudiábamos en esa época eran patologías poco frecuentes. Y era muy importante transmitirlas a todos los alumnos, fuera del desarrollo de la neuropediatría, donde nosotros trabajábamos más. Es importante que las cosas que van apareciendo se vayan transmitiendo a los estudiantes de medicina.

-¿Qué siente al saber que su impronta marcó a tantos profesionales de la salud?

-No sé cómo decirlo, pero me siento muy feliz de haberlo hecho. Nunca pensé que usted me iba a hacer esa pregunta, en el sentido de que nunca pensé que iba a ser tan importante. Pero fue, para mí, fantástico poder hacer clases, poder estar con los alumnos, y después con los médicos, que trabajábamos todos juntos. Creo que eso es muy importante. El apoyo que se da con todas las personas que trabajan con una. Todas las auxiliares, las enfermeras… Tanta gente a las que tengo que agradecer, que en realidad ellos son los que se llevaron el premio.

-Entiendo que usted ejerció el cargo de jefa del Laboratorio de Enfermedades Metabólicas del Hospital Dr. Carlos Van Buren hasta el 2019, cuando se retiró. Ya lejos del laboratorio, ¿cómo es hoy su rutina diaria?, ¿a qué dedica su tiempo?

-(Se ríe). Le voy a decir, pero no lo cuente mucho. Tengo aquí en el barrio a muchos gatos a los que voy dándoles comida, y tratando de buscarles casa.

En el Hospital Dr. Carlos Van Buren, comenta la Dra. Marta Colombo, también se preocupaba por los gatitos abandonados que rondaban el recinto. “Habían muchos dando vuelta, así que llegaba en las mañanas con un montón de comida”, relata. “Era muy simpático, porque me esperaban en un lugar fijo. Yo llegaba y salían todos los gatos a comer, felices”. De los que hoy acoge cerca de su casa, ha logrado que varios sean adoptados, dice.

“Además compartimos con mi marido todo el día, porque estamos los dos ya sin ir a trabajar. Y eso me ha parecido muy importante, para mí. El poder estar los dos solitos, y compartimos todo, digamos. Nuestras ideas, nuestros momentos tristes, nuestros momentos alegres… Él también me acompaña dándole comida a los gatos (se ríe). Todas esas cosas. Este período ha sido para nosotros, la verdad, uno muy muy bueno. Hemos estado juntos mucho más que antes, que estábamos todo el día separados, cada uno trabajando por su cuenta, por su lado. Nos veíamos en la noche. Ha sido muy bueno este período de compartir toda la vida, en el fondo”, señala la Dra. Colombo.

-¿Qué mensaje le enviaría a aquellas mujeres que hoy se preparan para estudiar Medicina?

-Les diría que estudien medicina. Que, con la medicina, una realmente puede ayudar muchísimo, a muchas personas, a muchas familias. Estudiar medicina es muy lindo, y además muy entretenido. Una comparte con mucha gente, y después con los pacientes. Yo les sugiero que, si les gusta un poquito la medicina, que sean médicos, y que ayuden. Porque una puede ayudar tanto a la población que tiene necesidades especiales. Siento que todos mis pacientes, y sus familias, han sido tan cariñosos conmigo, que yo he tratado de dar lo más posible. Es una sensación muy particular. Le diría a todas las mujeres que quieren medicina, que estudien medicina. Que van a ser muy felices con su profesión. 

-¿Usted fue feliz con su profesión, Marta?

Muy feliz. Y además que Fernando es médico también, así que compartimos muchas cosas en la medicina, lo que es un poquito más fácil que estar sola. Compartido, es mejor.

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