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6 de mayo de 2022

Cristián Monckeberg, constituyente RN: «La izquierda se está farreando la posibilidad de construir una nueva Constitución»

Pasó del optimismo a la decepción. El ex presidente de RN y miembro de la Convención Constitucional, dice que ya no queda tiempo para hacer cambios importantes en el texto de la nueva Constitución. Aquí, analiza los nudos y complejidades que han tenido para sellar acuerdos. “Esto no va a terminar con besos y abrazos. No será un final feliz”, afirma.

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A la tensión ambiente que se respira en el trabajo de la Convención Constitucional, se suma una hilera de encuestas que muestran que la opción del Rechazo estaría tomando fuerza para el plebiscito de salida del próximo 4 de septiembre.

Tan real se ha vuelto esa posibilidad que hasta el Presidente Gabriel Boric señaló que su gobierno ya analiza distintas alternativas en el caso de que gane el Rechazo.

Cristián Monckeberg (RN) es uno de los constituyentes de la derecha que votó a favor del proceso constituyente y que ha sido apuntado como una de las figuras dialogantes de la oposición. Sin embargo, ese impulso inicial ha ido desdibujándose. Hoy está desesperanzado de que puedan arribar a un buen acuerdo constitucional.

«Hay un 80% de personas que votaron Apruebo, que quieren un proyecto de Constitución distinto al que nos rige. Eso quiere decir que éste es un proceso no tiene vuelta atrás».

“No me arrepiento de haber votado Apruebo, pero lamentablemente me siento decepcionado.  A pesar de eso, estoy convencido que tenemos que hacer un esfuerzo por cerrar bien este capítulo constitucional. Hay un 80% de personas que votaron Apruebo, que quieren un proyecto de Constitución distinto al que nos rige. Eso quiere decir que éste es un proceso no tiene vuelta atrás”.

-¿De qué sientes decepción? ¿De cómo se ha dado el clima interno? ¿De la imposibilidad política parar lograr acuerdos?

-Más que nada, mi decepción es porque nosotros llegamos dispuestos a dialogar, pero en forma reiterada nos fueron cerrando las puertas, no han recogido nuestras opiniones. No sé qué sucederá de aquí al 4 de septiembre, pero en mi balance, la izquierda se está farreando la posibilidad de construir una nueva Constitución. No digo que a nuestra manera o a nuestro gusto, porque ellos son mayoría. Me refiero a construir una Constitución que interprete a la gran mayoría del país. Esa posibilidad se farreó, se desperdició. 

-¿Ya estás dando por fracasado el proceso? 

-Es la ciudadanía la que va a cortar el queque el 4 de septiembre, pero ya empieza a haber olor a que la gente no está entusiasmada con lo que está surgiendo. Al proceso le quedan dos semanas para aprobar normas. Después viene la armonización de normas transitorias. Todo eso está en curso, pero desde el punto estrictamente político, el proceso no cumplió su objetivo.

«No sé qué sucederá de aquí al 4 de septiembre, pero en mi balance, la izquierda se está farreando la posibilidad de construir una nueva Constitución. No digo que a nuestra manera o a nuestro gusto, porque ellos son mayoría. Me refiero a construir una Constitución que interprete a la gran mayoría del país. Esa posibilidad se farreó, se desperdició».

-¿Y cuál ha sido la responsabilidad de la derecha? Algunos llegaron dispuestos a conversar, pero muchos otros  llegaron decididos a empujar el Rechazo desde el comienzo, ¿ o no?

-Honestamente, todos llegamos con la intención de dialogar. Unos más escépticos, otros más entusiasmados, pero a las pocas semanas de que partiera la Convención, algunos se empezaron a desmoronar y otros aguantaron más. Era evidente que la izquierda iba a privilegiar buscar los 2/3 con su gente y no con nosotros. Entonces, aunque hubiésemos estado de rodillas suplicando diálogo, un sector importante de la izquierda en la Convención no quería dialogar con nosotros.

-¿Ha logrado entender por qué?

-Porque había desconfianza, animadversión y críticas hacia nuestro sector. Y acá la izquierda es mayoría. Si nosotros hubiésemos tenido los votos y la fuerza electoral suficiente, se podría haber forzado esa discusión, pero no se dio.

-La pregunta es por qué no se dio…

-Cada uno sacará sus conclusiones después. Es la historia la que juzga… Pero sí puedo decir que nadie de nuestro sector llegó a la Convención diciendo: “Yo voy a trabajar aquí para el Rechazo”.

-Pero ha sido notorio el despliegue de sectores de la derecha para ir apuntalando la opción del Rechazo…

-No es justo pretender instalar que la derecha es la responsable de que hoy los números digan que podría ganar el Rechazo. Si estamos en esta situación es porque –reitero- la izquierda se farreó la tremenda posibilidad de poder construir una Constitución que interpretara a una gran mayoría de chilenos.

«Cada uno sacará sus conclusiones después. Es la historia la que juzga… Pero sí puedo decir que nadie de nuestro sector llegó a la Convención diciendo: ‘Yo voy a trabajar aquí para el Rechazo’”.

-¿Y ustedes no tienen responsabilidad?

-Es que nosotros habríamos tenido una actitud muy distinta si se nos hubiese escuchado en temas como el Estado social de derecho, de un medio ambiente que converse con la economía, de un país que acoge y recoge las demandas de los pueblos indígenas. Estábamos dispuestos a apoyar, pero se desecharon todas nuestras propuestas. Y si ahora hay olor a Rechazo en el plebiscito de salida, no es porque la derecha haya trabajado en eso. Sinceramente, los que más han ayudado para que eso suceda, son los que se farrearon la oportunidad de escribir una Constitución más amplia y abarcadora.

-¿Y ahora qué? Este camino se abrió para destrabar una crisis política y social mayor…

-Soy de los que cree que este capítulo hay que cerrarlo de buena manera. No pretendo que esto sea el país de las maravillas ni el mundo de Bilz y Pap. Pero sí aspiro a tener una Constitución que interprete a una gran mayoría. Lamentablemente, eso se está desechando.

“NO ES EL SI Y EL NO”

-Una cosa son las fuerzas en pugna al interior de la Convención. Otra es lo que puede significar para el país el no llegar a un acuerdo. ¿Qué escenario vislumbras?

-Así como están las cosas, tanto la opción del Rechazo como la del Apruebo van a ser muy complejas para la convivencia nacional.

-¿Por qué?

-Porque todo indica que va a ser un resultado ajustado. Por lo tanto, lo más seguro es que después del resultado, va a quedar un país dividido.

-¿Dividido o fracturado?

-Dividido, pero cuidado, no es una división de derecha e izquierda. No es el plebiscito de Pinochet del SI y del NO. Tampoco es como la elección presidencial Kast versus Boric. No. Lo que aquí se olfatea es que gane cualquier opción, van a haber votos muy cruzados y eso podría dejar una sociedad dividida y convulsionada. Pero lo que es claro es que el capítulo constitucional no se va a cerrar. Va seguir abierto.

«No es el plebiscito de Pinochet del SI y del NO. Tampoco es como la elección presidencial Kast versus Boric. No. Lo que aquí se olfatea es que gane cualquier opción, van a haber votos muy cruzados y eso podría dejar una sociedad dividida y convulsionada».

-¿Y hay claridad en tu sector de que, pase lo que pase, la Constitución del 80 ya murió?

-Creo que es bastante claro que aunque gane el Rechazo, no es viable mantener la Constitución del 80. Pero hay que ponerse en otros escenarios posibles. ¿Qué pasa si gana el Apruebo con un 52% o un 53%? Un porcentaje cercano a la mitad no va a estar de acuerdo con las nuevas normas que nos van a regir. A eso me refiero cuando digo que vamos a tener una situación política muy, muy  compleja.

-¿Qué podría pasar?

–No. No quiero sacar con conclusiones ni decir que esto podría traer convulsión social o violencia… No soy agorero de malas noticias. Pero podría darse una situación delicada. Y hay que hacer todo lo posible para que ocurra lo que ocurra, esto se conduzca de buena manera. Y ahí el gobierno será el principal responsable para buscar una salida razonable.

¿Una salida razonable sería un acuerdo político?

-Lo que digo es que en cualquier escenario, será el gobierno el conduzca este proceso. Se vienen 3 años por delante, y a ellos les corresponde implementar una nueva Constitución o buscar alternativas frente a un eventual rechazo. ¿Tendrán muñeca política para poder hacerlo? Yo no lo veo. Al revés, observo una muñeca política tosca. Ahí radica parte de la complejidad.

-¿Hay espacio para armar un camino intermedio?

-Reitero: la responsabilidad de conducir ese proceso recae en el gobierno. Son ellos los que tienen que buscar una solución. Alternativas hay miles. Lo que se requiere es voluntad política más que fórmulas.  Esa convocatoria tiene que venir de parte de quien conduce el país. Desde ahí debería impulsarse una buena implementación de la Constitución si es que se aprueba, o una buena solución si es que esto se rechaza. 

«En cualquier escenario, será el gobierno el conduzca este proceso. Se vienen 3 años por delante, y a ellos les corresponde implementar una nueva Constitución o buscar alternativas frente a un eventual rechazo. ¿Tendrán muñeca política para poder hacerlo? Yo no lo veo. Al revés, observo una muñeca política tosca. Ahí radica parte de la complejidad».

Dices que no es viable mantener la Constitución de la dictadura, pero ¿no hay esa nostalgia en sectores de la derecha? Que si gana el Rechazo, el país sigue tal cual…

-Insistir en la Constitución del 80 es pegarnos en la cabeza con un ladrillo. Olvidémonos de esa opción. Lo que hay que hacer es cerrar bien el capítulo constitucional. Y si gana el Rechazo, hay que buscar otras fórmulas. La ciudadanía fue muy clara: quiere cambios. En eso no hay vuelta atrás.

-¿Dirías que hay tiempo para revertir y salvar este proceso?

-Se está viviendo un clima en que algunos están decepcionados y otros tienen mucha desconfianza. Eso significa que es difícil lograr los dos tercios en varias materias que aún están pendientes. Ya no hay mucho espacio ni tiempo. Ya no ocurrió. Lo que ya está en el documento de la nueva Constitución, es lo que es. No van a haber muchos cambios. Si esta conversación la hubiéramos tenido en diciembre, te creo. 

-O sea, ¿es un proceso irreversible? ¿Ya no cuajó?

-La Constitución ya está aprobada en un porcentaje altísimo. Lo que se ha ido conociendo es lo que se le va ofrecer a la ciudadanía en una semanas más. Se hará de manera más ordenada, más sistematizada y más digerible para la ciudadanía. Pero la organización del país, las reglas que se están imponiendo, los criterios ya están definidos. No hay mucho más que hacer.

-¿Eres de aquellos aprobó y que ahora van a rechazar? 

-Soy de aquellas personas que aprobó y que está esperando el texto final para tomar una decisión. 

-Estás trabajando en la Convención, conoces bien lo que ha ido quedando. Difícil creer que no tienes ya una opinión tomada. 

-Mi opinión está más cercana a la decepción que al optimismo, pero quiero darme la oportunidad de leer la Constitución completita y ordenada con todas las normas que estamos aprobando a toda carrera. Además, es una falta de respeto decir lo que uno va a votar… Es una falta de respeto para todo el resto de los que estamos aquí trabajando, estudiando, presentando indicaciones y dictando normas transitorias. Lo que corresponde es terminar la pega y luego tomaremos decisiones políticas frente al texto.

«Insistir en la Constitución del 80 es pegarnos en la cabeza con un ladrillo. Olvidémonos de esa opción. Lo que hay que hacer es cerrar bien el capítulo constitucional. Y si gana el Rechazo, hay que buscar otras fórmulas. La ciudadanía fue muy clara: quiere cambios. En eso no hay vuelta atrás».

LO IDENTITARIO

-Cristián, ¿hay conciencia dentro de la Convención de por qué están ahí?

-Hay conciencia de por qué estamos sentados acá, pero hay miradas muy distintas sobre cuál debería ser la solución. Algunos tienen una mirada más política, más institucional, más sistémica. Son los que creen que hay que resolver los problemas mirando el país completo. Y hay otros que llegaron acá con su propia bandera identitaria: la naturaleza, los animales, los indígenas, los derechos sociales, la vivienda, etc. Esos sectores creen que la solución es defender su bandera antes que nada.

-O sea, ¿cada uno pelea por sus intereses?

-Sí. Y a mi juicio, eso ha provocado una dificultad para alcanzar buenas soluciones que nos interpreten a todos. Lamentablemente, hay muchos grupos identitarios que gastan una tremenda energía para que su tema quedé muy bien instalado.

-Si este proceso constituyente queda trunco, ¿quién paga la cuenta? ¿El mundo político tradicional, los movimientos sociales?  Una parte de la ciudadanía les va a pasar la cuenta.

-Si esto fracasa, nadie gana. Pierde el país. Por eso vuelvo a lo que conversamos al principio: la actitud del gobierno será clave frente a lo que se le viene. Ya podemos vislumbrar que el resultado entre el Apruebo y el Rechazo va a ser apretado. El gobierno debería procurar un final razonablemente positivo.

-¿Ya no hay espacio para un final feliz?

-Hace rato que no. Esto no va a terminar con besos y abrazos. No será un final feliz, por eso digo que el gobierno podría encauzar este proceso hacia un final razonablemente positivo en ambos casos. 

-Lo último. Hay muchos que culpan al gobierno de Sebastián Piñera de haber llegado hasta aquí. Especialmente, de haber desechado el proyecto constitucional de Michelle Bachelet; ¿fue un error político?

-¿Sabes lo que pasa? Nuestro sector es poco atrevido políticamente y luego vienen los arrepentimientos. Ejemplos como el del proceso constituyente de Bachelet te puedo nombrar varios: sistema de pensiones, sistema electoral… Si el sistema de pensiones se hubiese discutido a tiempo, como muchos gobiernos lo quisieron hacer, no siendo entreguistas podríamos haber logrado algo distinto. En el sistema electoral, si se hubiera discutido a tiempo, a lo mejor también podríamos haber llegado un acuerdo mejor. El proceso constituyente corre la misma suerte… Por lo tanto, de aquí hay que sacar lecciones porque al no avanzar, llegamos a situaciones extremas.

«Esto no va a terminar con besos y abrazos. No será un final feliz, por eso digo que el gobierno podría encauzar este proceso hacia un final razonablemente positivo en ambos casos». 

-¿Por ejemplo?

-El sistema de pensiones se va a cambiar igual, pero poniendo en riesgo incluso la propiedad de los fondos previsionales. El sistema electoral se cambió igual, pero sin nosotros. Y el proceso constituyente lo estamos viviendo igual, pero con una crisis social gigante. Entonces, la lección es que seamos más atrevidos. Esa es una gran falencia de mi sector.

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